naruto
21:21 14/02/2008
aurori

41693

Usuari@
Akatsuki
Título: Pequeñeces

Categoría: General

Recomendado: Según el drabble. La mayoría serían +13.

Serie basada: Naruto

Personajes principales: Varios

Estado: En proceso

Nº Capítulos: Dieciséis publicados

Sumario:

Lo bueno si es breve, dos veces bueno. La gente suele decir eso... Y a veces es cierto. Una colección de drabbles, en la que los sentimientos más sinceros de los personajes salen a la luz.

Primer Capítulo: Una habitación, soledad y muchos recuerdos. Quizá Sasuke Uchiha no sea tan frío como él mismo pensaba…

Segundo Capítulo: Se mira al espejo, y únicamente contempla el reflejo de algo que no quiere ser. ¿De verdad es tan importante "el envoltorio"?

Tercer Capítulo: ¿Qué ocurre cuando te das cuenta de que ha crecido…? Sakura lo experimenta en sus propias carnes.

Cuarto Capítulo: Cumplir órdenes está bien, pero experimentar es mucho más divertido.

Quinto Capítulo: Cuando su más dulce sueño se convierte en pesadilla nota cómo la realidad le despierta sin piedad alguna.

Sexto Capítulo: Los niños no son malos. Pero eso es algo que algunos adultos no logran comprender.

Séptimo Capítulo: Los domingos están hechos únicamente para dormir. O al menos es lo que Shikamaru piensa.

Octavo Capítulo: El típico "mal de amores" azota a Karin. Efectivamente, ha vuelto a ser rechazada.

Noveno Capítulo: A veces las preguntas sobran. Aquel día Naruto aprendió la lección.

Décimo Capítulo: La confianza es importante. Y aunque ella no lo crea resulta fácil de conseguir.

Undécimo Capítulo: Por primera vez Juugo consiguió controlarse, y también por vez primera se sintió orgulloso de sí mismo.

Duodécimo Capítulo: La admiración es un sentimiento realmente maravilloso. Y más si va dirigida hacia ti…

Decimotercer Capítulo: La esperanza es lo último que se debe perder…

Decimocuarto Capítulo: Nació sabiendo cómo quería ser, pero parecía ser que al resto de la gente esto no le agradaba demasiado. Pero a ella le daba igual; nadie ni nada la podría cambiar.

Decimoquinto Capítulo: Y acabó ahogándose en sus penas… / A veces, con sinceridad, se pueden conseguir muchas cosas.

Decimosexto Capítulo: No puede seguir refugiándose en silencios. Su verdadero yo necesita hacerle una pequeña visita a su vida / Ella desiste. Él no se cansa. Nunca.


Comentarios de la autora:
¡Hola! Esta vez vengo con una colección de drabbles (relatos que originariamente ocupaban un espacio de 100 palabras, pero se puede denominar drabble a un Fan Fiction que oscile entre las 500, para quien no lo sepa). Debo aclarar que no tienen nada que ver unos con otros. Son textos independientes que pueden abordar temas desde el drama hasta la comedia. Hay de todo. Y con los personajes pasa algo parecido. Así que espero que os gusten.


Listado de capítulos:



Primer Capítulo

"Desearía que estuvieseis aquí"

[spoiler]Miraba con desinterés los elegantes movimientos de las serpientes. Estaba sentado en un rincón, encogido, para resguardarse del frío. Pero el viento gélido de madrugada no le afectada demasiado, ya estaba acostumbrado a aquel desapacible ambiente.

Ahora esos reptiles eran sus compañeros de habitación, y la soledad, su mejor amiga. Y cómo olvidar al odio, su fiel aliado.

Con un agudo chirrido la puerta de la celda se abrió. Un rayo de luz cegó a Sasuke, que estaba ya habituado a vivir en la penumbra. Frunciendo el ceño pudo distinguir la figura de Kabuto, que seguramente traería agua y un poco de incomible pan duro. Así era.

Dejó el cuenco en el suelo, y con una sonrisa maliciosa observó por encima del hombro al muchacho, que apartaba la mirada.

- ¿Verdad que estás a gusto, Sasuke-kun?-preguntó satíricamente- Quién diría que ya hace un año que estás con nosotros…-continuó, mientras se jactaba del estado del chico.

De repente Sasuke desenvainó su espada, y la pasó lentamente por el cuello del hombre, provocando un pequeño corte, que derramó un par de gotas de sangre. Éste se marchó, dejándole de nuevo solo.

Odiaba que le llamase así. Le traía demasiados recuerdos. Recuerdos de su gente, de aquellas dos personas a las que consideraba "amigos". Agarró uno de los mendrugos de pan, y dejándose llevar por la rabia lo tiró violentamente contra una de las paredes de frío hormigón.

Se mordió el labio inferior con fuerza, hasta el punto de dejarlo entumecido. Pero sin embargo el dolor físico no era comparable con el psicológico. Se sentía fatigado, triste. Emociones que no había dejado salir a la luz en muchísimo tiempo, y que intentaba guardarse para sí mismo. Pero sus esfuerzos eran realizados en vano.

Se tumbó en el suelo, permitiendo que las serpientes subieran lenta y sinuosamente por sus brazos. En aquel instante sólo deseó una cosa. Que "ellos" estuvieran allí. Por fin pudo entender lo que la gente conocía como nostalgia.


Segundo Capítulo

"Frívola"

Observó su figura por enésima vez en el espejo, como solía hacer todas las mañanas. Sus cerúleos ojos brillaban débilmente, reflejando los tenues rayos de luz que se filtraban por las cortinas de raso que cubrían las ventanas de la habitación. Peinó insistentemente su larga y sedosa melena.

Cualquiera persona que la viese seguramente la confundiría con la más hermosa princesa de cuentos, pero sin embargo ella no se apreciaba de tal forma. Simplemente distinguió el reflejo de algo que no quería ser.

Contempló con desdén un pequeño tirabuzón que se había alojado sin pedir permiso alguno en su suave flequillo. Lo cepilló una y otra vez, intentando alisarlo a toda costa, pero no logró conseguir. En absoluto.

Seguía allí. Un molesto bucle que "estropeaba" la estética de su impecable peinado. Bufó cansada y se echó en su cama, cayendo de bruces.

Giró con desgana la cabeza. Lo único que sus azulabas orbes alcanzaron ver fueron una pila de vestidos, ordenados a la perfección. Uno para cada día de la semana.

Un fugaz pensamiento azotó su mente, crispándola y preocupándola aún más, pero de un modo totalmente distinto. ¿Acaso no era más que una "cara bonita"? ¿Una persona a la que la sociedad apreciaba solamente por tener una buena figura? Quizá la mayoría le "valorase" sólo de forma superficial. De la misma forma que había vivido ella sus recién cumplidos dieciséis años.

Se mordió el labio inferior con fuerza y con un movimiento rápido tiró la montaña de ropa que había sobre el colchón al suelo.

Levantó rápidamente, mientras desordenaba y recogía sus largos cabellos en una coleta mal hecha. Ya todo le daba igual; no le importaban ni el estado de su peinado y menos aún el de sus vestimentas.

Y para su sorpresa estaba totalmente diferente. Ya no daba esa sensación de persona presumida y frívola. Únicamente era una sencilla muchacha de pelo rubio y brillantes ojos azules. Una chica alegre, simpática.

Sonrió con inmensa alegría. Por fin había conseguido ver lo que desde hace tanto tiempo deseaba. Una mujer. Y no un superficial maniquí. Así era Ino Yamanaka.


Tercer Capítulo

"De príncipes y princesas"

Embaló la última caja. Por fin había terminado la ardua tarea en la que llevaba inmersa más de tres horas. Todos los trastos inservibles o simplemente antiguos iban a ser tirados a la basura.

Lo único que quedaba sin guardar era un pequeño libro. Lo sostenía con ambas manos, echándole un superficial vistazo.

Sonrió levemente al cerciorarse de que eran aquellos cuentos que solían ser recitados por la armoniosa voz de su madre antes de que la pequeña Sakura cayera rendida ante los brazos de Morfeo.

Lo abrió, releyendo por encima las aventuras sufridas por hermosas princesas, que tan emocionantes y bellas le resultaban cuando era una niña de no más de siete años.

Tras acabarlo lo dejó encima de una de las mesillas de noche, un tanto indignada. Todas las historias le resultaban iguales. Las protagonistas eran chicas bellas, pero tan extremadamente estereotipadas le provocaban a la joven ganas de vomitar.

Unas caían en un largísimo sueño, otras tantas yacían envenenadas… Textos aparentemente variados, pero con un común denominador: El príncipe.

Aquel apuesto, valiente e inteligente hombre que siempre acababa siendo feliz con ellas. Un sentimiento de lo más subjetivo, basado en una vida predefinida; tan predecible…

La muchacha, para su disgusto, se sintió como una de esas princesas… Al fin y al cabo, ¿no estaba actuando igual? Esperaba a que su príncipe azul volviese, pero sin embargo no hacía nada para reencontrarse con él.

Pensó mucho tiempo sobre el asunto. Y únicamente consiguió llegar a una conclusión. Una breve y concisa conclusión.

Nunca más volvería a ser como ellas. Esta vez Sakura Haruno no se quejaría, y menos aún se lamentaría. Simplemente se esforzaría para llegar al lugar en el que el maligno dragón tenía secuestrada a su "princesa". Porque ella era ahora el príncipe. Y nada cambiaría esa decisión.


Cuarto Capítulo

"Armonía"


Caminaba en círculos por la sala, con expresión impaciente. Le miró por enésima vez. Llevaba días sin hablar, embebido en la fabricación de la marioneta a la que decidió llamar su "obra maestra".

De repente pudo ver cómo Sasori giraba la figura. Era hermosa, debía reconocerlo. No levantaría más de un metro del suelo y en su fino rostro destacaban unas sonrosadas mejillas, dignas de una niña de carne y hueso. Pero sin embargo tras esa apariencia dulce la muñeca ocultaba un tenebroso halo de misterio y maldad.

Siguió observando al pelirrojo. Sin reparo alguno le arrancó la cabeza a la marioneta. La pieza cayó a los pies de Deidara, que la cogió cuidadosamente y examinó con más atención.

Comparó la testa que estaba sujetando con la del pelirrojo. En cierto modo se parecían tanto… Esa falta de expresión en el rostro, aquella gran frialdad. El otro Akatsuki no lograba comprender aquel "arte". Le era imposible emocionarse con figuras que tan carentes de sentimientos estaban.

Después de todo… ¿El arte no era una manera de poder mostrar sentimientos?.

Sasori cogió un trozo de madera, y con tranquilidad lo empezó a lijar. Otra vez volvió a adoptar esa "extraña" postura, la que ponía siempre que empezaba a crear. Una expresión resultante de la mezcla de una inmensa calma y una pizca de alegría. El único momento del día en el que veía a su mentor medianamente feliz.

Se acercó sigilosamente, intentando no llamar demasiado la atención, cosa que resultó imposible, ya que éste se percató de que estaba siendo observado.

– ¿Puedo? – musitó discretamente, alzando la mano, dispuesta a palpar el producto de su inspiración.

