naruto
21:48 14/05/2008
nara_medea

47938

Usuari@
Nivel: Akatsuki
Título: Los Lados Del Espejo
Edad: +13 (lenguaje)
Capítulos: Un prólogo y dos capítulos.
Estado: En proceso.
Serie basada: Original.
Sumario: Una serie de extraños sucesos dan un horrísono giro a la vida de Nebra. No sabe de qué va la cosa, no entiende nada de lo que está sucediendo, mas debe seguir adelante para descubrirlo. Mientras tanto, Stradivarius, un chico de una raza prácticamente extinta, relacionado sin saberlo con la joven, está convencido de que todos los humanos son malos. Y, por ende, que todos los no-humanos son buenos. Ambos descubrirán que nada nunca, nunca, es lo que parecen. Sobre todo, ellos mismos.
Comentario de la autora: Bueno, después de un montón de tiempo sin abrir ningún tema con una de mis historias varias,vuelvo a la carga con una de mis diversas paranoias xD
Es una historia que tengo en proceso (muchos fragmentos,muchííísimas ideas,un prólogo y un capítulo a medias),y que no trata sobre Naruto u otro manganime.Es totalmente original.

Creo que ya está todo,así que sin más dilación,os dejo con mi prologuillo prologuín ^^

PRÓLOGO: Una noche cualquiera de verano. Una persecución, un extraño presentimiento. Y agua.



Lunes 26 de julio,2007

23:02

Va corriendo. Las ramas golpean con fuerza sus mejillas y su frente, arañándolos y entorpeciendo su avance. De vez en cuando mira para atrás,sólo para constatar lo que ya se imagina; sus perseguidores aún le siguen. La luna guía su alocada carrera,iluminando con su resplandor la mayoría de los obstáculos. Sin embargo, es imposible que consiga evitar todos los troncos y demás trampas de la naturaleza que se ocultan en el bosque. Salta una raíz, sólo para acabar en la depresión de entre esta y la siguiente. Al intentar salir lo más rápido posible, tropieza y se tuerce un tobillo.
Cae al suelo. Prueba a levantarse, pero la torcedura le produce un dolor agudo y fuerte que le derrumba con la fuerza de un mazazo. Ya le han alcanzado.
Rápidamente le rodean.

-Dónde está-. No es una pregunta. Es una orden.

-Error-. Le miran fijamente. El que ha hablado clava en él unos ojos duros y fríos como el acero.

-Matadle-. El hombre se da la vuelta, con más que evidente desprecio. Otro error. No ve la sonrisa que se dibuja en los finos labios del chico, revelando unos sobrecogedores colmillos.

23:09

-¡Soraya!¡Tengo que entrar al baño!

-...-. Al otro lado sólo se oye el ruido de la ducha.

-¡Como no abras, te juro que rompo la puerta!

-...-. Más silencio.

La chica frunce el ceño, furiosa. La pava de su prima no tiene bastante con ocupar su habitación,si no que además, ahora se pasa la existencia en el baño.

-¡Ginebra! Deja a tu prima tranquila, que tenemos otro aseo que puedes usar perfectamente-. La que faltaba.

-Mamá, vuelves a llamarme Ginebra y no te respondo- le espeta a la atractiva mujer que se asomaba por la puerta del pasillo.

-Vale, "Nebra"-. El irónico tono con el cual Ana Sesnández lo dice le da ganas de dar una patada a algo, cosa que la adolescente hace contra la pared en cuanto su madre deja de mirar.

-¡Ay!Joder...-. Frotándose los dedos del pie magullados bajo el calcetín, se dirige sin dejar de mascullar tacos a la puerta de enfrente.

23:18

Sentado en una rama, el chico balancea sus sucios y descalzos pies en el aire mientras atisba a su alrededor como si esperase a alguien. La luna se encuentra oculta tras una enorme nube, que sume el bosque en la penumbra, y pequeñas nubecillas de vapor salen de su boca al respirar. Sin embargo, a pesar de la desapacible noche, parece encontrarse completamente a gusto entre los árboles y matorrales. Un zumbido le saca de sus pensamientos, y se pone en pie.
Zigzagueando entre los árboles, un extraño hombrecillo avanza rápidamente hacia él. Al llegar, alza sus enormes y completamente negros ojos y posa la mirada en el joven con precaución, reparando en sus orejas puntiagudas y sus sobredesarrollados colmillos.

-¿Lo tienes?-el muchacho asiente, y sin una sola palabra mete la mano en el bolsillo de sus pantalones y le entrega un pequeño fajo de papeles. Acto seguido, se da la vuelta, y empieza a alejarse entre la vegetación. El recién llegado le mira con las cejas arqueadas, y se fija en la pequeña cojera que le hace inclinarse al caminar.
Con un mohín irónico, el hombrecillo se da la vuelta y elevando el vuelo, desaparece en el cielo.

230

Nebra está de nuevo frente a la puerta del aseo, tras la cual sigue oyéndose el ruido de la ducha. La chica frunce el ceño. Soraya ya lleva más de dos horas encerrada en el baño y el agua había sonado interrumpidamente prácticamente desde el momento en que entró.

-¡Eh, niñata!-Nebra golpea fuertemente con el puño la puerta-¡¿Sabes que hay sequía?!

Su única respuesta fue el silencio. La chica ya estaba harta. Sin pensárselo más, acciona el picaporte e irrumpe en el cuarto de baño.
La habitación está completamente llena de vapor, y el agua hace ya tiempo que ha rebasado el borde de la bañera, dejando completamente inundada la habitación. Nebra percibe un olor extraño en el ambiente. Agitando el aire intentando incrementar su visibilidad, avanza cada vez más temerosa hacia el bulto que se distingue tumbado en la tina. Soraya no ha dicho una sola palabra desde que, con su alegría y arrogancia habituales, anunció que iba a darse un baño. Y a partir de entonces, ni un sólo sonido ha salido de la habitación. El ruido del chapoteo de las pisadas de Nebra al caminar por el suelo encharcado rompe el silencio expectante del aseo, complementado por el caer del agua de la ducha.

-Ummm...¿S-soraya?-la chica se acerca al cuerpo que percibe entre la neblina-... ¿piensas quedarte mucho tiempo más?

Nebra está cada vez más asustada. Soraya no se mueve. Y si no estuviese segura de que no puede ser verdad, habría jurado que no está respirando. El cuerpo de su prima está tendido en la bañera, hundido hasta el cuello en el agua que sigue saliendo de la ducha y semioculto por el cristal opaco que hace de mampara. Tiene la cabeza inclinada, y su cabello rubio oscuro le tapa parcialmente la cara. Nebra la agarra del hombro, y con un chapoteo Soraya resbala. La chica se lleva su ahora húmeda mano al pecho, y poco a poco se asoma hasta contemplar el rostro de ésta al completo, con un extraño presentimiento.


P.Dolgué parte del prólogo hace un tiempo,así que a lo mejor os suena xD

CAPÍTULO 1: Después de la muerte de la muchacha, Nebra no sabe qué hacer. No puede seguir. Todo es demasiado confuso... y cuando las cosas comienzan a moverse solas, ya es demasiado.


