naruto
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#21 @ 15:48 30/04/2008
Loro negro

65248

Usuari@
Nivel: Kage
#18 y #19 Venga ya, ¿tanto os cuesta mantener pulsada la barrita de la derecha y darle para abajo? En cambio yo, con el ratón táctil de mi portátil, no me quejo jeje.

Pues a mí me ha pasado lo mismo, no me había enterado de que habías colgado nuevo episodio....


Respecto al capítulo, yo opino lo contrario que estos tres. No me he liado con la labia del personaje, al contrario, me encanta la manera en la que relata esa historia. Todo tan intrincado, con tantos detalles, y sin embargo no tiene ni un solo resquicio, todo está perfectamente maquinado.

Pero lo que más asombroso puede llegar a ser de este fic es, para mí, imaginarme al autor. ¿Qué estará pasando por su cabeza para que luego salga esto? En serio, ¿en qué pensará para que luego los detalles salgan así de geniales?
A mí también me han dicho eso alguna vez, pero no creo que sea lo mismo describir una crisis política que una sangrienta tortura....

Bueno....me estoy dando cuenta de que no hago más que echarte flores. ¡Diablos, eso no puede ser! Así que lo lamento, pero hay un defecto que te tengo que sacar:

Te huele el aliento....
#22 @ 20:37 07/05/2008
BrownBelt

70217

Usuari@
Nivel: Akatsuki
¡Holas!

A petición de ds tengo que hacer los capítulos más largos, así que este ya viene con el nuevo largo más interminable que antes xD

Paso a responder comentarios:

Primero que nada, tanto para Furty, Kagetuxi y Sakuraky (con nombres es más fácil... los prefiero más que los números) en realidad lamento mucho enredarme tanto... Sé que por ahora la acción es cero pero pronto será más balazo y explosivo que otra cosa... xD
En cuanto a lo de feriado, es lo que dijo Sakuraky, días de descanso por celebraciones patrias. Se me pasó por esto de estar acostumbrado a los argentinismos... Perdón! xD

Para Loro, sería un error intentar saber que hay en mi cabeza. Ni yo mismo lo sé. Que sea lo que tenga que ser. ¿Que me huele el aliento? o_O xD

Aquí tá... otro capítulo repleto de densidad ideal para antes de ir a dormir. ¡No tengan miedo que no muerde!

Introducción-Quinta Parte

Oficina de Prensa, Partido Socialista sede Córdoba, Ciudad de Córdoba, Córdoba, Argentina.
19 de marzo de 2008, 03:18 hs.

Hacía un largo tiempo que los ruidos ajenos a la pequeña y aislada sala no lograban ingresar en ella. A su vez, los sonidos producidos desde su interior se veían imposibilitados de abandonarla. Si no fuera por el delgado reflejo de luz que se escurría por debajo de la puerta, nadie sospecharía de la estancia de seres humanos allí. Era el lugar perfecto para mantener un rehén. Cualquier persona que intentase descubrir los hechos de esa noche difícilmente podría definirlos.

-Retomando…

El enfoque de la vista del anciano buscaba ahora alguna grieta olvidada en ese cuarto, o quizás escrutaba lo hermoso del tapiz mullido que recubría no solo al suelo como pensó en un principio, sino que se esparcía a través de las paredes y el techo mismo de la pequeña habitación.

-Como teníamos una fe conflictiva en que su familia no estaba involucrada en el caso, y como no podíamos acceder a sus últimos actos monetarios, nos vimos forzados a tratar con la prensa que aceptaba fehacientemente que usted estaba muerto aunque la ausencia del cadáver lo contrariaba.
Los diarios viejos son buenos testigos de cuanto se haya dicho por un periodista. Se podría decir que los archivos funcionan como el cáncer; arman una telaraña invisible que en el momento menos esperado es capaz de enredar hasta al más poderoso de los hombres, a menos que uno haya estudiado la forma de esquivarla. Usted la pudo evadir, ciertamente, pero no su principal acusador: el señor Florencio Ponte, por aquel entonces director del Diario Clarín.

Los ojos del represor volvieron a fijarse en el rostro del monótono interrogador. El primero mantenía una frágil sonrisa, más bien de preocupación o de indignación, que de un carácter alegre.

