| Páginas: 1 3 4 [5] 6 7 11 | |
|---|---|
| #81 @ 12:06 10/08/2007 | |
| airun
Nivel: Chuunin |
para cuando pondras el proximo capitulo? |
| #82 @ 22:58 10/08/2007 | |
| Seraf
Nivel: Chuunin |
Ha estado muy bién. Para cuando el siguiente?
Y en que otra pagina esta tu fic? |
| #83 @ 18:46 11/08/2007 | |
| Haruka Uzumaki
Nivel: Kage |
Wow, grácias a todos por los superánimos XD. Wenga, pondré el siguiente ^O^
Capítulo 10.- Emociones cruzadas. Razones desconocidas El golpeteo de la lluvia contra el suelo, las gotas que iban a caer sobre los recientes charcos...
Un ambiente propício para aquella aplastante tensión. Lo único que Fuuko era capaz de oír eran los latidos de su corazón, que palpitaban a la altura de su garganta. Tenía la boca seca y el calor empezaba a ser agobiante. Tenía todos los sentidos a flor de piel, tan alerta como si esperara ser atacada. Algo que debía ser el sentido común reclamaba desesperadamente su atención. Con un brusco movimiento, se liberó del agarre del muchacho, empujándole levemente y retrocediendo unos cuantos pasos. Le dirigió una mirada sorprendida y confusa al moreno, el cual le retornó una expresión seria. - ¿¡Has perdido el juicio!? -gritó- ¡Mi deber es matarte! ¿¡Qué pretendes confundiéndome así!? No pudo terminar la frase, ya que el chico se lanzó sobre ella a una velocidad asombrosa, aferrando de nuevo sus muñecas y empujándola hacia atrás. La espalda de la rubia chocó contra el tronco de un árbol, mientras el Uchiha mantenía sus manos inmóbiles sobre su cabeza. En un acto instintivo, Fuuko iba a golpearle un punto vulnerable de su anatomía, pero algo más fuerte que eso la detuvo justo a tiempo. Los cálidos y sorpresivos labios de Uchiha Itachi, puestos con ternura sobre los suyos. La mente de la joven Uzumaki aún tardó unos instantes a asimilar lo ocurrido... Que Uchiha Itachi la estaba besando. Pensó en su cabeza mil reacciones posibles, cada una más absurda que la anterior. Pero su cuerpo no reaccionó ante ninguna de sus órdenes. Al contrario, permaneció totalmente rígido, dejando que el muchacho le guiara por completo. Era un beso suave, tímido, como si de ambas partes costara arrancar el romanticismo, húmedo a causa de los regueros de agua que resbalaban por ambos rostros. Quizás aquella sensación de inseguridad se debiera a la poca experiéncia en semejante cosas que poseían ambos. Era el primer beso para los dos ninjas. Fuuko sentía deseos de llorar, no por el miedo o porqué la situación le resultara desagradable. Al contrario...había algo aflorando en su pecho que la impulsava irresistiblemente a seguir, a dejarse seducir con absoluta facilidad... Eso era precisamente lo que odiaba con todas sus fuerzas: dejarse domar de semejante manera. Sin embargo, aquel roce no poseía la salvajidad que había esperado. Los labios de Itachi eran suaves, cálidos, para nada agresivos. Parecía esperarla, tentándola poco a poco, como si esperara un paso en falso de ella para demostrarle las razones que le habían llevado a aquello. En el instante en que el moreno se separó para respirar, Fuuko entornó los ojos, respirando entrecortadamente, aunque sin dejar de rozar los labios del Uchiha. - ¿Por qué...? -consiguió susurrar. - No hables -casi rogó Itachi, entornando los ojos para atrapar de nuevo sus labios- Eres tú la que me confundes... No solamente ella estaba ruborizada. El rostro de Itachi había adquirido un tono rosado encendido, haciéndole ver adorable, perdiendo un ápice de su aspecto intimidante. Sus alientos chocaron de nuevo, retorciéndose y queriendo llevar el control sobre el otro. Dos almas fogosas que impactaban bruscamente, ardiento y gritando con furia entre llamas hasta carbonizarse. Las manos del muchacho descendieron lentamente, dejando las muñecas de la chica y posándose con ternura en sus mejillas, notando el calor que desprendía su piel. No recordaba haber sentido jamás un contacto semejante. Ni siquiera se recordaba acariciando a alguien. Sensaciones nuevas que turbaban su mente, emociones que estallaban como burbujas de fuego. Su alma al desnudo, mostrada sin barreras ni límites a la persona más insospechada. Necesitaba profundizar más en aquellos sentimientos. Descubrir qué era realmente aquello que carcomía su alma. El aliento de ambos de mezclaba, haciéndose irreconocibles entre sí, rozando con la punta de los dedos el paraíso de la lujúria... Una simple pero contundente muestra de un amor encontrado de imprevisto, algo que tan buen punto podía ser la mayor de sus dichas... ...como la peor de sus pesadillas. Esa última idea retumbó con fuerza en la mente de Fuuko, la cual fue capaz de romper el contacto a tiempo. Separó sus labios de los del muchacho, respirando entrecortadamente. Le miró a los ojos, unas pupilas negras como la noche que le reprochaban el que les arrebatara aquel cariño, aquel calor que había surgido entre ambos. El sentido común de la shinobi era superior a aquellas repentinas emociones. Sin romper el contacto visual con el Akatsuki, como si le desafiara, retrocedió lentamente, mirándole en todo momento. Itachi volvió a adoptar aquella expresión ausente, aunque sus labios entreabiertos le daban un toque pensativo. - Esto no significa nada... -susurró la chica, avergonzada, arrancando las palabras de su garganta a la fuerza- La próxima vez...te mataré... Y espero que tú...intentes hacer lo mismo conmigo... por el bien de ambos... Dicho esto, con los ojos cerrados suavemente, la muchacha hizo uso de su agilidad y saltó sobre la rama de un arbol, desapareciendo de aquel lugar como una brisa estival desplazada por el inquebrantable invierno. ------------------------------------- El moreno Uchiha permaneció quieto por unos instantes, mirando hacia el lugar en el que la rubia había desaparecido. Miró hacia el cielo, del cual seguía rezumando agua. Su sola mirada moteada en negro detuvo súbitamente la tormenta, dejando que el sol volviera a penetrar entre los ramajes de los árboles. En sus labios aún vivía aquel dulce sabor, un calor latente que deseaba que nunca se enfriara. Se sentía terriblemente confundido, como si una técnica ilusória hubiera caído sobre él. Decididamente...le seducía la idea de algo tan puro como aquella muchacha. Apenas tardó unas milésimas de segundo en advertir que no estaba solo. Giró sobre sí mismo, dominado por un mal presentimiento. Sus sospechas se confirmaron al ver frente a sí al otro individuo, sonriéndole maliciosamente y mirándole fijamente con sus ojos totalmente amarillos. Los labios de una venus atrapamoscas cubrían su cuerpo, divido en dos mitades: una blanca como el papel, otra negra como la brea. Vestía una túnica de Akatsuki. La sonrisa de sus labios se agudizó, dándole un toque misterioso. - ¿Qué has estado haciendo, Itachi-kun...? -susurró una voz de lo más escalofriante. El aludido Uchiha entornó los ojos encendidos por el sharingan, tratando de aparentar la mayor seguridad posible. - Eso no te incumbe, Zetsu -respondió mordazmente. El ninja renegado de la hierba rió con dos voces, como si un eco de su primera carcajada siguiera al otro. Itachi estaba jugando con fuego y era consciente de ello. No todos los Akatsuki estaban al mismo nivel, aunque pudieran aparentar ser un grupo totalmente compacto y uniforme. Zetsu estaba prácticamente en lo más alto de la escala de poder, aún sin haber mostrado apenas habilidades. Sólo hacía falta ver la sigilosidad con la que se le había acercado, sin que hubiera podido notarlo hasta tenerlo encima. De haber querido, quizás Zetsu hubiera podido matarle sin que él siquiera advirtiera su cercanía. - No soy ciego, ¿sabes, Itachi-kun? -inquirió una voz distinta de labios del Akatsuki de la hierba- Sé lo que acaba de ocurrir aquí... - No sé de qué me hablas -protestó el Uchiha obstinadamente- Estaba buscando a... Antes de que pudiera soltar una excusa, aquella doble risa volvió a hacerse oír bajo al amparo de