– ¿Tienes intención de llenarla de arcilla? – preguntó con un tono de voz de lo más seco. Deidara negó con la cabeza –. Ten cuidado.

La rozó con extrema delicadeza, ya que tenía una apariencia tan frágil que parecía que de un momento a otro estuviese dispuesta a romperse.

A pesar de su delicado aspecto era de tacto hosco. El simple traje con el que ocultaba un completo armamento era de paja. Resultaba evidente que esta vez Sasori se había esforzado.

Acto seguido éste se levantó, tirando al suelo las múltiples herramientas con las que había estado trabajando hasta hace escasos instantes.

– ¿Qué haces? –curioseó el rubio.

– ¿Has venido porque teníamos una misión, verdad? – inquirió con brusquedad mientras avanzaba, buscando la salida –. Vamos.

Bajó la vista, comprobando que aún tenía aquella pieza entre manos. Su rostro adquirió un mohín travieso. Tenía una idea. Una excelente idea.

– Un segundo – rogó, embebido en sus pensamientos.

– Llegamos tarde – contestó cortante, mientras atusaba su capa y seguía caminando.

– Vete, ahora te alcanzo. Será breve – aseguró, mirándole con ojos de cordero degollado.

Quedó solo. Notó como sus manos estaban perfectamente sincronizadas con su cerebro: habían empezado a trabajar.

Dejó lo que quedaba de muñeca en el suelo, mientras a la vez tiraba una figura de arcilla a su lado.

– ¡Espéreme, Sasori-danna! –gritó, saliendo de la habitación a toda velocidad, hasta encontrarse con él.

Caminaron lentamente, en total silencio. De repente se oyó a lo lejos un fuerte estallido, que alertó a los dos criminales.

El marionetista se giró, mirando con el ceño fruncido a su alumno. Éste se dedicó únicamente a dirigir la vista hacia otro lado, con gesto pícaro.

– ¿Cuántas veces te he dicho que está prohibido jugar con explosivos en mi lugar de trabajo? – musitó, en voz baja pero a la vez firme.

Le había pillado, como siempre acababa haciendo. El joven simplemente sonrió, avieso. Sabía que le caería una buena bronca, pero le importaba un bledo.

Merecía la pena sufrir una descomunal riña, a cambio del placer que le había causado ser el artífice de una sublime obra de arte. El equilibrio entre lo "eterno" y lo "efímero".

La perfección…


Quinto Capítulo

"No mires"

Todo era perfecto. No sabía donde estaba, ni tampoco se podía explicar la razón por la que se encontraba allí. Lo único de lo que estaba seguro es que aquel lugar le gustaba.

Vestía completamente de blanco; se sentía como nunca. Una sensación de lo más dulce invadía todo su cuerpo, obligándole casi a esbozar una gran sonrisa.

Una tenue y fresca brisa mecía sus cabellos dorados. Aunque estuviese solo y no conociese su ubicación se encontraba tranquilo, relajado.

Anduvo durante horas, hasta que encontró un pequeño estanque que le llamó la atención. Era consciente de que aquel elemento no pintada nada allí, pero sin embargo se sentó en la orilla, contemplando la belleza de sus cristalinas aguas.

Aún sin apartar la mirada cogió una pequeña piedra y delicadamente la tiró contra la superficie del lago, haciendo que ésta rebotase un par de veces, provocando que su propio reflejo se volviese borroso hasta casi desaparecer.

De repente notó cómo la sombra de su propio empezaba a cambiar de forma. El brillo azulado de sus ojos se tornó oscuro, a la par que su pelo rubio comenzaba a ennegrecerse.

Pasados unos cortos instantes logró definir la identidad de esa silueta, que ahora era de lo más nítida. Allí estaba él. Aquella persona a la que había echado de menos durante incalculables días y lentas noches.

Pausadamente observó como una a una las gotas de agua se separaban del lago, hasta formar un cuerpo completamente real.

– ¿Eres tú? – preguntó temblorosamente. Aún no creía que pudiese estar a su lado.

– ¿Quién iba a ser sino, idiota? – contestó con marcada ironía, mientras le dedicaba a su amigo una de sus ya conocidas miradas cargadas de prepotencia.

Acto seguido, y como si todo lo que había ocurrido hace escasos minutos fuera lo más normal del mundo, se sentó a su lado, a disfrutar del paisaje.

Cruzaron varias miradas, de soslayo, hasta que Naruto se atrevió a hablar.

– ¿Por qué te fuiste? ¿Acaso no sabes que te echamos de menos? Eres un maldito egoísta… – murmuró en un susurro casi inaudible, con la cabeza gacha.

– Era mi obligación. Es obvio que para cumplir una meta hay que hacer sacrificios –respondió con total frialdad, cosa que no sentó demasiado bien a su compañero.

–¿Sacrificios? ¡Sé realista! ¡No puedes dejar así como así a tu gente, a tus amigos, e irte con la excusa de que es un "sacrificio"! – gritó enfadado. Estaba nervioso, y eso hacía que hablase de forma entrecortada.

– No eres el más adecuado para hablar de "realismo"… – musitó sonriendo con sorna, a la par que señalaba con la barbilla en dirección al lago.

Las antes cristalinas aguas empezaron a volverse turbias, y un fuerte viento movía las ropas y pelo de los adolescentes. De repente una grandísima ola impactó contra la orilla, llevándose a Sasuke de la misma forma que apareció. El otro muchacho impactado se quedó mirando a su alrededor, intentando buscar una respuesta lógica a todo lo que había ocurrido, pero como era evidente no la encontró.

– ¿Sasuke? – sollozó débilmente. Le había dejado solo. Otra vez.

---

¡NO! – exclamó, mientras se levantaba de un salto. Se llevó la mano al pecho, comprobando para su sorpresa que aún seguía en su lugar.

Todo había vuelto a la normalidad. Estaba en la misma lúgubre y desangelada habitación de hospital que un par de días atrás. El agotamiento le había hecho pasar aquel mal rato, ya que llevaba casi tres noches sin dormir, únicamente observándole.

Le miró condescendientemente. Estaba lleno de cables y tubos, y no respiraba por sí mismo. Aunque por su culpa había sufrido muchísimo y su ausencia le había causado incalculable tristeza seguía siendo su amigo. Esos dulces y divertidos momentos vividos en su niñez no se borraban, por más que lo intentase. Quizás fuese por que él no quería que esto ocurriese…

Agarró con fuerza una de sus manos. Estaba fría.

Alzó la vista. En su rostro se distinguía una de sus habituales sonrisas prepotentes. Con suavidad apartó uno de los morenos mechones que le caían armoniosamente sobre la frente.

Tragó saliva ruidosamente, intentando hacer desaparecer el nudo conformado en su garganta, cosa que resultó imposible.

Llevaba tres días intentando contenerse, pero de repente explotó. No podía aguantar más, no soportaba la impotencia de tenerle a su lado pero no poder dirigirle palabra alguna.

Inconscientemente una a una las lágrimas acumuladas durante eternas horas empezaron a precipitarse sobre las blancas sábanas. Él siempre había sido alguien fuerte, pero es evidente que nadie es de piedra…

Apoyó la cabeza sobre su gélido regazo, y siguió llorando sin descanso.

- Por favor… No me mires…-susurró, tapando con suavidad los ojos de su amigo, que seguían cerrados. Era consciente de que no era ni observado ni oído, pero sin embargo le resultaba incómodo que él le viese en ese estado.

Naruto siempre había sido tan orgulloso… Pero no podía evitarlo. .


Sexto Capítulo

"Inocencia"

Se frotó los ojos con el dorso de la mano. Otra vez se había quedado dormido, entre libros y aburrido papeleo. A veces tener que quedarse a corregir exámenes después de horas de clase resultaba realmente tedioso.

Entre una cosa y otra se dio cuenta de que la noche estaba cercana. Con desinterés miró por la ventana de su despacho, fijando la vista en el recibidor de la escuela. Podía distinguir las siluetas de varias madres, protegiendo a sus hijos de la llovizna bajo coloridos paraguas. Unos sonreían alegremente, otros tantos conversaban de forma animada.

Con parsimonia Iruka se levantó, mientras recogía su demacrado paraguas. Bufó cansado; odiaba aquel clima.

Salió a la calle. Hacía muchísimo frío. Caminó rápidamente, dispuesto a llegar a casa cuanto antes, pero hubo algo que detuvo su paseo.

– ¡Iruka-sensei! – chilló una cantarina e infantil vocecilla. El profesor se giró, dirigiendo la vista hacia el gran roble de donde procedía aquella llamada.

El niño bajó del árbol con un grácil salto. Ya en tierra atusó sus ropas. Tenía la cara llena de rasguños y las rodillas peladas. Iruka le miró con una pizca de enfado.

– ¿Otra vez aquí? Deberías estar en casa, pronto se hará de noche. Además, este tiempo no es el indicado para estar jugando – reprendió, con gesto serio.

– No me apetece ir a casa. Además, no puedo irme, me voy a mojar – replicó, hinchando los mofletes y cruzando los brazos a la altura del pecho, cosa que arrancó una tenue sonrisa en el rostro de su mentor.

– Mañana tienes un examen, deberías estar estudiando – añadió levemente enfadado, dando un toquecito a Naruto en la espalda para que avanzase junto a él.

– Estudiar es aburrido… – se quejó el pequeño ninja, mientras se cobijaba bajo el amplio paraguas.

Iruka simplemente le ignoró y siguió caminando. El trayecto se hizo corto y en cierta manera entretenido. Debía admitir que siempre había sentido predilección por aquel niño. De repente sintió el tacto de una mano femenina tocando su espalda.

Se giró, y se encontró con una mujer de mediana edad. Pudo reconocer a la madre de uno de sus alumnos.

– Buenas tardes, señora … – dijo, intentado recordar su nombre. Pero no resultó necesario, porque fue interrumpido con pasmosa rapidez.

– ¿Cómo osa ser tan familiar con "eso"? – inquirió escandalizada, señalando despectivamente a Naruto.

– ¿Qué pasa con él? – tanteó, receloso.

– ¿No se da cuenta de que es un monstruo? Es … – miró con asco al infante, intentando buscar un calificativo que según ella lo describiese de manera correcta – malo. ¿Qué pretende tratándole bien?

– Procuro que Naruto no crezca en la soledad. Intento que ese "monstruo" se convierta en alguien con un mínimo de civismo. Y sobre todas las cosas hago esto para que en un futuro pueda ser una buena persona. No como usted – repuso de forma increíblemente cortante.

Acto seguido se reencontró con él, y le dedicó una sonrisa.

– ¿Ha dicho algo sobre mí esa señora? – curioseó inocentemente el rubio.

– Dice que como vayas así de fresco por la calle cogerás un buen resfriado. Toma – concluyó, tendiéndole su grueso y verdoso chaleco de Chuunin. El chico se lo puso, y riendo comprobó que le llegaba por las rodillas.

Iruka le devolvió el gesto y le revolvió el pelo con la mano que le quedaba libre. "¿Qué maldad podría tener un niño de ocho años?"– se preguntó a sí mismo.

