| 20:56 28/03/2008 | |
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| BrownBelt
Nivel: Akatsuki |
Nombre: MGS-Perfect Warrior
Basado en: nada en particular; toma el nombre en honor a dicha saga de videojuegos. Recomendado: +16 (hay unos cuantos insultos, aunque no creo que hieran muchas susceptibilidades). Personajes: muchos, aunque antes que presentarlos prefiero que salgan a la luz con el avance de la historia. N° de Capítulos: Indefinido (la idea es que sea una historia larga xD) Aclaraciones del Autor: Este Fic es de no-ficción. Esto implica que todas las situaciones sucedan de la manera más realista posible. Como la situación transcurre en Argentina de momento y los personajes son nativos del país, la entonación en los diálogos es propia de ahí. Hay un poco de historia argentina (como el caso de la dictadura militar y otras) y algunas expresiones que quizás no entiendan. La idea es poner al "pie" aclaraciones de tales frases.
Introducción Primera Parte Ciudad de Córdoba, República Argentina. 18 de marzo de 2008, 19 7 hs.
-Ahí está,- indicó el hombre del chaleco amarillo, señalando en dirección a la pequeña pero bonita casa, empañada por el vidrio del auto que se veía humedecido gracias a la acción de la copiosa lluvia, la cuál caía de forma incesante desde media hora atrás. A su lado, el conductor ni siquiera respondió. Sus dos metros diez de músculo puro estaban completamente tiesos; la mirada analizaba la casa como lo haría alguien que no ha visto ninguna en toda su vida. Su barba no muy espesa comenzaba a temblar, y una gota de sudor nació en su sien izquierda para fluir lenta y fatalmente a lo largo de toda su mejilla. -Tranquilizate,- dijo el acompañante, empleando su voz monótona,- sabés bien que no podemos echar a perder toda esta operación. El hombre grande suspiró y luego rumió un par de palabras carentes de vida. -Escuchame,- siguió su colega, manteniendo el mismo tono neutro, aunque con un movimiento que hizo caer al libro de Maiakowsky en dirección a sus pies, señal de que buscaba disuadirlo,- no es el momento para poner intereses personales por encima de nuestro objetivo colectivo. -Vos no tenés idea…no tenés idea… -Te doy la razón. No viví para sentir en carne propia los desastres que hicieron los militares. Nunca estuve de acuerdo con sus acciones del pasado, pero honestamente me preocupa más de lo que sean capaces ahora. No estoy impidiendo que rindas tus cuentas pendientes con él, sin embargo sabés que debemos obtener toda la información posible y para ello necesitamos esperar un poco más. Una vez que lo logremos es tuyo, aunque recordá no llamar la atención de nadie. No sabemos si hay civiles, fuerzas de seguridad, empresarios o todo un gobierno metidos en esto. No actuamos lo suficiente para hacer notar nuestras intenciones; no obstante si comprobamos que todo es verdadero, arrastrado ya desde la época de la dictadura, pronto tendremos a un gran número de locos siguiéndonos los pasos. Contamos con la ventaja de que la vida de este tipo no le importa a nadie, salvo a vos, porque hipotéticamente debería estar muerto. Pensá que si es una falsa alarma o un rumor de muy mal gusto, tendrás, de consuelo, un poco de “mano de obra desocupada” a tu merced. Hubo un silencio quebrado por el ruido chirriante del limpiaparabrisas. El aire estaba tan oscuro que las luces de la baliza alcanzaban a verse a través del retrovisor. La sintaxis impecable de su compañero, la presencia de tantos “no” utilizados en un solo monólogo, o tal vez la voz inalterable; cualquiera de esos motivos bastaba para tranquilizarlo. Cuando llegó a la última oración, su tensa expresión se transformó con lentitud, gesticulando trabajosamente hasta alcanzar una sonrisa de regocijo, algo perversa si era vista con detenimiento. -El mismo verso de siempre…,- dijo el conductor, divertido,- está bien, te creo. ¿Fumás? La mirada del otro, amplificada por los anteojos para leer, destelló violentamente, como si una fugaz ráfaga de acero hubiera surcado los cristales. El primero acentuó su risa y continuó: -Que tipo molesto que sos… no te puedo agarrar desprevenido ni una puta vez… El cigarrillo osciló entre los dedos índice y mayor de su mano izquierda, mientras la otra buscaba el encendedor en la guantera. Luego lo prendió. Tras saborearlo profundamente se relajó, y en ese estado, ajeno a todas sus preocupaciones, devolvió el humo al ambiente cerrado del auto. Mientras el acompañante tosía y recogía su libro, el piloto volteó hacia ese lado y lo miró fijo, solo para volver a sonreírle. -¿Cómo hacés para liberar tensión? No fumás, no tomás, no te drogás. A veces pienso que una calculadora tiene más emociones que vos. Te la pasás leyendo a ese Poniatowsky… -Es “Maiakowsky”… -…bueno, como se llame ese ruso de mierda… los únicos intereses que tendrías que tener de Rusia son dos: el Manifiesto Comunista, y las lindas y ardientes botellas de buen vodka. El hombre del chaleco amarillo no hizo nada. Mantuvo su postura rígida, casi hasta sin respirar. -¡Ché! ¡Reíte un poco!,- reprochó el musculoso con una mezcla de compasión e indignación. -No me puedo reír de algo que no me da gracia,- contestó el aludido.- Además, tengo que controlarte. Sos un individuo astuto. Y mucho. Tenés un carácter difícil de predecir, sobretodo porque sabés como disimularlo. Se vieron fijo durante un largo segundo. Ambos sonrieron con franqueza. Se llevaban diez años de diferencia, uno era un nerd y el otro un físico-culturista, pero pese a ello formaban parte del mismo equipo. Los dos socialistas por diferentes motivos, habían recibido las órdenes de llevar a cabo una investigación repleta de misterios evasivos e interrogantes muy complicados de resolver. -¿Tenés problema si pongo la radio?,- inquirió el conductor.- Esperar con este día de lluvia en silencio es un verdadero embole. Segunda Parte “Cuarenta y cinco minutos pasados de las siete de la tarde, quince grados tres décimas la temperatura y noventa por ciento la humedad; el tiempo es tormentoso y se estima que esta situación se prolongue hasta el miércoles por la tarde. Estamos con Ernesto Martínez, en comunicación con el Servicio Meteorológico Nacional, quien ampliará esta información. Ernesto, ¿nos escuchás?” La voz que provenía de la radio era reposada y pronunciaba las palabras a una velocidad que las hacía casi incomprensibles. Un fino pero gélido rocío ingresaba al vehículo a través de la pequeña abertura de la ventanilla, por donde huía el último humo del ya ceniciento cigarrillo. -Ocho menos cuarto,- dijo el del chaleco amarillo, por arriba de las letras del libro,- en cinco minutos debería estar saliendo, según lo que nos han dicho. La luz de la terraza se tiene que apagar; esa es nuestra señal para ponernos alerta. Lo cual, en teoría, está a punto de ocurrir. Ni bien terminó de anunciar aquello, la lúgubre lámpara dejó de emitir su brillo. -Bien,- continuó.- Es el momento. Sacá las balizas y encendé la luz rotatoria. Poné al auto en marcha. Démosle una vuelta a la manzana. El halo anaranjado surgió por encima del vehículo, arrasando a las tinieblas más cercanas para desvanecerse y luego regresar. La lluvia comenzó a amainar en ese instante, seguida del limpiaparabrisas, que detuvo su andar. Unas gotas dispersas quedaron libres, uniéndose entre ellas hasta ganar el suficiente peso para arrastrarse juntas hacia abajo. -¿Estás bien? La mirada del musculoso se encontraba anclada a un punto perdido, más allá del paisaje nocturno que se abría ante el vidrio. Tenía las mandíbulas fuertemente cerradas una contra la otra, y el sudor estaba empañado en todo su rostro, al igual que las ventanas del coche. -No. Se me acabaron los fasos. Uno solo no alcanza para matar los nervios. -Te pasa por no comprar de antemano. Yo te dije… -…¡sí, sí! ¡Ya sé lo que me dijiste! …,- giró la cabeza y miró a su colega, mientras su cara enrojecía por la cólera sin sentido. La provocación había surtido efecto: permitió que pusiera el auto en movimiento. Llevaban ocho minutos detenidos, lo cual era un tiempo razonable para que dos agentes de seguridad privada recibieran un llamado y comprobaran si estaban en la zona, quizás planificando el recorrido de esa noche: aquella era la finalidad de las balizas. Después darían una vuelta con la luz giratoria encendida para fingir una posible guardia o reconocimiento, perdiendo entre 2 ó 3 minutos, lapso en el que su objetivo saldría de la casa sin sospechar de ellos. Y luego… “Tu vida siempre fue así te da y te quita por nada y aunque estés solo, sin corazón ahora tenés que seguir la función. Es una fiesta, algo de hoy donde se junta la hinchada.” Los cuatro ojos que estaban dentro del auto se dirigieron hacia el cartel que decía “Sol de Mayo 324”, y lo vieron pasar lentamente antes de torcer en la esquina, hacia la derecha. -¿No te relaja la música?,- increpó el conductor, con el tono suave que antes le había generado la mezcla de tabaco y nicotina. El acompañante estaba acostumbrado a esos violentos y más que nada misteriosos cambios de personalidad en su colega. Se enfurecía rápido, pero con la misma facilidad encontraba algo con que tranquilizarse y perdonar. -Para decirte la verdad, no. “Arde la ciudad, llueve en tu mirada gris, la gente festeja y vuelve a reír; pero este carnaval hoy no te deja dormir mires donde mirés ella esta ahí.” -Ya no me sorprende,- dijo el otro sonriendo,- sos un tipo muy raro. “Arde la Ciudad, de la Mancha de Rolando, vuelve hoy al Top 40 Grandes Hits de Radio Córdoba. Cinco minutos faltan para las ocho de la noche…” -Así será, lo quieras o no,- comentó el acompañante con el mismo gesto. Treinta segundos después estaban en el 398 de Sol de Mayo de nuevo, pero ahora completamente serios. La sombra era iluminada por el foco de la calle y al mismo tiempo por la lámpara que encabezaba la entrada de la vivienda. La figura desgarbada les fue simple de identificar: sin lugar a dudas era él. A juzgar por la inclinación del cuerpo sobre la cerradura, estaba trabando la puerta. -El cálculo fue preciso,- comenzó el lector de Maiakowsky,- ¿estás listo? -Seguro. -Yo me bajo primero. Intentá no ser demasiado evidente en tus intenciones, para no levantar las sospechas que hasta ahora con tanto esmero logramos evitar. El musculoso ni siquiera respondió. Aceleró un poco más. Un anciano guardó las llaves en el bolsillo de su saco. Luego escuchó el chapoteo propio de neumáticos alzando el agua estancada en los cordones, y se volvió hacia él. Leyó la inscripción “Stinger, Seguridad Privada”, en grandes letras blancas que contrastaban con el negro del resto del vehículo, aferradas al lateral del mismo. Observó como un hombre de escasa estatura, cabello castaño, pantalón jean azul y chaleco amarillo se bajaba de la puerta delantera del acompañante y se acercaba hacia su persona, mientras exclamaba: -Será mejor que no salga, señor. El viejo lo observó con un dejo de pánico. -¿Qué es lo que pasa?,- replicó. El recién llegado hizo un gesto de extrañeza con el rostro, mientras analizaba con esa mirada penetrante, distorsionada por los anteojos, la expresión de su propia cara. -Espere. ¿Cuál es su nombre?,- inquirió. -Esto… debe ser un error…,- farfulló, moviendo las manos nerviosamente. -Dígame su nombre. -Julio… Julio Vicente. -No hay ningún error entonces- afirmó sonriendo el hombre.- Usted es un men… Se detuvo como muy rara vez lo había hecho en toda su vida. Abrió los ojos con sorpresa, mientras veía como el brazo de su presa señalaba con un dedo tembloroso al sujeto enorme que estaba a su lado. El disparo no causó el menor ruido; el silenciador funcionó perfectamente en esa ocasión. Mientras el anciano comenzaba a sufrir los efectos del somnífero, el hombre del chaleco amarillo observó al musculoso, que aún empuñaba el arma entre sus dos manos, y le dijo: -Al menos le hubieras dado tiempo a que oyera mi diálogo. No me gusta hacer este tipo de teatro en vano. Al igual que en el auto, su colega no le contestó. Avanzó dando dos zancadas y agarró al hombre desde la cintura, antes de que cayera al piso, inconsciente. Debido a su altura, las piernas quedaron del lado delantero, y el tronco y la cabeza, mirando su espalda. -Vamos. Antes de que llegue gente. El musculoso abrió la puerta y sentó al mentiroso en el asiento trasero del auto, con toda la delicadeza que su fuerza le permitió emplear. Luego se dirigió a la posición del conductor. Sin embargo, él ya estaba allí, con su molesto libro de bolsillo, sonriéndole. -Debés estar cansado. Yo manejo. El vehículo cruzó las vías del tren a una gran velocidad, y al mismo ritmo siguió recorriendo las muertas calles del barrio. El hombre grande marcó rápidamente los números y avisó al sereno del estacionamiento subterráneo que los esperara para acelerar su misión. Pocos minutos después, a las ocho y diez, estaban caminando junto al cartel rojo que decía “Ascenso y descenso de pa…jeros”, en dirección al kiosco más cercano. Cuando despertó, se encontró en una habitación bastante bella, aunque estrecha. Todo estaba iluminado por una serie de tubos fluorescentes y bombillas de bajo consumo. Había una biblioteca en miniatura con unos pocos libros. Alcanzó a vislumbrar a autores como Adam Smith y Schumpeter. Su mentón estaba apoyado en la mesa de algarrobo, pero se habían tomado la decencia de agregar una alfombra pequeña para no maltratarlo. Levantó la vista hacia el frente y descubrió, entre las nubes blancas, a una persona con chaleco amarillo observándole alegremente. En el fondo aparecía un tipo grande, esbozando un gran cigarrillo en su boca. Luego cerró los ojos. Estaba cansado. Oyó unos constantes y aislados ruidos. Por costumbre supo que eran pasos, pero personas normales difícilmente podrían haberlos identificado, pues la tela mullida del piso los apagaba hasta hacerlos casi imperceptibles. Cuando alzó la mirada de nuevo, el individuo con anteojos fue lo primero que reconoció. -Buenas noches,- saludó aquel, con una voz monótona y sencilla,- ¿durmió bien? El viejo le dedicó una peligrosa y a la vez abatida expresión de odio. -Parece que sí,- continuó, sin cambiar ninguno de sus sólidos y divertidos rasgos.- Ya está en condiciones de empezar a responder nuestras preguntas. Tercera Parte Las luces blancas iluminaban con su brillo característico a cada rincón de la habitación. Las aspas de un silencioso ventilador rotaban lentamente, casi llegando a la quietud, incumpliendo el objetivo para el que habían sido creadas. No lograban perpetuar ni de forma remota la densa atmósfera dentro de la cual todos los objetos y las tres personas se encontraban encerrados.