los árboles. - Como compañero tuyo, te recomiendo prudéncia... -restalló de nuevo aquella voz casi metálica- No creo que el líder esté muy complacido si se entera de lo que has estado haciendo... Itachi agudizó la mirada, haciendo refulgir su sharingan. Aquella palabras habían logrado intimidarle. La mitad negra de Zetsu sonrió con malícia. - Y ahora...ve a ocuparte de tu compañero Kisame -exortó- Creo que tiene problemas... Dicho esto, el ninja de la hierba se retiró levemente hasta quedar cubierto en la penumbra, donde se fundió con la vegetación y desapareció de la vista. Itachi permaneció estático por unos instantes, respirando calmadamente para detener el desbocado latido de su corazón. Después, con una velocidad asombrosa, echó a correr bosque a través, guiándose por su instinto para encontrar su objetivo. No obstante, su mente seguía vagando lejos, absorta en otra realidad...en la que la felicidad y el miedo se entremezclaban explosivamente. "Si el líder se entera de esto...tendré serios problemas..." +º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+ La tensión se respiraba en el ambiente. El silencio lo inundó todo una vez la lluvia se detuvo, de un modo súbito e inesperado. Kisame calibró sus opciones, observando a sus enemigos de reojo. Muchas veces se había cargado a varios ninjas a la vez, pero los novatos que se le presentaban en aquella ocasión tenían fuertes habilidades. Tenía por un lado a dos kunoichi, una domadora de cualquier tipo de armas y otra, aprendiz de la Hokage, con una fuerza sobrehumana. Además, estaba un experto en taijutsu y el poseedor de una de las barreras de sangre más poderosas de Konoha. Y por si ello fuera poco, el hermano menor de su compañero Akatsuki, que en poténcia podía ser tan temible como el propio Itachi. Lo tenía francamente crudo. Neji fitaba a su enemigo con aquellas pupilas blancas como la luna. En un instante, activó el Byakugan. Veía claramente la corriente de chakra fluir por el cuerpo de su enemigo, concentrándose en los puntos...de un modo que le inquietó. ¿Era natural que el chakra formara tales caminos, totalmente lineales? - ¡Ahí te va esa! -gritó Lee lanzándose fugazmente sobre el Akatsuki en un practicado golpe de piernas. Pero el Hyuuga notó lo que había engañado a su visión. - ¡Para, Lee! -gritó con firmeza. El joven experto en taijutsu se detuvo con facilidad en medio de su salto, apoyándose con una mano en el suelo y derrapando levemente. Miró interrogante a su compañero jounin. Sin embargo, Tenten notó el engaño en el acto, de modo que lanzó dos kunais sobre Kisame, acertándole de pleno. Tal como esperaba, la imagen del ninja de la Niebla se desdibujó y quedó convertido en un charcho. - ¿Otra vez? -exclamó Sasuke, observando donde hubiera estado la copia de agua. Neji agudizó aquellos ojos tan especiales. Realmente se enfrentaban a un adversario temible. Era rápido utilizando técnicas. Le había estado observando todo el rato y no había notado que el Akatsuki se substituyera por una réplica acuática. Entendió el porque de aquella curiosa circulación del chakra. La pregunta era clara. "¿Dónde está ahora?" El poseedor del Byakugan utilizó su visión privilegiada para observar 360º alrededor. Era incapaz de detectar la preséncia de su enemigo, algo que le inquietaba. "He rastreado la zona en un perímetro de 50 metros... Es imposible que haya ido más lejos..." La idea llegó a su cabeza en un instante, sintiéndose estúpido de no haberlo pensado antes. "Podría ser que..." Dirigió sus ojos al suelo, viendo el peligro en el acto. - ¡Cuidado, Lee! -advirtió a su compañero. El aludido no supo a qué se refería su amigo hasta que sintió una mano aferrarle con fuerza la pierna izquierda. En un rapidísimo acto reflejo, golpeó aquella extremidad, haciendo que se retirara. No obstante, para sorpresa del experto en taijutsu, aquellas manos iban siguiéndole constantemente, tratando de atraparle, obligándole a ejecutar todo tipo de acrobácias para esquivarle. - ¡Subid a los árboles! -advirtió Lee, dándose impulso y alcanzando una rama alta. Sus compañeros le imitaron rápidamente. Neji y Tenten aterrizaron con elasticidad en una rama situada a unos diez metros de altura. Sasuke se aferró al tronco con una mano y se posicionó al lado de Sakura. Los cinco observaron bajo sus pies, aunque sólo Neji podía ver a su enemigo...el cual emergió del suelo instantes más tarde. - ¿Cómo puede...adentrarse en la tierra? -preguntó Lee intrigado. - Je, ¿qué os creíais, mocosos? -inquirió Kisame, sonriendo malicioso- Mi único elemento no es el agua... También tengo ciertas habilidades con la tierra. Este suelo mojado es ideal para permitirme sumergirme en él... -pronunció su mueca triunfante- Sin embargo... La voz siguió hablando, aunque cambiando súbitamente de lugar... Para ser exactos a la espalda de Tenten, la cual abrió los ojos a sobremanera al oír la voz de Kisame detrás suyo. - ...confundir con agua se me da mucho mejor -añadió el Akatsuki, descargando la hoja de Samehada sobre la kunoichi. A pesar de sus sumamente rápidos reflejos, los cuales le habían permitido aferrar dos kunais con cada mano, Tenten sabía que no alcanzaría a evadir ese ataque. Giró sobre sí misma, saltando al mismo tiempo, aunque la hoja ya la rozaba... Hasta que algo entró en su campo visual. - ¡Juuken! (golpe gentil) -exclamó una voz masculina. Una mancha blanca y negra llegó con fugacidad, apartando a la chica de un empujón e interponiéndose entre el Akatsuki y la kunoichi. - ¡Neji! -gritó Tenten al contemplar la escena, aferrándose rápidamente a la madera para no caer. La hoja se escamas arrancó sangre, que saltó al ambiente y mancilló el aire. Neji se aferró la herida del antebrazo diestro mientras derrapaba sobre la madera del tronco. Tenten saltó a su lado en un instante, con la cara desdibujada por la angustia. - Neji, ¿estás bien? - Sólo es un arañazo... -mintió el chico, mirando la herida de reojo. Realmente, la espada le había rasurado el músculo casi por completo. La sangre rezumaba del corte y manchaba su kimono blanco de rojo encendido. Ambos ninjas miraron a su oponente, el cual había distraído su atención intercambiándose en instantes con una copia de agua. Kisame levantó Samehada frente a los dos muchachos, con clara intención de amenazarles. Clavó sus ojos pequeños y oscuros en el jounin, retándole con la mirada. - Buen intento -dijo- Pero necesitarás algo más que eso para vencerme. Neji no se movió, simplemente siguió manteniendo un brazo frente al cuerpo de Tenten, como si quisiera crear una separación entre el Akatsuki y su compañera. Sus otros compañeros, alarmados por el peligro que corrían ellos dos, reaccionaron violentamente. - ¡Konoha Daisenpuu! -exclamó Lee, saltando sobre Kisame en un giro vertiginoso. Kisame movió con absoluta facilidad a Samehada para que le cubriera, provocando que el golpe fuera amortiguado por las pétreas escamas. Lee se retiró con rapidez, sintiendo la fugaz absorción de chakra que había efectuado la hoja. Mientras tanto, Sasuke saltó del lado de Sakura y formó unos rapidísimos sellos en sus manos, hasta que levantó la mano diestra ante sus ojos, dejando un hueco. - ¡Katon: Housenka no jutsu! (Elemento fuego: Llamas del fénix) Una imponente onda de fuego se lanzó directamente sobre Kisame, aunque este se limitó a sonreír y a levantar la mano izquierda hacia él. La barrera de llamas se deshizo súbitamente, como efecto del chakra de Suiton del Akatsuki. Sasuke maldijo por lo bajo, frustrado su intento de vencer a Kisame. Este le miró con su sonrisa rozando lo malévolo. - Conozco bien esa técnica. Tu hermano también la utiliza bastante -explicó- ¿Crees que un ataque de Katon puede derrotarme? Dicho esto, y ante el fastidio del menor de los Uchiha, Kisame levantó la gran hoja de Samehada sobre Tenten y Neji, el cual aún seguía tratando de recuperarse de su tremenda herida. - ¡Dos