Miró a los ojos al niño. Unos ojos profundos, divertidos. Inocentes. En aquella azuladas orbes encontró la respuesta a su cuestión: "Ninguna".


Séptimo Capítulo

"Cállate de una vez"


La matutina luz del Sol recaía sobre sus mejillas. Dio un par de vueltas en la cama, y se volvió a tapar con una de las suaves sábanas de algodón. A lo lejos oía como su madre regañaba a su padre por dejar a medias las típicas y a la vez molestas tareas domésticas.

Suspiró profundamente, mientras cerraba los ojos de nuevo, disfrutando aún más del placer que le brindaba su queridísima cama.

Pero de repente hubo algo que truncó su calma. Un sutil ruido, que iba intensificando su volumen progresivamente. Agudos e irritantes pitidos, procedentes del archienemigo del joven Shikamaru: su despertador.

Aquel cruel trasto que sacaba a las personas de sus sueños y las obligaba a volver al "mundo real" en contra de sus voluntades.

Se tapó los oídos con un par de cojines, mas no fue suficiente. Seguía escuchándolo. Sacó una mano del lío de mantas en el que se refugiaba y lo buscó a tientas.

Palpando su mesilla de noche tiró casi todo lo que había encima. Pero finalmente consiguió cogerlo. Lo levantó un poco, y con el ceño fruncido le echó un rápido vistazo. Una cansada sonrisa se dibujó en sus labios, casi por arte de magia.

Agarró fuertemente el aparato, y con ímpetu lo tiró contra la puerta de la habitación. Se pudo apreciar un fuerte estruendo, aunque esta vez no le molestó, sino todo lo contrario. Se sintió orgulloso de su acción; para él lo más lógico que había hecho en muchísimo tiempo.

Sin embargo ese orgullo no duró demasiado, ya que fue eclipsado por la desgana producida por aquella soleada mañana dominical.

Shikamaru quedó dormido por segunda vez, sumergiéndose en sus plácidos sueños.

Sueños en los que el mundo estaba libre de preocupaciones y repleto de esponjosas e inmaculadas nubes que poder observar.


Octavo Capítulo

"Negativas"

Atusó su larga cabellera cobriza, mientras se quitaba las gafas, dejando al descubierto unos ojos grandes y oscuros.

Echó un vistazo rápido a su figura, cerciorándose de que su estado era impecable. No podría resistir otro rechazo; no lo soportaría. En cualquier caso, estaba segura de que era uno de esos días en los que nada podía salir mal. Se equivocaba.

Avanzó con paso insinuante hasta el lugar en el que él se encontraba. Se sentó a su lado, esperando a reunir la determinación suficiente para cumplir punto por punto su "genial" estrategia. Pero el muchacho de gélido rostro no pareció percatarse de su presencia. O mejor dicho, no quiso darse cuenta de que ella estaba allí.

Karin tímidamente acercó su cuerpo al del chico, acortando las distancias. Podía escuchar su calmada y rítmica respiración; le gustaba esa agradable sensación.

Acercó lentamente sus labios hasta el pálido y aparentemente inaccesible cuello de su "superior". Éste le observó por primera vez en todo el día. Pero lo único que recibió la chica fue una mirada desdeñosa por su parte.

Sasuke-kun… – musitó con voz pomposa, a la vez que sus manos descendían pausadamente, hasta alcanzar el trabajado pecho de su compañero – ¿Tú … –hizo una pausa en la que tragó saliva – … me quieres?

No – contestó con total naturalidad, apartándose de su lado sin mostrar ni una pizca de compasión. Pero después de todo… ¿qué humanidad se podría esperar del frío Sasuke?

Avanzó tras el chico, sin darse cuenta de que delante de sus narices estaba Suigetsu, afilando su espada. Chocó estrepitosamente contra su otro "compañero" de equipo, haciendo que los dos se precipitasen de forma brusca al suelo.

– ¡Eh! Ten más cuidado, cegata – exclamó divertido; dándole un pequeño golpe en la nuca a Karin, mientras se erguía de nuevo con facilidad. Sin embargo ella se quedó quieta, rompiendo a llorar de imprevisto.

Su mayor temor se había hecho realidad. Le había rechazado, tirado sus sentimientos a la basura, como si se tratasen de vulgares despojos. En ese preciso instante se sintió como la persona más inútil que poblaba la faz de la Tierra.

– Oye… Que tampoco es para tanto… – musitó con un tono de voz fruto de la mezcla de sorna y una pizca de preocupación; un comportamiento de lo más impropio en él. Le ayudó a levantarse, pero la pelirroja evitó que este pudiese tocarla – ¿Tan fuerte te he dado?

Duele… – susurró de forma casi inaudible. Apoyó su despejada frente en el frío suelo, sin esforzarse por ocultar sus sollozos. Suigetsu se encogió de hombros, y al ver que era ignorado se marchó, dejándole sola, tirada en el suelo como a una simple mendiga.

Y así pasó horas y horas, hasta que sus ojos se quedaron secos y sus piernas entumecidas. Sin embargo las heridas físicas no le afectaban. Las que más le torturaban eran las emocionales, como suele ser común. A veces es mucho más fácil sanar una pierna rota que un corazón magullado...


Noveno Capítulo


"La curiosidad mató al gato"

Estaba seguro de que aunque delante de sus narices estallara una bomba de destrucción masiva Sai no soltaría ese extraño libro.

Naruto no lo admitiría nunca, pero lo cierto era que aquel objeto le causaba una casi enfermiza curiosidad. Definitivamente era distinto a los aburridos textos de psicología que su compañero de equipo solía "devorar".

Las páginas parecían gruesas, de un llamativo color rojo sangre. Las pequeñas letras impresas en tinta blanca resultaban imposibles de descifrar desde la gran distancia que les separaba, hecho que molestaba de sobremanera al muchacho.

Sacudió la cabeza, intentando dejar a un lado la intriga que le reconcomía por dentro. Se levantó, dispuesto a recoger la multitud de armas que permanecían clavadas en los árboles, signo del duro entrenamiento al que se habían sometido los jóvenes ninjas durante la mayor parte del día.

Una vez que todo estuvo en orden metió sus cosas en una pequeña mochila, listo para marcharse. Estaba anocheciendo, y a Naruto le incomodaba quedarse solo en el corazón del bosque a tan altas horas.

Cuando pasó por su lado fingió que se le caía un shuriken. Tenía una imperiosa necesidad de saciar sus ansias de saber. Como había supuesto se agachó a recogerlo, y en aquel instante, con poco disimulo el rubio se aventuró a leer el texto.

Pero como el chico no nació para ser actor Sai pudo adivinar fácilmente sus intenciones.

– Yamato dice que no está bien fisgar en las cosas de los demás – intervino en tono alegre, tendiéndole el arma.

– ¡No estaba fisgando! – mintió mientras intentaba arrebatarle el volumen, tarea que no fue posible debido a que Sai era bastante más alto y dejaba el escrito fuera de su alcance.

Naruto dio un pequeño salto, que de nada sirvió. Miró de soslayo al otro, que sonreía triunfal, revolviendo sus trigueños cabellos con sorna.

– ¡Quítat … – reprendió, mas no pudo acabar la frase. Los finos labios de su amigo rozaron con sutileza los suyos. Notaba cómo hacía le hacía presión en hombros, impidiéndole escapar.

Poco a poco profundizaba en el beso, de forma casi instintiva. Con pasión se apoderó de la boca del muchacho, que atónito no sabía como responder a aquella inesperada reacción.

Con los ojos abiertos como platos empujó a Sai, apartándole de su lado. Se llevó una mano al pecho, aún nervioso. Su corazón parecía dispuesto a salirse de un momento a otro.

– ¡¿Pero qué coño has hecho?! – preguntó alterado, y con la cara tan roja que podría pasar con facilidad por un tomate.

– Besarte… Como dice el libro – contestó inocentemente. El otro chaval estaba estupefacto.

– ¿Y porqué no "practicaste" con Sakura?

– Porque aquí pone que a algunas mujeres les puede molestar esa actitud. Y estoy seguro de que si se lo hubiese hecho a ella me pegaría – respondió, pasándole por fin el libro a Naruto – . Te puede interesar. Hasta luego – dijo a la vez que recogía sus cosas y se iba tranquilamente, silbando una alegre melodía.

– "El manual del perfecto caballero" – leyó en voz alta, sentándose a los pies de un árbol cercano.

Una marca en la guía le llamó la atención. Pasó con rapidez multitud de páginas, hasta llegar a una parte dedicada exclusivamente al "arte de besar".

En la última hoja había un párrafo subrayado en color negro.

"La clave para dar un buen beso es la práctica" – recitó, arqueando las cejas. No entendía nada.

Quizás Sai fuese un tipo raro, pero Naruto era una de esas personas que no captan las indirectas a la primera… Ni a la segunda.


Décimo Capítulo

"Tutéame"


Se dejó caer sobre el húmedo césped que rodeaba a la mansión Hyuga. Sin ofrecer resistencia a que las mojadas briznas de hierba acariciasen sus angulosas facciones emitió un cansado suspiro.

Llevándose una mano al pecho notó su acelerado pulso. El corazón le latía frenéticamente, como si deseara salírsele por la boca. Es más, estaba tan sofocado que ni tan siquiera se percataba de lo frío y desapacible que era el ambiente que se respiraba por allí.

Cerró los ojos. Lo cierto es que aquella sensación resultaba, al menos en parte, gratificante. Su respiración fue calmándose poco a poco, y empezó a percibir cómo se le estaba congelando la espalda. Si no quería coger un buen resfriado sería mejor levantarse, y así hizo.

Arrastrando los pies llegó hasta el tablado en el que solía sentarse a contemplar el paisaje, descansar o simplemente matar el tiempo. De repente comenzó a llover, pero no importaba ya que el chico estaba bajo techo.

Un suave murmullo interrumpió su relajación; una débil y aterciopelada voz que el muchacho conocía de sobra.

– ¿Quie - quiere un…té? – susurró de forma casi inaudible, con las mejillas sonrosadas y la cabeza gacha.

Su primo asintió débilmente, y le arrebató la taza de las manos. La joven se sentó a su lado, mirando cómo las gotas de lluvia encharcaban el césped; provocando un agradable olor a tierra mojada.

Los dos adolescentes quedaron en silencio. Aquel mutismo suscitaba enorme nerviosismo en Hinata, mientras que a Neji le complacía la ausencia de ruido; nunca había sido una persona de muchas palabras.

– ¿Cómo le fue el entrenamiento, Neji-san? – titubeó en un vago intento de romper la tensión imperante.

El heredero del Bouke frunció el ceño ante esa cuestión. Observó a la muchacha. Estaba encogida en un rincón, con gesto temeroso. Era evidente que no confiaba en él ni una pizca.

– ¿Desde cuando nos conocemos? – preguntó de imprevisto, más serio que de costumbre.

– Creo… creo que desde hace doce años – respondió, cohibida.

– Bien… Entonces tutéame. No me gustan demasiado las formalidades – contestó con total frialdad.