-Diga algo, quejese,- profirió hombre de los anteojos, que estaban levemente ladeados hacia el ángulo inferior derecho.- Este es el momento en que la víctima del secuestro hace alguna acción, por lo general, bastante imprudente. La voz que respondió quizás no concordaba con la persona encargada de emitirla. -Pues esto no es un gran secuestro entonces. Los interrogadores suelen ser tipos rudos que empiezan haciendo una pregunta: de allí viene el nombre. La sonrisa del hombre del chaleco se acentuó ligeramente. -Así suelen ser, es verdad. Pero cuando no lo son y el secuestrado es prudente, sucede lo que ocurre solo en las circunstancias en que estos dos elementos están presentes: la respuesta recibida es negativa, algo evasiva, un poco cortante, pero de ningún modo agresiva. El viejo se limitó a mantener la misma y cetrina cara de debilidad y tristeza. -¿Sabe?,- inquirió el interrogador a modo de llamar la atención,- el perfil que tenemos de usted nos lleva a otro individuo completamente distinto. ¿Eso lo anima o le inspira desesperanza? Hubo un momento de silencio. -¿Qué buscan de mí?,- comenzó el anciano, con el mismo temor que había usado para decir “esto debe ser un error”, antes de ser capturado,- ¿en qué…? -No se preocupe; de ninguna manera pretendemos ponerlo bajo tensión. -Ya lo está haciendo. Tras responder, el viejo quedó inmóvil, y los ojos de témpano permanecieron abiertos de par en par, durante unos pesados segundos. Hasta que los contornos de una sonrisa macabra se esbozaron más allá de la línea de los labios, y su manifestación auditiva, en una carcajada entrecortada, surgió para ser percibida por quienes estaban en el cuarto. -¿Salió bien, no? Surgieron unos aplausos en manos del lector de Maiakowsky, cuya sonrisa se volvió auténtica. -Sin lugar a duda sus dones para la actuación son excelentes. -Oh, gracias,- dijo el anciano.- Disculpá si me volví malo o pesado para las bromas. -No se haga problema; por lo general prefiero no disfrutar del ridículo. El viejo abrió los ojos con sorpresa. -¿Eso es verdad? -Puede preguntarle a mi colega luego, si usted quiere. Pero ahora… -…es el momento para ponernos serios,- terminó el secuestrado.- Está bien. Pero antes, quiero hacerte una pregunta, si es que me permitís hacerlo. Tenía carisma, y un buen manejo de la retórica. Modales refinados, dominio de una mezcla fina entre el vos y el usted, y una ironía inmensa por detrás. Era un hombre de cuidado; ya no sorprendía en lo absoluto el hecho de que hubiera podido disfrazarse durante tanto tiempo sin alterar a nadie. -Por supuesto,- aceptó el interrogador.- No somos el FBI, la Policía o los militares, como usted –allí el rostro del viejo se volvió radiante- está viendo. La idea es mantener este lindo y grato diálogo para que todos salgamos contentos y cargados de cuanta ávida información se pueda conseguir. Entonces el secuestrado se echó hacia atrás en la silla, cruzó una pierna sobre la otra y apoyó una mano sobre la barbilla, al tiempo que decía: -Su método para obtener información es excelente. Los felicito. Arrojó un vistazo sobre el musculoso, que había iniciado un segundo cigarrillo, manteniendo la fija y colérica mirada sobre él. -No gano nada hablando con ustedes, y mucho menos si resuelvo sus dudas. Sé, también, que no lograré salir ileso de aquí. -Eso depende,- asumió el hombre del chaleco,- de la cantidad y calidad de la información que usted nos provea. Es ley de proporcionalidad directa. -Suena como una linda teoría; incluso llegaría a creerte si estuvieras solo conmigo. Pero viendo a esa mole infernal devorándome con la mirada, ¿te parece que me puedo sentir alegre por mi porvenir? -El dicho popular dice que las apariencias engañan. -Sí, pero los ojos no lo hacen. Jamás te dirán una sola mentira. Es como aproximarse a un abismo; uno siente, de inmediato, la obligación intuitiva de alejarse lo más rápido que sea posible de allí. No recibió respuesta alguna. -¿No te gustan este tipo de metáforas? Voy a evitarlas mientras me sea posible. No debería tener problemas: ustedes ya saben cuanto he fingido en este último tiempo. Nuevamente, nadie continuó la discusión. -Es un signo de debilidad mostrar tan abiertamente los caracteres. Bien podrían estar actuando, pero por lo planeado que está todo esto, lo dudo. Toda pequeña debilidad que el enemigo descubra en ustedes puede ser empleada en su contra, con un poco de reflexión y cerebro. Algo de psicología y filosofía. Saberes de viejos, experiencias de vida en manos de una mente brillante y calculadora. Una ecuación admirable. -Como sea,- añadió, mientras su semblante se volvía mucho más serio,- lo que realmente me motiva a hablar es que sepan tanto sobre mi pasado y mi identidad real. Tomé todos los recaudos necesarios para que Julio Vicente fuera un anciano adorable, más bueno que el agua bendita, y me aferré a ese plan tan rigurosamente que se volvió inhumano. Asímismo, cuando decidí convertirme en esta persona, me aseguré hasta un límite perfecto, o en realidad, casi perfecto, pues por algo estoy acá con ustedes, de que toda duda sobre mi presunto fallecimiento estaba resuelta, y que todo medio de comunicación había emitido la noticia sobre ese hecho con bombos y platillos. Lo cual me abandona a efectuar mi tan mentada pregunta: ¿cómo descubrieron quien soy en realidad, y cómo supieron acerca de mi pasado como miembro de las fuerzas de seguridad durante la última dictadura? Se produjo un breve momento en el que nadie habló. Se oyó al ventilador cantar bajo desde sus alturas. Hasta que el hombre de los anteojos los levantó ligeramente desde el puente, y comenzó a hablar: -Fue una tarea muy difícil. Ya sabe usted que su plan fue perfecto; pero también sabe que en la realidad nada lo es y por eso, todo lo que exceda ese grado de naturalidad es sospechoso y digno para realizar una investigación a fondo. Naturalmente, ese no es un motivo que baste para justificar que hayamos dado con su identidad, los hechos de su supuesta muerte, su paradero y su posterior secuestro. Lo básico es que, tal como ya debe haber descubierto, somos miembros de un partido político que tiene tendencias marxistas y por ello estamos comprometidos con la lucha en contra del modelo de Estado. Nos relacionamos con organismos de ideología similar a las nuestra, tal es el caso de la Coordinadora en Contra de la Represión Policial e Institucional, CORREPI, que combate contra los casos de gatillo fácil y otros métodos de excesos de autoridad del Estado, y con las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Con estos dos últimos grupos trabajamos para lograr que se efectúen los juicios hacia los militares que fueron indultados por el presidente Menem en su mandato, y usted era uno de ellos. -¿Todo ese interés porque querían mandar a los militares a la cárcel de la lesa humanidad? Son un par de ángeles. -No es solo eso en realidad. Mi compañero podrá explicarle cuando sea su turno, con todos los detalles que, estoy seguro, quiere darle. Lo importante es que el 16 de julio de 1999, en los medios de comunicación estalló la noticia de que un ex represor de la Escuela Superior en Mecánica de la Armada, comúnmente llamada ESMA, se había suicidado arrojándose a las aguas del Riachuelo. Consultamos a todos los diarios, aunque Página 12 fue el único de izquierda, y nos pareció sorprendente que salvo una típica alusión a la terrible intervención del gobierno, todo concordase con el resto de los periódicos, radios, revistas e incluso artículos de Internet realizados por periodistas de la derecha y el oficialismo, cuando en situaciones normales terminan deformando hasta el hecho más minúsculo con tal de adecuarlo a la moda periodística y a su tendencia política, dejando un gran número de visiones sobre un mismo suceso. Entonces nos adentramos un poco más en el asunto y descubrimos que no había cadáver. Había dejado un testamento, se había arrojado al Riachuelo, y tras uno, dos, tres meses de exploración encubierta no habían encontrado ni rastro de usted. Se esfumó en una nube de humo, y literalmente, desapareció. Pero un cuerpo no puede hacerlo, al menos, sin la ayuda de otras personas, y vivas, según se supone. Los medios, tras haber pasado el interés en la noticia, naturalmente no volvieron a hablar sobre el tema, dejando su verdad a medias en lo más oscuro del arriesgado negocio que supo desarrollar con presteza y atención. El viejo sonrió, mientras asentía con la cabeza. -¡Increíble, niño, increíble! Parece ser que este encuentro será mucho más interesante de lo que había pensado. Cuarta Parte La respuesta se oyó inmediatamente. -Espero que así sea. Hizo una pausa muy breve. -¿Puedo continuar? Era una de esas inquisiciones que buscaban generar apoyo. Reflejaba un incondicional hastío; el secuestrado la conocía muy bien. Ya había oído bastante de la historia como para dejarla a la mitad. -Por supuesto. Tu relato es apasionante. Se percibió, durante un leve segundo, la tensión que liberaba la conversación. No eran palabras sueltas al viento, sino ecos que rescataban del pasado cada dicho, cada hecho, cada anécdota, para opacar y aplastar al interlocutor. Solo entonces el tono del hombre del chaleco volvió a ser completamente monótono: -Bien. Dadas las circunstancias, nos quedamos en que nuestras posibilidades eran, básicamente, dos: o alguien con un motivo que desconocemos, aunque se supone ilegal o con cierta finalidad secreta al no solicitarse ayuda a la justicia, retiró el cadáver de un suicida antes de que lo logren los buzos de la policía, grupo