menos! -exclamó el de la Niebla, descargando un golpe mortal. Tenten cerró los ojos por temor al impacto, pero Neji permaneció firme, mirando a su enemigo sin apenas temblar, como si esperara a la muerte con los brazos abiertos. El golpe definitivo nunca llegó. Kisame pareció quedarse petrificado por unos dolorosos y eternos segundos. Rápidamente, sus rodillas fallaron y se desplomó sobre la rama, con expresión de no poder creéselo. - ¿Qué...me habéis hecho...? Una sonrisa se dibujó en la cornisura de los labios de Neji, el cual se puso en pie en un instante, seguido por Tenten, que suspiró aliviada. El Hyuuga se cruzó de brazos y observó al Akatsuki con cierto aire triunfante. - Me he dado cuenta de tu debilidad. El hecho de que esa espada absorba chakra implica que haya un intercambio del mismo entre tú y tu arma -explicó el jounin de Konoha- Lo único que he tenido que hacer ha sido enviar mi chakra a través de la hoja mediante el ataque del Juuken... He cerrado el canal de chakra circundante a tu corazón. Ya no puedes modelar bien el chakra. Dicho esto, y ante la estupefacta mirada del criminal de la Niebla, Neji se posicionó de un modo concreto, en un gesto claramente intimidante. - ¡Hakke: Rokujuuyonsou! (Círculo celestial: 64 puntos). La velocidad que adquirió Neji en aquel momento fue tan rápida que incluso a Lee le costaba seguirla. Sus manos golpeaban los puntos del chakra de su oponente, cerrándolos en apenas segundos. El número de golpes equivalente a 64 terminó por hacer caer a Kisame del árbol, impactando contra el suelo, varios metros más abajo, resquebrajando la tierra. El silencio lo inundó todo después de aquella demostración de fuerza. Sasuke miró de reojo a Hyuuga Neji, tratando de no parecer demasiado descarado. Era evidente que el heredero del Byakugan había mejorado muchísimo en cuanto a destreza. Su actitud seguía siendo fría, pero consciente, igual que un auténtico jounin. Sin duda alguna, tendría problemas para vencerle en caso de tener que enfrentarse a él. De repente, Neji levantó la cabeza. Sus sentidos captaban algo. Sus compañeros aguardaron en alerta. Aunque aquella precisión no fuera visible, Neji estaba observando los alrededores con el Byakugan, cubriendo prácticamente 360º grados. - Hay otro Akatsuki -anunció. - En efecto, no te equivocas -soltó una voz masculina, bajo ellos. Los cinco shinobis posaron su mirada en el suelo, encontrándose de pronto con unos ojos rojos como la sangre...que movían sus tres aspas negras de un modo tétrico... A pesar del cúmulo de emociones que sobrevino a Sasuke, el Uchiha fue lo suficientemente rápido como para levantar un grito de alerta. - ¡No le miréis a los ojos! ¡Cerrad los ojos! Una sonrisa maliciosa cruzó el rostro de Uchiha Itachi. - Demasiado tarde, hermanito. De repente, el bosque que les rodeaba se fundió en la nada, provocando que un velo oscuro les atrapara en la nada. Los cinco ninjas, confundidos por aquella repentina visión, empezaron a fitar cada sombra de su alrededor, notando como, paulatinamente, una oscuridad densa como el plomo les iba atrapando en sus dominios. Sin embargo, ninguno de ellos estaba tan tenso como Sasuke, el cual empezó a sudar y a respirar con dificultad. El latido de su corazón se aceleró vertiginosamente. Sabía demasiado bien...lo que podía ocurrir si caía en los brazos de aquel genjutsu. - ¿Qué es esto...? -inquirió Lee, tratando de detectar algo más allá de aquellas tinieblas. La mirada blanca de Neji se movía a un lado y a otro, quizás pensando que sus ojos podrían descubrir la clave de aquel Genjutsu. Aunque la evolución que suponía el Sharingan quedaba muy lejos de la técnica raíz del Byakugan. Súbitamente, los cinco ninjas se dieron cuenta de que estaban inmovilizados, a causa de unas cadenas que envolvían sus muñecas y tobillos y les mantenían fijos en un punto. Sakura rápidamente trató de hacer uso de su fuerza y liberarse de tales ataduras, aunque fue absolutamente inútil. - No te servirá de nada -le advirtió Sasuke- Esto es una ilusión... Él la controla por completo... -añadió, posando sus ojos en su hermano mayor, el cual les miraba fijamente a una distáncia prudencial. Decididamente, estaban en problemas. Habían caído en el dominio del Doujutsu conocido más temible de la historia. Itachi se acercó a ellos con una gran aura de seriedad, una firmeza única. Parecía no sentir nada al tener a aquellos cinco jovenes atrapados en el mundo del Tsukuyomi. Sus pupilas, invertidas en colores a causa de la ilusión, pasaron de uno a otro con detenimiento, estudiándolos a fondo. Se sorprendió de ver a un usuario del Byakugan entre sus víctimas. - Así que...posees la visión pura, ¿eh? -susurró, mirando fijamente a Neji- No te esfuerces...tus ojos no pueden ver a través de este genjutsu... Neji no se movió, siendo fiel a aquella frialdad que le caracterizaba. Sasuke, por su parte, sentía que su sangre bullía. La ira y el odio acumulados en su alma por tanto tiempo parecían encontrarse al borde de explotar. - ¿Qué es lo que quieres, Itachi? -casi bramó. Su hermano mayor le estudió con aquellos ojos tan especiales, aunque su rostro no mostraba ninguna expresión. - Esta vez no pienso haceros nada -explicó, con frialdad- Mi trabajo es seguir las órdenes de Akatsuki y cuidar de no quedarme sin compañeros. Estaría fuera de lugar que hubiera permitido que matárais a Kisame. Pero os advierto... Sus ojos de agudizaron repentinamente, reduciendo los iris rojos a simples líneas. - No interfiráis más...o os mataré -advirtió. Súbitamente, la ilusión se deshizo, tardando unos instantes en poder ver algo más a parte de aquella inmensidad negra. Cuando unos segundos más tarde se vieron liberados de las cadenas que les habían retenido, Uchiha Itachi, junto a Kisame y su espada Samehada, habían desaparecido del lugar. El Uchiha era realmente rápido, lo supieron cuando Neji se mostró incapaz de dar con él a menos de cien metros de distáncia. Nunca le alcanzarían. +º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+ Ambos shinobis caminaban uno al lado del otro, andando bajo el abrigo de los árboles y sobre los charcos aún recientes. Los pies de Naruto pisaban la superfície acuática, seguidos instantes más tarde por Hinata, la cual andaba detrás de él en silencio. La verdad era que apenas habían hablado entre sí desde aquella revelación por parte del rubio genin. Quizás aquella escasez de palabras se debiera a que Hinata trataba de asimilar toda la información. No obstante, no sentía sentimiento alguno de rechazo o miedo hacia su amigo y compañero. Naruto era mucho más para ella de lo que nadie pudiera imaginar jamás. Ni siquiera algo de semejante magnitud la obligaría a separarse de él. De hecho, sentía aún más que nunca un fuerte deseo de compensar sus años de dolor. Quizás por ello, inconscientemente, se avanzó un paso y tomó la mano del rubio con una suya, mucho más blanca y pequeña. Naruto se detuvo levemente, intentando entender el porqué de aquel cálido roce. Sus ojos azules como el cielo resbalaron hacia la muchacha, mirándola con tanta intensidad que la Hyuuga prácticamente perdió el aliento. Una suave y reconfortante sonrisa cruzó sus labios. Si Naruto necesitaba a alguien a su lado...ella estaba dispuesta a compartir la carga de aquel gran secreto. Unos matorrales se movieron cerca. Ambos chico se separaron de un salto y miraron hacia aquella dirección, esperando encontrarse cara a cara con un enemigo. No obstante, Hinata ni siquiera necesitó utilizar el Byakugan. Una chica de largos cabellos rubios en dos coletas salió de la maleza, mirándoles levemente. - Ah...hola -saludó, como perdida en sus pensamiento. Naruto estaba boquiabierto. Su hermana cargaba con total facilidad a dos hombres sobre su hombro izquierdo, como si no supusiera esfuerzo alguno. - Creo que estos dos son los jounins que buscábamos -explicó Fuuko- Sólo estan inconscientes, no es nada