Sospechas cumplidas

Otro día más. Cualquiera diría que hace dos semanas, una persona ha perdido su vida de manera cruel y despiadada. Sí, a pesar de lo que los forenses hayan dictaminado, es más que evidente que la muerte de Soraya no fue ni fácil ni dulce... Nebra sigue viendo cada vez que intenta dormir la expresión aterrorizada de la cara macilenta de su prima, y la mirada apática pero asustada de sus ojos sin vida. Está segura de que ese recuerdo la perseguirá toda su vida. Sin embargo, el resto de su familia parece haberlo olvidado. La puerta del baño sigue cerrada, y éste tiene el mismo aspecto que la última vez que alguien entró allí. Cuando Nebra volvió a su habitación, las pertenencias de su prima habían desaparecido. Está empezando a pensar que sólo había sido un mal sueño, una pesadilla. Sin embargo, el momento en que vio el cuerpo inerte de su prima flotando en el agua de la bañera ligeramente teñida de sangre está marcado en fuego en su cerebro.


-Nebra...-. Ana asoma la cabeza por la puerta de la habitación de su hija, y se queda parada mirándola fijamente. Evidentemente empieza a preocuparse por la salud mental de la adolescente. Nebra está sentada en la cama, a medio vestir. Tiene un calcetín en la mano, y el pantalón del pijama se encuentra arrugado en el suelo. Su madre deduce -correctamente- que lleva así desde que la llamó, hace ya más de media hora, para que fuese a desayunar.

Lentamente, Nebra se vuelve a mirarla.

-Dime, mamá-fija sus ojos cercados de enormes ojeras en su madre, y ésta entra con rapidez en la habitación, trastasbillando-. ¿Pasa algo?

-Ca-cariño...se te están enfriando las tostadas-. Nebra asiente, y poniéndonse en pie, termina de vestirse como un autómata mientras su madre sale tan rápido como entró de la habitación. Cuando se encuentra de nuevo en la desierta cocina, se apoya en la pared, pasándose una mano por la cara.

No puede evitar sentirse horriblemente mal por ocultarle a su hija lo que realmente pasó. Y sin embargo, debe hacerlo.


La enorme casa de campo se encuentra en silencio. Es una construcción algo singular comparada con el resto de edificios de la zona; grande, antigua y encantadora, parece salida de un cuento de hadas con sus paredes cubiertas de yedra y sus ventanales de grueso vidrio.
Nebra mira desde la ventana abierta de su habitación a las lejanas montañas cubiertas de nieve. La música suena en la minicadena, pero ella está de nuevo contemplando sus recuerdos. De pronto, recuerda algo; la chica se da la vuelta y coge la mochila que se encuentra a su lado,después de cerrar el enorme ventanal y correr la cortina.
Nebra camina lentamente hacia la salida de la habitación; por el camino apaga la música. Va a abrir la puerta, cuando oye un ruido extraño en la planta de abajo. Extrañada y con un mal presentimiento, detiene la mano en el picaporte, intentado escuchar con más claridad. A continuación, los golpecitos se repiten en su piso; suena como si alguien estuviese dando golpes al cristal de su habitación. Frunce el ceño; probablemente sea uno de los muchos paletos gamberros que pueblan su pequeña aldea. Dejando caer la bolsa de deportes al suelo de nuevo, avanza a zancadas hacia la ventana, casi arrancando los visillos al apartarlos del cristal. Está de muy mal humor; lleva dos semanas sin dormir, está hambrienta, le duele la cabeza, y por si fuera poco, tiene prisa, pues hoy toca excursión con su madre. Sin embargo, no hay ninguna piedrecita en el alféizar de la ventana. Cuando asoma la cabeza al exterior, no hay nadie corriendo entre risotadas por el camino de tierra. Extrañada, Nebra recoge la mochila de nuevo, y dándose la vuelta, abre la puerta de su habitación. Andando deprisa, sale al pasillo y comienza a bajar las escaleras. De pronto, algo se coloca en su camino, haciéndola tropezar y bajar rodando el tramo de escalones restante.

-Ay...me cago en todo...-dolorida aunque entera, la muchacha se incorpora buscando al culpable. Como antes, no hay nadie. Las escaleras se encuentran vacías.

Nebra está comenzando a asustarse. Apoyándose en la pared, se levanta poco a poco. La casa se encuentra en silencio; lo único que se escucha es la agitada respiración de la adolescente.

-Mamá...¿dónde estás?-intentando que no le tiemble la voz, Nebra se pone en pie del todo-. ¿N-no teníamos prisa?

Lo único que le responde es el silencio.

-¡¿Mamá!?¡No tiene ninguna gracia!-un ruido súbito le hace volver rápidamente la cabeza. Un libro ha caído al suelo desde una mesilla cercana a ella-. ¡Mamá!

Nebra está a punto de llorar. Sigue vigilando con las rodillas temblorosas todo su alrededor, mientras siente la fría pared contra su espalda. Intenta tranquilizarse; se dice que su madre puede estar en cualquier parte, los objetos mal colocados continuamente se caen solos, probablemente los golpecitos hayan sido provocados por el viento o los animales;y si se ha metido el golpe que se ha metido es porque es un pato, y no hay más que hablar. Sin embargo, no consigue quitarse la sensación de que algo va mal de la cabeza.
Oye la puerta de la entrada abrirse, y arrastrando todavía la mochila, corre trastabillando hasta el vestíbulo. Una vez allí, respira tranquila. Ahí está su madre, con las manos sucias de polvo y una bolsa vieja en las manos.
Pasando por algo ese detalle, Nebra salta en sus brazos.

-¿Se puede saber dónde narices estabas?-su pobre madre no sabe cómo reaccionar ante esta inusitada muestra de afecto-. ¿No teníamos que irnos?

Ana intenta abrazarla sin tocarla directamente con las manos; comienza a preocuparse cuando siente a Nebra temblar entre sus brazos.

-Eh, eh, ¿qué te pasa?-dejando el empolvado paquete en el aparador, y limpiándose las manos en el pantalón-, ¿han vuelto a molestarte las moscas gigantes?

Nebra ríe a su pesar con la mención de esa vieja paranoya infantil, y se separa de su madre.

-¿Qué has estado haciendo ahí fuera?-comenta mientras observa sus manos negras y el pobre estado en que ha quedado su pantalón vaquero.

-Estaba en el cobertizo, cogiendo-Ana se interrumpe-. ¿Has oído eso?

Nebra está petrificada. De nuevo ese inquietante rascar y golpear.
Su madre la mira, preocupada, y a pesar de tener el mismo mal presentimiento que sintió su hija momentos antes, decide dejarlo correr, a pesar de tener la ligera sospecha de qué puede ser.

-Bueno, será mejor que nos vayamos. ¡Se nos va a pasar la mañana sin ir a ningún sitio a este paso!

Sin embargo, al volverse para coger lo que dejó en el aparador, se queda petrificada.
Sus predicciones se han cumplido.
Una extraña criatura, pequeña y de piel arrugada y grisácea se encuentra en la puerta de la entrada. Madre e hija se quedan estáticas, con la mirada fija en la enorme y plagada de dientes boca del tétrico ser -único rasgo en un rostro pálido y plano-, para después volver la mirada hacia las escaleras. Cuatro o cinco monstruitos más bajan a cuatro patas los escalones, mientras que unos cuantos más empiezan a entrar en la casa.
Ana reacciona, y cogiendo a Nebra del brazo, la tira con sorprendente fuerza al exterior, haciéndola pasar por encima de las criaturas, que no alcanzan a agarrarla. Después de que la adolescente caiga al camino de grava que lleva a la casa, cierra la puerta y la atranca con el pestillo desde dentro.

-¡Mamá!¡Abre!¿Qué haces?¡Déjame entrar!