muy reconocido de expertos que no suelen volverse ineficaces de un día para otro, o bien teníamos la hipótesis de que usted no estaba muerto y, bajo los riesgos de una suposición, pensamos que haría alguna acción muy bien planeada, ahora que su fallecimiento estaba aceptado bajo la declaración de su propio puño y letra. La cual, si mal no recuerdo, dice: “No puedo soportar, a mi edad, las duras acusaciones que éste régimen disfrazado de democracia sigue imponiéndome”. Los gestos de la sala no cambiaron en lo más mínimo frente a esa demostración sobrenatural de memoria. Expresó exactamente la frase que ocho años y nueve meses atrás había pasado desde una hoja arrugada de papel amarillento a todos los grandes multimedios del país. Aunque el anciano había mantenido su compostura, en su aura extasiada se percibían esas reprimidas y violentas ansias por interrumpir, disfrazadas tras una sonrisa maquiavélica, lejanamente respetuosa. -Comenzamos a investigar con profundidad cuatro años después de sucedida su supuesta defunción, momento en que mi colega Andrés y yo coincidimos por primera vez en el CORREPI, asignándonos la investigación de su caso… -¿Hubo alguna causa particular para fijarse en mí? Fue una interrupción directa; sus frases evasivas habían quedado en el olvido. La fragilidad de la estructura y lo repentino de su aparición hacían evidente que más allá de su carácter soberbio y seguro a la vista, muchas incertidumbres atravesaban la mente del ex represor a cada momento del interrogatorio. -Ninguna, para serle honesto. Yo tenía dieciséis años y ya estaba iniciando mi participación en un grupo de ideología concordante a la mía. Pensé que lo mejor era explorar algún caso omitido con claridad por los medios de comunicación, o que no se hubiese explotado hasta el momento. Grata fue mi sorpresa cuando me dijeron que había alguien investigando un hecho muerto, pasado en el noventa y nueve. No tenía conocimiento de usted, al menos hasta aquel entonces. La persona que estaba averiguando, naturalmente, era Andrés. Si él tenía alguna causa particular para enfocarse en usted, se la dirá a su debido tiempo. Su tono de voz lo delataba. Se había vuelto sombrío, muy oscuro, hasta tembloroso y casi apremiante también. Los ojos tras los lentes se fijaron en la figura que seguía ocultándose en la esquina del rincón. Era tan tiesa como una estatua, tan sólida como un muerto. Mientras tanto, el viejo siguió manteniendo las arrugas de la frente y la mirada escéptica. -Llegado el momento,- continuó el interrogador, después de tomar una breve bocanada de aire,- empleamos las fuentes que estaban a nuestro alcance y con ellas concluimos toda la historia. Cuatro años después las investigaciones se habían detenido. No se acotó palabra nueva sobre el caso. Era un signo, posiblemente equívoco, del abandono o, interesadamente, del silencio. Una coacción o un negocio puede sacar cualquier noticia fuera de la circulación, y estemos seguros de que no volverá a estarlo. Los grandes diarios son grandes empresas: mientras más fondos reúnan mejor, aunque no siempre lo hagan de la forma que llamaríamos “honesta”. Así nuestra primera fuente fue su propia familia. Como preveíamos, no nos recibieron a brazos abiertos; después de todo, no olvidamos que su entorno es tradicionalmente ultraderechista. Nuestra conversación fue muy turbia, más que nada por la posición de orgullo que tenían a la hora de hablarnos. Se reservaron casi toda la información. Solo logramos coincidir en que su cuerpo debería haber aparecido. Casi un lustro después uno deja de meterse en las morgues judiciales o altercarse en teléfonos descompuestos interminables para dar con un cadáver que debería haber flotado desde un comienzo sobre las aguas del río Matanza, con los agravantes de la falta de respuesta de parte de las entidades estatales responsables de la búsqueda y más aún debido a la repercusión mediática que había tenido el hecho, dada la importancia del muerto. Porque legalmente ya era considerado un fallecido. La carátula de la causa, fichada y sellada al 11 de agosto de 1999 indicaba, sin lugar a dudas, una simple palabra: “Suicidio”. En síntesis, nuestra reunión sirvió para llamar a la reflexión y agregar más variantes a la investigación. Sin embargo, con el tiempo comenzamos a descartarlas. En una primera instancia pensamos que su familia podría habernos ocultado algo, pero… -…mis familiares son una manga de estúpidos. Nada que yo no sepa. El rostro del viejo había recuperado la sonrisa de par en par. -Les pasa por ser adinerados,- prosiguió.- La plata les quema el cerebro, e intentan curarlo dando una imagen de grandeza, superioridad y rigidez. En una circunstancia normal ustedes no podrían haber dado un solo paso dentro de la puerta de entrada a la propiedad de la familia. Contamos con un aparato interno estudiado y duramente inculcado, que incluye desde fingir indisposiciones a generar trabas de cualquier índole. Tenemos agentes de seguridad custodiando los mil metros cuadrados del edificio durante las veinticuatro horas del día, y los mayordomos más hábiles que se puedan encontrar. No, ustedes no deberían haber entrado. Si lo hicieron, fue porque solo quedó una alternativa: mis hermanos y sobrinos estaban interesados en que alguien siguiera mi muerte, y querían saber cuanto pudieran de mi hipotética situación. Por lo tanto, en mi familia son recelosos, pero al mismo tiempo tan imbéciles y predecibles como cualquier otro ser humano. -El índice de estupidez se mide a través de la subjetividad, así que lamento mi ignorancia de saber si lo son o no. Pero puedo afirmar que su deducción es correcta. Efectivamente, conociendo la reserva de su familia, llegamos a la idea de que se dignarían a ayudarnos en la medida de sus posibilidades. Si bien es un planteamiento que se puede poner en duda y era, para aquel momento, algo ciertamente inseguro a lo cual aferrarse, nos dio un pie para seguir investigando con más cautela. Nos dieron un polémico consentimiento para observar los registros de las últimas transacciones bancarias realizadas por usted, y pese a ello no nos lo permitieron. En el banco alegaron que tales documentos eran “extremadamente confidenciales”, a su propio pedido, que no habría ningún escrito que pudiese infligir esa norma y como no formábamos parte de la justicia, tampoco poseíamos la capacidad de extraerlos mediante la fuerza. Fue una precaución muy bien meditada por usted. El viejo sonrió con una carcajada más bien reprimida y breve. Sus dos pies se aferraron al piso, y sus manos pasaron los dedos por encima de los ojos. En la frente se percibían algunos rastros de sudor. Luego descubrió su mirada, algo llorosa, y dijo: -Ya sabés. Cuando tu cabeza tiene valor para la gente, es mejor asegurar todo por si a alguien, como vos, se le ocurre cortártela de un momento a otro. Ahora fue el interrogador quien mostró su sonrisa. -Es así, pues de todos modos, su obstáculo convirtió a la investigación original en lo que es ahora: un interrogatorio. Gracias a los ímpetus de mi compañero, debimos tomar una cantidad mucho más amplia de determinaciones, y algunas terminaron por ser verdaderamente sucias y oscuras. -Entonces estás un paso más adelante que el común de las masas. Quienes critican al régimen militar no se dan cuenta que a la hora de hacer sus propios negocios, siempre exceden el margen de la ley. Lo que ustedes están haciendo ahora es exactamente lo mismo que hacíamos nosotros: sacarle a un sospechoso la mayor cantidad de información posible. Dada la situación que vivíamos, saber cualquier mínimo detalle sobre el comunismo o los revoltosos era fundamental, y eso justifica nuestras acciones. -Fines que justificaban matar a gente inocente, o que ni siquiera había hecho nada, a través de métodos inhumanos. Algo que nosotros no le hemos hecho a usted. -Pero ustedes tienen una sagacidad superior respecto a lo cuadrados que eran los cabecillas del gobierno militar. Teniendo presidentes borrachos, era evidente que teníamos que asustar a la gente, y no existía control alguno para ello. Cualquier sádico, psicópata, déspota o hijo de puta que sintiera regocijo dándole picanazos y golpes a una persona, o que disfrutara de halar gatillos tras la nuca de un tipo arrodillado junto a un baldío abandonado, era bienvenido a la causa. Consideren ese momento y las dimensiones de lo que habían hecho, y se darán cuenta que lo suyo es, en comparación, proporcional a la represión empleada por nosotros. -Lo dudo, aunque ese no es realmente mi punto. Yo no quiero obligarlo a redimirse de sus pecados, no quiero que compare el pasado con el presente, ni nada de eso. A petición suya le estoy describiendo paso por paso como dimos con su oculta identidad; si ya está conforme, puedo empezar a hacer las verdaderas preguntas. -Para nada, me gusta dialogar con la gente de vez en cuando. -Me doy cuenta. Habla hasta por los codos. Una nueva, repentina, sintética carcajada. -Seguí, seguí. Prometo no interrumpirte a menos que sea por algo extremadamente importante. Ahora sí. La mirada, de ojos grandes, lo vislumbró con una cierta curiosidad. Más tarde pareció ser instigadora y dubitativa. Analizaba. Se sentía a la mente de su dueño maquinar, reunir la información para formar pensamientos mucho más sintéticos. Evaluaba su estrategia a fin de seguir y no dejarse llevar por el influjo de su adversario, como si se tratara de una reñida partida de ajedrez. Quinta Parte Oficina de Prensa, Partido Socialista sede Córdoba, Ciudad de Córdoba, Córdoba, Argentina.