grave. - Fuuko-chan... -susurró Naruto, sorprendido- ¿Los has traído hasta aquí tú sola? La chica le miró interrogante, con los ojos azules llenos de su habitual jovialidad. Se acercó a un árbol y levantó un brazo. - ¿Qué creías? ¿Has olvidado que Tsunade-sama fue mi maestra? -preguntó, hundiendo el puño en la madera de un tronco y dejando un boquete de un metro de radio, como si fuera lo más normal del mundo. Los dos más jovenes se quedaron de piedra, aunque la chica seguía sonriendo con naturalidad. - Aunque claro, mi fuerza no puede compararse a la de Tsunade y aún a Sakura -esclareció- Sólo estoy...un poco por encima de la media. - Un poco dice... -susurró Naruto, casi con miedo, mirando de reojo el agujero en el tronco. Mientras tanto, Fuuko miraba alrededor, tratando de ocultar el profundo nerviosismo que sentía. Para nada había pasado por alto lo ocurrido hacía una media hora con aquel joven Akatsuki, pero pensar en ello sólo dificultaría su misión. Aunque... ...el corazón seguía latiéndole muy fuerte. Inspiró profundamente y levantó la vista al cielo. - Debemos buscar a los demás -anunció- Creo que no falta mucho para que anochezca... - No hará falta que nos busquéis. Estamos aqui -dijo de pronto una voz familiar. Los tres giraron sobre sí mismos, mirando hacia un punto concreto de la senda de hierba. Sasuke y Sakura aparecieron de imprevisto, seguidos de Rock Lee, Neji y Tenten. Todos ellos presentaban signos de haber combatido. Naruto les miró ceñudo. - ¿Qué hacéis vosotros aquí? -inquirió el rubio. - Volvíamos de una misión en el país de la Cascada y les encontramos en problemas -aclaró Lee. - ¿Ha pasado algo...? -preguntó tímidamente Hinata. Sasuke, el cual parecía estar de un humor de perros, apartó los ojos negros, marchando en dirección a Konoha. - Ya os lo contaremos más tarde -respondió mordazmente- Ahora regresemos a la villa. Los otros aceptaron la sugeréncia, siguiendo al menor de los Uchiha. Sin embargo, nadie notó que Sasuke dejaba sutilmente el puesto de líder, retrocediendo expresamente para cruzar una negra y cálida mirada con cierta chica... ...una kunoichi de ojos verdes que hechizaban. +º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+ La cueva estaba llena de una gran oscuridad, que ahogaba lentamente y enrarecía el aire. Las gotas que caían de las estalactitas del techo repiqueteaban en los charcos formados inmediatamente debajo. Unos pies calzados con sandalias azules caminaron por el estrecho hueco sin rocas que quedaba en el centro de la gruta, casi a ciegas. No obstante, dicha persona poseía unos ojos privilegiados, de modo que quizás no resultara tan torpe en las tinieblas como podía serlo otro. Se detuvo lentamente al distinguir otra silueta frente a sí. El otro permanecía erguido, inmóvil. Era una postura que siempre había mostrado frente a todos sus subordinados, apenas dejando que la luz delineara sus ragos. Pocos Akatsukis le habían visto realmente, pero sabían que era invencible. Aquel único miedo les mantenía atados a su poder. Sólo los novatos como Hidan se atrevían a cuestionar sus decisiones. Aunque, por suerte para él, el líder de Akatsuki era paciente y generoso hasta cierto extremo, para nada violento. Si así fuera, los miembros de Akatsuki hubieran ido cayendo uno tras otro. El recién llegado se detuvo a unos pocos pasos del más alto, mirándole en la oscuridad con sus ojos rojos como la sangre fresca. - ¿Me has llamado...? -preguntó Uchiha Itachi. Su voz produjo un suave eco en los muros cercanos de roca. Al oír aquellas palabras, el líder de Akatsuki giró levemente sobre sí mismo, encarándose al más joven de sus subordinados. Itachi resistió el impacto de aquella mirada. Había algo que le impedía reconocer aquellos ojos... Solamente sabía que no eran de un color corriente. Cuando los miraba, sentía una espécie de confusión que le impedía pensar con claridad... Aunque le doliera admitirlo, ni siquiera su Sharingan le protegía del poder de aquellos ojos. - Zetsu me ha contado...algo ciertamente curioso... Un gran nudo empezó a presionar la garganta del Uchiha, dificultándole la respiración. Zetsu ya le había contado al líder lo que había visto esa misma tarde. Adoptó un aire ausente. - Según él... -siguió el líder- ...estabas en compañía de la hermana del Jinchuuriki de Kyuubi...y no precisamente atacándola... Antes de que Itachi pudiera defender su posición, una risa masculina y divertida inundó la cueva. - Jaja...no te entiendo, Itachi... En una brisa de viento, tan rápido que apenas aconteció en una milésima de segundo, el líder estaba tras el joven Uchiha, con la cabeza gacha y una sonrisa en el rostro. Itachi se sintió todavía más tenso, aunque camufló aquella inquietud de inmediato. - Tienes una actitud sumamente interesante, Itachi... -dijo la voz del líder. En un instante, la mano de este pasó por encima de su hombro y cogió su barbilla, en un gesto plenamente amenazador. La otra mano del líder se recostaba sobre la espalda del moreno, justo destrás de donde le latía el corazón. El mayor se inclinó levemente, hasta que aliento prácticamente golpeaba el cuello del chico. - ¿Qué pretendes atando tu corazón a esa chica...? -inquirió en un susurro desafiante, cerca de su oído- ¿Quizás tratas de recuperar los lazos...que rompiste hace siete años...? ¿Puede ser que intentes sentir de nuevo...ese calor en el pecho...? Sabía lo que el líder trataba de hacer. Ponerle nervioso para que delatara sus emociones. Eso no ocurriría jamás. Itachi agudizó la mirada roja, inclinando levementa la cabeza hacia abajo. - No necesito de tales lazos... Sólo entorpecen mi trabajo... -afirmó contundentemente. Una sonrisa complacida rezumó de los labios del líder de Akatsuki. - Rápidos reflejos, ¿eh? -inquirió. Riendo todavía con satisfacción, recostó la frente en la espalda del moreno, sin soltar su rostro. Una fuerte energía, fusionada con la oscuridad de la gruta, empezaba a hacerse visible, danzando al igual que los mortecinos reflejos en los ojos del líder...de un color anormal...encendido... Aquella misma sensación muerta inundó la cabeza de Uchiha Itachi, adentrándose en sus pensamientos, atrofiando sus emociones...confundiendo sus recuerdos... Y la voluntad del Uchiha se doblegó con facilidad, dócil como un perro. - Siempre has estado bajo mi control...Itachi... -murmuró el líder. Sonrió con mayor soberbia, apresando el cuerpo del chico con otro brazo cruzado sobre su pecho. Los iris de Itachi miraban a la inmensa oscuridad...sin ver nada en realidad...vacíos de pensamientos... - ...y siempre lo estarás... Lo sé, una chufa XD |
| #84 @ 19:26 11/08/2007 | |
| airun
Nivel: Chuunin |
esta muy bien el capitulo
sigue asi |
| #85 @ 23:15 14/08/2007 | |
| Seraf
Nivel: Chuunin |
genial, haber para cuando el siguiente, XD, y todos los que lean el fic, postear, por favor, para dar animos a nuestra querida escritora |
| #86 @ 03:01 15/08/2007 | |
| Uchiha Akila
Chuunin |
Normalmente no soy muy amigo de leer fan fics pero el tuyo e de reconocer que me a gustado muchisimo (alabanza) , asi que por favor, sigue escribiendo este fic que tengo un mono brutal |
| #87 @ 16:05 18/08/2007 | |
| airun
Nivel: Chuunin |
sigue escriviendo asi |
| #88 @ 19:04 20/08/2007 | |
| Hinata HyN
Chuunin |
wow, realmente te inspiras (alabanza), espero pongas todos los caps pues me has entretenido mucho.
Ademas algo q me gusta, es que los personajes no cambian su forma de ser de forma drastica como en algunos fanfics. |
| #89 @ 23:32 20/08/2007 | |
| Haruka Uzumaki
Nivel: Kage |
Weno, he decidido poner el siguiente cap (que lo tenía un poco abandonadillo XD). Mil grácias a todos por vuestro apoyo
P.D. Creo que este cap es un regalazo para los fans NaruHina (ahora, por desgrácia, no me cuento entre ellos _ _U). Capítulo 11.- Miedos latentes. Akatsuki se mueve El latir del agua en la oscuridad, el sonido de ocho capas apareciendo a la vez...