-Vete, Nebra. No me hagas esto más difícil de lo que...¡ay!-se oye el ruido de algo golpear contra la puerta-. Estúpido Limpiador...

Nebra se queda petrificada. De pronto, lo ve todo claro. El asesinato de Soraya, la desaparición de todo lo relacionado con ella...
Un grito de furia la saca de sus pensamientos; corre hacia la ventana del vestíbulo, para saber qué está pasando en el interior. Antes de que pueda asomarse, algo la atraviesa, rompiendo los cristales en el proceso. Nebra tropieza al intentar esquivarlos, y al caer al suelo, se clava uno de ellos en la mano.

-¡Ay!

-¡Nebra!¡Coge el paquete y vete!¡Corre!
Sin saber apenas qué está haciendo, la adolescente coge la mugrienta bolsa y echa a correr hacia el bosque, mientras en el interior de su hogar siguen sonando los sonidos de la lucha.
Al poco tiempo se encuentra entre los árboles; su mano herida deja marcas de sangre por el suelo cubierto de hojarasca, y en la otra arrastra el misterioso paquetito. Sigue corriendo, sin mirar atrás, hasta que su resistencia dice basta, y cae al suelo entre lloros y gemidos de dolor. Apoyándose con la mano sana en el camino, se pone en pie y va trastabillando hasta llegar al arcén. El paisaje se ve borroso y confuso a causa de las muchas lágrimas que caen por su rostro. Está asustada, aterrada; se siente terriblemente mal por haber abandonado a su madre en una situación que su intuición le dice mortal, y es más que evidente que ahora no puede volver a su hogar. No podía haber hecho nada, se dice; dentro de un rato volveré a casa, o en todo caso iré al pueblo a por ayuda, repite en su cabeza en un intento de autoconvencerse. Sin embargo, el dolor gana la partida de nuevo. Sollozando, se deja caer otra vez mientras dobla las rodillas y abraza el paquetito sucio entre sus muslos y su pecho, hundiendo la cabeza en sus brazos.


CAPÍTULO 2: Después del ataque, Nebra huye de su casa, perdiéndose en el bosque que la rodea. Allí la encuentra la última persona que debería. ¿O no?



Nada es lo que parece


En el bosque reina el silencio. El viento pasa entre los árboles, moviendo entre susurros las hojas y arrastrando las nubes. Se avecina una tormenta. El muchacho mira al cielo con expresión de fastidio; no le gusta la lluvia. Baja sus ojos a la tierra. Ahí está lo que estaba buscando.
Hay una persona sentada en uno de los lados del vecino camino. Está apoyada en un árbol y completamente doblada sobre sí misma, con la cabeza hundida entre los brazos. Entre crujidos de hojas, el recién llegado se le acerca, y lentamente, se arrodilla.
La muchacha parece dormida. Los largos cabellos rubios le ocultan el rostro, y entre su cuerpo y sus dobladas piernas se distingue una sucia bolsa de hule. Alargando la mano, el chico agarra el paquete y comienza a tirar con suavidad, intentando quitárselo sin despertar a la joven.

-¿Pero qué...?-algo golpea al ladrón, interrumpiéndole.

El joven levanta la vista. Ante él se encuentra la muchacha, mirándole fijamente entre los mechones de su cabello. Sus ojos azul grisáceo muestran todos los efectos de las vivencias por las que acaba de pasar, y cuando alza el rostro, el chico puede ver los chorretes causados por las lágrimas que ensucian sus mejillas. Tiene la mano izquierda alzada, amenazante.

-¿Quién eres?¿Qué quieres de mí?-la voz ronca de la rubia detiene el examen del ladrón. Éste se pone en pie, y ella le imita-¡Responde!

-Te llamas Ginebra o algo así, ¿no?-Nebra se queda mirándole fijamente, sorprendida. No se esperaba una respuesta de ese tipo-. Bien, Ginebra, quién soy no te importa. Y quiero eso que llevas en brazos. Me lo puedes dar o te lo puedo quitar.

Nebra mira al ladrón. Es un chico de más o menos su misma edad. Le saca casi una cabeza, y al hablar se le pueden ver con nitidez unos enormes caninos. Al observar sus orejas puntiagudas y sus pies descalzos en el pedregoso y frío suelo del bosque, la verdad sobre su naturaleza brilla en su mente, por mucho que intenta enterrarla junto con sus recuerdos infantiles.

No es humano.

Nebra agacha la cabeza, desorientada, mientras siente como todo su mundo se tambalea cada vez más. Su prima, una de las pocas familiares que le quedaban vivas, ha muerto hace escasas dos semanas, y su madre probablemente también haya perdido su vida hace unos momentos. Está sola, incomunicada, y lo que lleva aceptando como verdad desde que cumplió siete años, resulta ser una gran mentira. El paquete le resbala de los brazos y cae al suelo, y al poco tiempo ella sigue el mismo camino.
El ladrón se la queda mirando, altamente sorprendido. Esperaba cualquier tipo de reacción, menos que se derrumbara como si el cielo se hubiera abierto bajo sus pies. Desconcertado, se acerca a ella; e ignorando el paquete se acuclilla frente a su cuerpo.
Tiene la mirada perdida; en su mano derecha hay aún incrustado un pequeño cristal, y la piel de su rostro y de sus brazos esta llena de arañazos. Cogiéndole la mano a Nebra con delicadeza, le saca de un tirón el fragmento, provocando que la sangre vuelva a salir. La adolescente levanta la mirada, atónita, mientras que el enigmático ladrón se arranca un trozo de camiseta y le venda la mano. Acto seguido, se levanta, todavía con el cristal en la mano. Y dejando el paquete donde cayó, abandona el claro a toda prisa. Nebra le sigue con la mirada, y hace amago de levantarse. Sin embargo, un crujido a sus espaldas reclama su atención. Rápidamente, se alza con el paquete de nuevo a buen recaudo, sólo para encontrarse con el cañón amenazante de un arma al darse la vuelta.


·······

-Niña, tu nombre-inquiere el hombre, severo, a la adolescente. Se encuentran en lo que parece una sala de juntas, y los únicos presentes en la habitación son Nebra, su interrogador y otra mujer más. Ésta mira molesta a su compañero, mientras coloca el fajo de folios que tiene entre las manos.

-José, esa no es manera de hacer las cosas-es relativamente joven, de cabello corto y oscuro y ojos penetrantes. Después de interrumpir al interpelado, se vuelve hacia la desorientada chica.

-Perdónale... no es mal tipo, pero perdió la poca educación que tenía hace tiempo- José la mira de reojo, y acto seguido comienza a farfullar algo entre dientes. Sin embargo, guarda silencio, dejando a la mujer continuar-. Dime tu nombre, tu edad, y a poder ser tu lugar de nacimiento.

Nebra asiente. Está cansada, asustada; de lo único que tiene ganas es de tumbarse en su cama y que todo -la huida, las extrañas criaturas, el aún más enigmático chico- haya resultado ser un mal sueño. Pero, desgraciadamente, en estos momentos, su sencillo deseo parece no ser capaz de cumplirse.

-Me llamo Ginebra Sesnández Scipio-Nebra observa como la mujer comienza a escribir en los folios. Intentando ignorar la intimidante mirada de José, sigue hablando-, t-tengo 14 años y, bueno, mi madre nunca me dijo donde nací realmente.
Su voz se quiebra en un sollozo, apenas disimulado. La adolescente baja la cara, pasando por alto con ese gesto la mirada de complicidad que intercambian los dos adultos.

