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| #201 @ 20:09 17/09/2008 | |
| BrownBelt
Nivel: Akatsuki |
183.- Como siempre gusta mucho leerte. Si bien este no me parece que sea el mejor relato que escribiste hasta ahora, tiene el encanto que caracteriza a tu estilo. La historia, aunque tenga clichés muy comunes en cuanto a personajes, lugar y acción, está narrada de una manera que lleva a llegar con suspenso hasta el final.
187.- Me parece interesante por el tema que abarca y las sensaciones que narrás, pero quizás por eso no le encuentro una línea argumental muy definida, como si se tratara de una narración sin un objetivo más que el de contar. No tiene un final cerrado, sino que apunta a seguir y seguir, y en consecuencia es como si me faltara un "punto final". Aún así está muy muy bien. Bueno, acá llega una parte de un relato que salió porque así lo quiso. Espero que les guste =) Gaimei (1ra parte) Gaimei era uno de los Tsukuno más apreciados –y también, por qué no, detestados- de todo Japón. Con un cuerpo de niño y el rostro siempre escondido tras una máscara de nariz larga, pintada según se decía por sus propias manos de artista, la criatura era una de las amenazas más grandes que podía existir para cualquier familia. Porque si hay algo que los Tsukuno saben hacer mejor que nadie, es entrar dentro de una casa por más protegida que esté y, curiosidad mediante, desencadenar en su interior un inmenso alboroto, generalmente con bromas caóticas pero inofensivas. Tenía un carácter demasiado alegre y le gustaba –más bien le encantaba- usar sus poderes mágicos para jugar burlas. Gaimei podía, como todos los demás Tsukuno, escuchar las voces de las cosas abandonadas (un libro viejo, por ejemplo) y darles vida. Así, en cuanto escuchaba el lamento de un objeto, inmediatamente corría a buscarlo dentro de su casa y con un espectáculo de luces, de un momento a otro, la cosa estaba flotando por los aires o moviéndose sin ninguna ayuda: esto solía asustar a los niños y, de vez en cuando, dejaba a algún adulto tan blanco como un papel, una nube o un copo de nieve. Y Gaimei, muriéndose de la risa, se quedaba junto a alguna ventana hasta que la escena perdiera su gracia; entonces aguzaba el oído en busca de otra cosa olvidada, y un hogar más que molestar. Sin embargo, para la desdicha de nuestro joven Tsukuno, las cosas no siempre salen como uno quiere. Y desde ese momento su vida se vio marcada para siempre. Todo pasó cuando vagaba, una noche, en las calles de los suburbios de la capital. Estaba caminando por encima de la pared de una casa cuando oyó unas vocecitas, muy lejanas, que llamaron mucho su atención: -¿Por qué?,- decía la más grave y ronca,- ¿por qué nos han dejado tan solos? -¡Sí!, ¿por qué? ¿Por qué? -¡Si éramos tan buenos! -¡Si somos tan buenos! -¿Por qué nos dejan tan solos? Las últimas cuatro sonaban como si les estuvieran tapando la boca. El pequeño Gaimei no hizo más que sonreír y lanzarse a la búsqueda de su nueva víctima. Estando solo, bajo el cielo amenazante del invierno, sus pasos podían confundirse fácilmente con los de un gato inocente. Pero solo, siempre solo estaba él: los Tsukuno sentían gran admiración los unos por los otros, pero gracias a su carácter bromista y a veces competitivo, nunca llegaban a hacerse amigos entre ellos. Después de un largo rato, Gaimei finalmente escuchó las voces muy cerca de él. Saltó ágilmente el portón y entró al jardín. Guiándose por el sonido que provenía de la casa, se abrió paso entre la hierba del patio, en silencio, hasta que encontró una entrada. Deslizó la puerta con mucha sutileza e ingresó a la habitación, cerrando la primera tan suavemente como la había abierto. Pisando con las puntas de sus pies livianos, Gaimei se dirigió a otro portal a su izquierda, siguiendo el mismo proceso de la ocasión anterior hasta que finalmente encontró a quien lo llamaba con tanto anhelo. Era un pequeño baúl de madera vieja y maciza, como los que se utilizaban para guardar tesoros: él era el de la voz grave. Entonces, las otras vocecitas eran objetos guardados en su interior. -Ya pueden dejar de llorar,- dijo el Tsukuno, acariciando la tapa del cofre,- yo los liberaré y podrán divertirse. -¿Cómo?,- comenzó el baúl,- ¿quién eres tú? -Mi nombre es Gaimei. Soy el mejor Tsukuno del mundo. Apenas terminó de pronunciar esas palabras, un aura de brillante color azul rodeó al viejo cofre, que flotó por si solo en los aires, y abrió su boca durante tanto tiempo cerrada usando una mano invisible. De su interior salieron un mapa, una vela, papeles de pergamino viejo y una pluma, que inundados en la misma magia también podían volar. Comenzaron a reír con sus voces