19 de marzo de 2008, 03:18 hs. Hacía un largo tiempo que los ruidos ajenos a la pequeña y aislada sala no lograban ingresar en ella. A su vez, los sonidos producidos desde su interior se veían imposibilitados de abandonarla. Si no fuera por el delgado reflejo de luz que se escurría por debajo de la puerta, nadie sospecharía de la estancia de seres humanos allí. Era el lugar perfecto para mantener un rehén. Cualquier persona que intentase descubrir los hechos de esa noche difícilmente podría definirlos. -Retomando… El enfoque de la vista del anciano buscaba ahora alguna grieta olvidada en ese cuarto, o quizás escrutaba lo hermoso del tapiz mullido que recubría no solo al suelo como pensó en un principio, sino que se esparcía a través de las paredes y el techo mismo de la pequeña habitación. -Como teníamos una fe conflictiva en que su familia no estaba involucrada en el caso, y como no podíamos acceder a sus últimos actos monetarios, nos vimos forzados a tratar con la prensa que aceptaba fehacientemente que usted estaba muerto aunque la ausencia del cadáver lo contrariaba. Los diarios viejos son buenos testigos de cuanto se haya dicho por un periodista. Se podría decir que los archivos funcionan como el cáncer; arman una telaraña invisible que en el momento menos esperado es capaz de enredar hasta al más poderoso de los hombres, a menos que uno haya estudiado la forma de esquivarla. Usted la pudo evadir, ciertamente, pero no su principal acusador: el señor Florencio Ponte, por aquel entonces director del Diario Clarín. Los ojos del represor volvieron a fijarse en el rostro del monótono interrogador. El primero mantenía una frágil sonrisa, más bien de preocupación o de indignación, que de un carácter alegre. -El viejo Florencio siempre fue un hueso duro de roer… bastante sospechoso. Nunca tomaba las advertencias en cuenta y se entregaba a la lujuria con mucha facilidad. Una mujer y un par de copas bastaban para que se volviera amigable, aunque era un tipo muy, o demasiado hábil para los negocios. Sus requisitos dolían como un tributo, pero igual de efectivos eran los servicios entregados a cambio del precio. ¿Se han esforzado mucho para sacarle la información? -No tanto. Básicamente como nuestro rumbo estaba bastante desviado teníamos que arriesgarnos para obtener alguna pista que nos devolviera a la investigación. De más está decir que esa clase de hombres nos desagrada profundamente, así que si las cosas salían mal al menos le hubiéramos hecho pasar un rato nefasto a alguien que tal vez lo merece. El viejo comenzó a cometer errores. Aquel fue uno. Comenzó a hablar, pero un segundo después de haber producido las primeras vibraciones decidió detenerse. En consecuencia, solo brotó un ligero rumor, como un berrido, desde su boca. A ese sonido siguió un silencio tenso, en el cuál el ventilador no tenía participación alguna; lo único capaz de interrumpirlo fue el ínfimo zumbido causado por las luces fluorescentes. -¿Sí?,- inquirió el interrogador,- ¿quiere decir algo? -No…olvidalo… -Como quiera. Le fue imposible disimular aquella sonrisa sincera. Sin embargo, cuando retomó el diálogo, su rostro volvió a ser inquebrantable: -De allí en adelante decidimos actuar ilegalmente si era necesario. Interceptamos a nuestro hombre cuando estaba subiendo a su auto, pues sabíamos que en su casa íbamos a tener más dificultades innecesarias, y un golpe seco de Andrés en el cuello bastó para noquearlo y continuar el plan. Terminamos encerrándonos en una oficina, encapuchados a la usanza de un delincuente cualquiera, y cuando despertó hicimos una especie de chantaje. Teníamos con nosotros ciertas fotos comprometedoras, ya sabe usted, de mujeres que un día caen descarriadas en manos de hombres de como ese, y al otro elaboran un álbum de fotos capaz de llevar a cualquiera al desmérito. Sabíamos que no podría resistirse a perder toda su imagen respetable. Más aun cuando dimos explicaciones, con lujo de detalles, sobre sus negocios sucios con el gobierno, y específicamente con usted. Amenazado de muerte y pudiendo quedar arruinado públicamente, no tardó en darnos lo que queríamos, pensando que éramos capaces de aniquilarlo. Un juego sencillo, simple. Según él, fue un 16 de julio, en el año 1999, cuando salió a la luz la noticia de que un ex represor de la Escuela Superior en Mecánica de la Armada, comúnmente llamada ESMA, se había suicidado arrojándose a las aguas del Riachuelo. Aunque de momento no se daba con el cadáver, los buzos de la policía ya estaban actuando en el lugar y se estimaba que unas horas después se lo encontraría. La prueba más contundente del suicidio era, entonces, su propio testamento y su desaparición. No había llevado ninguna pertenencia consigo, salvo un traje de saco y corbata, muy elegante. Sus tarjetas de crédito estaban en su casa, aunque desde siempre usted había establecido la prohibición, salvo para la justicia, de observar sus cuentas. Ese mismo día, al parecer, Florencio recibió un llamado telefónico privado. El hombre que quería comunicarse con él tenía voz de extorsionista, uno de los tantos que solía invadir su línea. -“Un millón de pesos, en efectivo, en billetes de 100. El costo: haga desaparecer la noticia de Alberto Cáceres, con el pasar de los días. Déjela flotando, convenza a la gente de que su cadáver no ha sido encontrado y listo. Usted apagará la voz de la opinión pública, y tendrá un millón de pesos a su disposición.” -¿Quién es usted? -Una persona ocupada. Ya sabe, usted no es un hombre muy limpio que digamos. No le pondré rodeos: cobra su millón y desaparece esa noticia, o en su defecto será toscamente asesinado por un matón cualquiera. La elección queda en usted. Pero le recomendaría que primero observe a esa delgada línea roja que, como un puntero, le está acariciando la vena yugular. ¿La ve?…Bueno, si se niega, tenga por seguro que un solo balazo, silencioso, le arranca el alma y dos litros de sangre. ¿Entendió? Allí nos dijo que no contestó nada, pero inmediatamente la voz del tubo le hizo atenerse a sus acciones. -No le servirá de nada intentar llamar a la Policía con su otro teléfono. Puede intentarlo, si eso desea, pero está avisado: es inútil. De todas formas lo hizo. Marcó 101 y escuchó al tono. Hasta que del otro lado una voz de extorsionista respondió: -Un millón. ¿Tanto le cuesta entender que es un negocio conveniente? ¿No lo comprende? Le estoy haciendo un regalo gigantesco, por algo que usted hace todos los días. Responda: sí o no. Su futuro depende de la elección. Sepa que estaré a la expectativa de si cumple. Hasta entonces estará vigilado. Ni se le ocurra denunciarme. Aunque, de todos modos, como recién he dicho, no le servirá de nada…¿Acepta?…Bien. Es un hombre inteligente. La mira ya no está apuntándole, así que puede moverse tranquilamente. Relájese, tome un buen vaso de whisky y piense que hará con ese millón, que recibirá mañana, en un portafolios negro, clave 8456, a través de un empleado de correos llamado Amador Blanco. No deje que nadie reciba el dinero. Hágalo usted personalmente. Confíe en mí, y tenga un muy buen día. La memoria del ser humano es impredecible. Cuando una persona sufre momentos traumáticos, tiende a obviar determinados pasajes y ver lo que quiere ver. No obstante, este hombre, de tanto sufrir esa clase de tormentos y situaciones de extrema tensión, recordó exactamente cada palabra que le había dicho. Parece ser que nos tomó como una forma de confesar el dolor de algo pasado mucho tiempo atrás. Para nuestra fortuna. Acto siguiente, en efecto, recibió de manos de Amador Blanco el portafolios con el millón. La voz quejumbrosa era cumplidora. No introdujo ninguna bomba, transmisor ni dinero falso dentro del maletín, sino los fajos con el rostro del ex presidente Julio Roca, sinónimo de 100 pesos apilados uno encima de otro. Florencio no tuvo la valía de dirigirle palabra al empleado, como si temiera que de un momento a otro se le abriera la tapa de los sesos inexplicablemente. En fin, tenía el millón, pero lejos de ser un regocijo, ahora sus problemas iban en aumento. Estaba vivo, eso era verdad. No obstante, ¿cómo explicaría la adquisición de esa fortuna? ¿Cómo engañaría a tanta gente? ¿Qué haría? ¿Desperdiciar el dinero? ¿Arrojarlo al fuego? ¿Entregarlo a una Policía que no lo había ayudado y que además lo llenaría de preguntas capaces de incriminarlo? ¿Ocultarlo quizás? No nos dijo que hizo con esa millonaria cantidad. Solo hizo caso a las exigencias del extorsionista. Sacó fuera de circulación la noticia con lentitud, sin llamar la atención sobre la falta del cadáver, que las autoridades tampoco habían encontrado. Y aquí entra el segundo punto. Arreglaron, el gobierno y él, inmersos en círculos oscuros, que la cuestión se dejara sin resolución. Nos develó la complicidad de algunos individuos del poder en su causa, desenmascarando su apoyo al falso suicidio. Analizado desde ese punto de vista, el rompecabezas tenía una especie de solución transitoria. Ciertos funcionarios, como dependientes del Jefe de Gobierno de la Ciudad, nunca se enteraron (o tal vez ignoraron), que Florencio Ponte había recibido un millón para matar la noticia, aunque casualmente estuvieron de acuerdo en acabarla sin haber realizado ningún acuerdo previo al respecto. Eso implicaba que existía un “común denominador” entre ambas partes, y dadas las circunstancias, usted era la única alternativa. Alguien capaz de engañar a su familia, y consolidar un acuerdo entre una empresa y el gobierno para simular una muerte. Hasta aquí, teníamos medio caso resuelto. Ahora nos faltaba el sector oscuro de la historia. ¿Qué haría si su plan salía con éxito? Las posibilidades nos decían que lo primero sería obtener una identidad falsa, requisito indispensable para poder abandonar el país o trasladarse a una posible región inhabitada dentro del territorio nacional. Un documento robado es la manera más certera de obtenerlo, o comprarlo a cualquiera que lo haya hecho. Esto dificultaba enormemente las cosas. No contábamos con el apoyo de la prensa ni del gobierno. La policía también estaba involucrada en el caso. Así que nuevamente debimos recurrir a la colaboración de su familia. La cuestión fue diferente esta vez, porque la idea confirmada de que nuestro hombre había fingido su muerte, ahora con todas las pruebas que podíamos mostrar, la grabación del interrogatorio a Florencio, los diarios que giraban en torno al grupo Clarín en su momento y los sobornos, encendieron su fe de encontrarlo, aunque ignoramos incluso hoy en día la finalidad de dar con usted. Pero bien, accedieron a hablar un poco más. Era cierto que en las últimas épocas había logrado avances en algunos negocios relacionados con los inmuebles, ventas de gran valor, que pensaba emplear en la Ciudad de Córdoba para instalarse allí y vivir a partir de alquileres por el resto de su vida, pese a que nunca reveló números. En realidad tenían una relación de formalidad con usted, y sus desapariciones de la vivienda eran continuas. Dijeron que era posible que aprovechara esos escapes furtivos para negociar fuera de los ojos de la familia. El hecho es que hizo comentarios sobre éxitos en Córdoba, y escapó reiteradas veces hasta aquí con la excusa de que debía cuidar la situación y verificar que todo saliera según lo planeado. Eso les sorprendía. Más allá de eso, aquí está nuestro factor clave. Tras llevar varios minutos de conversación ininterrumpida, el hombre del chaleco introdujo las manos en el bolsillo derecho del mismo y extrajo un papel coloreado de verde. Era un folleto común y corriente, encabezado por logotipos de marcas de celulares. En sus caras no se observaba ninguna clase de anotación. -Ignorábamos, hasta develado el verdadero sentido de este simple papel, que existiera alguna institución capaz de practicar actividades como la medicina estética, en negro. Desconocíamos el desarrollo de transplantes de rostros, antes de realizado el mundialmente conocido caso francés, el año pasado. Y usted, ocho años antes, ya había cambiado su cara por la que estoy viendo ahora. Asombroso. Solo la soñadora sonrisa respondió a ese temerario elogio. -¿Acaso tanto valía hacer esto, como para arriesgarse de tal modo? Pagó dinero para ser el conejillo de Indias de unos verdaderos estafadores que podrían haberle inyectado aceite para avión en lugar de ponerle la cara de Julio Vicente por encima de la suya. -Hay viejos que ya hicimos tantos desastres en nuestras vidas que, para terminarlas, preferimos hacerlo con un cierto estilo y por qué no, riesgo. Además, ¿para qué criticar a esos chicos tan vorazmente? Son unos verdaderos genios, prodigios de su arte. Ni una sola cicatriz, casi una década antes de lo que se hubiera pensado. Hacerlo desde la vía perversa no les quita el honor de ser expertos en la materia. -Supongo que son casos perdidos. Aunque cada cual a lo suyo, ¿o no? -Cierto, no tenés que detenerte a juzgar cosas que están preestablecidas en nuestra sociedad. Continuá en lo tuyo. -Tiene razón. Tomó un poco de tiempo para elaborar la continuación de su discurso. Finalmente, prosiguió: -Como fueran los acontecimientos, este papel al que tuvimos acceso encierra dentro de sí la llave de nuestro éxito. Estaba agrupado entre los registros que quedaban de usted en la casa, junto a los documentos, certificados, partidas de nacimiento, dinero, tarjetas, bolígrafos, relojes y el testamento. No sabían su significado, pero lo retenían por honor. La hoja está manchada con la marca que deja una taza de café, tiene dobleces varios y algunas rasgaduras aisladas. Todas heridas que puede sufrir, en circunstancias normales, un papel. No obstante, hubo algo que alcanzó a llamar nuestra atención. No teníamos la intención de detenernos a buscar