-Ginebra...-la mujer se encuentra a su lado-. Me llamo Laura. Ya ha pasado todo...ahora mismo no tienes nada que temer.
Nebra fija la mirada en su rostro, intentando encontrar un lugar al que anclarse. Acto seguido, se lanza en los brazos de la mujer, impulsiva, y comienza a llorar de nuevo.
Ha sido un día muy, muy largo.


UNA SEMANA MÁS TARDE


-¡Eh, Stradivarius!

-¿Eh?-el interpelado se vuelve, despistado.

-¿Es verdad que hace una semana se te escapó una humana?
El muchacho se vuelve, furioso. Durante los últimos siete días no ha dejado todo el mundo de preguntarle lo mismo con el mismo tonillo irónico...y empieza a estar "un poquito harto". Y, dando fe de su estado de ánimo, le atiza un puñetazo en la nariz al pequeño y jocoso gnomo, estampándole contra la pared. Éste le mira espantado, y su horror alcanza mayores alturas cuando el joven le agarra de su escuálido cuello y le alza más de un metro del suelo.

-Que quede clarito...no se me escapó...¡me fui yo porque quise!-aún con la aterrorizada criaturita en su mano, mira a su alrededor iracundo, fijando su vista en los demás sobresaltados transeuntes-¿Entendido? Joder...

Soltando al pobre gnomo, Stradivarius comienza a andar por el oscuro corredor, ignorando en la medida de lo posible las miradas sorprendidas -y en muchos casos divertidas- que le lanza la multitud.

-¿Stradivarius?

El joven se queda petrificado. Desde luego, esto es ya demasiado. Prácticamente echando fuego por los ojos -y humo por las orejas-, se vuelve hacia el nuevo e inconsciente cotilla.

-¿¡Qué pasa, es que tengo que matar...a al...guien-lentamente, va dejando de hablar al ver a quién se está dirigiendo. Cambiando el ceño fruncido por una sonrisa alegre, mira a la joven elfa pelirroja que le observa entre curiosa y enfadada-. ¡Hola, Ámbar! ¿Qué haces aquí?
La interpelada se le queda mirando, sorprendida por el repentino cambio de actitud. Acto seguido,con su enfado completamente esfumado, comienza a reír.

-¿Qué pasa? He venido a verte, a hablar contigo nada más-. Con una sonrisa en los labios, y circunstancias en los ojos, agarra a Stradivarius de la mano y le arrastra a una de las esquinas del conducto, donde la luz de las lámparas de gas no alcanza.

-Sólo a verme, ¿eh?-dice el joven con ironía mientras Ámbar vigila que nadie se fije demasiado en ellos-. Repito mi pregunta, ¿qué haces por aquí?
Su antigua compañera de aventuras le lanza una media sonrisa desde su escaso metro veinte.

-Quiero comentarte una cosa. A ver qué opinas sobre ello-. Stradivarius alza las cejas, intrigado, y apoya la espalda en la húmeda pared. Ámbar se pone de puntillas y le susurra al oído-. Mortimer te mintió... quienes nosotros sabemos no está muerta... Al contrario. Está viva, bien viva - la pelirroja contempla satisfecha al atónito Stradivarius-. Y yo sé dónde está.

El joven se la queda mirando, petrificado. Apartando a Ámbar, sale de nuevo al abarrotado corredor, después de murmurar un "Me tengo que ir". La elfa se le queda mirando, comprensiva. Ni ella misma,que conoce a Stradivarius desde que era un bebé,puede imaginar lo que siente después de enterarse de algo así. Sin embargo, lo que si sabe es que en cuanto al adolescente se le pase el ofuscamiento, pondrá la base patas arriba para buscarla y sacarle hasta el último dato que tenga sobre su hermana.
Con una pequeña sonrisa, Ámbar echa a correr también, en busca de un buen escondite.




-Laura.

-Dime, Nebra- la mujer se vuelve hacia ella, solícita, con una sonrisa en los labios.

-¿Qué coño está pasando?- la chica mira a Laura desde la cama, con el ceño fruncido. Lleva una semana encerrada en la pequeña habitación que le han asignado; hoy es el primer día que comienza a mostrar curiosidad por lo sucedido. Laura sonríe más ampliamente, y abre las cortinas del cuarto, permitiendo al sol entrar a raudales. Nebra guiña los ojos, intentando protegerlos de la luz, y apartando las mantas de una patada, se levanta.

-Dúchate y vístente; dentro de una hora vendré a buscarte. Es hora de que empieces a saber de qué va esto-. Laura le indica la puerta del cuarto de baño, al fondo de la habitación- Y por cierto, no digas tacos. Es de mala educación.
Ignorando la mirada tormentosa de Nebra, la mujer sale de la habitación, contenta.

Veinte minutos más tarde, la muchacha se encuentra en la extraña sala de juntas de la vez anterior. El mismo hombre arisco de la vez anterior, José, está sentado en una de las sillas y Laura se apoya en una de las paredes. Ambos miran a Nebra, parada ante la puerta, como pensando la mejor manera de contar la extraña historia que se halla detrás de los últimos acontecimientos.
La adolescente se cruza de brazos, a la expectativa. Su actitud ha cambiado completamente, es más, no parece la misma persona. Su terror y su ofuscación parecen haberse esfumado, dejando como residuo una gran curiosidad.
E impaciencia. Mucha, muchísima impaciencia.

-Si no me vais a contar nada, me largo a seguir durmiendo-Nebra abre la puerta de golpe, y se da de lleno con quien espiaba, completamente pegado, al otro lado.

-¿¡Nadie te ha enseñado nunca a mirar por dónde vas!?-su "agresor" se agarra la mandíbula con fuerza con una mano, mientras que con la otra señala a Nebra, furioso.
Ésta, aún frotándose la cabeza, se vuelve hacia él, también altamente cabreada.

-¿¡Y qué pasa contigo!? ¿¡Se puede saber qué cojones estabas haciendo ahí?! ¡Cotilla de mierda, no me hables de educación que tienes poca, gilipollas!

-¡A callar los dos, joder!-José se levanta de la silla, y se acerca a los dos vociferantes jóvenes-.¡Los dos sois unos niñatos malcriados y maleducados, así que abajo esos humos! ¡Y aquí el único que puede hablar como le salga de los cojones soy yo, niña, así que cuidado con los tacos!

-¡Sí claro, por que tu lo digas! ¡Yo hago lo que me da la gana y hablo como que me da la gana, y nadie tiene derecho a decirme nada, capullo!-Nebra se vuelve, cada vez más encorajinada, hacia el hombre, mientras Laura les contempla alucinada.

No se esperaba algo así de ninguno de ellos.
Primero, el cotilla. Se llama Simeon, tiene la misma edad que Nebra, y es la primera vez que muestra signos de saber querer nada sobre nada en varias semanas.
Luego, José. Tiene mal genio y poca paciencia, pero normalmente no pierde los papeles y comienza a gritar así como así, como un niño pequeño.
Y por último -y lo que más le ha sorprendido-, Nebra. ¿Quién iba a decir que aquella niña callada, desorientada y destrozada era en realidad una deslenguada con un genio de mil demonios?
Con un suspiro, la mujer decide poner orden, en vista de que están a punto de llegar a las manos.

-José, cierra tú la boca y siéntate, anda-el hombre se vuelve hacia ella, colorado y furioso, y parece estar a punto de contestar.
Sin embargo, rápidamente, decide que es mejor dejar de hacer el chorra, y obedece aún entre gruñidos-. Y vosotros dos, parad de una vez.
Con un bufido de desdén, Simeon toma asiento. La mujer se queda mirando a Nebra, pero ésta, después de cerrar la puerta de nuevo, pasa olímpicamente de ella.