En el rostro de la adolescente se dibujó automáticamente un mohín alegre. Para ella Neji siempre había sido una figura de autoridad; un ejemplo a seguir. Le veía tan serio, tan imperturbable que se sentía incómoda a su lado. Tenía miedo, en cierto modo, a no estar a su altura.

Pero a partir de ese preciso instante las cosas dieron un giro de trescientos sesenta grados. Todos los temores, todas las inseguridades se disiparon con pasmosa rapidez. Por primera vez en su vida Hinata encontró satisfactoria la compañía de su primo.

– De acuerdo, Neji – dijo tímidamente, tendiéndole una toalla con la que limpiar su rostro, ahora repleto de sudor.

Sin embargo el chico no usó la toalla para secarse la cara, sino para ocultar una casi imperceptible sonrisa.

Aquel día el Jounin descubrió que su nombre sonaba realmente melódico cuando era pronunciado por la voz de su prima.


Undécimo Capítulo

"Bermellón"

Cadáveres. Eso era lo único que podían distinguir sus perturbados ojos.

Innumerables cuerpos yacían sin vida en el suelo. ¿Qué había pasado?

En sus enormes manos encontró la respuesta. Las miró, asustado de confirmar sus macabras suposiciones. Un fluido carmesí se extendía por sus dedos, tiñéndolos de rojo.

No cabía duda. Los había matado. Había acabado con la vida de aquellos ninjas. Y lo peor es que no recordaba nada. Absolutamente nada.

El chico se extrañó. Después de todo él no era más que un muchacho tranquilo, pacífico… Nunca se atrevería a asesinar a quince hombres; no era un asesino… ¿O quizá sí?

A lo mejor la gente, con sus despectivos murmullos, tenía razón. Era un monstruo; una alimaña que debía vivir alejada del resto de personas "normales".

Juugo nunca podría ser uno más; lo tenía asumido. El paso de los años hizo que el muchacho aprendiese esa lección. No estaba hecho para convivir con la gente. Aquel fatídico día averiguó la razón por la que debía mantenerse alejado de cualquier contacto humano.

Se tumbó en el frío suelo y apartó la mirada. No quería ver aquel estropicio; no deseaba seguir observando la multitud de cuerpos sin vida.

Empezaba a tener recuerdos difusos de lo ocurrido hace escasos instantes. Sangre, gritos desesperados. Los ninjas hacían vagos intentos por subsistir, pero de poco servía. Aquel joven de más de dos metros daba fin a sus existencias, sin reparar en si lo que estaba haciendo era ético o no.

Notó cómo su maldición personal se le extendía rápidamente por la piel, hasta dejarla oscura. Aquellas marcas a las que tantísimo temía se apoderaban de él por enésima vez. Y lo peor de todo era que aunque se esforzase por evitarlo no podía hacer nada.

¡Para ya! – gritó con desesperación. Por más que intentase disuadirlo, el remordimiento aparecía repentinamente, poblando hasta el más recóndito rincón de su alma. Cada vez estaba más y más asustado. Asustado de lo que podría llegar a hacer si perdía la razón –. ¡Para de una puta vez!

Alzó la vista. En el diminuto ventanuco de su celda un pequeño pájaro entonaba alegres melodías, hecho que de sobremanera irritaba al muchacho. La cabeza le latía, y tenía que apretar los dientes con fuerza para no lanzarse a matar al animal.

El ave voló lentamente hasta posarse en uno de los puños de Juugo. Estaba temblando, tanto que casi le castañeaban los dientes. La expresión de su rostro pasó de ser temerosa al más vivo retrato de la demencia.

Interiormente el chico estaba debatiéndose entre dos opciones. La primera, y la más fácil de las dos, era dejarse llevar por el instinto. La segunda consistía en luchar contra sus potentes impulsos asesinos.

Se mordió el labio inferior con fuerza y cerró los ojos, haciendo un sobrehumano esfuerzo por no aplastar al ave.

Poco a poco elevó ambos párpados, amedrentado por ver el desastre que seguramente habría causado. Sin embargo dio con algo totalmente distinto a lo que se esperaba.

El gorrión seguía ahí, con sus pequeños ojos negros brillando intensamente. No se lo podía creer. Por vez primera el lado lógico había vencido al irracional. Aquel pequeño progreso limpió su sucia conciencia, iluminó tenuemente su oscuro camino.

Quizá para cualquier persona normal y corriente ese suceso fuese totalmente banal, pero para Juugo una pizca de autocontrol significaba tantísimo… Después de todo era la primera vez que lograba decidir por sí mismo. Y las primeras veces, cuanto menos, resultaban sorprendentes.


Duodécimo Capítulo

"Kazekage"

Poco a poco abrió los ojos, desperezándose lentamente. Por primera vez en quince años había empleado una noche únicamente en dormir. Y lo cierto era que no añoraba en absoluto aquellos tiempos en los que pasaba esos valiosísimos momentos vagando sin rumbo alguno por las calles de Suna.

Sin embargo había quedado dormido en su escritorio, pues se quedó preparando el discurso que esa mañana recitaría ante toda la aldea.

– Buenos días, Gaara – dijo Temari en tono alegre mientras ordenaba una montaña de papeleo.

– Buenos días – respondió él, sin tan siquiera mirarle. Estaba más concentrado en revisar su texto.

– ¿Nervioso? – preguntó con suavidad su hermana, intentando leer por encima de su hombro lo que había escrito.

– No demasiado – mintió sin dejar de repetir en voz baja una de las frases que figuraban en el folio. Pero no puedo seguir pendiente de su tarea mucho más tiempo ya que fue interrumpido por un sorprendente jaleo, procedente del exterior –. Creo que tengo que irme ya – añadió en un tono de lo más serio, para ocultar la ansiedad que sentía.

– Te olvidas de algo – comentó ella, tendiéndole el gran sombrero que generación tras generación habían llevado todos los representantes de la villa. El pelirrojo se lo puso rápidamente –. Por cierto, como Kankuro no ha podido estar presente me ordenó que te dijera que está muy contento con tu nombramiento. Todos estamos contentos.

– Gracias – contestó de forma escueta, caminando hacia el balcón del edificio.

Nada más abrir las ventanas pudo ver como una marea de gente coreaba su nombre. En sus rostros pudo distinguir una enorme ilusión. Estaban emocionados, y él, aquel chico de pelo cobrizo era el causante de ese sentimiento.

No había lugar a dudas. Le admiraban. Estaban orgullosos de él. Desde luego era una sensación a la que el joven Gaara no estaba acostumbrado. Pero al que sin duda alguna se acostumbraría rápido.

De la noche a la mañana se había convertido en un líder, el encargado de proteger la felicidad de tanta gente. Estaba seguro de que sería una tarea difícil, pero también de que podría conseguirlo.


Decimotercer Capítulo

"Consuelo"

Fijó sus ahora llorosos ojos azules en el suelo. No se veía capaz de contemplar las orbes de su amiga; no estaba preparado para contrarrestar el enorme remordimiento que le invadía.

Naruto se sentía como la más vulgar de las escorias. No sólo había fallado en su misión, sino que además incumplió una promesa. Y no llevar a cabo su palabra le causaba el mayor de los daños existentes.

– Lo siento mucho, Sakura-chan – musitó con voz temblorosa mientras apretaba ambos puños, luchando contra la tentación de echarse a llorar. No hubo respuesta por parte de la mencionada. La única contestación que obtuvo fue un incómodo silencio, que parecía ser eterno –. Lo siento muchísimo, debería haberle traído de vuelta.

– No tienes porqué disculparte. Después de todo… – hizo una pausa mientras lanzaba una mirada agria a su tazón de ramen – no eres el único que tiene la culpa. Soy la que se quedó quieta sin hacer nada. Aún sigo siendo débil.

– ¡Eso no es cierto! Tú eres fuerte; admirable. En cambio yo… Sasuke tiene razón, soy un fracasado – murmuró sin poder contener un sollozo.

Algo se removió en el interior de la chica. La visión de su alegre amigo lamentándose desconsoladamente le causaba tal impotencia que no consiguió evitar apretar los puños hasta el punto de dejarlos enrojecidos. La situación era tan extraña para ella que instintivamente se lanzó a los brazos del muchacho, rodeándole con toda la fuerza que le permitió su cuerpo. A Sakura le daba igual que todo el establecimiento les estuviera mirando. Lo único que ahora le importaba era desahogarse; compartir su sufrimiento con él.

– No, no eres un fracasado – le susurró al oído, en tono suave. Quizá hubieran fallado, quizá Sasuke nunca volvería, pero la esperanza es lo último que muere. Y por esa simple razón lucharían. Le buscarían hasta el final de sus días.


Decimocuarto Capítulo

"Buena chica"

La unión de una bella dama y un refinado caballero dio pie al nacimiento de una niña de cabellos cobrizos y ojos color miel.

Para la joven madre el propósito principal en la educación de su hija era el de convertirle en la más educada de las señoritas. La mujer lo tenía todo perfectamente planeado. Tayuya -que así era como se llamaba la pequeña- recibiría clases de los mejores profesores, vestiría con las más elegantes tejidos y tendría unos cuidados modales.

Pero su ilusión se truncó rápidamente cuando descubrió que a su hija le atraían mucho más los juegos en la calle que cuidar de muñecas de porcelana, que prefería llevar el pelo revuelto y encrespado a tenerlo todo el día peinado de una forma extremadamente elaborada e incómoda o que hacía sonar una rudimentaria flauta travesera en vez de practicar durante horas complicadas melodías interpretadas en un piano de cola.

A partir de aquel momento "no hagas eso" fue la frase que más escuchó la niña. Los años pasaron, y la situación no cambiaba. La ahora adolescente seguía siendo recriminada por ensuciar los vestidos que tan poco le gustaban o por comportarse de un modo calificado por su madre como "poco femenino".

Sin embargo las prohibiciones cada vez tenían menos significado para ella. Descubrió que no le afectaban en absoluto las reprimendas ni los reproches.

A sus quince años ya se había ganado a pulso el título de "mala influencia". Y para histeria de sus progenitores ese comportamiento era cada vez más marcado. La cantidad de obscenidades e insultos que su "delicada" boca pronunciaba aumentaba alarmantemente día tras día.

Una de aquellas veces Tayuya se dio cuenta de que tenía la imperiosa necesidad de salir del cerrado ambiente en el que vivía. Por lo visto los ruegos de la muchacha no tardaron mucho en ser oídos, ya que pronto se le presentó la posibilidad de unirse a Orochimaru. Desde luego era una oportunidad perfecta. No sólo podría hacer lo que se le viniese en gana; además obtendría poder.

Sin pensarlo dos veces cogió un poco de comida, la camiseta más cuestionada por su familia y se marchó. Su escueta despedida consistió en un "Soy buena a mi manera, gilipollas" dirigido hacia su madre. Tayuya nunca volvió a pisar esas tierras.

Eso sí, no se fue sin antes hacer una fogata con los restos del piano de cola, sus abundantes ropas y aquellas muñecas de mejillas rosadas y sonrisa permanente en los labios. Cómo las odiaba.