chillonas, mientras decían uno tras otro: -¡Gracias Gaimei, gracias! -¡Sí, sí! ¡Podemos volar! -¡Somos libres! Y el Tsukuno, muy orgulloso de sí mismo, les dijo: -¿Qué están esperando? ¡Vamos a divertirnos! Comenzó el espectáculo. La vela se encendió y el cofre abrió sus bisagras con la ayuda del encantamiento, como si se tratara de una boca. Y las cerró, haciendo un ruido espeluznante al chocar las derruidas partes de madera una contra la otra. Se oyeron pasos desesperados y un grito agudo en las habitaciones contiguas. Riendo, Gaimei abrió la puerta a sus resucitados compañeros de diversión y les dejó el espacio libre para hacer lo que quisieran. La pluma, colmada de una tinta mágica, marcó de azul las paredes, y el cofre tumbó los almohadones mientras el papel, el mapa y la vela danzaban uno junto al otro, aclamando por su libertad recién obtenida. Los dueños de la casa entraron al cuarto donde estaba todo sucediendo: sorprendidos más que atemorizados, se quedaron juntos en la puerta, pasmados ante lo que observaban. Luego se escuchó el lejano grito de una niña, más fuerte que la vez anterior. Extasiadas por la diversión, las cosas perdieron el control y llevaron la situación demasiado lejos. El cofre, empleando el máximo de agilidad que Gaimei le había otorgado, rebotó de una pared a la otra con violencia, y la pluma, quemando su punta con la llama de la vela, marcó las paredes con llamas mágicas de color azul que no se esparcían. Sin embargo, un momento después sucedió el desastre. Enceguecido, el baúl regresó y derribó la vela junto al papel y el mapa, que cayeron fuertemente contra el suelo. -¡Me quemo! ¡Me quemo! La vela se había dividido en dos trozos, y su cabeza encendido al papel. Era imposible salvarlo: por más que se sacudía y rodaba, no tardó en convertirse en una esfera de llamas que comenzó a expandirse irreversiblemente en la madera. Pronto el fuego se apoderó de las paredes y los almohadones desparramados. La pareja gritó con desesperación, huyendo hacia el interior del hogar; el cofre, la pluma y el mapa lloraban desconsoladamente por su amigo. Mientras tanto, Gaimei no sabía que hacer. Se quedó inmóvil, junto a la puerta corrediza, mirando al rojo corazón de las llamas. Él había causado eso. Él. Vio en el perfil luminoso que las llamas dibujaban tras la tela de las puertas como las sombras de los padres traían a una más pequeña –la hija- y salían de la casa con desesperación. Ya deprimidos, el cofre, la pluma y el mapa desistieron de moverse y se quedaron quietos, dejando que el fuego indoblegable los devorase para siempre. Tenía que escapar, antes de que le sucediera lo mismo. Sin embargo, cuando se dispuso a hacerlo, escuchó una voz a lo lejos que llamaba: -¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Mika! ¡Ayúdame! Venía desde la otra esquina de la casa. El Tsukuno, aun arrepentido, se arrojó sobre las llamas y atravesó rápidamente al hogar destruido por su propia sed de diversión. Cruzó con su cuerpo la tela de la última puerta, y en la pequeña habitación encontró a la muñeca que imploraba su ayuda. Estaba encendiéndose. Él la tomó entre sus manos y con un fuerte movimiento logró apagarla; luego de eso salió del hogar, pasando a través del jardín y accediendo a la calle. Un camión de bomberos llegó chirriando y rápidamente ingresó a la casa desde el portón. Algunos vecinos estaban levantados, abrazando a los padres y a la niña que estaban perdiéndolo todo. Porque el saldo fue aquel. Tras varias horas de combatir el fuego, no quedaba nada de la hermosa casa más que un esqueleto calcinado sin nada de la belleza que antes llevaba consigo. Y Gaimei, al verlo, se decidió a remendar hasta donde pudiera el error que había cometido en esa madrugada de invierno. |
| #202 @ 03:24 20/09/2008 | |
| ^^ALI^^
Nivel: Kage |
Wazup people~! xD
Bueno, me paso de nuevo y les voy a dejar un textito que escribí hace unos meses y que nunca había acabado y que hace unos días terminé ^^, este no es prosa poética como el anterior ni tiene romance de por medio…xD así que si querer leerlo, adelante ^^
Ajam, antes algunas opinioncitas
Azares |
| #203 @ 02:31 29/10/2008 | |
| Akamaru-kun
Nivel: Kage |
Bueno, resucito esto con una pequeña improvisación (vamos como si yo escribiera algo que no haya improvisado xD)
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| #204 @ 21:01 30/10/2008 | |
| LaParcaDeNS
Nivel: Akatsuki |
Bueno, soy algo aficionado a la escritura, aunque llevo muchisimos meses sin escribir nada casi medio año, asi que me servira mucho postear aqui para desoxidar mi mente en el campo de la literatura, espero sus consejos, aunque como os paseis hecho mano al asunto XD.