-Bueno, ¿pensáis contarme algo?-la adolescente mira a los adultos. Simeon la mira y pone los ojos en blanco.

-ContarnOS. Creo que también tenéis algo que decirme a mí.

-Bien...empecemos, pues-dice Laura, ante el estupor de los jóvenes. En realidad, ambos pensaban que al final, después de tanto grito, se iban sabiendo lo mismo. José bufa, con hastío-. Esto tiene para rato... así que será mejor que os pongáis cómodos -, añade señalando a las numerosas sillas que rodean la mesa de reuniones.

Nebra se sienta, ansiosa y sonriente, y Simeon rebulle con nerviosismo después de tomar también asiento. Laura deja vagar su mirada, concentrada, entre ambos. Lo que les va a decir no es fácil de asimilar y comprender, al menos para dos adolescentes con una concepción de la realidad más o menos asentada como ellos. Por muchos sucesos extraños que hayan vivido, lo que va a relatar a continuación exige algo qeu le de realismo, como si de una novela se tratara.
La mujer toma aire para serenarse, y comienza a hablar.

-Veamos... para empezar, estamos en una finca, a las afueras de la capital. Tenemos tendido eléctrico propio, y no dependemos de la red de alcantarillado de la ciudad. Se puede decir que somos completamente autosuficientes. ¿Por qué tantas medidas de seguridad? A ti, Simeon, en el tiempo que llevas aquí, no se te ha contado nada tampoco. ¿Por qué?- Laura señala a Nebra, que se la queda mirando, con su ya permanente ceño fruncido, desconcertada por el extraodinariamente serio tono de voz de la mujer-. La estábamos esperando a ella para decíroslo todo a los dos.


#1 @ 23:43 01/01/2008
.:Temari:.

39231

Usuari@
Chuunin
OwO Qué bien escribes ^^ Me encanta.
#2 @ 00:05 02/01/2008
aurori

41693

Usuari@
Akatsuki
¡Por fin lo cuelgas! Bueno, yo ya te di mi opinión, pero como estoy un poco aburrida te la vuelvo a dar por aquí (además, para qué engañarnos, hace más ilusión xD).

Me parece muy muy interesante. Llevas de una manera muy entretenida la historia, y te hace querer saber lo que va a pasar en la siguiente línea. ¡La verdad es que me he quedado con ganas de más >·
Hasta luego!
#3 @ 01:07 02/01/2008
pikachu sen sei

28491

Baneado
Chuunin
WOW me encanta (muchos pensares, ``esta no puede tener 10 años, esta leyendo todo el rato fics de +13, la respuesta es ¡tengo 10! pero a mí si ponen +13 para mi es +5) a lo que iba, te digo lo mismo que Aurori: me a sabido a poco ¡quiero mas! y respecto a errores: 0 *musiquita de victoria* ¡as ganado el concurso no errores organizado ahora mismito por pikachu sen sei! y lo mismo que Aurori (otra vez) pero... lo de colmillos que es ¿un vampiro? espero respuestas.
Comentario sacado de: comentarios absurdos de pikachu sen sei S.A.
#4 @ 12:47 02/01/2008
nara_medea

47938

Usuari@
Nivel: Akatsuki
Aprovechando que tengo pocos comentarios los respondo todos uno por uno.Lo iba a hacer ayer,pero me echaron del ordena ><
#1 Gracias!Me alegro que te guste ^^
#2 Sí que hace ilu,sí!Y no son vampiros...tanto unos como otros son cosas completamente diferentes =3 (y hasta aquí puedo leer xD)Podríamos decir que son como los personajes principales ^^,tanto el chico (al que no sé muy bien cómo nombrar) como Nebra,que al principio me parecía un personaje de lo más tonto u.uU
Es un prólogo...y creo que para eso tiene unas dimensiones aceptables (seré vaga...).En fin,a ver si el siguiente me sale más larguito.
#3 Lo de la edad es coña...sí,incluso lo de +13 es coña xD En realidad,creo que lo puede leer todo el mundo ^^.Y seguro que errores tiene...y no,no son vampiros ^^

Por cierto,gracias a todas por vuestras opiniones,me alegrasteis la noche y hoy la mañana ^^.Ahora cambio lo de la edad,que creo que me pasé un poco ^^u

EDIT:Y aquí el capítulo nuevo, aunque estando el fic en 2a página no lo va a ver ni dios xD


Otro día más. Cualquiera diría que hace dos semanas, una persona ha perdido su vida de manera cruel y despiadada. Sí, a pesar de lo que los forenses hayan dictaminado, es más que evidente que la muerte de Soraya no fue ni fácil ni dulce... Nebra sigue viendo cada vez que intenta dormir la expresión aterrorizada de la cara macilenta de su prima, y la mirada apática pero asustada de sus ojos sin vida. Está segura de que ese recuerdo la perseguirá toda su vida. Sin embargo, el resto de su familia parece haberlo olvidado. La puerta del baño sigue cerrada, y éste tiene el mismo aspecto que la última vez que alguien entró allí. Cuando Nebra volvió a su habitación, las pertenencias de su prima habían desaparecido. Está empezando a pensar que sólo había sido un mal sueño, una pesadilla. Sin embargo, el momento en que vio el cuerpo inerte de su prima flotando en el agua de la bañera ligeramente teñida de sangre está marcado en fuego en su cerebro.


-Nebra...-. Ana asoma la cabeza por la puerta de la habitación de su hija, y se queda parada mirándola fijamente. Evidentemente empieza a preocuparse por la salud mental de la adolescente. Nebra está sentada en la cama, a medio vestir. Tiene un calcetín en la mano, y el pantalón del pijama se encuentra arrugado en el suelo. Su madre deduce -correctamente- que lleva así desde que la llamó, hace ya más de media hora, para que fuese a desayunar.
Lentamente, Nebra se vuelve a mirarla.
-Dime, mamá-fija sus ojos cercados de enormes ojeras en su madre, y ésta entra con rapidez en la habitación, trastasbillando-. ¿Pasa algo?
-Ca-cariño...se te están enfriando las tostadas-. Nebra asiente, y poniéndonse en pie, termina de vestirse como un autómata mientras su madre sale tan rápido como entró de la habitación. Cuando se encuentra de nuevo en la desierta cocina, se apoya en la pared, pasándose una mano por la cara.
No puede evitar sentirse horriblemente mal por ocultarle a su hija lo que realmente pasó. Y sin embargo, debe hacerlo.