pruebas, y menos en lugares tan poco llamativos como un folleto cualquiera. Pero que entre los recuerdos hubiera un aparato de luz negra bastó para tirar del gatillo y explorar con mayor profundidad. La falta de heridas notables en el reverso del panfleto resultaba bastante sospechosa; pese a esto, existían. Sí, eran gotas aisladas, casi imperceptibles por el verde opaco del fondo. No había ningún daño en donde estaban los reflejos del secado. Tanta meticulosidad terminó por volvernos curiosos, pues ya no parecía una simple casualidad sino un acto premeditado. Así lo era. Un mensaje escrito con limón. Bajo los efectos de la luz negra, el texto se tornó visible para nosotros. La dirección “Sarmiento 486” nos enviaba directamente al centro de la Ciudad de Buenos Aires, y originalmente era un lugar donde se realizaban cirugías estéticas, comunes y corrientes. Era natural que existiera un truco para salvar el marco de la legalidad, y ese fue una sencilla palabra: “Identikit”, anotada al pie de la página. Aquí los caminos entre su familia y nosotros se separaron. Teniendo conocimiento de tales pistas, nos encontrábamos nuevamente en el trabajo. Decidimos continuar todo solo nosotros, porque temíamos que otras personas constituyeran un estorbo para la búsqueda. Sus hermanos y sobrinos no sospecharon que tomamos el folleto para hacer la prueba de la luz negra: simplemente objetamos que no contenía ninguna pista contundente, aunque por si acaso tuvimos que borrar las marcas a través del mismo método que lo había dañado por el frente. Permanecimos un par de días fingiendo que buscábamos pruebas y llegado el momento nos resignamos falsamente, comprometidos a recibir mensajes de cuantos logros pudieran obtener con su investigación privada. No puedo contarle la siguiente parte de la historia porque no fui partícipe de ella. Esta misión, debido a su peligrosidad, fue encarada completamente por Andrés. Los detalles puede dárselos él, luego. A grandes rasgos visitó el consultorio pero, como decía el folleto, tocó el segundo timbre y dijo la palabra clave. Una mujer respondió afirmativamente, y otra (o tal vez ella misma), lo guió al sector oculto. Cuando se encontró con el arma sobre la sien, dentro de un cuarto completamente a oscuras, supo que la cuestión se había complicado. Habíamos previsto la posibilidad de que el lugar estuviera inoperante, como en efecto se encontraba, y a su manera Andrés no solo consiguió salir vivo, sino que obtuvo la información que lo mantiene enfrente de nosotros. Tales documentos eran los registros de todas las operaciones ilegales que habían realizado durante la existencia del lugar, a letra pluma. Una cantidad de fuentes preciosas como para llevar presas a diez personas, mínimamente. Que las cedieran genera un gran número de razonamientos y argumentos débiles que caerían, desde mi perspectiva, en plenas e inconsecuentes falacias. En fin, sin conocer los detalles de la obtención, que Andrés dejó en el más oscuro misterio, me vi obligado a aceptar las condiciones que impuso. No podíamos emplear esos registros para inculpar a nadie, salvo a nuestro hombre, ni éramos capaces de entregarlos bajo ninguna circunstancia a terceros. Una vez que terminamos el uso de las fuentes las arrojamos al fuego, y con ello la condena de muchas personas terminó en el olvido. En su voz no se denotaba ninguna escala de resentimiento, sino el mismo ritmo monótono de antes. El significado de cada palabra que pronunciaba constituía el único método para comprender sus verdaderas emociones. -Así se acerca el final de nuestra odisea. Ese solo comprobante contenía la ficha donde figuraba el presupuesto a abonar por la operación completa, que involucraba los siguientes enunciados: Homicidio Simple encubierto---------------------------------------------------$10000 Recargo por ocultamiento de cadáver---------------------------------------$500 Recargo por extracción de rostro---------------------------------------------$2500 Transplante de rostro-------------------------------------------------------------$20000 Total-----------------------------------------------------------------------------------$33000 -Lo dicho,- sonrió el ex represor:- eran realmente sádicos para lo que hacían. Pero tomá en cuenta que no eran tan fríos. Ese viejo no tenía mucho tiempo de vida. Antes de ejecutar sus asesinatos averiguaban quien era la víctima, obtenían toda clase de información, incluida la historia médica, y hacían un trabajo limpio. Nadie respondió. La atmósfera recrudecía una vez más en su violencia. Cuando la sombra se movió, en tres segundos fogosos, desde la esquina del cuarto hasta el escritorio, la mano se alzó para detenerla. Tardaron entre 1 ó 2 minutos para recobrar sus posiciones anteriores. Cuando el interrogador volvió a hablar, su tono yacía afectado. -No hay más que decir. La ficha enunciaba su nombre, número de documento, teléfono y domicilio, todos concordantes con la situación previa a la muerte falsa. Asímismo, indicaba en un apartado el punto geográfico exacto donde se encontraba el cuerpo del asesinado, mencionado como J.V. Estaba oculto a cinco metros bajo tierra, en un bosque olvidado. Nadie lo había visitado desde la consumación del homicidio. Comprobamos que, en efecto, faltaba la cabeza desde la cuál obtuvieron el molde y el tejido para iniciar el transplante. Así descubrimos, en un diario viejo, que el día 2 de julio del año 1999 habían secuestrado a un hombre llamado Julio Vicente en la ciudad de Córdoba, caso que tuvo su cobertura durante varios días en los cuales reinó la desesperanza de lograr su recuperación. Tras el pago de una suma de diez mil pesos, al 16 del mismo mes y año se lo regresó, sano y salvo, a su domicilio de la calle Sol de Mayo 324. La historia implica que usted preparó todo muy cuidadosamente. Cuando recibió la información de Julio Vicente, usó la excusa de los negocios para viajar a Córdoba y afirmar la operación. Mandó a matar al viejo Julio con la antelación suficiente, y disfrazaron la acción de secuestro. Esto permitió, por un lado, que obtuvieran una ganancia de dinero adicional, y más importante aún, daba tiempo suficiente para trasladar la cabeza al consultorio en Buenos Aires y llevar a cabo el transplante, generando a la vez un margen para que el tejido se adaptara a su rostro. La excusa del viaje evitaba que su familia intentara comunicarse con usted dentro de circunstancias en las que no podría responder. Oculto en el cajón de su escritorio dejó el testamento. Una vez obtenido su nuevo rostro, al día 15, llamó a su casa para notificar su decisión de suicidarse y señalar la ubicación del testamento. Al siguiente usted fue trasladado a Córdoba donde sus falsos captores lo entregaron a la vivienda de Julio Vicente, y desde allí se comunicó con Florencio Ponte para ponerle fin a la noticia nacida ese mismo día. El asesino y empleado de correos Amador Blanco era uno de sus colegas en el plan, miembro del grupo ilegal que colaboró logísticamente con su ilícito. En conclusión, a fines del año pasado logramos cerrar el caso, sin levantar un solo ojo en la justicia, aunque si varios misteriosos en sectores oscuros de la mafia y los negocios. Ayer fue el día previsto para desarrollar su secuestro y sacarle toda la información. Durante años ha sido el mayor estímulo para seguir avanzando. Ahora que nació un nuevo conflicto, mucho mayor a lo que usted ha hecho en toda su vida, necesitamos de su información. En este momento usted empezará a responder cada pregunta que hagamos, sin rodeos ni falacias. Las miradas volvieron a cruzarse en los aires. Eran intimidantes. -Son magníficos,- comenzó el secuestrado,- demasiado magníficos. A su edad han realizado una investigación que ni los más veteranos hubieran podido lograr con facilidad. No creo que sea posible. No creo que existan personas como ustedes en el mundo. Tan frías, tan inmutables. Tienen problemas de sociabilidad, o eso supongo. Se enfrascan en el trabajo más que en sus propias vidas, cuando la realidad es inversa. -Puede ser. Nunca fui, yo al menos, de las personas que les gusta conversar. Pero me propuse ayudar a un amigo en su venganza personal. ¿Acaso no es una buena causa? La risa breve del viejo ahora se volvía grotesca. -Me temo que sí. Me temo que sí. -Pero no es esa la única cuestión que nos motiva,- interrumpió el hombre del chaleco.- Ahora empieza la verdadera utilidad de su estancia con nosotros. Quiero que nos diga todo lo que sabe, cuanto sepa, acerca del PAN, o como lo han llamado en sus círculos, “Plan Armamentista Nacional”. La sonrisa del viejo estaba lejos de volver a ser la misma de antes. |
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| #1 @ 21:30 28/03/2008 | |
| Furty
Nivel: Kage |
Mola mola, un fic de MGS jajajajaja esperaba yo uno de esos,me ha gustado bastante la forma en la que narras los acontecimientos ^^
Bueno, tio, me has robado una antigua idea xDDD yo suelo basarme en videojuegos para hacer mis fics xDDD si no mira el mio de Resident Evil. Salu2 ^^ |
| #2 @ 22:07 28/03/2008 | |
| nara_medea
Nivel: Akatsuki |
Está genial,como lo que tú escribes normalmente. Muy bien narrado, con sus diálogos,descripciones y demás. Hay algunas expresiones y palabras que o bien me suenan raras,o bien directamente no sé lo que significan, pero como según dices está hecho así a propósito, pues nada. Por cierto, embole es algo así como un coñazo o un aburrimiento,no?
En fin,como todo lo que en este foro no lleva la palabra NaruHina en el título,me da la impresión de que no tendrá mucho éxito... pero a mí me has dejado con ganas de más. Pon el siguiente en cuanto puedas! Todo el que esté leyendo esto podrá llamarme inculta... pero,el Metal Gear Solid no es un juego de tiros? Es que me suena de tenerlo rulando por el ordenador (mi hermano),y no haber jugado nunca xDD |
| #3 @ 00:34 29/03/2008 | |
| Loro negro
Nivel: Kage |
JO-DER
Esto no es un fic....¡Esto es un puto nobel! ¡La leche Juana! A ver a ver, que no sé ni por dónde empezar.... Redacción, sobresaliente, ortografía muy esmerada, uso impecable de diálogos, etc. Narración bestial, he logrado situarme en el asiento de atrás y vivirlo en mis propias carnes. Cada párrafo es una genialidad. Las expresiones, la personalidad, la conducta de los dos tipos, totalmente humana, totalmente real. El argumento, por lo que parece, aún es pronto para aventurar cualquier cosa, pero pinta realmente bien. Si te digo la verdad, no deberías escribir esto aquí, deberías pensarte muy seriamente plasmarlo en un libro, porque esto tiene futuro, pero como ya te han dicho, no lo busques aquí. Es realmente injusto, pero es cierto. Esta historia es una historia muy seria, y realmente dudo que le interese a la mayoría de los que se pasan por este foro, aunque espero equivocarme.... Por último, ya sé que es pronto para decirlo, pero no le veo mucho de Metal Gear a esta historia. En fin, veremos con qué nos sorprendes |
| #4 @ 17:13 30/03/2008 | |
| Sakuraky
Nivel: Jinchuuriki |
¡Qué pedazo de...!
Loro, gracias por remitirme aquí. Esta historia es una pasada. La refloto comentando porque quiero que su autor no se desanime, que ponga otro capítulo tan cargado de interés, con esa redacción y ortografía que ya quisieran más de los users que componen el 90% de la página. Sigue así, eres genial y espero que pongas otro capítulo. Es algo estupendo. |
| #5 @ 17:33 30/03/2008 | |
| kisa_soma
Nivel: Chuunin |
LA OSTIA
Perfectamente narrado, ni una falta de ortografía, trama buenisima, todo explicado punto por punto... No tienes ni un solo fallo! Esto podrías convertirlo en una novela perfectamente, y comparado con la mayoria de los fics de por aquí... Te felicito, realmente es de lo mejor que he leido. |
| #6 @ 16:14 31/03/2008 | |
| kalec
Nivel: Kage |
Que decirte que no te hayan dicho ya, esta muy bien escrito, estupendo, lastima que no se valore lo suficiente por que no es de amor, espero que lo sigas y si quieres lo pongo en el fc en sustitucion del otro que por lo visto no lo vas a seguir ^^ |
| #7 @ 02:15 01/04/2008 | |
| BrownBelt
Nivel: Akatsuki |
#1, gracias xD... he pasado por tu Fic constantemente, ahora debería devolver el favor xD...
para serte honesto se me ocurrió la idea de usar un videojuego por tu iniciativa... xD #2, exactamente, Metal Gear Solid es un juego donde hay un un agente que se infiltra en zonas ocupadas por terroristas y tiene como misión desbaratar sus malas intenciones... si no lo jugaste deberías hacerlo AHORA MISMO! xD embole es lo que has descrito xD #3, se agradecen las rosas y la honestidad xD. No parece tener mucho de MGS, eso es verdad, pero con el correr de la historia (recién vamos por la introducción) la idea es que tienda a ir para ese lado. También sé que es complicado que tenga mucha aceptación, pero prefiero comentarios de lectores que piensen que otros sin sentido xD... eso es lo bueno... es un filtro... #4, como ves lo he seguido xD, se agradece... #5, Novela? I don´t think so... la idea es demasiado extraña como para que sea auténtica, y agregar hechos ficticios que puedan herir susceptibilidades como pronto ingresarán tampoco me gusta o_O... que sea realista en el ámbito humano no quiere decir que pueda llegar a pasar o sea aceptado... y fallos? Siempre hay... T_T #6, si querés hacerlo... con todo gusto... no hay problema xD Acá está: Introducción-Segunda Parte “Cuarenta y cinco minutos pasados de las siete de la tarde, quince grados tres décimas la temperatura y noventa por ciento la humedad; el tiempo es tormentoso y se estima que esta situación se prolongue hasta el miércoles por la tarde. Estamos con Ernesto Martínez, en comunicación con el Servicio Meteorológico Nacional, quien ampliará esta información. Ernesto, ¿nos escuchás?”