La guarida de Akatsuki era un lugar oscuro, sin una rendija que permitiera el paso de la luz. Los murmullos que recorrían a los siete miembros inferiores se quebraron subitamente cuando se irguió ante ellos una silueta temible que todos reconocieron. Los cinco sentidos de cada uno estaban puestos en la persona que regía sus vidas en aquel momento. - Sólo queda un Bijuu... El Jinchuuriki de Kyuubi aún no ha sido atrapado... Nos está causando más problemas de los que creíamos... Sus ojos se desplazaron levemente sobre Itachi y Kisame, los cuales permanecían frente a él uno al lado del otro. Después, su mirada encendida resbaló hacia Deidara y Tobi, el cual se movía nerviosamente sobre un pie y el otro, alternando. - Creo que no he enviado a las personas adecuadas... -susurró el líder con un toque de desprecio. El rubio Akatsuki bufó ruidosamente y se cruzó de brazos, visiblemente fastidiado. El líder notó el descontento de Deidara, pero no comentó nada al respecto. Sus ojos envueltos en el misterio se posaron en dos de los más temibles Akatsukis. - Hidan, Kakuzu, es vuestro turno -anunció. El hombre alto de ojos violetas y cabellos blancos sonrió maliciosamente, acariciando con los dedos el mango de una guadaña de tres puntas, de metal rojo. - Ya era hora...empezaba a aburrirme -expresó este, triunfante. - Pero de camino...nos paramos a atracar alguna aldea -dijo el más alto, como si nada. - Y una mierda -respondió mordazmente el otro- Nos vamos directos a Konoha. El líder sonrió complacido. Si había alguien que solamente viviera para destruir todo lo que se cruzaba en su camino, ese era Hidan. Unido al compañero de titánico potencial que era Kakuzu, formaban un dúo prácticamente invencible. Sin embargo, siempre se abstenía de enviarles a las misiones si así podía, ya que ambos eran...bastante sádicos con sus métodos. Había hecho la mejor de las elecciones enviándoles a secuestrar al Jinchuuriki de Kyuubi. +º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+ Aquellos agudos ojos parduzcos observaban de un modo crítico a los ocho shinobis. Por una parte, complacidos por el hecho de que hubieran regresado de la misión. Por otra, podía verse en ellos la preocupación por los peligros a los que les había expuesto. Godaime suspiró apesadumbrada y terminó por sonreír suavemente. - Por suerte, no ha habido ningún herido de gravedad -susurró, mirando a Neji de reojo, al cual Sakura había curado cuando acabaran la pelea en el bosque- No obstante, os he expuesto a un peligro que no esperaba... Os pido disculpas. - No te disculpes, Tsunade no baachan -se apresuró a decir Naruto, sonriendo, con un humilde orgullo- La cuestión es que estubimos a la altura. - No pareces demasiado preocupado, Naruto -observó la Hokage, levantando una ceja. - ¡Ha sido pan comido, Tsunade no baachan! -exclamó feliz el rubio. - Lo habrá sido para ti... -inquirieron a la vez Rock Lee, Sasuke, Sakura y Tenten. - Bueno, sea como sea, os merecéis un descanso, chicos -anunció la mujer, sonriendo maternalmente- Iros a casa, habéis cumplido con la misión. - Y nos lo dice tan pancha -se quejó Naruto, indignado- Invítanos a un plato de ramen por lo menos... - ¡He dicho que os vayais a casa! -vociferó Godaime, con una venita palpitando en su sien. En un instante, los ocho ninjas habían desaparecido por la puerta del despacho, sin dar crédito a la mala leche de la Hokage. Tsunade guardó aquella expresión molesta por unos segundos, pero después se recostó sobre el respaldo del sillón y sonrió divertida. - Esos chicos han crecido muy deprisa... -dijo, en un tono casi maternal- Sobretodo...Naruto y su hermana... -inclinó levemente la cabeza- ¿No crees...Jiraiya? La persona que estaba sentada en el tejado al otro lado de la ventana sonrió del mismo modo y subió de un salto a la repisa del ventanal. Un hombre que pasaba de los cincuenta, aún así muy bien conservado, observó a su compañera de antiguo equipo con nostálgia. Sus cabellos blancos se mecieron con la brisa nocturna que atravesaba el despacho. Los ojos negros de éste expresaban una extraña melancolía. - Parece que tanto Naruto como Fuuko han madurado mucho... -dijo suavemente- No creía que esa chica fuera tan natural después de todo por lo que ha pasado... - Jiraiya... -susurró la Quinta, mirando de reojo a su compañero- ¿Crees que está bien que le ocultemos a Naruto...cuales son sus raíces? El sannin legendario calló, sin decir nada. Ciertamente, él también se sentía culpable por aquel hecho. A pesar de haber sido el maestro de Naruto, le había guardado demasiados secretos, algo bastante difícil, teniendo en cuenta el increíble parecido entre Naruto y su padre. Cualquier palabra que dijera de más podía suponer que Naruto cayera en la cuenta de todo. Por su própia seguridad, sus orígenes debían ser un secreto para él. - Kaseiyo lo hubiera aprobado, estoy seguro -aseguró Jiraiya- Quería que Naruto fuera considerado un héroe, pero... Orochimaru no es el único que intenta descubrir el secreto de los Uzumaki. Todos los países estarían interesados en ello si supieran que los Uzumaki siguen vivos... -sus ojos negros reflejaban una gran preocupación- Yondaime no podrá proteger a sus hijos en caso de que les ocurra algo... Ahora deben empezar a vivir por su cuenta, como si el clan Uzumaki nunca hubiera existido... Tsunade reparó en sus palabras. Sobre las espaldas de aquellos dos hermanos recaía más peso del que nadie podría imaginar. Cualquier fallo por parte de ambos podría significar el final de Konoha, de eso era consciente. La mujer suspiró con pesadez y recostó la barbilla en una mano. - ¿Qué me traes esta vez, Jiraiya? -preguntó. - He estado investigando sobre Akatsuki, como de costumbre -explicó el hombre, metiendo una mano en su camisa y sacando unos papeles- He intentado averiguar todo lo posible sobre sus miembros, así que he tenido que entrar de incógnito en los diferentes países. Ni imaginas lo custodiada que está la información sobre los criminales del libro de Bingo. - ¿No me digas que te has colado en los archivos? -preguntó la Hokage ceñuda. - ¿Se te ocurre una idea mejor? -exclamó el otro, indignado, dejando los papeles sobre su mesa- Es toda la información que he podido reunir sobre el pasado y los crímenes de los Akatsuki. Quizás nos sea útil a la hora de combatirles. No obstante... - ¿Qué? -inquirió la Hokage, hojeando los informes. La mirada de Jiraiya se oscureció de repente. - No he encontrado nada acerca del líder de Akatsuki... No se trata de ningún criminal buscado -expresó- Y tampoco...aparece nada sobre Tobi, la más reciente incorporación de Akatsuki. La mirada parda de Tsunade se veló levemente, en una expresión llena de amargura. - No es necesário, ya conocemos su identidad -expresó- ¿Recuerdas al aprendiz de Kaseiyo, el mejor amigo de Kakashi? -le miró con intensidad- Nunca murió. Aquella revelación dejó de piedra al domador de sapos. Jiraiya giró levemente la cabeza, mirando al frente sin mirar nada en realidad. - ¿Uchiha Obito...? -inquirió, sin ser capaz de creérselo. +º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+ La luna era hermosa, plateada, brillaba redonda en el firmamento lleno de estrellas. Dos siluetas creaban sombras en aquel resplandor argentino. Andaban una al lado de la otra, hablando en voz baja. El ambiente era propício, ni una brisa de aire barriendo la oscuridad. Se habían quedado solos sin apenas darse cuenta, todos había ido marchándose para descansar de la fatiga del día. Ellos dos no. Aunque el otro no lo supiera, ambos adoraban las noches sin luna, solamente bajo la mirada de miles de estrellas. Hinata miraba de reojo a Naruto. Allá arriba, sobre la roca de los Hokages, donde parecían estar tan cerca del cielo que casi lo rozaban con la punta de los dedos, el inmenso firmamento lleno de estrellas parecía reflejarse en aquellos profundos ojos azul claro, tan profundos que uno podía perderse perfectamente en ellos. Aquella mirada cian parecía estar sumida en sus pensamientos, desentralazando