La enorme casa de campo se encuentra en silencio. Es una construcción algo singular comparada con el resto de edificios de la zona; grande, antigua y encantadora, parece salida de un cuento de hadas con sus paredes cubiertas de yedra y sus ventanales de grueso vidrio.
Nebra mira desde la ventana abierta de su habitación a las lejanas montañas cubiertas de nieve. La música suena en la minicadena, pero ella está de nuevo contemplando sus recuerdos. De pronto, recuerda algo; la chica se da la vuelta y coge la mochila que se encuentra a su lado,después de cerrar el enorme ventanal y correr la cortina.
Nebra camina lentamente hacia la salida de la habitación; por el camino apaga la música. Va a abrir la puerta, cuando oye un ruido extraño en la planta de abajo. Extrañada y con un mal presentimiento, detiene la mano en el picaporte, intentado escuchar con más claridad. A continuación, los golpecitos se repiten en su piso; suena como si alguien estuviese dando golpes al cristal de su habitación. Frunce el ceño; probablemente sea uno de los muchos paletos gamberros que pueblan su pequeña aldea. Dejando caer la bolsa de deportes al suelo de nuevo, avanza a zancadas hacia la ventana, casi arrancando los visillos al apartarlos del cristal. Está de muy mal humor; lleva dos semanas sin dormir, está hambrienta, le duele la cabeza, y por si fuera poco, tiene prisa, pues hoy toca excursión con su madre. Sin embargo, no hay ninguna piedrecita en el alféizar de la ventana. Cuando asoma la cabeza al exterior, no hay nadie corriendo entre risotadas por el camino de tierra. Extrañada, Nebra recoge la mochila de nuevo, y dándose la vuelta, abre la puerta de su habitación. Andando deprisa, sale al pasillo y comienza a bajar las escaleras. De pronto, algo se coloca en su camino, haciéndola tropezar y bajar rodando el tramo de escalones restante.
-Ay...me cago en todo...-dolorida aunque entera, la muchacha se incorpora buscando al culpable. Como antes, no hay nadie. Las escaleras se encuentran vacías.
Nebra está comenzando a asustarse. Apoyándose en la pared, se levanta poco a poco. La casa se encuentra en silencio; lo único que se escucha es la agitada respiración de la adolescente.
-Mamá...¿dónde estás?-intentando que no le tiemble la voz, Nebra se pone en pie del todo-. ¿N-no teníamos prisa?
Lo único que le responde es el silencio.
-¡¿Mamá!?¡No tiene ninguna gracia!-un ruido súbito le hace volver rápidamente la cabeza. Un libro ha caído al suelo desde una mesilla cercana a ella-. ¡Mamá!
Nebra está a punto de llorar. Sigue vigilando con las rodillas temblorosas todo su alrededor, mientras siente la fría pared contra su espalda. Intenta tranquilizarse; se dice que su madre puede estar en cualquier parte, los objetos mal colocados continuamente se caen solos, probablemente los golpecitos hayan sido provocados por el viento o los animales;y si se ha metido el golpe que se ha metido es porque es un pato, y no hay más que hablar. Sin embargo, no consigue quitarse la sensación de que algo va mal de la cabeza.
Oye la puerta de la entrada abrirse, y arrastrando todavía la mochila, corre trastabillando hasta el vestíbulo. Una vez allí, respira tranquila. Ahí está su madre, con las manos sucias de polvo y una bolsa vieja en las manos.
Pasando por algo ese detalle, Nebra salta en sus brazos.
-¿Se puede saber dónde narices estabas?-su pobre madre no sabe cómo reaccionar ante esta inusitada muestra de afecto-. ¿No teníamos que irnos?
Ana intenta abrazarla sin tocarla directamente con las manos; comienza a preocuparse cuando siente a Nebra temblar entre sus brazos.
-Eh, eh, ¿qué te pasa?-dejando el empolvado paquete en el aparador, y limpiándose las manos en el pantalón-, ¿han vuelto a molestarte las moscas gigantes?
Nebra ríe a su pesar con la mención de esa vieja paranoya infantil, y se separa de su madre.
-¿Qué has estado haciendo ahí fuera?-comenta mientras observa sus manos negras y el pobre estado en que ha quedado su pantalón vaquero.
-Estaba en el cobertizo, cogiendo-Ana se interrumpe-. ¿Has oído eso?
Nebra está petrificada. De nuevo ese inquietante rascar y golpear.
Su madre la mira, preocupada, y a pesar de tener el mismo mal presentimiento que sintió su hija momentos antes, decide dejarlo correr, a pesar de tener la ligera sospecha de qué puede ser.
-Bueno, será mejor que nos vayamos. ¡Se nos va a pasar la mañana sin ir a ningún sitio a este paso!
Sin embargo, al volverse para coger lo que dejó en el aparador, se queda petrificada.
Sus predicciones se han cumplido.
Una extraña criatura, pequeña y de piel arrugada y grisácea se encuentra en la puerta de la entrada. Madre e hija se quedan estáticas, con la mirada fija en la enorme y plagada de dientes boca del tétrico ser -único rasgo en un rostro pálido y plano-, para después volver la mirada hacia las escaleras. Cuatro o cinco monstruitos más bajan a cuatro patas los escalones, mientras que unos cuantos más empiezan a entrar en la casa.
Ana reacciona, y cogiendo a Nebra del brazo, la tira con sorprendente fuerza al exterior, haciéndola pasar por encima de las criaturas, que no alcanzan a agarrarla. Después de que la adolescente caiga al camino de grava que lleva a la casa, cierra la puerta y la atranca con el pestillo desde dentro.
-¡Mamá!¡Abre!¿Qué haces?¡Déjame entrar!
-Vete, Nebra. No me hagas esto más difícil de lo que...¡ay!-se oye el ruido de algo golpear contra la puerta-. Estúpido Limpiador...
Nebra se queda petrificada. De pronto, lo ve todo claro. El asesinato de Soraya, la desaparición de todo lo relacionado con ella...
Un grito de furia la saca de sus pensamientos; corre hacia la ventana del vestíbulo, para saber qué está pasando en el interior. Antes de que pueda asomarse, algo la atraviesa, rompiendo los cristales en el proceso. Nebra tropieza al intentar esquivarlos, y al caer al suelo, se clava uno de ellos en la mano.
-¡Ay!
-¡Nebra!¡Coge el paquete y vete!¡Corre!
Sin saber apenas qué está haciendo, la adolescente coge la mugrienta bolsa y echa a correr hacia el bosque, mientras en el interior de su hogar siguen sonando los sonidos de la lucha.
Al poco tiempo se encuentra entre los árboles; su mano herida deja marcas de sangre por el suelo cubierto de hojarasca, y en la otra arrastra el misterioso paquetito. Sigue corriendo, sin mirar atrás, hasta que su resistencia dice basta, y cae al suelo entre lloros y gemidos de dolor. Apoyándose con la mano sana en el camino, se pone en pie y va trastabillando hasta llegar al arcén. El paisaje se ve borroso y confuso a causa de las muchas lágrimas que caen por su rostro. Está asustada, aterrada; se siente terriblemente mal por haber abandonado a su madre en una situación que su intuición le dice mortal, y es más que evidente que ahora no puede volver a su hogar. No podía haber hecho nada, se dice; dentro de un rato volveré a casa, o en todo caso iré al pueblo a por ayuda, repite en su cabeza en un intento de autoconvencerse. Sin embargo, el dolor gana la partida de nuevo. Sollozando, se deja caer otra vez mientras dobla las rodillas y abraza el paquetito sucio entre sus muslos y su pecho, hundiendo la cabeza en sus brazos.

Es más larguito,no?Espero que os guste ^^
#5 @ 11:05 04/01/2008
pikachu sen sei

28491

Baneado
Chuunin
es genial un 10 ¡sigue! no tienes errores ¡genial!
#6 @ 23:39 05/01/2008
aurori

41693

Usuari@
Akatsuki
Bueno, por fin lo leí ^_^. ¡Es muy pero que muy emocionante, de veras! Me has mantenido en suspenso hasta el último momento... ¡Y ahora me dejas súper picada! Eres cruel... En resumen, tienes una excelente redacción y vocabulario, y haces una cosa de la que no todo el mundo es capaz, no cansar al lector. Vamos, que podría leer un capítulo tuyo de 20 páginas y no cansarme. ¡Te felicito! Y sabes que espero el próximo.