-El viejo Florencio siempre fue un hueso duro de roer… bastante sospechoso. Nunca tomaba las advertencias en cuenta y se entregaba a la lujuria con mucha facilidad. Una mujer y un par de copas bastaban para que se volviera amigable, aunque era un tipo muy, o demasiado hábil para los negocios. Sus requisitos dolían como un tributo, pero igual de efectivos eran los servicios entregados a cambio del precio. ¿Se han esforzado mucho para sacarle la información?

-No tanto. Básicamente como nuestro rumbo estaba bastante desviado teníamos que arriesgarnos para obtener alguna pista que nos devolviera a la investigación. De más está decir que esa clase de hombres nos desagrada profundamente, así que si las cosas salían mal al menos le hubiéramos hecho pasar un rato nefasto a alguien que tal vez lo merece.

El viejo comenzó a cometer errores. Aquel fue uno. Comenzó a hablar, pero un segundo después de haber producido las primeras vibraciones decidió detenerse. En consecuencia, solo brotó un ligero rumor, como un berrido, desde su boca.
A ese sonido siguió un silencio tenso, en el cuál el ventilador no tenía participación alguna; lo único capaz de interrumpirlo fue el ínfimo zumbido causado por las luces fluorescentes.

-¿Sí?,- inquirió el interrogador,- ¿quiere decir algo?

-No…olvidalo…

-Como quiera.

Le fue imposible disimular aquella sonrisa sincera. Sin embargo, cuando retomó el diálogo, su rostro volvió a ser inquebrantable:

-De allí en adelante decidimos actuar ilegalmente si era necesario. Interceptamos a nuestro hombre cuando estaba subiendo a su auto, pues sabíamos que en su casa íbamos a tener más dificultades innecesarias, y un golpe seco de Andrés en el cuello bastó para noquearlo y continuar el plan. Terminamos encerrándonos en una oficina, encapuchados a la usanza de un delincuente cualquiera, y cuando despertó hicimos una especie de chantaje. Teníamos con nosotros ciertas fotos comprometedoras, ya sabe usted, de mujeres que un día caen descarriadas en manos de hombres de como ese, y al otro elaboran un álbum de fotos capaz de llevar a cualquiera al desmérito. Sabíamos que no podría resistirse a perder toda su imagen respetable. Más aun cuando dimos explicaciones, con lujo de detalles, sobre sus negocios sucios con el gobierno, y específicamente con usted. Amenazado de muerte y pudiendo quedar arruinado públicamente, no tardó en darnos lo que queríamos, pensando que éramos capaces de aniquilarlo. Un juego sencillo, simple.
Según él, fue un 16 de julio, en el año 1999, cuando salió a la luz la noticia de que un ex represor de la Escuela Superior en Mecánica de la Armada, comúnmente llamada ESMA, se había suicidado arrojándose a las aguas del Riachuelo. Aunque de momento no se daba con el cadáver, los buzos de la policía ya estaban actuando en el lugar y se estimaba que unas horas después se lo encontraría. La prueba más contundente del suicidio era, entonces, su propio testamento y su desaparición. No había llevado ninguna pertenencia consigo, salvo un traje de saco y corbata, muy elegante. Sus tarjetas de crédito estaban en su casa, aunque desde siempre usted había establecido la prohibición, salvo para la justicia, de observar sus cuentas.
Ese mismo día, al parecer, Florencio recibió un llamado telefónico privado. El hombre que quería comunicarse con él tenía voz de extorsionista, uno de los tantos que solía invadir su línea.
-“Un millón de pesos, en efectivo, en billetes de 100. El costo: haga desaparecer la noticia de Alberto Cáceres, con el pasar de los días. Déjela flotando, convenza a la gente de que su cadáver no ha sido encontrado y listo. Usted apagará la voz de la opinión pública, y tendrá un millón de pesos a su disposición.”
-¿Quién es usted?
-Una persona ocupada. Ya sabe, usted no es un hombre muy limpio que digamos. No le pondré rodeos: cobra su millón y desaparece esa noticia, o en su defecto será toscamente asesinado por un matón cualquiera. La elección queda en usted. Pero le recomendaría que primero observe a esa delgada línea roja que, como un puntero, le está acariciando la vena yugular. ¿La ve?…Bueno, si se niega, tenga por seguro que un solo balazo, silencioso, le arranca el alma y dos litros de sangre. ¿Entendió?
Allí nos dijo que no contestó nada, pero inmediatamente la voz del tubo le hizo atenerse a sus acciones.
-No le servirá de nada intentar llamar a la Policía con su otro teléfono. Puede intentarlo, si eso desea, pero está avisado: es inútil.
De todas formas lo hizo. Marcó 101 y escuchó al tono. Hasta que del otro lado una voz de extorsionista respondió:
-Un millón. ¿Tanto le cuesta entender que es un negocio conveniente? ¿No lo comprende? Le estoy haciendo un regalo gigantesco, por algo que usted hace todos los días. Responda: sí o no. Su futuro depende de la elección. Sepa que estaré a la expectativa de si cumple. Hasta entonces estará vigilado. Ni se le ocurra denunciarme. Aunque, de todos modos, como recién he dicho, no le servirá de nada…¿Acepta?…Bien. Es un hombre inteligente. La mira ya no está apuntándole, así que puede moverse tranquilamente. Relájese, tome un buen vaso de whisky y piense que hará con ese millón, que recibirá mañana, en un portafolios negro, clave 8456, a través de un empleado de correos llamado Amador Blanco. No deje que nadie reciba el dinero. Hágalo usted personalmente. Confíe en mí, y tenga un muy buen día.
La memoria del ser humano es impredecible. Cuando una persona sufre momentos traumáticos, tiende a obviar determinados pasajes y ver lo que quiere ver. No obstante, este hombre, de tanto sufrir esa clase de tormentos y situaciones de extrema tensión, recordó exactamente cada palabra que le había dicho. Parece ser que nos tomó como una forma de confesar el dolor de algo pasado mucho tiempo atrás. Para nuestra fortuna.
Acto siguiente, en efecto, recibió de manos de Amador Blanco el portafolios con el millón. La voz quejumbrosa era cumplidora. No introdujo ninguna bomba, transmisor ni dinero falso dentro del maletín, sino los fajos con el rostro del ex presidente Julio Roca, sinónimo de 100 pesos apilados uno encima de otro. Florencio no tuvo la valía de dirigirle palabra al empleado, como si temiera que de un momento a otro se le abriera la tapa de los sesos inexplicablemente. En fin, tenía el millón, pero lejos de ser un regocijo, ahora sus problemas iban en aumento. Estaba vivo, eso era verdad. No obstante, ¿cómo explicaría la adquisición de esa fortuna? ¿Cómo engañaría a tanta gente? ¿Qué haría? ¿Desperdiciar el dinero? ¿Arrojarlo al fuego? ¿Entregarlo a una Policía que no lo había ayudado y que además lo llenaría de preguntas capaces de incriminarlo? ¿Ocultarlo quizás?
No nos dijo que hizo con esa millonaria cantidad. Solo hizo caso a las exigencias del extorsionista. Sacó fuera de circulación la noticia con lentitud, sin llamar la atención sobre la falta del cadáver, que las autoridades tampoco habían encontrado. Y aquí entra el segundo punto. Arreglaron, el gobierno y él, inmersos en círculos oscuros, que la cuestión se dejara sin resolución. Nos develó la complicidad de algunos individuos del poder en su causa, desenmascarando su apoyo al falso suicidio.
Analizado desde ese punto de vista, el rompecabezas tenía una especie de solución transitoria. Ciertos funcionarios, como dependientes del Jefe de Gobierno de la Ciudad, nunca se enteraron (o tal vez ignoraron), que Florencio Ponte había recibido un millón para matar la noticia, aunque casualmente estuvieron de acuerdo en acabarla sin haber realizado ningún acuerdo previo al respecto. Eso implicaba que existía un “común denominador” entre ambas partes, y dadas las circunstancias, usted era la única alternativa. Alguien capaz de engañar a su familia, y consolidar un acuerdo entre una empresa y el gobierno para simular una muerte.
Hasta aquí, teníamos medio caso resuelto. Ahora nos faltaba el sector oscuro de la historia. ¿Qué haría si su plan salía con éxito? Las posibilidades nos decían que lo primero sería obtener una identidad falsa, requisito indispensable para poder abandonar el país o trasladarse a una posible región inhabitada dentro del territorio nacional. Un documento robado es la manera más certera de obtenerlo, o comprarlo a cualquiera que lo haya hecho.
Esto dificultaba enormemente las cosas. No contábamos con el apoyo de la prensa ni del gobierno. La policía también estaba involucrada en el caso. Así que nuevamente debimos recurrir a la colaboración de su familia.
La cuestión fue diferente esta vez, porque la idea confirmada de que nuestro hombre había fingido su muerte, ahora con todas las pruebas que podíamos mostrar, la grabación del interrogatorio a Florencio, los diarios que giraban en torno al grupo Clarín en su momento y los sobornos, encendieron su fe de encontrarlo, aunque ignoramos incluso hoy en día la finalidad de dar con usted. Pero bien, accedieron a hablar un poco más. Era cierto que en las últimas épocas había logrado avances en algunos negocios relacionados con los inmuebles, ventas de gran valor, que pensaba emplear en la Ciudad de Córdoba para instalarse allí y vivir a partir de alquileres por el resto de su vida, pese a que nunca reveló números. En realidad tenían una relación de formalidad con usted, y sus desapariciones de la vivienda eran continuas. Dijeron que era posible que aprovechara esos escapes furtivos para negociar fuera de los ojos de la familia. El hecho es que hizo comentarios sobre éxitos en Córdoba, y escapó reiteradas veces hasta aquí con la excusa de que debía cuidar la situación y verificar que todo saliera según lo planeado. Eso les sorprendía. Más allá de eso, aquí está nuestro factor clave.