uno a uno los momentos de felicidad que permanecían en sus memória. Nada podía hacer brillar sus ojos de semejante manera. El rubio golpeó una piedrecilla con un pie y la dejó caer al vacío. Observó con un extraño sentimiento de nostálgia la escultura del Cuarto Hokage. - No sé porque... -susurró, casi sin voz- Me siento muy bien cuando estoy aquí... Me siento totalmente lleno... - ¿Por qué? -preguntó Hinata inclinando levemente la cabeza. Naruto inspiró hondo y sonrió suavemente. - Una vez, el anciano Hokage me contó que las rocas de los Hokages estaban aquí porque así podían vigilar para toda la eternidad la villa... Por eso me siento reconfortado. Cuando yo muera siendo Hokage, podré permanecer para siempre aquí, mirando cómo Konoha va creciendo y haciéndose más próspera... La voz de Naruto sonaba muy firme y suave a la vez. Era un tono tranquilizador y lleno de emociones. Naruto estaba profundamente esperanzado en su sueño de ser Hokage, aquello cualquiera podría verlo. No era una ambición, sólo un inocente y desesperado deseo de ser alguien capaz de proteger lo que quería. No sufrir más el desprecio de la gente. Quizás en últimos términos fuera aquello lo que el muchacho más deseaba. El corazón le palpitaba a la altura del cuello. Estar allí sola con la persona a la que más amaba en el mundo no era nada fácil. Solamente la oscuridad imperante lograba camuflar el enorme sonrojo que ascendía por su rostro. Cerró los ojos con fuerza, luchando contra la timidez que llevaba acarreando toda su vida. Era entonces o nunca. Antes de que su rubio compañero pudiera reaccionar ante su movimiento, la chica le tomó de una mano levemente y, poniéndose de puntillas, depositó un beso sobre sus labios. El tiempo pareció detenerse en la mente de Naruto. El repentino sentimiento que le embargó le hizo perder instantáneamente el equilibrio, cayendo sentado sobre la piedra desnuda. Hinata quedó arrodillada frente a él, sin despegar los labios de él. Naruto notó que la muchacha parecía forzada, su cuerpo estaba tenso y temblaba visiblemente. El rubio, con los ojos abiertos por la sorpresa, pudo ver que el rostro de la chica estaba totalmente rojo, presa de un gran rubor. ¿Aquella era la misma Hinata de siempre? Apenas podía creerlo. Sentados allí, bajo la luz de miles de velas lejanas... Besándose... Aunque confusa, era una bellísima escena. Un ramalazo de sentido común atravesó el pensamiento de Hinata. Tan deprisa como pudo, se separó del muchacho y se arrastró todo lo lejos que pudo de él, ahogando un sonido de pánico. Después de tantos años, se había atrevido a expresar sus sentimientos...pero cuando veía la chocante expresión de Naruto... ...hubiera preferido no llegar a hacerlo. Naruto seguía mirándola intensamente, respirando entrecortadamente a causa del beso robado. Sus ojos azules llenos de dudas parecían refulgir en la oscuridad. - Hinata... ¿tú...? Pero antes de que pudiera articular una sola palabra más, la chica ya se había puesto en pie y se había marchado de allí tan deprisa como le permitían sus piernas. Todavía aturdido, el rubio muchacho se puso en pie con dificultad. No supo qué le impulsó a él y a su cuerpo a correr tras la chica. Quizás algo que quemaba dentro de su pecho. Hinata era ágil, pero no extremadamente rápida. No le costó mucho alcanzarla, interponiéndose en su camino y obligándola a detenerse. Hinata se detuvo bruscamente, pero no lo suficiente como para prácticamente tropezar en el suelo y... ...caer con el rostro sobre el pecho de Naruto, los latidos del corazón del cual se hicieron audibles para ella por unos efímeros segundos. Justamente el tiempo que tardaron los brazos del rubio en rodear el cuerpo tembloroso de Hinata y atraerla hacia sí. La noche murió en aquel instante, o al menos sus sonidos, desapareciendo por completo. Ya fueran los escasos sonidos nocturnos de Konoha o el cantar de los grillos. Quedaron sumidos en un cómodo silencio en el que se sentían albergados por una gran calidez, un profundo bienestar. Hinata escuchaba sin soltar sonido la respiración acompasada y calmada del muchacho rubio. Ante su más absoluta sorpresa, Naruto cerró los ojos suavemente y hundió el rostro en los negros y brillantes cabellos de la muchacha, sintiendo su fragante aroma. El joven Uzumaki sonrió dulcemente. - ¿Nunca te habías dado cuenta, Hinata...? -susurró. La chica se puso tensa al escuchar la voz del rubio tan madura, como si perteneciera a otra persona. Era un voz francamente atractiva, pegadiza. Adictiva. Naruto se acurrucó visiblemente contra el cuerpo de ella y movió levemente los hombros. - Aquella vez ya te lo dije... -susurró, mirándola de reojo con aquellos grandes ojos azules- Me gustan las personas como tú... Dicho esto, en una actitud más madura que nunca en su vida, tomó el mentón de la chica con dos dedos y depositó un suave beso sobre aquellos rosados y temblorosos labios. Fue entonces el turno de Hinata para quedar sorprendida. Naruto la estaba besando con total naturalidad, como si fuera lo más normal del mundo. Como si toda la vida hubieran sabido que debían estar juntos. Naruto acarició suavemente aquellas pálidas mejillas, sintiendo cómo de encendidas estaban bajo sus dedos. Los ojos blancos de la chica se cerraron suavemente, dejando que un puñado de lágrimas calientes resbalaran por su rostro. Lágrimas que Naruto besó una a una, saboreándolas. Era lo más suave que había sentido nunca. Las manos del chico se deslizaron desde el rostro de la chica y arroparon con fuerza su cintura, atrayéndola hacia sí en un protector abrazo del cual ninguno de los dos quería separarse. Naruto no sabía lo que sentía. Desconocía totalmente aquel sentimiento. Esa espécie de profunda calidez que arrancaba una a una las espinas de dolor que crecían en su alma, curando las heridas con dulzura. Dominado por una dicha superior a él, profundizó en aquel beso, sintiendo como su aliento y el de Hinata se mezclaban de un modo delicioso. Sus manos subieron un poco para encontrar la espalda de la chica y acercarla más a sí, consiguiendo que la distáncia entre ambos fuera nula. Deseó que aquel momento nunca terminara. ¿Por qué...? Había dado con el amor. Ni siquiera las palabras hubieran sido capaces de expresar lo que ambos muchachos sentían en aquellos efímeros instantes que eran una eternidad en sus mentes. El silencio era cientos de veces más expresivo que los sonidos. ----------------------------------- - Realmente... ¿cual es la palabra?... Ah, sí...repugnante -dijo de repente una voz burlona. Ambos muchachos giraron bruscamente hacia la dirección de la voz. Sus miradas chocaron contra dos personas que permanecían de pie a unos metros de ellos, mirándoles atentamente. Los dos individuos vestían túnicas azabache con dibujos de nubes rojas. Era la única señal que Naruto necesitaba para saber que se trataba de Akatsuki. - ¿Qué hacéis aquí? -exclamó, poniéndose en pie con brusquedad. - ¿Qué coño crees que hacemos? -vociferó el Akatsuki de ojos violeta- Venimos a secuestrarte -soltó, con total naturalidad. Los ojos azules de Naruto se agudizaron en el acto, fitando a sus dos enemigos en alerta. No les había visto nunca, pero intuía que poseían una gran fuerza. Casi podía notar el chakra fluír desde ellos. Uno, el más bajo, tenía los cabellos blancos peinados hacia atrás. Sus ojos presentaban un brillo púrpura mientras brandía en su mano izquierda una enorme guadaña de tres hojas. El otro, de sorprendente altura, tenía la piel oscura y unos ojos blancos brillantes. Daba escalofríos. Naruto se dispuso a reccionar cuando vió al más bajo moverse, pero éste simplemente levantó un medallón que pendía de su cuello y lo besó levemente. - Será el mejor sacrificio que el diós Jashin haya recibido jamás... -susurró, sonriendo malignamente. Dicho esto, levantó la mano y lanzó la guadaña directamente sobre Naruto. El chico, no obstante, tuvo el tiempo suficiente como para lanzarse sobre Hinata y hacerla a un lado, apartándose ambos de la