Hasta luego!
#7 @ 22:28 22/02/2008
nara_medea

47938

Usuari@
Nivel: Akatsuki
Bueeeno,segundo capítulo después de...más de un mes?Cón...choles,sí que tardo,sí xD

Una cosa con respecto a éste; tiene bastantes tacos,pero está hecho así a posta, más uqe nada por que es la forma de hablar de uno de los personajes. Próximamente,fichas de todos ellos.

En fin,está en el post#0. Os dejo leyendo.


Y muchas gracias por los comentarios. Y los que no comentáis, por vuestra atención ^.^
#8 @ 23:03 28/02/2008
aurori

41693

Usuari@
Akatsuki
¡Hola! Me parece MUY fuerte que nadie haya comentado antes. Es que me resulta vergonzoso que "fics" (si así podemos llamar a ciertos relatos de dudosa calidad, con miles de emoticonos y fallas garrafales varias) tengan montones de comentarios y una historia como esta, que suelta calidad por los cuatro costados no tenga ni un triste "muy bien, síguelo". Pues aquí vengo yo, a dar mi humilde opinión.

Cosillas a "mejorar":

- Pon más espacios, la verdad es que da un poco de pereza ponerme a leer párrafos que parecen bloques xD. Así mejorará mucho la presentación del fic (y si puedes también usa el guión largo, como en las novelas).

- Describe un poquito más los lugares. Me los puedo imaginar, pero si es un poquito más extensa mejor ^^.

Cosillas que me gustan (advierto que son muchas xD):

Bien, creo que la historia ya de por sí es bastante entretenida y atrapante. Quizá no sea la más original, pero sí engancha. Y mucho. Y eso, después de todo, es un factor bastante importante bajo mi punto de vista. Los personajes también molan. Sobre todo la prota. Me encanta su carácter. Y el tal José, no sé porqué me ha caído también genial. Por cierto... ¿habrá Nebra x Stradivarius? xD. Es muy inquietante en general, y me has dejado picada. Así que espero el próximo capítulo (y por cierto, espero más longitud ¬¬). Y no sé si te lo habré dicho alguna vez, pero eres buena. Quizá en un futuro sostenga un libro escrito por ti. Y lo digo muy en serio. Si sigues practicando con tanto entusiasmo con el que lo haces ahora seguro ^^. ¡Que te vaya bien!

P.D: Aurori is a good girl. Aurori ha escrito un tocho-post y se disculpa por ello xD.

¡Hasta luego!
#9 @ 22:42 21/04/2008
nara_medea

47938

Usuari@
Nivel: Akatsuki
Buenas,buenas,buenas!!
Cuanto tiempo hace que no actualizo,no? En fin, qué se le va a hacer XD Sobre todo teniendo en cuenta de que esta historia entra dentro de las incomprendidas la mar de bien >.< Bueno, dejo el capítulo.

Muuuchas gracias Aurori por molestarte en criticarme,sacarme toodos los fallos y encima,comentarme.En serio ^^


Capítulo 3: Secretos



El sol ha recorrido la mayor parte de su trayectoria diaria, y Stradivarius aún sigue sentado, sumido en sus pensamientos. Su mirada se pierde entre el cielo y los bosques que le rodean, sin fijarse en nada en especial.

"Mortimer te mintió... quienes nosotros sabemos no está muerta... Al contrario. Está viva, bien viva. Y yo sé dónde."
Las palabras de Ámbar no paran de dar vueltas por su mente, creando incógnitas en vez de resolverlas. Incógnitas para las que no tiene respuesta. No entiende por qué no le ha contado la verdad sobre algo tan importante la persona en la que más confía del mundo, ni qué hace después de tanto tiempo su antigua mejor amiga en la base que abandonó por considerar el objetivo de sus habitantes -el propio Stradivarius incluido- "tan estúpido que no sabía ni cómo llamarlo". Sí, Ámbar era para algunos una auténtica traidora a la causa.

Lo que le hace volver a la cuestión de la heredera de Scipio, Ginebra. No haber acabado con ella podría ser considerado por muchos como traición también. Y con mayúscula. Después de todo, está el hecho de que incumplió su deber simple y llanamente por un "presentimiento". O algo por el estilo. Si hubiera matado a la chica humana y arrebatado el misterioso paquete como le ordenaron, su semana habría sido mucho más tranquila, y su mente se sentiría menos confusa. Pero no... tuvo que hacer caso de su estúpido sexto sentido. Aunque como no puede dejar de recordar - ante esto, el muchacho se siente tentado de darse de cabezazos contra el árbol más próximo -, la chica no parecía tan mala. Más bien al contrario. Estaba completamente destrozada y desbordada por los acontecimientos.

Ni rastro de aquel ser frío y sanguinario que desde niño le habían dicho que todo humano era.
Stradivarius inspira con fuerza, sintiendo como el aire fragante y frío de los bosques le tranquiliza. Adora aquel lugar... tan tranquilo, tan apacible... tan solitario. En cierto modo, comprende a Ámbar. Hay momentos en que siente que lo que hace por Mortimer y los suyos es inútil. En tres años no ha visto ningún cambio en la Tierra. Los hombres siguen destrozando la naturaleza a su antojo, y la mayor parte de las razas no humanas están prácticamente extiguidas. Como la suya.

Y con esto vuelve al tema de su hermana. Elisa. Tiene, o debería, dos años más que él, e incluso después de todo el tiempo transcurrido desde su desaparición, su recuerdo sigue vivo en su mente. Era increíblemente guapa, lista, divertida, dulce, temeraria... todas las cosas buenas parecían reunirse en su persona. Todo el mundo lo decía. Y de pronto, de un día para otro, se esfumó. El muchacho aún es capaz de sentir el dolor, la desesperación, que le invadieron cuando le comunicaron su "muerte". Once años recién cumplidos son demasiado pocos para comenzar a vivir completamente solo.
El chico suspira de nuevo, y el aire que exhala parece venir desde las puntas de sus pies. Bien, se dice, ya es hora de que obligue a Ámbar a contárselo todo.
Además, como se recuerda interiormente al ponerse en pie de un salto, ya debe de estar cansada de esperarle. Conoce a su amiga tan bien como ella le conoce a él. Stradivarius echa a correr hacia la entrada de la base subterránea, pensando en dónde se puede haber metido la astuta y pícara elfa.





Nebra se está empezando a poner histérica. Después de la rarísima conversación con Laura, ésta recibió una importante llamada de móvil, y a tanto a Simeon como a ella, les tocó volverse a sus respectivas habitaciones, azuzados por un ceñudo José -¿no le salen agujetas en la cara de estar siempre enfurruñado?, se pregunta - , y aguantarse las millones de cuestiones que bullían en sus mentes.

¿Guerras milenarias? ¿Batallas contra monstruos y demás seres extraños? Su vida no es que se haya vuelto muy normal, pero eso ya es pasarse. O al menos, eso es lo que opina Nebra.

La adolescente sigue caminando por el pequeño cuarto que le han adjudicado. Una cama aún deshecha preside la estancia, y una de las paredes se encuentra forrada de estanterías, cuyas baldas se encuentran completamente vacías. Enfrente de la puerta, hay un pequeño armario de madera clara - el típico contrachapado de color crema, que también recubre las estanterías y el armazón de la cama -, sorprendentemente lleno de ropa. Es más, es exactamente el mismo vestuario que ella usaba allá, en su antigua casa. Con un estremecimiento, Nebra mira por la ventana situada enfrente del lecho. El cielo está encapotado, y para ser mediados de agosto, hace bastante frío. Inconscientemente, se abraza a sí misma, melancólica, apoyando la cara en el cristal.