Decimoquinto capítulo

"Premonición"

Con gesto triste observó el mar, calmado e imperturbable. Una punzada de terror invadió su pecho, oprimiéndolo fuertemente y haciendo que la mujer casi se asfixiara. Sabía de sobra lo que acababa de ocurrir, y por primera vez en sus más de cincuenta años de vida su intuición no fallaba.

Sumergía poco a poco sus manos en el agua, buscándole a tientas, sin encontrarle. Definitivamente, Jiraiya había muerto.

Una sonrisa triste hizo acto de presencia en su rostro, ocultando unos ojos color miel cargados de pena.

Maldito viejo pervertido… – musitó, riendo sin ganas. Notaba cómo sus tersas mejillas se iban empapando de saladas lágrimas y casi instintivamente se introdujo poco a poco en aquellas cristalinas aguas.

Un desgarrador frío subió por sus piernas, extendiéndose por todos los recovecos de su cuerpo. Sin embargo tener los labios violetas cuan moras o que los dientes le castañearan no le importaba en absoluto. Simplemente miraba la inmensidad del océano con expresión vacía, Es lo único que podía hacer en aquel momento. Reflexionar.

Desde pequeña Tsunade se había sentido estrechamente identificada con el mar. Temperamental a veces, serena otras ocasiones. Y curiosamente le dolía alejarse de allí. Sabía que si se iba y en cierto modo le dejaba solo se volvería loca. No era lo suficientemente valiente como para marcharse; le resultaba imposible hacer borrón y cuenta nueva. Lo único que le quedaban ya eran unos dolorosos recuerdos y una maldita intuición recién adquirida.

Aquel fatídico día de invierno la rubia Hokage optó por confiar en sus presentimientos. Decidió quedarse junto al mar, junto a él. Por siempre jamás.


"Tierra, trágame"

Allí estaban los dos, el uno frente al otro. Naruto aún no se lo podía creer. Todo había vuelto a la normalidad.

El llanto, la impotencia y la desesperación se habían marchado, habían quedado enterradas en un lejano lugar. Un lugar que no volvería a visitar. Nunca jamás, porque ya no estaba solo.

Sin embargo la situación resultaba tan extraña que parecía que no hubiera pasado el tiempo desde que él se marchó.

Todos los malos tragos, todas las desagradables experiencias vividas por aquellos dos peculiares muchachos pasaron a la historia en el momento en el que intercambiaron la primera sonrisa tras tres dolorosos años; ese gesto que tantísimos días llevaban esperando ambos, en silencio.

Aunque a decir verdad los dos quedaron prácticamente mudos tras ese encuentro. El rostro de Sasuke permanecía serio, imperturbable, pero interiormente se encontraba contento, muy contento. En cambio la cara del rubio era un cuadro.

Intentaba decir algo, mas sus labios no pronunciaban palabra alguna. Después de todo, ¿qué se hacía en ocasiones como esas?

¿Saludar? ¿Sacar un buen tema de conversación? Cualquiera de las dos hubiera sido correcta, pero obviamente no escogió ninguna de ellas. Únicamente pronunció la primera frase que se le vino a la cabeza. Típico de aquel ninja hiperactivo y cabeza hueca.

– ¿Follam…? – preguntó en un tono de voz lo suficientemente elevado como para que su compañero lo oyera. El muchacho de ojos azules se tapó con rapidez la boca, avergonzado de lo que acababa de proponer y su tez se empezó a poner más y más roja. Otra vez había sido traicionado por su maldito subconsciente.

– ¿De qué hablas? – inquirió intentando ocultar la aparición una mueca de sorpresa tras un ceño fruncido.

– Digo que… Que el… follaje. Sí, ya sabes… El follaje de Konoha se está poniendo muy verde… ¿ver-verdad? – musitó de un tirón, atragantándose con su propia saliva. Y lo peor de todo no era que estuviera haciendo el ridículo, sino que además no callaba. Se estaba cavando su propia tumba –. Allí… donde Orochimaru… ¿había tantos… tantos árboles?

No respondió. Es más, ni tan siquiera escuchó la retahíla de tonterías que pronunció Naruto en escasos segundos. Sasuke sabía de sobra que si seguía así, en silencio, él continuaría metiendo la pata. No tenía remedio, y eso era algo que la mayoría de veces crispaba al joven Uchiha. Mas aquella ocasión no fue una de ellas, ya que su cabeza no estaba centrada precisamente en mantener su habitual actitud distante.

– Eh… Lo de antes… Bueno, yo… No era mi intención, ¡de verdad! – exclamó gesticulando de forma exagerada. Su amigo le recriminó con una sonrisa prepotente. Desde luego Naruto no sabía mentir, y evidentemente tampoco callar.

– ¿En mi casa o en la tuya? – espetó, haciendo que su voz sonase unas octavas más grave de lo normal, provocando que el rubio se sobresaltara. Sí, había actuado igual que él. Había sido igual de inconsciente, pero no se arrepentía.

– ¿Có-cómo? – tartamudeó, atónito. ¿Acaso eso era un "sí"?

– En mi casa –sentenció el adolescente. Conocía a Naruto de sobra, y aunque habían pasado muchos años estaba seguro de que su habitación seguiría siendo una leonera. Y lo que más odiaba Sasuke, después de sus griteríos, era lo anormalmente desordenado que resultaba ser.

– ¡Espera! ¿¡Qué cojones quieres decir con eso, teme!? – chilló, aún con las mejillas coloradas –. ¡Sasuke!

Cállate, gilipollas – respondió, con una sonrisa casi imperceptible cincelada en los labios. Sin embargo el chico, al contrario que tantas otras veces no le respondió con ningún insulto. Simplemente obedeció. Decidió que la mejor opción sería mantener la boca cerrada. Sin duda alguna acertó, ya que no necesitó palabras para conocer la respuesta a su "indecente" propuesta; estaba escrita en los ojos negros y aparentemente inexpresivos de Sasuke Uchiha.


Decimosexto Capítulo

"Esta soy yo"



Cada mirada que recibía por parte de lo que serían sus futuros pupilos provocaba en la joven una profunda angustia. A Hinata nunca se le había dado muy bien contactar con el resto del mundo. Y como era obvio su voz titubeaba más de lo normal si debía hablar ante gente totalmente nueva. Pero esta vez la situación no sólo requería entablar una conversación medianamente coherente. Tendría que enseñar a esos tres perfectos desconocidos durante mucho tiempo.

Lo cierto era que aún no se había hecho a la idea de que pasaba de ser la alumna a convertirse en la encargada de impartir sus conocimientos a esos adolescentes.

Y por lo que veía la tarea no sería muy fácil. Ninguno parecía tenerle mucho respeto a la Hyuga. Dos de ellos murmuraban por lo bajo, contemplándole de forma desdeñosa. Seguramente hablarían de la mala suerte que habían tenido de que les tocase una maestra así. Ella suspiró.

Quizá los niños tuviesen razón. Quizá seguía siendo la misma muchacha que vivía protegida por un escudo de timidez e inseguridad.

Inclinó la cabeza y se dio cuenta de que un tercero llamaba su atención.

– ¿Te pasa algo? Pareces triste – preguntó mientras en su gracioso rostro se dibujaba un gesto que denotaba leve preocupación por el estado de la chica.

– N-No … Estoy bien – tartamudeó, aún embebida en los agradables ojos azules del muchacho. No cabía duda, era el vivo retrato de la persona a la que amó durante su adolescencia pero a la que no logró dirigir más de tres frases con sentido.

Automáticamente el rostro de la profesora se iluminó con una sonrisa. Estaba segura de que ya no necesitaba para nada ese broquel; se había vuelto inútil. No requería escudo alguno para ocultarse.

A partir de aquel momento ya no necesitaría resguardarse en un incómodo silencio. Su verdadero yo estaba a punto de salir a la luz; deseaba llevar a cabo todas las cosas que no se atrevió a hacer en un pasado.

– Me alegro – contestó él, sacando a la morena de sus pensamientos y devolviéndola al mundo real.

– Por cierto, encantada de conoceros. Me llamo Hinata Hyuga. Espero que nos llevemos bien – se presentó, y acto seguido esbozó una sonrisa tímida.

Después de todo aquello no estaba tan mal… Al menos había alguien que le respetaba aunque sólo fuera un poco. Puede que los otros dos niños estuvieran recelosos con ella, pero tenía el aprecio de aquel genin que tantos buenos recuerdos le evocaba. Y con eso bastaba.


"Ciego"

Le dolía verle así. Ese brillo fulgurante en sus ojos mostraba una determinación imposible de mermar. Pero… ¿y si algún día fallaba? Sakura sabía que tarde o temprano acabaría derrumbándose del todo. Estaba segura de que quizá su cabezonería no se pasaría repentinamente, pero también intuía que pronto abriría los ojos. Porque su devoción por él le había causado una enorme ceguera.

Y lo peor de todo no era que estuviese ciego; lo más horrible es que a Naruto le gustaba no ver la realidad, algo que su compañera de equipo vislumbró hace bastante tiempo. La chica dejó de llorar por Sasuke.

Aquel muchacho pasó de ser "su adorado Sasuke-kun" a un completo desconocido. Por una vez la joven le dio la razón a Sai. La gente cambia, y aunque el Uchiha se comportase a veces de forma inexplicable, no era una excepción.

Observó cómo, por casi enésima vez, su amigo preparaba la mochila que solía usar en las misiones importantes. Sí, iba a buscar a Sasuke y a traerlo de vuelta. Supuestamente.

– ¡Vamos allá! – exclamó, animado. No respondió. Lo único que hizo fue bajar la vista y fruncir los labios –. ¿Te pasa algo? – preguntó, ignorando la situación en la que se encontraban. La Kunoichi estaba al tanto de que, aunque en el fondo, el rubio era consciente de lo que ocurría. Sólo que no quería pensar en ello. Y ella era la única que podría hacerle entrar en razón. Aunque le hiriese hacerlo a Sakura le lastimaba mucho más la manera de pensar de su compañero.

– ¿Por qué sigues con esto, Naruto? ¿No ves que no va a volver? – inquirió intentado disimular un incómodo nudo que se formaba en su garganta. Estaba siendo dura, pero de nada servían los remilgos contra su terquedad.

– Si no hacemos nada nunca volverá. No pierdo nada intentándolo – contestó con una serenidad poco habitual en él –. Entonces… ¿qué me dices?, ¿vienes conmigo? – propuso sin rastro alguno de pena.

– No, ya no puedo seguir intentándolo. No soy capaz de enfrentarme a otro fracaso – musitó conteniendo un sollozo. El chico le acarició el pelo ligeramente conmovido. Sin embargo ella no lloraba por algo referente a su persona. Lloraba por él.

– De acuerdo. Iré solo, pero cuando menos te lo esperes estaré aquí, junto con Sasuke. Te lo prometo – sentenció mientras comenzaba a andar, en dirección a la salida de Konoha. Cruzó el arco que delimitaba su villa natal y la vecina, mas fue interrumpido.

– ¡No prometas cosas que no puedes hacer! – chilló la joven, en su último intento de hacerle entrar en razón.

– Confía en mí. Sé que puedo – respondió con gesto alegre.