Tras llevar varios minutos de conversación ininterrumpida, el hombre del chaleco introdujo las manos en el bolsillo derecho del mismo y extrajo un papel coloreado de verde. Era un folleto común y corriente, encabezado por logotipos de marcas de celulares. En sus caras no se observaba ninguna clase de anotación.

-Ignorábamos, hasta develado el verdadero sentido de este simple papel, que existiera alguna institución capaz de practicar actividades como la medicina estética, en negro. Desconocíamos el desarrollo de transplantes de rostros, antes de realizado el mundialmente conocido caso francés, el año pasado. Y usted, ocho años antes, ya había cambiado su cara por la que estoy viendo ahora. Asombroso.

Solo la soñadora sonrisa respondió a ese temerario elogio.

-¿Acaso tanto valía hacer esto, como para arriesgarse de tal modo? Pagó dinero para ser el conejillo de Indias de unos verdaderos estafadores que podrían haberle inyectado aceite para avión en lugar de ponerle la cara de Julio Vicente por encima de la suya.

-Hay viejos que ya hicimos tantos desastres en nuestras vidas que, para terminarlas, preferimos hacerlo con un cierto estilo y por qué no, riesgo. Además, ¿para qué criticar a esos chicos tan vorazmente? Son unos verdaderos genios, prodigios de su arte. Ni una sola cicatriz, casi una década antes de lo que se hubiera pensado. Hacerlo desde la vía perversa no les quita el honor de ser expertos en la materia.

-Supongo que son casos perdidos. Aunque cada cual a lo suyo, ¿o no?

-Cierto, no tenés que detenerte a juzgar cosas que están preestablecidas en nuestra sociedad. Continuá en lo tuyo.

-Tiene razón.

Tomó un poco de tiempo para elaborar la continuación de su discurso. Finalmente, prosiguió:

-Como fueran los acontecimientos, este papel al que tuvimos acceso encierra dentro de sí la llave de nuestro éxito. Estaba agrupado entre los registros que quedaban de usted en la casa, junto a los documentos, certificados, partidas de nacimiento, dinero, tarjetas, bolígrafos, relojes y el testamento. No sabían su significado, pero lo retenían por honor. La hoja está manchada con la marca que deja una taza de café, tiene dobleces varios y algunas rasgaduras aisladas. Todas heridas que puede sufrir, en circunstancias normales, un papel. No obstante, hubo algo que alcanzó a llamar nuestra atención. No teníamos la intención de detenernos a buscar pruebas, y menos en lugares tan poco llamativos como un folleto cualquiera. Pero que entre los recuerdos hubiera un aparato de luz negra bastó para tirar del gatillo y explorar con mayor profundidad. La falta de heridas notables en el reverso del panfleto resultaba bastante sospechosa; pese a esto, existían. Sí, eran gotas aisladas, casi imperceptibles por el verde opaco del fondo. No había ningún daño en donde estaban los reflejos del secado. Tanta meticulosidad terminó por volvernos curiosos, pues ya no parecía una simple casualidad sino un acto premeditado. Así lo era. Un mensaje escrito con limón. Bajo los efectos de la luz negra, el texto se tornó visible para nosotros. La dirección “Sarmiento 486” nos enviaba directamente al centro de la Ciudad de Buenos Aires, y originalmente era un lugar donde se realizaban cirugías estéticas, comunes y corrientes. Era natural que existiera un truco para salvar el marco de la legalidad, y ese fue una sencilla palabra: “Identikit”, anotada al pie de la página.
Aquí los caminos entre su familia y nosotros se separaron. Teniendo conocimiento de tales pistas, nos encontrábamos nuevamente en el trabajo. Decidimos continuar todo solo nosotros, porque temíamos que otras personas constituyeran un estorbo para la búsqueda. Sus hermanos y sobrinos no sospecharon que tomamos el folleto para hacer la prueba de la luz negra: simplemente objetamos que no contenía ninguna pista contundente, aunque por si acaso tuvimos que borrar las marcas a través del mismo método que lo había dañado por el frente. Permanecimos un par de días fingiendo que buscábamos pruebas y llegado el momento nos resignamos falsamente, comprometidos a recibir mensajes de cuantos logros pudieran obtener con su investigación privada.
No puedo contarle la siguiente parte de la historia porque no fui partícipe de ella. Esta misión, debido a su peligrosidad, fue encarada completamente por Andrés. Los detalles puede dárselos él, luego. A grandes rasgos visitó el consultorio pero, como decía el folleto, tocó el segundo timbre y dijo la palabra clave. Una mujer respondió afirmativamente, y otra (o tal vez ella misma), lo guió al sector oculto. Cuando se encontró con el arma sobre la sien, dentro de un cuarto completamente a oscuras, supo que la cuestión se había complicado. Habíamos previsto la posibilidad de que el lugar estuviera inoperante, como en efecto se encontraba, y a su manera Andrés no solo consiguió salir vivo, sino que obtuvo la información que lo mantiene enfrente de nosotros. Tales documentos eran los registros de todas las operaciones ilegales que habían realizado durante la existencia del lugar, a letra pluma. Una cantidad de fuentes preciosas como para llevar presas a diez personas, mínimamente. Que las cedieran genera un gran número de razonamientos y argumentos débiles que caerían, desde mi perspectiva, en plenas e inconsecuentes falacias. En fin, sin conocer los detalles de la obtención, que Andrés dejó en el más oscuro misterio, me vi obligado a aceptar las condiciones que impuso. No podíamos emplear esos registros para inculpar a nadie, salvo a nuestro hombre, ni éramos capaces de entregarlos bajo ninguna circunstancia a terceros. Una vez que terminamos el uso de las fuentes las arrojamos al fuego, y con ello la condena de muchas personas terminó en el olvido.

En su voz no se denotaba ninguna escala de resentimiento, sino el mismo ritmo monótono de antes. El significado de cada palabra que pronunciaba constituía el único método para comprender sus verdaderas emociones.

-Así se acerca el final de nuestra odisea. Ese solo comprobante contenía la ficha donde figuraba el presupuesto a abonar por la operación completa, que involucraba los siguientes enunciados:

Homicidio Simple encubierto---------------------------------------------------$10000
Recargo por ocultamiento de cadáver---------------------------------------$500
Recargo por extracción de rostro---------------------------------------------$2500
Transplante de rostro-------------------------------------------------------------$20000
Total-----------------------------------------------------------------------------------$33000

-Lo dicho,- sonrió el ex represor:- eran realmente sádicos para lo que hacían. Pero tomá en cuenta que no eran tan fríos. Ese viejo no tenía mucho tiempo de vida. Antes de ejecutar sus asesinatos averiguaban quien era la víctima, obtenían toda clase de información, incluida la historia médica, y hacían un trabajo limpio.

Nadie respondió. La atmósfera recrudecía una vez más en su violencia. Cuando la sombra se movió, en tres segundos fogosos, desde la esquina del cuarto hasta el escritorio, la mano se alzó para detenerla. Tardaron entre 1 ó 2 minutos para recobrar sus posiciones anteriores.

Cuando el interrogador volvió a hablar, su tono yacía afectado.