- ¡Buenas! - la puerta de la habitación es abierta de golpe, y Nebra mira, furibunda y sobresaltada, a Simeon. Éste pasea la mirada por el cuarto. Da la impresión de que esté haciendo un análisis de cada uno de sus elementos -. Tienes la habitación hecha una mierda.

- Largo de aquí - la adolescente se aleja de la ventana, recuperándose de su pequeño instante de debilidad en un segundo -. Ésta es mi habitación y la tengo como me da la gana.

- Sí, sí... lo que tú digas -. Simeon pasa olímpicamente de Nebra, aumentando las ganas de ésta de "partirle la cara". Cambiando el tono, su expresión se vuelve de una seriedad absoluta en cuanto vuelve a mirar a la chica -. Tengo que hablar contigo.

- ¿Sobre qué? -. Ella se cruza de brazos.

- Acompáñame y te lo cuento.

- ¿A dónde? - inquiere, molesta.

- A mi cuarto - Simeon sonríe inocentemente. Instantáneamente, la chica comienza a desconfiar de lo que la tenga que decir, y sobre todo de él.

- Vas tú bien -. Nebra frunce el ceño, decidida a no seguirle a sabe Dios dónde. No tiene ninguna razón para salir. Aunque ahora que lo piensa... tampoco tiene ninguna para no hacerlo. No tiene nada que hacer. Es más, se aburre y mucho.

- Pues vale. Hasta luego. Si eso, búscame después si quieres que te lo cuente -. Para sorpresa de la adolescente, Simeon se da la vuelta, y sale del cuarto como ha venido. Nebra se queda pasmada. Lentamente, siente como la curiosidad comienza a crecer en su interior. Cinco minutos más tarde, sale al pasillo a todo correr. Atisba a ambos lados, angustiada, en busca del chico.

- ¿Entonces, al final me acompañas? - Nebra pega un bote, de nuevo, sobresaltada. Y, también como antes, siente la ira explotar, mezclada con un extraño sentimiento de vergüenza. Lentamente, sus mejillas toman un curioso color manzana. ¿Por qué ese tío siempre sabe cómo pillarla por sorpresa? ¿Cómo es capaz de leer sus acciones mejor qué ella misma? Simeon está apoyado tranquilamente en la pared contigua a la puerta de su cuarto. Evidentemente, previó que iba a salir en su busca.

Y eso a Nebra no le hace gracia. Ninguna en absoluto.


Mientras tanto, en otro lugar del caserón en el que se encuentran ambos jóvenes, José y Laura discuten sobre la preocupante llamada de hace casi una hora.

- Entonces, ¿dices que Ana, la que cuidaba a la niña, ha desaparecido? - tiene el ceño fruncido, para variar, pero en vez de enfado o molestia, esta vez indica una fuerte preocupación. José está sentado a una mesa llena de papeles en lo que parece un despacho normal y corriente.

- Sí... así como los Limpiadores. Es más - Laura juguetea distraídamente con un bolígrafo, a la par que mira al paisaje campestre al otro lado de la ventana -, la casa está impoluta. Ni manchas de sangre ni vidrios rotos ni nada de nada. La verdad, no entiendo en absoluto todo esto. No es normal que intenten que parezca que no haya pasado nada.

Con un suspiro, vuelve a releer el correo electrónico en el que figura el informe del suceso, que acaba de recibir. Evidentemente, intenta dar con alguna pista, algo que les ayude a averiguar qué es lo que ha sucedido con Ana Sesnández.

Aprovechando que la mujer tiene la guardia baja, José la observa, sentada en frente de él, mientras teclea a toda velocidad un mail de vuelta en el ordenador portátil. Contempla sus ojos oscuros, su cabello corto y castaño, su figura menuda y delgada. Y por último, se fija más detenidamente en su mirada. Como dijo alguien una vez, los ojos son el espejo del alma. Por lo menos ahora. Dura, determinada e, incluso, despiadada, José es capaz de aprender a través de esta parte algunas cosas carácter de su dueña. El hombre reprime un escalofrío. Es evidente que se ha ganado fácilmente la confianza de la muchacha, Nebra. De Simeon no sabe qué pensar. Él tiene muy claro qué tipo de persona es en realidad la agradable Laura. Pero, obviamente, prefiere no darle demasiadas vueltas.

Recordando otro asunto que quería comentarle, José emerge de sus sombríos pensamientos.

- Oye - Laura alza la vista, algo molesta -. Hay otra cosa que quiero discutir contigo.

Con un asentimiento, la mujer vuelve a mirar a la pantalla, haciéndole ver que tiene su atención.

- ¿Qué ha pasado al final con el robo de esos documentos? ¿Se pilló al culpable? Por lo que he oído, eran muy importantes - disimuladamente, analiza las reacciones de Laura. Sabe que puede meterse en un lío si sigue metiendo las narices, pero necesita saber -. Es más... también he oído que ciertos testamentos y archivos que se encontraban en casa de la Scipio han desaparecido.

Su superior parece ignorarle, pero la atmósfera, antes relajada, se tensa casi impeceptiblemente. José siente que camina sobre una superficie de lo más frágil, pero ahora no puede detenerse. Teme a Laura, sí. Pero también odia el no saber, el que se le oculten cosas. Y más si son tan importantes como esa.

- ¿Y eso que te ha dado por preguntármelo? - José se sobresalta, aunque consigue dominarse. Mientras, la mujer prosigue -. Es más; ¿se puede saber dónde has oído eso que me acabas de preguntar?

- Eso no es lo que cuenta - no le gusta en absoluto el tono de Laura, mas prefiere ignorarlo en la medida de lo posible. Aunque si cambiara alguna vez esa expresión de afabilidad, se dice José, sería bastante más fácil manejarse con ella. Aún así, continúa hablando -. Es decir... sí, puede que importe. Pero a mí me interesa saber si es verdad lo de la Scipio y lo de los documentos que desaparecieron de la otra base.

José traga saliva, y siente el líquido moverse a duras penas por su seca garganta. Laura levanta la vista, y para sorpresa del hombre, comienza a reír. Sin embargo, esa risa irónica y seca, similar a un latigazo, se corta rápidamente.

- Eso no es lo que cuenta -, repite, imitando a José. Se vuelve hacia él -. Al contrario... eso es lo que más cuenta. Los topos son peligrosos - Laura sonríe, con sarcasmo -, y también los traidores. ¿Lo has olvidado?

El hombre mantiene fija la mirada en su superior. Acto seguido, se levanta de su asiento y abandona precipitadamente la habitación. Laura escucha sus pisadas, fuertes y rápidas, por el entarimado del pasillo. Sin dedicarle un pensamiento más, se vuelve a concentrar en el importante correo electrónico.



PD: Creo qeu cumple todas las reglas.
#10 @ 20:32 02/05/2008
...Gaaralove...

61203

Usuari@
Nivel: Akatsuki
Es increible.... me encanta.
NArracion perfecta, trama enganchadora... jo, parece que me hayas pegado los ojos con gotita a la pantalla, me ha encantado, sinceramente, me comi las uñas solo de pensar quien es Stradivarius (Bonito nombre, por cierto, no se de que me suena,... xDD) y que pasó con la historia de Ginebra... y que hay en el paquetito, que le quiere mostrar Simeon...
Te lo pido, siguelo, tienes mucho talento ^^
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