– ¡Naruto, deja de hacerte daño! ¿Acaso no ves que no quiere volver? ¡Es imposible! – gritó a la par que de sus ojos glaucos empezaban a brotar lágrimas cargadas de angustia y, en parte, culpabilidad –. Parece que te gusta torturarte a ti mismo…

– ¿Sabes una cosa, Sakura-chan? Si con todo esto consigo traerle de vuelta estoy dispuesto a ser un jodido masoquista – alegó sonriendo determinadamente. Sin pensárselo dos veces abrazó a la chica tan fuerte como su cuerpo se lo permitió y se marchó.

Al ver su ida la muchacha dibujó en su rostro una sonrisa triste. Quizá estuviese ciego, pero como suelen decir: "Ojos que no ven, corazón que no siente".






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¡Hasta luego!

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#1 @ 21:30 14/02/2008
nara_medea

47938

Usuari@
Nivel: Akatsuki
primr!!el fic stá rebueno...cuando lo continuas?http://farm3.static.flickr.com/2231/2422345232_f77e264fb7_o.gif


xDDD

Ahora en serio xD Puees como te estoy diciendo ahora mismo, hay cosas que yo habría puesto de manera distinta, pero en general, me encanta. Redacción correcta, gramática y vocabulario también... Un plauso, por favor!! Una cosa, cuántos drabbles vas a escribir al final? O vas a poner todos los que hagas en este tema? En fin, eso es todo por ahora...que si se me ocurre otra cosita más, ya te la comentaré xD
#2 @ 22:04 15/02/2008
Sakuraky

32451

Usuari@
Nivel: Jinchuuriki
¡¡Estupendo Aurori!! Ya te dije que es de lo mejor ^^.
Espero que sigas poniéndolos porque van genial. Además, creo que es el único post de drabbles... Es un buen cambio, así no nos cansamos de las historias y no se hacen trilladas (esta palabreja me la pegaste tú, mala persona) xD.
¡Besos!
#3 @ 22:38 15/02/2008
aurori

41693

Usuari@
Akatsuki
¡Gracias por vuestros comentarios! Aunque no sean muchos estoy contenta, ya que dos buenas opiniones me alegran mucho más que un montón de gente diciendo "muy bien, sigue".

#1 ¡Ay! Esa vena badficker del principio... xD. Hombre, no todos escribimos igual, eso es obvio. ¡Gracias por el aplauso! Pues mira, lo de los drabbles no está decidido del todo aún. Así que lo único que te puedo decir es que van a ser muchos ^^. Y claro está, todos dentro de este tema. Sería molesto abrir tropecientos temas.

#2 ¡Gracias! Sí, creo que es el único post de drabbles.... Yo siempre he sido una fanática de este tipo de historias, ya que como bien dices no cansan, y son ligeros. ¡Te pegué la palabra! xD.

Dejo el segundo. Advierto que las actualizaciones no van a ser tan rápidas siempre. Lo siento.

Bien, este trata sobre Ino. Espero que os guste

"Frívola"

Observó su figura por enésima vez en el espejo, como solía hacer todas las mañanas. Sus cerúleos ojos brillaban débilmente, reflejando los tenues rayos de luz que se filtraban por las cortinas de raso que cubrían las ventanas de la habitación. Peinó insistentemente su larga y sedosa melena.

Cualquiera persona que la viese seguramente la confundiría con la más hermosa princesa de cuentos, pero sin embargo ella no se apreciaba de tal forma. Simplemente distinguió el reflejo de algo que no quería ser.

Contempló con desdén un pequeño tirabuzón que se había alojado sin pedir permiso alguno en su suave flequillo. Lo cepilló una y otra vez, intentando alisarlo a toda costa, pero no logró conseguir. En absoluto.

Seguía allí. Un molesto bucle que "estropeaba" la estética de su impecable peinado. Bufó cansada y se echó en su cama, cayendo de bruces.

Giró con desgana la cabeza. Lo único que sus azulabas orbes alcanzaron ver fueron una pila de vestidos, ordenados a la perfección. Uno para cada día de la semana.

Un fugaz pensamiento azotó su mente, crispándola y preocupándola aún más, pero de un modo totalmente distinto. ¿Acaso no era más que una "cara bonita"? ¿Una persona a la que la sociedad apreciaba solamente por tener una buena figura? Quizá la mayoría le "valorase" sólo de forma superficial. De la misma forma que había vivido ella sus recién cumplidos dieciséis años.

Se mordió el labio inferior con fuerza y con un movimiento rápido tiró la montaña de ropa que había sobre el colchón al suelo.

Levantó rápidamente, mientras desordenaba y recogía sus largos cabellos en una coleta mal hecha. Ya todo le daba igual; no le importaban ni el estado de su peinado y menos aún el de sus vestimentas.

Y para su sorpresa estaba totalmente diferente. Ya no daba esa sensación de persona presumida y frívola. Únicamente era una sencilla muchacha de pelo rubio y brillantes ojos azules. Una chica alegre, simpática.

Sonrió con inmensa alegría. Por fin había conseguido ver lo que desde hace tanto tiempo deseaba. Una mujer. Y no un superficial maniquí. Así era Ino Yamanaka.

¡Hasta luego!

#4 @ 22:50 15/02/2008
Sakuraky

32451

Usuari@
Nivel: Jinchuuriki
3# ¡Ese no lo había leído!
Me gustó muchísimo, en serio. El final quedó PER-FEC-TO. Ya era hora de que alguien pusiera a Ino como algo más que una warri ^^.
#5 @ 16:03 17/02/2008
aurori

41693

Usuari@
Akatsuki
#4 ¡Guau! Muchas gracias ^^. Lo cierto es que yo nunca he pensado que Ino fuese una warri... xD. Es más, creo que es un personaje al que se le puede sacar mucho jugo.

Y aquí vamos con el tercero... Esta vez la protagonista es Sakura. Espero que os guste.

"De príncipes y princesas"

Embaló la última caja. Por fin había terminado la ardua tarea en la que llevaba inmersa más de tres horas. Todos los trastos inservibles o simplemente antiguos iban a ser tirados a la basura.

Lo único que quedaba sin guardar era un pequeño libro. Lo sostenía con ambas manos, echándole un superficial vistazo.

Sonrió levemente al cerciorarse de que eran aquellos cuentos que solían ser recitados por la armoniosa voz de su madre antes de que la pequeña Sakura cayera rendida ante los brazos de Morfeo.

Lo abrió, releyendo por encima las aventuras sufridas por hermosas princesas, que tan emocionantes y bellas le resultaban cuando era una niña de no más de siete años.

Tras acabarlo lo dejó encima de una de las mesillas de noche, un tanto indignada. Todas las historias le resultaban iguales. Las protagonistas eran chicas bellas, pero tan extremadamente estereotipadas le provocaban a la joven ganas de vomitar.

Unas caían en un largísimo sueño, otras tantas yacían envenenadas… Textos aparentemente variados, pero con un común denominador: El príncipe.

Aquel apuesto, valiente e inteligente hombre que siempre acababa siendo feliz con ellas. Un sentimiento de lo más subjetivo, basado en una vida predefinida; tan predecible…

La muchacha, para su disgusto, se sintió como una de esas princesas… Al fin y al cabo, ¿no estaba actuando igual? Esperaba a que su príncipe azul volviese, pero sin embargo no hacía nada para reencontrarse con él.

Pensó mucho tiempo sobre el asunto. Y únicamente consiguió llegar a una conclusión. Una breve y concisa conclusión.

Nunca más volvería a ser como ellas. Esta vez Sakura Haruno no se quejaría, y menos aún se lamentaría. Simplemente se esforzaría para llegar al lugar en el que el maligno dragón tenía secuestrada a su "princesa". Porque ella era ahora el príncipe. Y nada cambiaría esa decisión.

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Bien, creo que en este drabble tengo varias cosas que aclarar. La primera es que los hechos transcurren cuando Sasuke se marcha de la villa. La segunda es que en la primera temporada Sakura me parece un personaje un tanto débil, pero en la segunda creo que es realmente fuerte, a la par de ser uno de los personajes más "humanos", ya que tiene virtudes, pero también defectos. Como todos.

¡Hasta luego!
#6 @ 17:55 17/02/2008
sasusaku_uchiha

67727

Usuari@
Nivel: Kage
!hola!

Realmente quedé impactada con estos drabbles, son muy expresivos y tienen algo que hace notar la realidad que ellos están viviendo o la que vivieron.
No se como lo haces para combinar tantas palabras y hacer con todas ellas una historia con buena redacción, otrografía.

Me gustan tus obras.

Chao
#7 @ 20:09 17/02/2008
aurori

41693

Usuari@
Akatsuki
#6 Al leer tu comentario me sentí tan... no sé como decirlo... ¿Realizada?. Es justo en lo que pienso al escribirlos. El poder expresar los sentimientos de los personajes, haciendo que se asemejen a los de personas (o al menos lo intento xD). Gracias por decir que te gustan mis obras, a mí me gusta tu comentario (me ha hecho dibujar una sonrisa, si te soy sincera).

¡Hasta luego!
#8 @ 20:52 17/02/2008
Sakuraky

32451

Usuari@
Nivel: Jinchuuriki
5# Ya vine.
Pues... ¿Qué puedo decirte que no sepas? ¡Pues mucho!
Esa última historia me gustó muchísimo, en serio. Pero sin embargo... Le veo un par de defectillos.

-El primero es que la aclaración que has hecho al final, está de más, porque yo creo que esos dos detalles están totalmente claros en la historia, los has incluido de una forma muy cristalina.
-El segundo, (sólo es mi opinión) es que a esa historia le podías haber sacado mucho más jugo. Tiene una trama única y sencilla que tú has convertido en algo totalmente fantástico, pero le podías haber metido algunos detallitos más. Haberle metido más emoción.
-Lo que no me ha gustado es el final. Lo de dirigirse a la oficina de la Hokage, tal y cual. La historia nos sume desde el principio hasta el final en un letargo de fantasía, por lo menos a mí. He regresado por un instante a la época en que mi madre me leía cuentos a mí. A continuación esa decisión por parte de Sakura. Totalmente coherente con la historia, me la he imaginado apretando el libro con rabia xD.
Pero el final... No sé. Ha sido como un regreso brusco a la realidad. DEMASIADO brusco.
-Por último decirte que deberías dejar más claro el motivo por el cual Sakura está embalando sus cosas. Quiero decir. Se ve también claro, subliminal pero fácil de identificar. Pero hay gente que tal vez no lo vea tan fácilmente, y explicarlo un poco mejor sería una ayudita ^^u.

Ale, que hartón de escribir... ¡¡Me debes un Kinder Maxi!! xD
¡Besos artista, que eres mi ídola!