La voz que provenía de la radio era reposada y pronunciaba las palabras a una velocidad que las hacía casi incomprensibles. Un fino pero gélido rocío ingresaba al vehículo a través de la pequeña abertura de la ventanilla, por donde huía el último humo del ya ceniciento cigarrillo. -Ocho menos cuarto,- dijo el del chaleco amarillo, por arriba de las letras del libro,- en cinco minutos debería estar saliendo, según lo que nos han dicho. La luz de la terraza se tiene que apagar; esa es nuestra señal para ponernos alerta. Lo cual, en teoría, está a punto de ocurrir. Ni bien terminó de anunciar aquello, la lúgubre lámpara dejó de emitir su brillo. -Bien,- continuó.- Es el momento. Sacá las balizas y encendé la luz rotatoria. Poné al auto en marcha. Démosle una vuelta a la manzana. El halo anaranjado surgió por encima del vehículo, arrasando a las tinieblas más cercanas para desvanecerse y luego regresar. La lluvia comenzó a amainar en ese instante, seguida del limpiaparabrisas, que detuvo su andar. Unas gotas dispersas quedaron libres, uniéndose entre ellas hasta ganar el suficiente peso para arrastrarse juntas hacia abajo. -¿Estás bien? La mirada del musculoso se encontraba anclada a un punto perdido, más allá del paisaje nocturno que se abría ante el vidrio. Tenía las mandíbulas fuertemente cerradas una contra la otra, y el sudor estaba empañado en todo su rostro, al igual que las ventanas del coche. -No. Se me acabaron los fasos. Uno solo no alcanza para matar los nervios. -Te pasa por no comprar de antemano. Yo te dije… -…¡sí, sí! ¡Ya sé lo que me dijiste! …,- giró la cabeza y miró a su colega, mientras su cara enrojecía por la cólera sin sentido. La provocación había surtido efecto: permitió que pusiera el auto en movimiento. Llevaban ocho minutos detenidos, lo cual era un tiempo razonable para que dos agentes de seguridad privada recibieran un llamado y comprobaran si estaban en la zona, quizás planificando el recorrido de esa noche: aquella era la finalidad de las balizas. Después darían una vuelta con la luz giratoria encendida para fingir una posible guardia o reconocimiento, perdiendo entre 2 ó 3 minutos, lapso en el que su objetivo saldría de la casa sin sospechar de ellos. Y luego… “Tu vida siempre fue así te da y te quita por nada y aunque estés solo, sin corazón ahora tenés que seguir la función. Es una fiesta, algo de hoy donde se junta la hinchada.” Los cuatro ojos que estaban dentro del auto se dirigieron hacia el cartel que decía “Sol de Mayo 324”, y lo vieron pasar lentamente antes de torcer en la esquina, hacia la derecha. -¿No te relaja la música?,- increpó el conductor, con el tono suave que antes le había generado la mezcla de tabaco y nicotina. El acompañante estaba acostumbrado a esos violentos y más que nada misteriosos cambios de personalidad en su colega. Se enfurecía rápido, pero con la misma facilidad encontraba algo con que tranquilizarse y perdonar. -Para decirte la verdad, no. “Arde la ciudad, llueve en tu mirada gris, la gente festeja y vuelve a reír; pero este carnaval hoy no te deja dormir mires donde mirés ella esta ahí.” -Ya no me sorprende,- dijo el otro sonriendo,- sos un tipo muy raro. “Arde la Ciudad, de la Mancha de Rolando, vuelve hoy al Top 40 Grandes Hits de Radio Córdoba. Cinco minutos faltan para las ocho de la noche…” -Así será, lo quieras o no,- comentó el acompañante con el mismo gesto. Treinta segundos después estaban en el 398 de Sol de Mayo de nuevo, pero ahora completamente serios. La sombra era iluminada por el foco de la calle y al mismo tiempo por la lámpara que encabezaba la entrada de la vivienda. La figura desgarbada les fue simple de identificar: sin lugar a dudas era él. A juzgar por la inclinación del cuerpo sobre la cerradura, estaba trabando la puerta. -El cálculo fue preciso,- comenzó el lector de Maiakowsky,- ¿estás listo? -Seguro. -Yo me bajo primero. Intentá no ser demasiado evidente en tus intenciones, para no levantar las sospechas que hasta ahora con tanto esmero logramos evitar. El musculoso ni siquiera respondió. Aceleró un poco más. Un anciano guardó las llaves en el bolsillo de su saco. Luego escuchó el chapoteo propio de neumáticos alzando el agua estancada en los cordones, y se volvió hacia él. Leyó la inscripción “Stinger, Seguridad Privada”, en grandes letras blancas que contrastaban con el negro del resto del vehículo, aferradas al lateral del mismo. Observó como un hombre de escasa estatura, cabello castaño, pantalón jean azul y chaleco amarillo se bajaba de la puerta delantera del acompañante y se acercaba hacia su persona, mientras exclamaba: -Será mejor que no salga, señor. El viejo lo observó con un dejo de pánico. -¿Qué es lo que pasa?,- replicó. El recién llegado hizo un gesto de extrañeza con el rostro, mientras analizaba con esa mirada penetrante, distorsionada por los anteojos, la expresión de su propia cara. -Espere. ¿Cuál es su nombre?,- inquirió. -Esto… debe ser un error…,- farfulló, moviendo las manos nerviosamente. -Dígame su nombre. -Julio… Julio Vicente. -No hay ningún error entonces- afirmó sonriendo el hombre.- Usted es un men… Se detuvo como muy rara vez lo había hecho en toda su vida. Abrió los ojos con sorpresa, mientras veía como el brazo de su presa señalaba con un dedo tembloroso al sujeto enorme que estaba a su lado. El disparo no causó el menor ruido; el silenciador funcionó perfectamente en esa ocasión. Mientras el anciano comenzaba a sufrir los efectos del somnífero, el hombre del chaleco amarillo observó al musculoso, que aún empuñaba el arma entre sus dos manos, y le dijo: -Al menos le hubieras dado tiempo a que oyera mi diálogo. No me gusta hacer este tipo de teatro en vano. Al igual que en el auto, su colega no le contestó. Avanzó dando dos zancadas y agarró al hombre desde la cintura, antes de que cayera al piso, inconsciente. Debido a su altura, las piernas quedaron del lado delantero, y el tronco y la cabeza, mirando su espalda. -Vamos. Antes de que llegue gente. El musculoso abrió la puerta y sentó al mentiroso en el asiento trasero del auto, con toda la delicadeza que su fuerza le permitió emplear. Luego se dirigió a la posición del conductor. Sin embargo, él ya estaba allí, con su molesto libro de bolsillo, sonriéndole. -Debés estar cansado. Yo manejo. El vehículo cruzó las vías del tren a una gran velocidad, y al mismo ritmo siguió recorriendo las muertas calles del barrio. El hombre grande marcó rápidamente los números y avisó al sereno del estacionamiento subterráneo que los esperara para acelerar su misión. Pocos minutos después, a las ocho y diez, estaban caminando junto al cartel rojo que decía “Ascenso y descenso de pa…jeros”, en dirección al kiosco más cercano. Cuando despertó, se encontró en una habitación bastante bella, aunque estrecha. Todo estaba iluminado por una serie de tubos fluorescentes y bombillas de bajo consumo. Había una biblioteca en miniatura con unos pocos libros. Alcanzó a vislumbrar a autores como Adam Smith y Schumpeter. Su mentón estaba apoyado en la mesa de algarrobo, pero se habían tomado la decencia de agregar una alfombra pequeña para no maltratarlo. Levantó la vista hacia el frente y descubrió, entre las nubes blancas, a una persona con chaleco amarillo observándole alegremente. En el fondo aparecía un tipo grande, esbozando un gran cigarrillo en su boca. Luego cerró los ojos. Estaba cansado. Oyó unos constantes y aislados ruidos. Por costumbre supo que eran pasos, pero personas normales difícilmente podrían haberlos identificado, pues la tela mullida del piso los apagaba hasta hacerlos casi imperceptibles. Cuando alzó la mirada de nuevo, el individuo con anteojos fue lo primero que reconoció. -Buenas noches,- saludó aquel, con una voz monótona y sencilla,- ¿durmió bien? El viejo le dedicó una peligrosa y a la vez abatida expresión de odio. -Parece que sí,- continuó, sin cambiar ninguno de sus sólidos y divertidos rasgos.- Ya está en condiciones de empezar a responder nuestras preguntas. |
| #8 @ 18:20 02/04/2008 | |
| Sakuraky
Nivel: Jinchuuriki |
Me gustó más el anterior... ¡Éste no es malo! ¡Para nada! xD
No sé, el otro me pareció más cercano, pero bueno. Paso a comentarte éste, y así de paso te refloto, que a nadie le gusta la segunda, casi tercera página. Aunque el contenido, la redacción y la ortografía continúan siendo excelentes, el error que yo veo es que has dado demasiadas vueltas al asunto y cuando por fin ha ocurrido lo que nos tenía en ascuas a todo (viejo desmayado, vamos xD) ha durado un pum y medio (expresión mía xD). Pero por lo demás... Muy bien ^^. Esperando el tres, mucha suerte ^^. |
| #9 @ 18:47 02/04/2008 | |
| BrownBelt
Nivel: Akatsuki |
Primero... gracias por la resurrección xD
Ciertamente, a mi tampoco me gustó demasiado como quedó... esto de enrredarme a la hora de escribir no me ayuda demasiado O_O... también corregí una treintena de errores, y los sigo encontrando... T_T de todos modos intentaré no alargar tanto las cosas para la próxima... aunque parece que será larga por sí sola... Esperemos que el próximo salga mejor xD Suficiente parloteo! Saludos! |
| #10 @ 20:56 02/04/2008 | |
| kisa_soma
Nivel: Chuunin |
Sigue siendo muy bueno aunque le encuentro poca emoción por ahora. Espero con ansias el siguiente. Saludos! |
| #11 @ 21:21 02/04/2008 | |
| Loro negro
Nivel: Kage |
Pues yo creo que este segundo también ha quedado genial, claro que es distinto al primero, pero eso porque es porque el primer capítulo tiene como aliciente la novedad, la originalidad, etc. Que por cierto, has empezado tu fic de manera parecida a como empecé yo el Ser malo es bueno, qué curioso.