-No hay más que decir. La ficha enunciaba su nombre, número de documento, teléfono y domicilio, todos concordantes con la situación previa a la muerte falsa. Asímismo, indicaba en un apartado el punto geográfico exacto donde se encontraba el cuerpo del asesinado, mencionado como J.V. Estaba oculto a cinco metros bajo tierra, en un bosque olvidado. Nadie lo había visitado desde la consumación del homicidio. Comprobamos que, en efecto, faltaba la cabeza desde la cuál obtuvieron el molde y el tejido para iniciar el transplante.
Así descubrimos, en un diario viejo, que el día 2 de julio del año 1999 habían secuestrado a un hombre llamado Julio Vicente en la ciudad de Córdoba, caso que tuvo su cobertura durante varios días en los cuales reinó la desesperanza de lograr su recuperación. Tras el pago de una suma de diez mil pesos, al 16 del mismo mes y año se lo regresó, sano y salvo, a su domicilio de la calle Sol de Mayo 324.
La historia implica que usted preparó todo muy cuidadosamente. Cuando recibió la información de Julio Vicente, usó la excusa de los negocios para viajar a Córdoba y afirmar la operación. Mandó a matar al viejo Julio con la antelación suficiente, y disfrazaron la acción de secuestro. Esto permitió, por un lado, que obtuvieran una ganancia de dinero adicional, y más importante aún, daba tiempo suficiente para trasladar la cabeza al consultorio en Buenos Aires y llevar a cabo el transplante, generando a la vez un margen para que el tejido se adaptara a su rostro. La excusa del viaje evitaba que su familia intentara comunicarse con usted dentro de circunstancias en las que no podría responder. Oculto en el cajón de su escritorio dejó el testamento. Una vez obtenido su nuevo rostro, al día 15, llamó a su casa para notificar su decisión de suicidarse y señalar la ubicación del testamento. Al siguiente usted fue trasladado a Córdoba donde sus falsos captores lo entregaron a la vivienda de Julio Vicente, y desde allí se comunicó con Florencio Ponte para ponerle fin a la noticia nacida ese mismo día. El asesino y empleado de correos Amador Blanco era uno de sus colegas en el plan, miembro del grupo ilegal que colaboró logísticamente con su ilícito.
En conclusión, a fines del año pasado logramos cerrar el caso, sin levantar un solo ojo en la justicia, aunque si varios misteriosos en sectores oscuros de la mafia y los negocios. Ayer fue el día previsto para desarrollar su secuestro y sacarle toda la información. Durante años ha sido el mayor estímulo para seguir avanzando. Ahora que nació un nuevo conflicto, mucho mayor a lo que usted ha hecho en toda su vida, necesitamos de su información. En este momento usted empezará a responder cada pregunta que hagamos, sin rodeos ni falacias.

Las miradas volvieron a cruzarse en los aires. Eran intimidantes.

-Son magníficos,- comenzó el secuestrado,- demasiado magníficos. A su edad han realizado una investigación que ni los más veteranos hubieran podido lograr con facilidad. No creo que sea posible. No creo que existan personas como ustedes en el mundo. Tan frías, tan inmutables. Tienen problemas de sociabilidad, o eso supongo. Se enfrascan en el trabajo más que en sus propias vidas, cuando la realidad es inversa.

-Puede ser. Nunca fui, yo al menos, de las personas que les gusta conversar. Pero me propuse ayudar a un amigo en su venganza personal. ¿Acaso no es una buena causa?

La risa breve del viejo ahora se volvía grotesca.

-Me temo que sí. Me temo que sí.

-Pero no es esa la única cuestión que nos motiva,- interrumpió el hombre del chaleco.- Ahora empieza la verdadera utilidad de su estancia con nosotros. Quiero que nos diga todo lo que sabe, cuanto sepa, acerca del PAN, o como lo han llamado en sus círculos, “Plan Armamentista Nacional”.

La sonrisa del viejo estaba lejos de volver a ser la misma de antes.

#23 @ 01:44 10/05/2008
kagetuxi

65481

Usuari@
Nivel: Akatsuki
Wow... qué intriga...

Sólo aclarar que no me quejo por la falta de acción. Sí que, en ocasiones, parece ir lento, pero es necesario (o eso creo), y a mí no me desagrada en absoluto.

Juér, pues a mí los capítulos me resultaban de una extensión acertada. Si Ds te lo dijo, sería por algo, pero... tampoco es necesario que lo hagas taaaaan largo . Ha habido un par de parrafadas que, aunque amenas y ciertamente excitantes (al menos para mí xD), se hacían eternas. Las letras acababan bailándome en los ojos xD.

Madre, es increíble como está montado todo... me está gustando mucho, y ahora encima viene la tensión ésta... ¿qué pasará ahora...?

Me da pena que el fic sea tan desconocido...

Hala, a seguirlo ^^.
#24 @ 00:40 21/05/2008
naruto yondaime

82081

Usuari@
Nivel: Chuunin
increible nunca pense que un fic seria tan bueno yo siem pre fuy fanatico de metalgear incluso tengo todos les juegos
continualo es de los mejores fic que e leido
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