#9 @ 20:36 18/02/2008
kisa_soma

53895

Usuari@
Nivel: Chuunin
Ola aurori...
La verdad es que aora no estoy muy bien que se diga pero voy a comentarte...
Bueno:
Me gustan los drables pero los encuentro un poco extraños, como si los dejases en un continuará.
Y a mi tambien me parece un poco brusco lo del regreso a la realidad de sakura.
Espero que siguas escribiendo pronto, y tambien que estes mejor que yo.
Saludos.
#10 @ 01:05 24/02/2008
aurori

41693

Usuari@
Akatsuki
¡Hola a tod@s! Aquí vuelvo, con otro drabble más (aunque este lo calificaría más bien como viñeta, a decir verdad). Paso a responder vuestros comentarios:

#8 ¡Gracias por la crítica! Respecto al primer punto tienes toda la razón. El último párrafo sobra. Estuve meditándolo durante mucho tiempo, y la cagué. Asumo la culpa xD. El segundo también puede que sea verdad. Aunque a mí me gusta que sea sencillo, se lo podría haber sacado más jugo. El tercero creo que es una cuestión de gustos. Yo lo veo como una forma de desconectar de ese ambiente... Pero ten por seguro que lo tendré en cuenta. Y lo último a mí personalmente sí que me gusta. Yo creo que es una sutileza, para que el lector imagine lo que le de la gana. Puede estar desde ordenando su habitación porque sí o puede haber otro motivo. Y no te debo un kinder maxi, de debo un Kit Kat (o dos).

#9 Yo intento zanjarlos de una forma suave... Es cierto que es difícil conseguirlo. Necesito practicar mucho. Gracias por la crítica.

Y aquí el cuarto. Esta vez los protas: Sasori y Deidara. Disfrutadlo

"Armonía"

Caminaba en círculos por la sala, con expresión impaciente. Le miró por enésima vez. Llevaba días sin hablar, embebido en la fabricación de la marioneta a la que decidió llamar su "obra maestra".

De repente pudo ver cómo Sasori giraba la figura. Era hermosa, debía reconocerlo. No levantaría más de un metro del suelo y en su fino rostro destacaban unas sonrosadas mejillas, dignas de una niña de carne y hueso. Pero sin embargo tras esa apariencia dulce la muñeca ocultaba un tenebroso halo de misterio y maldad.

Siguió observando al pelirrojo. Sin reparo alguno le arrancó la cabeza a la marioneta. La pieza cayó a los pies de Deidara, que la cogió cuidadosamente y examinó con más atención.

Comparó la testa que estaba sujetando con la del pelirrojo. En cierto modo se parecían tanto… Esa falta de expresión en el rostro, aquella gran frialdad. El otro Akatsuki no lograba comprender aquel "arte". Le era imposible emocionarse con figuras que tan carentes de sentimientos estaban.

Después de todo… ¿El arte no era una manera de poder mostrar sentimientos?.

Sasori cogió un trozo de madera, y con tranquilidad lo empezó a lijar. Otra vez volvió a adoptar esa "extraña" postura, la que ponía siempre que empezaba a crear. Una expresión resultante de la mezcla de una inmensa calma y una pizca de alegría. El único momento del día en el que veía a su mentor medianamente feliz.

Se acercó sigilosamente, intentando no llamar demasiado la atención, cosa que resultó imposible, ya que éste se percató de que estaba siendo observado.

– ¿Puedo? – musitó discretamente, alzando la mano, dispuesta a palpar el producto de su inspiración.

– ¿Tienes intención de llenarla de arcilla? – preguntó con un tono de voz de lo más seco. Deidara negó con la cabeza –. Ten cuidado.

La rozó con extrema delicadeza, ya que tenía una apariencia tan frágil que parecía que de un momento a otro estuviese dispuesta a romperse.

A pesar de su delicado aspecto era de tacto hosco. El simple traje con el que ocultaba un completo armamento era de paja. Resultaba evidente que esta vez Sasori se había esforzado.

Acto seguido éste se levantó, tirando al suelo las múltiples herramientas con las que había estado trabajando hasta hace escasos instantes.

– ¿Qué haces? –curioseó el rubio.

– ¿Has venido porque teníamos una misión, verdad? – inquirió con brusquedad mientras avanzaba, buscando la salida –. Vamos.

Bajó la vista, comprobando que aún tenía aquella pieza entre manos. Su rostro adquirió un mohín travieso. Tenía una idea. Una excelente idea.

– Un segundo – rogó, embebido en sus pensamientos.

– Llegamos tarde – contestó cortante, mientras atusaba su capa y seguía caminando.

– Vete, ahora te alcanzo. Será breve – aseguró, mirándole con ojos de cordero degollado.

Quedó solo. Notó como sus manos estaban perfectamente sincronizadas con su cerebro: habían empezado a trabajar.

Dejó lo que quedaba de muñeca en el suelo, mientras a la vez tiraba una figura de arcilla a su lado.

– ¡Espéreme, Sasori-danna! –gritó, saliendo de la habitación a toda velocidad, hasta encontrarse con él.

Caminaron lentamente, en total silencio. De repente se oyó a lo lejos un fuerte estallido, que alertó a los dos criminales.

El más mayor se giró, mirando con el ceño fruncido a su alumno. Éste se dedicó únicamente a dirigir la vista hacia otro lado, con gesto pícaro.

– ¿Cuántas veces te he dicho que está prohibido jugar con explosivos en mi lugar de trabajo? – musitó, en voz baja pero a la vez firme.

Le había pillado, como siempre acababa haciendo. El joven simplemente sonrió, avieso. Sabía que le caería una buena bronca, pero le importaba un bledo.

Merecía la pena sufrir una descomunal riña, a cambio del placer que le había causado ser el artífice de una sublime obra de arte. El equilibrio entre lo "eterno" y lo "efímero".

La perfección…

¡Hasta luego!
#11 @ 02:10 24/02/2008
sasusaku_uchiha

67727

Usuari@
Nivel: Kage
¡Hola aurori!

Tu trabajo es bueno, demostrativo, pero en este noté que el lugar en el cual se desarrolla la historia, no tiene una descripción concreta, me explico, por ejemplo cuando dices que están en una sala, no específicas bien en dónde está esa sala, o también en el caso de que explicas que ambos protagonistas se dirigen a un lugar = ? (por lo menos, yo no entiendo).

Bueno, no se si mi detalle anteriormente nombrado le ayas encontrado sentido, pero en mi cabeza me cuesta un poco entender xD.

Saludos.
#12 @ 16:33 24/02/2008
Sakuraky

32451

Usuari@
Nivel: Jinchuuriki
10# Bien, me alegro de que al fin lo colgaras. Sé lo que te costó, pero debo decirte que el esfuerzo merece la pena. Te quedó muy bien, incluso ese "errorcillo" que te dije por msn. Has conseguido que sea bastante palpable el desenlace de "entre lo eterno y lo instantáneo", yo cambiaría (pero es mi opinión) instantáneo (me recuerda a las sopas de sobre xD) por efímero, me parece más literario xD. Pero no me hagas mucho caso.
Ale, pues con los kit kat me conformo ^^. Disfruta mucho esta nueva "fase de tu vida", que parece que te va a inspirar muuuucho ^^.
¡Besos!
#13 @ 22:38 25/02/2008
MichGirlSasori

66504

Usuari@
Nivel: Chuunin
Me encantan
muy buenos y tan profundos que cuando uno lo leé se queda metido en aquella lectura
te felicito
un muy buen trabajo
me gusto demaciado este ^-^
NOS VEREMOS
#14 @ 23:18 28/02/2008
aurori

41693

Usuari@
Akatsuki
En primer lugar muchas gracias a Sasusaku_Uchiha y Sakuraky por serme tan fieles. ¡Os lo agradezco mucho!

#11 ¡Hola! Gracias ^^. Y respecto a lo que tú dices en parte tienes razón. Es verdad que me podría haber extendido un poquito más con la explicación del lugar, pero yo creo que se puede sobreentender. Aunque eso no quita a lo que has dicho razón. ¡Lo siento! La próxima vez intentaré corregir estos errores

#12 ¡Buenas! Muchas gracias, y el defectillo está corregido. Tienes razón, sonaba fatal xD. Te agradezco tus buenos deseos *le da dos tabletas de chocolate y unos lacasitos*

#13 ¡Mira lo que veo! ¿Una nueva lectora? Gracias por pasarte por aquí, y por supuesto por comentar. Cuantos más seamos, mejor. ¿De verdad los consideras profundos?^^ No sabes cuánto me alegra eso ^^.

Y sin más dilación, el quinto drabble (aunque quizá sea un poquito más largo que los otros). Esta vez les toca a Sasuke y Naruto. Disfrutadlo.

"No mires"


Todo era perfecto. No sabía donde estaba, ni tampoco se podía explicar la razón por la que se encontraba allí. Lo único de lo que estaba seguro es que aquel lugar le gustaba.

Vestía completamente de blanco; se sentía como nunca. Una sensación de lo más dulce invadía todo su cuerpo, obligándole casi a esbozar una gran sonrisa.

Una tenue y fresca brisa mecía sus cabellos dorados. Aunque estuviese solo y no conociese su ubicación se encontraba tranquilo, relajado.

Anduvo durante horas, hasta que encontró un pequeño estanque que le llamó la atención. Era consciente de que aquel elemento no pintada nada allí, pero sin embargo se sentó en la orilla, contemplando la belleza de sus cristalinas aguas.

Aún sin apartar la mirada cogió una pequeña piedra y delicadamente la tiró contra la superficie del lago, haciendo que ésta rebotase un par de veces, provocando que su propio reflejo se volviese borroso hasta casi desaparecer.

De repente notó cómo la sombra de su propio empezaba a cambiar de forma. El brillo azulado de sus ojos se tornó oscuro, a la par que su pelo rubio comenzaba a ennegrecerse.

Pasados unos cortos instantes logró definir la identidad de esa silueta, que ahora era de lo más nítida. Allí estaba él. Aquella persona a la que había echado de menos durante incalculables días y lentas noches.

Pausadamente observó como una a una las gotas de agua se separaban del lago, hasta formar un cuerpo completamente real.

– ¿Eres tú? – preguntó temblorosamente. Aún no creía que pudiese estar a su lado.

– ¿Quién iba a ser sino, idiota? – contestó con marcada ironía, mientras le dedicaba a su amigo una de sus ya conocidas miradas cargadas de prepotencia.

Acto seguido, y como si todo lo que había ocurrido hace escasos minutos fuera lo más normal del mundo, se sentó a su lado, a disfrutar del paisaje.

Cruzaron varias miradas, de soslayo, hasta que Naruto se atrevió a hablar.

– ¿Por qué te fuiste? ¿Acaso no sabes que te echamos de menos? Eres un maldito egoísta… – murmuró en un susurro casi inaudible, con la cabeza gacha.

– Era mi obligación. Es obvio que para cumplir una meta hay que hacer sacrificios –respondió con total frialdad, cosa que no sentó demasiado bien a su compañero.

–¿Sacrificios? ¡Sé realista! ¡No puedes dejar así como así a tu gente, a tus amigos, e irte con la excusa de que es un "sacrificio"! – gritó enfadado. Estaba nervioso, y eso hacía que hablase de forma entrecortada.

– No eres el más adecuado para hablar de "realismo"… – musitó sonriendo con sorna, a la par que señalaba con la barbilla en dirección al lago.