trayectória de la peligrosa arma. Hidan inclinó la cabeza con un bufido, visiblemente fastidiado. - Mierda, siempre igual... Soy demasiado lento -admitió- Kakuzu, anda, te los dejo a tí. Su compañero pareció complacido porque le clamaran ayuda, pero de inmediato notó que algo no iba bien. Ante sí podía sentir una inmensa acumulación de chakra, una energía tan peculiar que no recordaba haberla sentido nunca. Sólo podía ser el poder de un Bijuu. Naruto estaba realizando su ataque definitivo, una perfecta espiral de chakra rojo o azul por zonas, que en un instante adoptó la forma de un gigantesco shuriken. El rubio Uzumaki arrancó aquel remolino de la mano de su cópia y terminó de darle forma. Los ojos del Jinchuuriki se tornaron repentinamente rojos, mientras un grito de guerra manaba de su garganta y cargaba a toda velocidad contra sus enemigos. +º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+ Un resquicio en las cortinas permitía que un rayo de luz de luna entrara en la habitación e iluminara el escritorio. Tsunade ojeaba sin demasiado interés los informes que le trajera Jiraiya la noche anterior. Realmente, no le sorprendía nada de lo que leía. Todos los miembros de Akatsuki habían sido niños con características distintas, traumados desde su más tierna infáncia y que, al pasar de la adolescéncia, habían terminado por romper con todo y cometer una atrocidad. Cada historia era más terrible que la anterior. Internamente, llegó a sentir lástima por aquellos despiados asesinos que en tiempos fueran niños atormentados por sus miedos. No obstante, pasando la mirada con aburrimiento de uno a otro, hubo algo que le llamó la atención especialmente. Cogió uno de los impresos y lo acercó a sus ojos para verlo en la penumbra. Era un documento sellado por el Tsuchikage del país de la Tierra, quizás sentenciando al sujeto nombrado como a un criminal de rango S. El escrito estaba encabezado por la fotografía de un niño que no debía contar con más de siete años, de ojos muy azules y cabellos largos y dorados. Interesada, leyó los datos del chico. Nombre: Kuroishi Deidara Rango: Nukenin S Habilidades: Dotado de cavidades bucales en las manos con las que fabrica elementos explosivos de gran alcance mediante arcilla. Crímen: Homicidio múltiple. Asesinó a más de cincuenta ninjas de la villa de la Roca, incluídos sus propios padres. Tragó saliva. Debía ser alguien totalmente despiadado para acabar con su própia família. Indignada y sorprendida, dio con algo que la hizo estremecer. Edad en la época de los hechos: 7 años Sus ojos se desorbitaron de horror. ¿Siete años? ¿Qué tipo de persona era capaz de cometer tal crímen siendo apenas un crío? Sintió un involuntário escalofrío. Mejor dicho... ...¿Qué podía haberle pasado para que terminara con aquella masacre? Un estruendoso sonido la sacó de sus tétricos pensamientos. En alerta, abrió la ventana de su estudio y saltó al tejado, mirando Konoha con aquellos ojos pardos que tanto parecían haber vivido. No tardó en notar la causa de aquel inciso en la paz nocturna de la villa. Una nube de piedra carbonizado se levantaba fantasmagóricamente sobre las caras de piedra de los Hokage. Hubiera jurado que había cuatro personas luchando en aquel lugar. Dos de ellas vestían túnicas negras con nubes rojas. Temiendo lo peor, profirió un grito de alerta en la oscuridad. Dos jounins aparecieron en el acto a su lado. - ¿Qué se le ofrece, Godaime-sama? -inquirió. - Llamad al ANBU y evacuad a los civiles -ordenó Godaime, posando sus ojos marrones en el foco de lucha- Akatsuki está en Konoha -añadió, antes de saltar a la calle y correr en otra dirección. +º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+ Hinata se vió obligada a cerrar los ojos cuando aquella densa y angustiosa nube de polvo se levantó frente a sus ojos. Tosiendo levemente, utilizó el Byakugan para ver más allá de aquella confusión. A unos cuantos metros de ella, los dos Akatsukis permanecían de pie, casi sin inmutarse. Naruto estaba de pie frente a ellos, con la mano hundida en el estómago del más alto de ellos, Kakuzu. La expresión en los ojos del rubio estaba manchada por un profundo pánico. Sorprendido, retiró la mano del cuerpo del otro, retrocediendo un paso con inseguridad. Había dejado una profunda herida de punta a punta del cuerpo del Akatsuki. No obstante, ante sus propios ojos, una espécie de hilos negros surgieron del estómago del hombre, cosiendo la herida en carne viva. Asqueado, Naruto retrocedió cinco pasos más, colocándose casi a la altura de Hinata. - ¿Cómo...? Es un ataque de Fuuton... ¿Por qué...? - La respuesta es muy simple -dijo Kakuzu, con prepoténcia- Primera, tu ataque está incompleto. Puede parecer muy fuerte, pero no dominas por completo la forma espiral. Segundo, los ataques que ejercen daño físico no funcionan conmigo...a no ser que sean de una extrema magnitud. Naruto apenas podía creer que la técnica que tanto tiempo le había llevado desarrollar no pudiera hacer nada contra un Akatsuki. De repente, sintió aquella conocida debilidad en cada célula de su cuerpo, un extremo cansáncio apoderándose de sus extremidades... La vista se le nubló súbitamente y cayó de bruces al suelo, fallándole las rodillas casi en el acto. No obstante, Hinata reaccionó rápidamente, lanzándose sobre el chico y deteniendo la caída con sus brazos. Totalmente horrorizada, levantó el cuerpo inconsciente del rubio. - ¡Naruto...! -exclamó- ¡Despierta, Naruto...! Nada. El joven Uzumaki ni siquiera parecía respirar. Hidan sonrió complacido, mirando a su compañero de reojo. - Bueno... ¿nos lo llevamos? -inquirió. - Antes...mataré a la chiquilla -anunció Kakuzu, realizando un sello- ¡Katon: Zukkoku! (Elemento fuego: orígen del sufrimiento) Una explosión ardiente emanó en milésimas de segundo del más alto de los Akatsuki, barriendo en terreno a una velocidad vertiginosa. Una corriente que les carbonizaría en instantes. Los ojos de la Hyuuga se llenaron de lágrimas de horror, las llamas reflejándose en sus ojos puros mancillados con la oscuridad del miedo. En un último acto reflejo, giró sobre sí misma y protegía a Naruto con su cuerpo. Hundió rápidamente el rostro en los rubios cabellos. - Tú no morirás... Naruto... ---------------------------------- A través de sus párpados fuertemente cerrados distinguió el resplandor del fuego. También notó sobre la piel el calor de las llamas. Pero no sintió el dolor del fuego devorando su cuerpo. Confundida por ese hecho, Hinata levantó levemente la vista y giró sobre sí misma. Había alguien de pie frente a ellos, sosteniendo con una sola mano una inmensa roca que había detenido el curso de las llamas. La chica tardó unos segundos en asimilar la espectacular imagen que veían sus ojos, pero de inmediato sonrió esperanzadoramente. El viento cargado de calor zarandeaba los cabellos rubios de la mujer, dándole un aspecto imponente. Sus ojos pardos refulgían con los destellos de las llamas detenidas, aquellas pupilas llenas de decisión parecían capaces de traspasarlo todo. La persona en la que todo Konoha había puesto sus más profundas esperanzas. Los dos Akatsukis miraron ceñudos a la recién llegada aunque, a diferéncia de la expresión de Hinata, no parecían para nada sorprendidos o intimidados. Hidan inclinó levemente la cabeza, sonriendo complacido. - Godaime Hokage-sama...supongo -inquirió burlonamente. La aludida no respondió, se limitió a levantar un puño y a partir la tremenda roca que había utilizado como escudo en miles de fragmentos, que se desperdigaron por la superfície de piedra. Aquellos ojos marrones rebosaban fuerza de voluntad y poder. - Mientras Konoha esté bajo mi protección...¡ningún Akatsuki dañará a ninguno de sus habitantes! ¡Tenédlo presente! -gritó Tsunade con poténcia. |
| #90 @ 04:00 21/08/2007 | |
| Hinata HyN
Chuunin |
No tienes que cambiar tu forma y el contenido de tus obras porque otros lo dicen (incluyendome), solo mira lo bueno y malo de las criticas y toma lo que te sirva y lo demas desechalo.