Bueno, el caso es que este segundo a mí también me ha gustado mucho. Y respecto a lo de que han dicho que no tiene mucha emoción....Emoción no es siempre nervios a flor de piel, y mucho menos pasión amorosa. Yo no le veo como defecto eso Lo único que he llegado a ver como error es que el conductor este tuviera un arranque de cólera y al cabo de tres reglones estuviera colocado jaja.... |
| #12 @ 18:18 06/04/2008 | |
| BrownBelt
Nivel: Akatsuki |
#10... disculpá que por ahora no tenga emoción, pero la historia real todavía no sale a la luz. Ya a partir de la cuarta parte de la Introducción empieza la historia... ruego un poco de paciencia nomás xD
#11... ciertamente la actitud del conductor cambia de forma drástica xD... debo cuidarme de esos errores... Gracias por comentar... acá está: Introducción-Tercera Parte
Las luces blancas iluminaban con su brillo característico a cada rincón de la habitación. Las aspas de un silencioso ventilador rotaban lentamente, casi llegando a la quietud, incumpliendo el objetivo para el que habían sido creadas. No lograban perpetuar ni de forma remota la densa atmósfera dentro de la cual todos los objetos y las tres personas se encontraban encerrados. -Diga algo, quejese,- profirió hombre de los anteojos, que estaban levemente ladeados hacia el ángulo inferior derecho.- Este es el momento en que la víctima del secuestro hace alguna acción, por lo general, bastante imprudente. La voz que respondió quizás no concordaba con la persona encargada de emitirla. -Pues esto no es un gran secuestro entonces. Los interrogadores suelen ser tipos rudos que empiezan haciendo una pregunta: de allí viene el nombre. La sonrisa del hombre del chaleco se acentuó ligeramente. -Así suelen ser, es verdad. Pero cuando no lo son y el secuestrado es prudente, sucede lo que ocurre solo en las circunstancias en que estos dos elementos están presentes: la respuesta recibida es negativa, algo evasiva, un poco cortante, pero de ningún modo agresiva. El viejo se limitó a mantener la misma y cetrina cara de debilidad y tristeza. -¿Sabe?,- inquirió el interrogador a modo de llamar la atención,- el perfil que tenemos de usted nos lleva a otro individuo completamente distinto. ¿Eso lo anima o le inspira desesperanza? Hubo un momento de silencio. -¿Qué buscan de mí?,- comenzó el anciano, con el mismo temor que había usado para decir “esto debe ser un error”, antes de ser capturado,- ¿en qué…? -No se preocupe; de ninguna manera pretendemos ponerlo bajo tensión. -Ya lo está haciendo. Tras responder, el viejo quedó inmóvil, y los ojos de témpano permanecieron abiertos de par en par, durante unos pesados segundos. Hasta que los contornos de una sonrisa macabra se esbozaron más allá de la línea de los labios, y su manifestación auditiva, en una carcajada entrecortada, surgió para ser percibida por quienes estaban en el cuarto. -¿Salió bien, no? Surgieron unos aplausos en manos del lector de Maiakowsky, cuya sonrisa se volvió auténtica. -Sin lugar a duda sus dones para la actuación son excelentes. -Oh, gracias,- dijo el anciano.- Disculpá si me volví malo o pesado para las bromas. -No se haga problema; por lo general prefiero no disfrutar del ridículo. El viejo abrió los ojos con sorpresa. -¿Eso es verdad? -Puede preguntarle a mi colega luego, si usted quiere. Pero ahora… -…es el momento para ponernos serios,- terminó el secuestrado.- Está bien. Pero antes, quiero hacerte una pregunta, si es que me permitís hacerlo. Tenía carisma, y un buen manejo de la retórica. Modales refinados, dominio de una mezcla fina entre el vos y el usted, y una ironía inmensa por detrás. Era un hombre de cuidado; ya no sorprendía en lo absoluto el hecho de que hubiera podido disfrazarse durante tanto tiempo sin alterar a nadie. -Por supuesto,- aceptó el interrogador.- No somos el FBI, la Policía o los militares, como usted –allí el rostro del viejo se volvió radiante- está viendo. La idea es mantener este lindo y grato diálogo para que todos salgamos contentos y cargados de cuanta ávida información se pueda conseguir. Entonces el secuestrado se echó hacia atrás en la silla, cruzó una pierna sobre la otra y apoyó una mano sobre la barbilla, al tiempo que decía: -Su método para obtener información es excelente. Los felicito. Arrojó un vistazo sobre el musculoso, que había iniciado un segundo cigarrillo, manteniendo la fija y colérica mirada sobre él. -No gano nada hablando con ustedes, y mucho menos si resuelvo sus dudas. Sé, también, que no lograré salir ileso de aquí. -Eso depende,- asumió el hombre del chaleco,- de la cantidad y calidad de la información que usted nos provea. Es ley de proporcionalidad directa. -Suena como una linda teoría; incluso llegaría a creerte si estuvieras solo conmigo. Pero viendo a esa mole infernal devorándome con la mirada, ¿te parece que me puedo sentir alegre por mi porvenir? -El dicho popular dice que las apariencias engañan. -Sí, pero los ojos no lo hacen. Jamás te dirán una sola mentira. Es como aproximarse a un abismo; uno siente, de inmediato, la obligación intuitiva de alejarse lo más rápido que sea posible de allí. No recibió respuesta alguna. -¿No te gustan este tipo de metáforas? Voy a evitarlas mientras me sea posible. No debería tener problemas: ustedes ya saben cuanto he fingido en este último tiempo. Nuevamente, nadie continuó la discusión. -Es un signo de debilidad mostrar tan abiertamente los caracteres. Bien podrían estar actuando, pero por lo planeado que está todo esto, lo dudo. Toda pequeña debilidad que el enemigo descubra en ustedes puede ser empleada en su contra, con un poco de reflexión y cerebro. Algo de psicología y filosofía. Saberes de viejos, experiencias de vida en manos de una mente brillante y calculadora. Una ecuación admirable. -Como sea,- añadió, mientras su semblante se volvía mucho más serio,- lo que realmente me motiva a hablar es que sepan tanto sobre mi pasado y mi identidad real. Tomé todos los recaudos necesarios para que Julio Vicente fuera un anciano adorable, más bueno que el agua bendita, y me aferré a ese plan tan rigurosamente que se volvió inhumano. Asímismo, cuando decidí convertirme en esta persona, me aseguré hasta un límite perfecto, o en realidad, casi perfecto, pues por algo estoy acá con ustedes, de que toda duda sobre mi presunto fallecimiento estaba resuelta, y que todo medio de comunicación había emitido la noticia sobre ese hecho con bombos y platillos. Lo cual me abandona a efectuar mi tan mentada pregunta: ¿cómo descubrieron quien soy en realidad, y cómo supieron acerca de mi pasado como miembro de las fuerzas de seguridad durante la última dictadura? Se produjo un breve momento en el que nadie habló. Se oyó al ventilador cantar bajo desde sus alturas. Hasta que el hombre de los anteojos los levantó ligeramente desde el puente, y comenzó a hablar: -Fue una tarea muy difícil. Ya sabe usted que su plan fue perfecto; pero también sabe que en la realidad nada lo es y por eso, todo lo que exceda ese grado de naturalidad es sospechoso y digno para realizar una investigación a fondo. Naturalmente, ese no es un motivo que baste para justificar que hayamos dado con su identidad, los hechos de su supuesta muerte, su paradero y su posterior secuestro. Lo básico es que, tal como ya debe haber descubierto, somos miembros de un partido político que tiene tendencias marxistas y por ello estamos comprometidos con la lucha en contra del modelo de Estado. Nos relacionamos con organismos de ideología similar a las nuestra, tal es el caso de la Coordinadora en Contra de la Represión Policial e Institucional, CORREPI, que combate contra los casos de gatillo fácil y otros métodos de excesos de autoridad del Estado, y con las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Con estos dos últimos grupos trabajamos para lograr que se efectúen los juicios hacia los militares que fueron indultados por el presidente Menem en su mandato, y usted era uno de ellos. -¿Todo ese interés porque querían mandar a los militares a la cárcel de la lesa humanidad? Son un par de ángeles. -No es solo eso en realidad. Mi compañero podrá explicarle cuando sea su turno, con todos los detalles que, estoy seguro, quiere darle. Lo importante es que el 16 de julio de 1999, en los medios de comunicación estalló la noticia de que un ex represor de la Escuela Superior en Mecánica de la Armada, comúnmente llamada ESMA, se había suicidado arrojándose a las aguas del Riachuelo. Consultamos a todos los diarios, aunque Página 12 fue el único de izquierda, y nos pareció sorprendente que salvo una típica alusión a la terrible intervención del gobierno, todo concordase con el resto de los periódicos, radios, revistas e incluso artículos de Internet realizados por periodistas de la derecha y el oficialismo, cuando en situaciones normales terminan deformando hasta el hecho más minúsculo con tal de adecuarlo a la moda periodística y a su tendencia política, dejando un gran número de visiones sobre un mismo suceso. Entonces nos adentramos un poco más en el asunto y descubrimos que no había cadáver. Había dejado un testamento, se había arrojado al Riachuelo, y tras uno, dos, tres meses de exploración encubierta no habían encontrado ni rastro de usted. Se esfumó en una nube de humo, y literalmente, desapareció. Pero un cuerpo no puede hacerlo, al menos, sin la ayuda de otras personas, y vivas, según se supone. Los medios, tras haber pasado el interés en la noticia, naturalmente no volvieron a hablar sobre el tema, dejando su verdad a medias en lo más oscuro del arriesgado negocio que supo desarrollar con presteza y atención. El viejo sonrió, mientras asentía con la cabeza. -¡Increíble, niño, increíble! Parece ser que este encuentro será mucho más interesante de lo que había pensado. |
| #13 @ 18:36 06/04/2008 | |
| Sakuraky
Nivel: Jinchuuriki |
Joder, en serio, plantéate lo de publicarlo, porque ésto no tiene cabida en Fan Fics. Tiene demasiada calidad, demasiado buen aspecto, y se precisa demasiado criterio y demasiada inteligencia para apreciarlo en su totalidad. Estoy segura de que más de uno se habrá quedado en el camino, con tantas metáforas y filosofías.
Lo que sin duda más me ha gustado es la forma en que nos metes en la historia. Al menos a mí. Es como estar en el mismo escenario que ellos, viéndolo escondida desde detrás del telón. Una pasada, vamos. Sigue así ^^. |
| #14 @ 21:35 06/04/2008 | |
| Loro negro
Nivel: Kage |
Me encantan los interrogatorios.
Tú lo has desarrollado bastante bien, con unos cuantos de esos juegos de metáforas que tanto me gustan, y los personajes intentando sorprendernos a cada comentario. Y la situación, con el ventilador, la mole encendiendo un cigarro, y los dos tipos en silencio, genial como siempre. Lo que más me gusta de este fic es que se trata de una trama política, y eso es muy difícil de llevar a cabo. Tú lo has hecho, y lo estás haciendo de maravilla. Espero con interés tu siguiente episodio |
| #15 @ 18:41 07/04/2008 | |
| kagetuxi
Nivel: Akatsuki |
O__O...
Tenía un especial interés en leer algo tuyo más extenso que lo que cuelgas en Cultura... Me has dejado con la boca abierta. Dios, es increíble. Estoy de acuerdo con todos los que han sugerido que publicaras esto. Sepas que aquí encontrarás lectores, sin duda. Ya tienes unos cuantos (a los que me sumo encantada) pero esto podría llegar muy lejos... Si vieras las bazofias que aceptan las editoriales en ocasiones... y esto NO lo es. Puede ser que, en un futuro, contenga algo que pueda herir susceptibilidades, utilizando tu propia frase, pero SEGURO esto gustaría a mucha gente. Dios, no sé mucho sobre política, y mucho menos sobre la historia de Argentina (aunque algo he oído... no soy tan inculta xD) pero esto me está gustando mucho... |
| #16 @ 02:36 25/04/2008 | |
| BrownBelt
Nivel: Akatsuki |
#13... Agradezco los elogios (de tanto en tanto vale la pena recibir alguno xD). Si la historia deja esa sensación entonces está cumpliendo su verdadero objetivo.
#14... Originalmente no pretendía que la trama se orientara a la política, pero a veces hay cosas que uno tiene ganas de gritar a los cuatro vientos y por cuestiones de la vida no puede sin recibir el desmérito o la contrariedad, en casos molesta, de algunas personas. Nuevamente agradezco las flores =) #15... Gracias por leer, aunque sea pesado y molesto xD... Sigo sin pensar que valga la pena publicarlo, de momento me conformo con irlo posteando en estos lados. Recibir opiniones de gente que no es del país es enriquecedor ya que permite observar su perspectiva sobre los problemas expuestos en el Fic. Que esté puesta mi mirada, o la de otros grupos en él es fruto de la experiencia y lo que me han contado. Por eso el ritmo se atasca mucho en el tema de la dictadura, al que el actual gobierno da una importancia demasiado amplia, aunque sin concientizar realmente porqué un feriado es un feriado
Se me fue la mano xD Si te gustó me alegro y espero que el siguiente lo haga igual. Ahora si paso a agregar capítulo. En algunos aspectos es diferente porque incluye demasiado diálogo y deja un poco de lado las descripciones, pero así salió xD... Espero que les guste y comenten. Introducción-Cuarta Parte La respuesta se oyó inmediatamente.