Intentare ponerme al dia con los textos de mas arriba, pero de momento me leo la poesia de akamaru que es cortita #203 No esta nada mal, lastima que no respetes la metrica, esta muy bien ^^ Bueno aqui va algo que acabo de hacer: Divina muerte -Y al final los pecados pagara...- Se escuchaba la débil voz de una niña, entonando una melodía... -...y los hombres muertos se verán- La niña, se podía observar que tenia manchas por todo el cuerpo de sangre, sin embargo no era suya, estaba sumida en su pensamiento, en medio de un gran charco rojizo que se cada vez más por la blanca y amplia habitación, la sangre todavía conservaba la calidez de la vida, y los cuerpos inertes de alrededor contribuían al crecimiento del charco. La habitación estaba oscura, la alta clase del lugar se expresaba en los grandes cuadros con marcos de oro y una impresionante araña de dimensiones exageradas colgada en el techo del centro de la habitación, costaba vislumbrar el final de la habitación por culpa de la escasez de luz y el amplio espacio que abarcaba. Un terrible frío de una típica noche de invierno entraba por la ventana abierta. Desde dentro de la habitación se podía apreciar el ruido de personas caminando agitadas, desesperadas, corrían lo mas sigilosamente posible, pero su escándalo era notable. La niña quien no se inmutaba y residía todavía en el centro de la habitación imaginaba con gran detalle el exterior de la sala gracias a los ruidos. -Ya vienen...- decía la pequeña niña con una tierna voz. El silencio se creó, pero pronto seria roto por la apertura de las puertas principales de una manera brusca, los policías y demás cuerpos de seguridad apuntaban con sus armas que iluminaban toda la sala. Confusos y aterrados por el tétrico entorno entraron, ignorando la hipótesis de la culpabilidad de la niña. -¿Donde están las personas malas?- Preguntaba un inocente agente que se acercaba guardando su única posibilidad de defensa, su arma. Los agentes comenzaron a entrar en docenas a la habitación. -Aquí estoy- Dijo la niña causando una cara de confusión en los agentes cercanos a ella. La frase terminó con la cabeza del agente atravesada por una de las bolas de cristal de la araña. La atención de todos los agentes fue captada en el centro de la habitación y pronto una lluvia de bolas de cristal hacia de el majestuoso lugar una carnicería humana, aun el fuerte ataque de la niña las fuerzas de la autoridad rebasaban en numero las capacidades de esta, hasta que los primeros impactos de bala le hicieron parar, ya había llegado su momento, orgullosa de sus acciones y satisfecha de su corta pero intensa vida, acepto la vida, aceptando por consecuente la muerte, dejando así tras ella un mundo de irracionalidades, sufrimiento y esclavitud. |
| #205 @ 14:56 31/10/2008 | |
| Akamaru-kun
Nivel: Kage |
#204 La verdad es que nunca le presto atención a la métrica, suelo escribir los poemas con música, y utilizo la música para marcarme el ritmo, en el caso de ese poema la verdad es que no me salió demasiado bien, pero sobretodo quería resucitar este tema que me da rabia que siendo uno de los más interesantes para mi gusto acabe en la segunda o tercera página.
En cuanto a lo que has escrito está bastante bien, es original y lúgubre, pero como "fallo" le encuentro en que la narración en tercera persona te aleja un poco de la escena quitandole un poco el ambiente, quizás una descripción desde la perspectiva de un policía por ejemplo o desde la misma chica hubiera hecho que fuera mucho más absorbente, pero aún así pongo entre comillas lo de fallo porque es una percepción personal y no algo objetivo. Bueno vamos a ver si escribo alguna cosilla: |
| #206 @ 05:58 01/11/2008 | |
| hina-kyaz
Nivel: Chuunin |
psss
no soy muy fanatica a la escritura, pero si me gusta escribir cuando no ando estresada. bueno aqui escribo algo ke un buen amigo una vez me dijo ase muxxo. yo soy un espejo sere tu,pero muy diferente sere igual a ti pero solo fisicamente mis sentimientos son duros como una roca mi corazon tendra la misma apariencia pero sera bien solitario solo existira oscuridad en mis deseos tu seras muy dulce yo sere muy amargo tu tendras sueños iluminados yo tendre sueños oscuresidos no me podras hacer daño yo siento lo que tu sientes me pasa lo que a ti te pasa tendre que acostumbrarme a sonreir con falsedad yo solo quiero llorar no soy mas que un reflejo que miente sus sentimientos no puedo expresar mis verdaderas emociones no puedes ver mi corazon el mio es muy diferente el mio tiene espinas por dentro el mio no ama solo odia desearia ser tu realmente tu desearia ser alguien no simplemete un reflejo seria feliz pero para mi es imposible pensar en callado todo lo que digo lo grito con odio y despresio no soy nada mas que un reflejo que miente. |
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