Las antes cristalinas aguas empezaron a volverse turbias, y un fuerte viento movía las ropas y pelo de los adolescentes. De repente una grandísima ola impactó contra la orilla, llevándose a Sasuke de la misma forma que apareció. El otro muchacho impactado se quedó mirando a su alrededor, intentando buscar una respuesta lógica a todo lo que había ocurrido, pero como era evidente no la encontró.

– ¿Sasuke-kun? – sollozó débilmente. Le había dejado solo. Otra vez.

---

¡NO! – exclamó, mientras se levantaba de un salto. Se llevó la mano al pecho, comprobando para su sorpresa que aún seguía en su lugar.

Todo había vuelto a la normalidad. Estaba en la misma lúgubre y desangelada habitación de hospital que un par de días atrás. El agotamiento le había hecho pasar aquel mal rato, ya que llevaba casi tres noches sin dormir, únicamente observándole.

Le miró condescendientemente. Estaba lleno de cables y tubos, y no respiraba por sí mismo. Aunque por su culpa había sufrido muchísimo y su ausencia le había causado incalculable tristeza seguía siendo su amigo. Esos dulces y divertidos momentos vividos en su niñez no se borraban, por más que lo intentase. Quizás fuese por que él no quería que esto ocurriese…

Agarró con fuerza una de sus manos. Estaba fría.

Alzó la vista. En su rostro se distinguía una de sus habituales sonrisas prepotentes. Con suavidad apartó uno de los morenos mechones que le caían armoniosamente sobre la frente.

Tragó saliva ruidosamente, intentando hacer desaparecer el nudo conformado en su garganta, cosa que resultó imposible.

Llevaba tres días intentando contenerse, pero de repente explotó. No podía aguantar más, no soportaba la impotencia de tenerle a su lado pero no poder dirigirle palabra alguna.

Inconscientemente una a una las lágrimas acumuladas durante eternas horas empezaron a precipitarse sobre las blancas sábanas. Él siempre había sido alguien fuerte, pero es evidente que nadie es de piedra…

Apoyó la cabeza sobre su gélido regazo, y siguió llorando sin descanso.

- Por favor… No me mires…-susurró, tapando con suavidad los ojos de su amigo, que seguían cerrados. Era consciente de que no era ni observado ni oído, pero sin embargo le resultaba incómodo que él le viese en ese estado.

Naruto siempre había sido tan orgulloso… Pero no podía evitarlo.
#15 @ 17:53 29/02/2008
sasusaku_uchiha

67727

Usuari@
Nivel: Kage
Me gustó como quedó aurori y esa explicación que le da sasuke a naruto, ralmente es muy doloroso para naruto perder (por así decirse) a su mejor amigo.

Bueno, me agrada poder haber leído otra de tus obras.

saludos
#16 @ 19:20 29/02/2008
BrownBelt

70217

Usuari@
Nivel: Akatsuki
Impecable!!! °_°
Tu estilo es excelente, sin dudas. No es un Fic clásico como los demás, tiene la ventaja de trabajar con la brevedad para abarcar una situación específica y darle una resolución. La lectura es amena y no se torna para nada complicada; como si fuera una anécdota...
En este caso la sencillez juega muy a favor.
Errores de ortografía encontré unos pocos pero prácticamente intrascendentes ("¿Por qué te fuistes") y alguna frase con el tiempo verbal capaz de confundir ( Estaba en la misma lúgubre y desangelada habitación de hospital que hace un par de días---> esto último podría ser "un par de días atrás")... de cualquier manera esto es hacer un análisis extremo que no viene al caso...
El juego de las atmósferas está muy bien hecho, se da a entender con descripciones breves y esto permite que se prepare al lector para la conversación que sigue; una armonía absoluta pasa a ser oscurecida por el sufrimiento. Las caras de la honestidad que se muestran son muy precisas, y en todo momento se da a entender lo que se pretende, sin dar lugar a puntos muertos por lo breve de la narración ni por el traspaso del mundo irreal al verdadero.
Nada más que decir, me gustó muchísimo.
Saludos!
#17 @ 14:54 01/03/2008
aurori

41693

Usuari@
Akatsuki
¡Hola a tod@s! ¿Qué tal? Espero que bien ^^. Paso a responder a vuestros comentarios:

#15 ¡Hola! Muchas gracias ^^. Aún no me acostumbro a que llamen a mis paranoias "obras" xD.

#16 ¡Anda! ¡Un nuevo lector! ^^. No sabes cuánto te agradezco que te tomes la molestia de pasarte por aquí. En primer lugar muchas gracias por eso de "impecable". Y en segundo gracias también por marcarme mis fallos. Muchas veces se me va la pinza a lo bestia, y me trabo xD. Ya está arreglado. Y no dudes en criticarme aunque tenga un mínimo fallo, ya que de estos se aprende. En serio que me alagas. Espero que este drabble que voy a poner ahora te gusta tanto como los otros ^^.

Pues ya vamos por el sexto (quién lo diría). Aunque suene repetitiva agradezco que seáis tan buen@s conmigo; os lo debo todo a vosotros, los lectores, y también a los que tenéis el detalle de leer con atención para luego marcar mis errores y así yo poder corregirlos. Y sin más dilación el sexto. ¿Los protagonistas? Iruka y "chibi-Naruto" (xD). ¡Disfrutadlo!


"Inocencia"

Se frotó los ojos con el dorso de la mano. Otra vez se había quedado dormido, entre libros y el aburridísimo papeleo. A veces tener que quedarse a corregir exámenes después de horas de clase resultaba realmente tedioso.

Entre una cosa y otra se dio cuenta de que la noche estaba cercana. Con desinterés miró por la ventana de su despacho, fijando la vista en el recibidor de la escuela. Podía distinguir las siluetas de varias madres, protegiendo a sus hijos de la llovizna bajo coloridos paraguas. Unos sonreían alegremente, otros tantos conversaban de forma animada.

Con parsimonia Iruka se levantó, mientras recogía su demacrado paraguas. Bufó cansado; odiaba aquel clima.

Salió a la calle. Hacía muchísimo frío. Caminó rápidamente, dispuesto a llegar a casa cuanto antes, pero hubo algo que detuvo su paseo.

– ¡Iruka-sensei! – chilló una cantarina e infantil vocecilla. El profesor se giró, dirigiendo la vista hacia el gran roble de donde procedía aquella llamada.

El niño bajó del árbol con un grácil salto. Ya en tierra atusó sus ropas. Tenía la cara llena de rasguños y las rodillas peladas. Iruka le miró con una pizca de enfado.

– ¿Otra vez aquí? Deberías estar en casa, pronto se hará de noche. Además, este tiempo no es el indicado para estar jugando – reprendió, con gesto serio.

– No me apetece ir a casa. Además, no puedo irme, me voy a mojar – replicó, hinchando los mofletes y cruzando los brazos a la altura del pecho, cosa que arrancó una tenue sonrisa en el rostro de su mentor.

– Mañana tienes un examen, deberías estar estudiando – añadió levemente enfadado, dando un toquecito a Naruto en la espalda para que avanzase junto a él.

– Estudiar es aburrido… – se quejó el pequeño ninja, mientras se cobijaba bajo el amplio paraguas.

Iruka simplemente le ignoró y siguió caminando. El trayecto se hizo corto y en cierta manera entretenido. Debía admitir que siempre había sentido predilección por aquel niño. De repente sintió el tacto de una mano femenina tocando su espalda.

Se giró, y se encontró con una mujer de mediana edad. Pudo reconocer a la madre de uno de sus alumnos.

– Buenas tardes, señora … – dijo, intentado recordar su nombre. Pero no resultó necesario, porque fue interrumpido con pasmosa rapidez.

– ¿Cómo osa ser tan familiar con "eso"? – inquirió escandalizada, señalando despectivamente a Naruto.

– ¿Qué pasa con él? – tanteó, receloso.

– ¿No se da cuenta de que es un monstruo? Es … – miró con asco al infante, intentando buscar un calificativo que según ella lo describiese de manera correcta – malo. ¿Qué pretende tratándole bien?

– Procuro que Naruto no crezca en la soledad. Intento que ese "monstruo" se convierta en alguien con un mínimo de civismo. Y sobre todas las cosas hago esto para que en un futuro pueda ser una buena persona. No como usted – repuso de forma increíblemente cortante.

Acto seguido se reencontró con él, y le dedicó una sonrisa.

– ¿Ha dicho algo sobre mí esa señora? – curioseó inocentemente el rubio.

– Dice que como vayas así de fresco por la calle cogerás un buen resfriado. Toma – concluyó, tendiéndole su grueso y verdoso chaleco de Chuunin. El chico se lo puso, y riendo comprobó que le llegaba por las rodillas.

Iruka le devolvió el gesto y le revolvió el pelo con la mano que le quedaba libre. "¿Qué maldad podría tener un niño de ocho años?"– se preguntó a sí mismo.

Le miró a los ojos. Unos ojos profundos, divertidos. Inocentes. En aquella sazuladas orbes encontró la respuesta a su cuestión: "Ninguna".

En el siguiente drabble: Shikamaru.

¡Hasta luego!

#18 @ 16:30 01/03/2008
sasusaku_uchiha

67727

Usuari@
Nivel: Kage
Este me gustó, una de tus "obras" xD. Jejeje, tal vez creas que es una paranoia, pero al menos yo le encuentro un buen sentido de ser expresivo y además cuentas con un extenso vocabulario. Pero en una frase, no me suena mucho esto: Otra vez se había quedado dormido, entre libros y aburrido papeleo. Yo creo que le daría un poco de más concordancia si fuese así: Otra vez se había quedado dormido, entre libros y el aburrido papeleo. Bueno, eso no es algo an grave, si no que se ve bien de acuerdo en la forma que u lo veas. Tampoco se podría considerar una falta, sólo otra manera de escribirlo.

Bueno, esperaré para leer el siguiente drabble de Shikamaru.

saludos bye
#19 @ 16:47 01/03/2008
aurori

41693

Usuari@
Akatsuki
#18 ¡Thank you! Tienes toda la razón. Error corregido ^^. Me encanta que me critiquéis de forma constructiva, de veras que me ayudáis mucho.

¡Por cierto! Últimamente me preocupo mucho por las personalidades de los personajes. Es decir, que los veo un poco OoC (osea, que están un poco diferentes a como son en la serie). Así que pido vuestra sinceridad. ¿Los caracterizo de forma diferente a como son en realidad o sus acciones corresponden con lo que ha impuesto Kishimoto?.

¡Hasta luego!
#20 @ 17:00 01/03/2008
sasusaku_uchiha

67727

Usuari@
Nivel: Kage
!Hola aurori¡

Mira, en mi opinión creo que tu resaltas su forma de ser y los sentimientos correspondientes a la serie, sin embargo veo que te guías por los sentimientos.....como....decirlo...más profundos, y eso está bien, pero en algo difiere a lo real, debe ser por su manera de expresarse, por ejemplo el primero, veo que sasuke siente nostalgia, pero según Kishimoto el es un ser frío y serio (en algunos casos) y no he visto que demuestre nostalgia según el manga/anime.

Bueno, no creo que te aya servido de mucho, porque mis confusos post a veces tienen doble sentido. En el fondo todo depende de tu manera de ver las cosas.

¡Saludos!
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