-Espero que así sea. Hizo una pausa muy breve. -¿Puedo continuar? Era una de esas inquisiciones que buscaban generar apoyo. Reflejaba un incondicional hastío; el secuestrado la conocía muy bien. Ya había oído bastante de la historia como para dejarla a la mitad. -Por supuesto. Tu relato es apasionante. Se percibió, durante un leve segundo, la tensión que liberaba la conversación. No eran palabras sueltas al viento, sino ecos que rescataban del pasado cada dicho, cada hecho, cada anécdota, para opacar y aplastar al interlocutor. Solo entonces el tono del hombre del chaleco volvió a ser completamente monótono: -Bien. Dadas las circunstancias, nos quedamos en que nuestras posibilidades eran, básicamente, dos: o alguien con un motivo que desconocemos, aunque se supone ilegal o con cierta finalidad secreta al no solicitarse ayuda a la justicia, retiró el cadáver de un suicida antes de que lo logren los buzos de la policía, grupo muy reconocido de expertos que no suelen volverse ineficaces de un día para otro, o bien teníamos la hipótesis de que usted no estaba muerto y, bajo los riesgos de una suposición, pensamos que haría alguna acción muy bien planeada, ahora que su fallecimiento estaba aceptado bajo la declaración de su propio puño y letra. La cual, si mal no recuerdo, dice: “No puedo soportar, a mi edad, las duras acusaciones que éste régimen disfrazado de democracia sigue imponiéndome”. Los gestos de la sala no cambiaron en lo más mínimo frente a esa demostración sobrenatural de memoria. Expresó exactamente la frase que ocho años y nueve meses atrás había pasado desde una hoja arrugada de papel amarillento a todos los grandes multimedios del país. Aunque el anciano había mantenido su compostura, en su aura extasiada se percibían esas reprimidas y violentas ansias por interrumpir, disfrazadas tras una sonrisa maquiavélica, lejanamente respetuosa. -Comenzamos a investigar con profundidad cuatro años después de sucedida su supuesta defunción, momento en que mi colega Andrés y yo coincidimos por primera vez en el CORREPI, asignándonos la investigación de su caso… -¿Hubo alguna causa particular para fijarse en mí? Fue una interrupción directa; sus frases evasivas habían quedado en el olvido. La fragilidad de la estructura y lo repentino de su aparición hacían evidente que más allá de su carácter soberbio y seguro a la vista, muchas incertidumbres atravesaban la mente del ex represor a cada momento del interrogatorio. -Ninguna, para serle honesto. Yo tenía dieciséis años y ya estaba iniciando mi participación en un grupo de ideología concordante a la mía. Pensé que lo mejor era explorar algún caso omitido con claridad por los medios de comunicación, o que no se hubiese explotado hasta el momento. Grata fue mi sorpresa cuando me dijeron que había alguien investigando un hecho muerto, pasado en el noventa y nueve. No tenía conocimiento de usted, al menos hasta aquel entonces. La persona que estaba averiguando, naturalmente, era Andrés. Si él tenía alguna causa particular para enfocarse en usted, se la dirá a su debido tiempo. Su tono de voz lo delataba. Se había vuelto sombrío, muy oscuro, hasta tembloroso y casi apremiante también. Los ojos tras los lentes se fijaron en la figura que seguía ocultándose en la esquina del rincón. Era tan tiesa como una estatua, tan sólida como un muerto. Mientras tanto, el viejo siguió manteniendo las arrugas de la frente y la mirada escéptica. -Llegado el momento,- continuó el interrogador, después de tomar una breve bocanada de aire,- empleamos las fuentes que estaban a nuestro alcance y con ellas concluimos toda la historia. Cuatro años después las investigaciones se habían detenido. No se acotó palabra nueva sobre el caso. Era un signo, posiblemente equívoco, del abandono o, interesadamente, del silencio. Una coacción o un negocio puede sacar cualquier noticia fuera de la circulación, y estemos seguros de que no volverá a estarlo. Los grandes diarios son grandes empresas: mientras más fondos reúnan mejor, aunque no siempre lo hagan de la forma que llamaríamos “honesta”. Así nuestra primera fuente fue su propia familia. Como preveíamos, no nos recibieron a brazos abiertos; después de todo, no olvidamos que su entorno es tradicionalmente ultraderechista. Nuestra conversación fue muy turbia, más que nada por la posición de orgullo que tenían a la hora de hablarnos. Se reservaron casi toda la información. Solo logramos coincidir en que su cuerpo debería haber aparecido. Casi un lustro después uno deja de meterse en las morgues judiciales o altercarse en teléfonos descompuestos interminables para dar con un cadáver que debería haber flotado desde un comienzo sobre las aguas del río Matanza, con los agravantes de la falta de respuesta de parte de las entidades estatales responsables de la búsqueda y más aún debido a la repercusión mediática que había tenido el hecho, dada la importancia del muerto. Porque legalmente ya era considerado un fallecido. La carátula de la causa, fichada y sellada al 11 de agosto de 1999 indicaba, sin lugar a dudas, una simple palabra: “Suicidio”. En síntesis, nuestra reunión sirvió para llamar a la reflexión y agregar más variantes a la investigación. Sin embargo, con el tiempo comenzamos a descartarlas. En una primera instancia pensamos que su familia podría habernos ocultado algo, pero… -…mis familiares son una manga de estúpidos. Nada que yo no sepa. El rostro del viejo había recuperado la sonrisa de par en par. -Les pasa por ser adinerados,- prosiguió.- La plata les quema el cerebro, e intentan curarlo dando una imagen de grandeza, superioridad y rigidez. En una circunstancia normal ustedes no podrían haber dado un solo paso dentro de la puerta de entrada a la propiedad de la familia. Contamos con un aparato interno estudiado y duramente inculcado, que incluye desde fingir indisposiciones a generar trabas de cualquier índole. Tenemos agentes de seguridad custodiando los mil metros cuadrados del edificio durante las veinticuatro horas del día, y los mayordomos más hábiles que se puedan encontrar. No, ustedes no deberían haber entrado. Si lo hicieron, fue porque solo quedó una alternativa: mis hermanos y sobrinos estaban interesados en que alguien siguiera mi muerte, y querían saber cuanto pudieran de mi hipotética situación. Por lo tanto, en mi familia son recelosos, pero al mismo tiempo tan imbéciles y predecibles como cualquier otro ser humano. -El índice de estupidez se mide a través de la subjetividad, así que lamento mi ignorancia de saber si lo son o no. Pero puedo afirmar que su deducción es correcta. Efectivamente, conociendo la reserva de su familia, llegamos a la idea de que se dignarían a ayudarnos en la medida de sus posibilidades. Si bien es un planteamiento que se puede poner en duda y era, para aquel momento, algo ciertamente inseguro a lo cual aferrarse, nos dio un pie para seguir investigando con más cautela. Nos dieron un polémico consentimiento para observar los registros de las últimas transacciones bancarias realizadas por usted, y pese a ello no nos lo permitieron. En el banco alegaron que tales documentos eran “extremadamente confidenciales”, a su propio pedido, que no habría ningún escrito que pudiese infligir esa norma y como no formábamos parte de la justicia, tampoco poseíamos la capacidad de extraerlos mediante la fuerza. Fue una precaución muy bien meditada por usted. El viejo sonrió con una carcajada más bien reprimida y breve. Sus dos pies se aferraron al piso, y sus manos pasaron los dedos por encima de los ojos. En la frente se percibían algunos rastros de sudor. Luego descubrió su mirada, algo llorosa, y dijo: -Ya sabés. Cuando tu cabeza tiene valor para la gente, es mejor asegurar todo por si a alguien, como vos, se le ocurre cortártela de un momento a otro. Ahora fue el interrogador quien mostró su sonrisa. -Es así, pues de todos modos, su obstáculo convirtió a la investigación original en lo que es ahora: un interrogatorio. Gracias a los ímpetus de mi compañero, debimos tomar una cantidad mucho más amplia de determinaciones, y algunas terminaron por ser verdaderamente sucias y oscuras. -Entonces estás un paso más adelante que el común de las masas. Quienes critican al régimen militar no se dan cuenta que a la hora de hacer sus propios negocios, siempre exceden el margen de la ley. Lo que ustedes están haciendo ahora es exactamente lo mismo que hacíamos nosotros: sacarle a un sospechoso la mayor cantidad de información posible. Dada la situación que vivíamos, saber cualquier mínimo detalle sobre el comunismo o los revoltosos era fundamental, y eso justifica nuestras acciones. -Fines que justificaban matar a gente inocente, o que ni siquiera había hecho nada, a través de métodos inhumanos. Algo que nosotros no le hemos hecho a usted. -Pero ustedes tienen una sagacidad superior respecto a lo cuadrados que eran los cabecillas del gobierno militar. Teniendo presidentes borrachos, era evidente que teníamos que asustar a la gente, y no existía control alguno para ello. Cualquier sádico, psicópata, déspota o hijo de puta que sintiera regocijo dándole picanazos y golpes a una persona, o que disfrutara de halar gatillos tras la nuca de un tipo arrodillado junto a un baldío abandonado, era bienvenido a la causa. Consideren ese momento y las dimensiones de lo que habían hecho, y se darán cuenta que lo suyo es, en comparación, proporcional a la represión empleada por nosotros. -Lo dudo, aunque ese no es realmente mi punto. Yo no quiero obligarlo a redimirse de sus pecados, no quiero que compare el pasado con el presente, ni nada de eso. A petición suya le estoy describiendo paso por paso como dimos con su oculta identidad; si ya está conforme, puedo empezar a hacer las verdaderas preguntas. -Para nada, me gusta dialogar con la gente de vez en cuando. -Me doy cuenta. Habla hasta por los codos. Una nueva, repentina, sintética carcajada. -Seguí, seguí. Prometo no interrumpirte a menos que sea por algo extremadamente importante. Ahora sí. La mirada, de ojos grandes, lo vislumbró con una cierta curiosidad. Más tarde pareció ser instigadora y dubitativa. Analizaba. Se sentía a la mente de su dueño maquinar, reunir la información para formar pensamientos mucho más sintéticos. Evaluaba su estrategia a fin de seguir y no dejarse llevar por el influjo de su adversario, como si se tratara de una reñida partida de ajedrez. |
| #17 @ 15:12 25/04/2008 | |
| Sakuraky
Nivel: Jinchuuriki |
Me ha gustado por lo de siempre, tiene una estética estupenda. Con respecto al contenido... Te comento, mi cabeza se lía fácilmente, y la charla ha sido demasiado "política". Quiero decir, no es algo que me haya suscitado interés, así que la lectura no se me ha hecho amena.
Eso no tiene nada que ver contigo, eres un escritor brillante, pero eso, que se me va la cabeza leyendo tantas cosas "tensas" xD. Esperando el próximo ^^. |
| #18 @ 00:11 30/04/2008 | |
| kagetuxi
Nivel: Akatsuki |
Me siento estúpida. Cuando colgaste el capítulo yo no estaba por aquí, así que no lo vi. Y se fue para abajo, y no lo vi. Así que creí que estaba abandonado. Por ello, te escribí la firma que ahora tienes en tu perfil... ignórala, ¿vale?
Coincido con Sakuraky en eso de que la cabeza se lía fácilmente. A mí no se me ha hecho pesada, pero sí que me ha hecho pensar. Me resulta sumamente interesante todo eso de las justificaciones de la violencia... me crea dudas, interrogantes y aporías a los que me gusta dar vueltas... Pues nada, que ya espero al siguiente. Veamos cuáles son esas "verdaderas preguntas"... P.D: a ver si puedes editar los otros capítulos metiéndolos en spoilers, que se hace muy larga la página ^^. P.D.2: ¿Feriado? ¿Qué es eso? |
| #19 @ 15:10 30/04/2008 | |
| Sakuraky
Nivel: Jinchuuriki |
18# Creo que "feriado" es un día de fiesta, de feria, ¿no?
No me hagáis mucho caso xD. Pero me suena de habérselo oído a un amigo argentino en clase... Y sí, buena idea, intenta meter los capítulos en spoilers, que p'a bajar hasta aquí uno se cansa (diox, cada día me supero a mí misma en lo que a vagancia se refiere...). xD. |
| #20 @ 15:19 30/04/2008 | |
| Furty
Nivel: Kage |
tio genial el fic, hacia tiempo que no me pasaba, jejeje, bueno a mi esto de la politica simpre me ha mareado un poco xDDDD
A ver cuanod llega ya la parte de accion tipica de los metal gear jajajajaja ^^ Bueno espero el proximo capitulo ^^ |
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