PDT: He borrado lo antes escrito xra no generarmas conflicto. |
| #91 @ 11:46 21/08/2007 | |
| nara_medea
Nivel: Kage |
a pesar de lo que ha dicho #90,a mí me parece que si que desarrollas bien la historia,.escribes muy bien,sin casi faltas (ahora),y lo mejor ha sido que naruto y hinata no se han gustado de un día para otro,que sasuke y sakura tampoco....es lo que pasa en muchos fan fics,que de golpe,salen,se casan y tienen hijos xDD
bueno,super bonito el cap (osea xD) |
| #92 @ 13:51 22/08/2007 | |
| Seraf
Nivel: Chuunin |
muy bueno no hace falta decir mas solo
SIGUE ASI |
| #93 @ 16:45 23/08/2007 | |
| Haruka Uzumaki
Nivel: Kage |
#90, siento mucho que pienses así... La verdad es que me deprimí un poquito cuando leí ese comentario, pero weno... Así son las cosas... Lo del protagonismo de Fuuko... Decirte sólo que el fic es muy largo y a medida que pasa el tiempo, Naruto va cogiendo más y más. Que Fuuko salga mucho es sólo temporal, para poder así mostrar las habilidades que tiene y eso (vamos, como para presentar un nuevo personaje...). Seguramente tú esperabas que salieran más Hinata y Naruto o algo, ¿no? Yo creo que en ningún momento dije que este fic se basara completamente en ellos ni nada parecido. Es un poco de todos y Naruto va asumiendo el papel principal poco a poco (como siempre debería haber sido, el prota absoluto XD).
Lo de Sasuke... le he puesto yo así porqué he querido ¬¬. No me gusta un Sasuke tan prepotente que todo lo puede hacer. Además, decir que esto está escrito desde hace mucho tiempo y entonces aún ni había visto luchar a Sasuke en la segunda parte. P.D. No sé si lo habrás notado, pero Sasuke ha perdido a su amada Kusanagi (mejor dicho no la lleva encima). Creo que mucha parte del poder de Sasuke está basado en ese arma. Es como si a Temari le quitas el abanico XD Y lo de las parejas... Al principio lo quería así, pero me recomendaron varios lectores que querían ver esto y esto y esto otro, así que lo de los triangulos amorosos... Si hay problema, le quito Naruto a Hinata y listos XD Grácias a todos por comentar, las críticas me las tomo muy en consideración, ya lo digo n.n Otro cap XD Capítulo 12.- Lucha de tres. Presa de sus ojos Una vez el aire dejó de ser ardiente, los oponentes pudieron mirarse fijamente a los ojos, sin la presión añadida del calor entorno a ellos. La mujer, con su habitual aire regio, parecía perforar a sus enemigos con una dureza superior a la del diamente.
Les estaba deseando la muerte. Un odio sin medidas que se plasmaba perfectamente en aquellos pardos y exóticos ojos. Con un atisbo de preocupación, desvió levemente la vista para comprobar que dos de los más jóvenes chunnin de Konoha estaban a salvo. Captó a Hinata casi arrodillada en el suelo, permitiendo que la cabeza de Naruto descansara sobre su pecho al tiempo que le rodeaba con los brazos. - ¿Estáis bien? -preguntó, con su habitual firmeza. - Naruto...está... -soltó Hinata, levantando la voz, casi alarmada- Se ha desmayado después de lanzar un ataque... - Es normal. Se pondrá bien. Tiene un poder de regeneración sin igual -respondió Tsunade con rigor casi médico. - Creo que olvidas que estás en medio de una lucha...en la que tú misma nos has retado -le recordó de repente la voz grutural de Kakuzu. Godaime se encaró de nuevo a sus enemigos, dando un paso al frente y tomando una posición amenazadora, una postura que le permitiera ser tanto ofensiva como defensiva. Una sonrisa llena de seguridad y poténcia curvó sus labios. - En ningún momento lo he olvidado o he dejado de tenerlo presente -soltó, casi mofándose- Simplemente me aseguraba de que aquello por lo que lucho esté a salvo. Ante aquellas palabras que trataban de ser desafiantes, Hidan soltó una risa altanera y soberbia. Acarició con las yemas de los dedos el mango de su guadaña, como si se asegurara de que la tenía a mano. - Lo único que toda Konoha tendrá cuando amanezca...es el dilema de elegir un Sexto Hokage -dejó caer, con absoluta seguridad. - Entiendo tu seguridad en el triunfo -expresó Tsunade, sin dejar que su valor siquiera se tambaleara- Tú debes ser Hidan, el inmortal de Akatsuki. Un criminal terriblemente religioso, dedicado al diós Jashin de la destrucción. Bebes sangre de tus víctimas y les aplicas un maleficio. Estoy informada sobre ello. Ciertamente, nunca podré matarte -admitió la mujer, con seguridad- No obstante...te enviaré de vuelta a la guarida de Akatsuki dentro de una caja de cerillas -añadió, sonriendo. - Je -soltó Hidan, haciendo que sus ojos violetas refulgieran- Joder con la Hokage. Para ser una mujer eres muy ruidosa. Demasiado... -advirtió. Sin esperar ni un instante más, Hidan levantó su arma dotada con tres puntas de metal rojo y se lanzó sobre Tsunade, brandiéndola con destreza. Sin inmutarse, ésta retrocedió de un salto para esquivar la embestida. No obstante, no había contado con que el mango de la guadaña se alargara a voluntad de su usuário, reduciendo drásticamente la distáncia entre ellos. - ¡Shimatta! -maldijo por lo bajo la mujer. Pero no la tocó. Era imposible que eso ocurriera siendo tan rápida y ágil como le habían permitido casi cincuenta años de entrenamiento intensivo. Derrapó levemente en el suelo y luego se lanzó en una terrible embestida contra sus enemigo, siendo prácticamente imparable. Sin embargo, Kakuzu se le adelantó. Extendió su brazo al frente y de él manaron chorros de ataduras negras, que envolvieron en un instante el cuerpo de Tsunade. La mujer se ancló con ambos pies al suelo, casi hundiendo los talones en la roca para evitar ser arrastrada por el Akatsuki. - Te tengo -triunfó el Akatsuki- Decididamente, Konoha no es lo que decían en la Cascada. - ¡No te burles de mí! -vociferó Tsunade, con su habitual voz desgarrada en ira. Mordiéndose el labio inferior a causa de la presión, la Hokage consiguió romper aquellos hilos negros a base de hacer fuerza con los brazos. Los fragmentos oscuros cayeron al suelo, intertes. Nadie dudaba de la fuerza sobrehumana de Godaime. Ya a simple vista parecía mucho más fuerte que cualquier mujer normal. Sin esperar reacción alguna por parte de sus enemigos, cogió carrera y se lanzó sobre el más alto, sabiendo que sus ataques serían más efectivos que en el inmortal. Pero Kakuzu abrió la boca y lanzó una oleada de hilos negros de nuevo sobre la Hokage. Tsunade ejecutó un fortísimo golpe de piernas que partía la maraña negra y consiguió que su puño impactara en el pecho de su atacante, atravesándolo de punta a punta. - ¡A ver si ahora os calláis de una vez! -bramó la mujer, levantando un pie y golpeando el estómago del Akatsuki, enviándolo directamente hacia la ladera de piedra, logrando que chocara contra la piedra y creara una nube de polvo. Tras la confusión neblinosa, Godaime vio que el Akatsuki había quedado hecho una maraña de hilos negros. Su cuerpo de había fragmentado en algunos lados. Se notaba que no tenía una fisiología precisamente consistente. Confiando en que ya sólo quedaba uno, la Quinta se encaró al inmortal, acercándose unos pasos. - ¿Qué debería hacer contigo? -inquirió, haciendo sellos con las manos- ¿Destruir una a una las células de tu cuerpo? ¿Invocar a Katsuyu y dejar que su ácido te correyera hasta que tú mismo decidieras rendirte?. Aunque no pueda matarte, sí conozco miles de torturas que podrían llegar a doblegarte. - Ja -se burló Hidan, con su habitual descaro- Estoy acostumbrado al dolor... Ni siquiera me afecta que me atraviesen el corazón -apuntó, golpeándose levemnte el pecho con un puño. Tsunade no se mostró ofensiva, simplemente le miró con profundidad. Intentaba ver más allá del rostro del fanático irracional que se le mostraba. - Sé que estás acostumbrado a sufrir... -dijo con la voz más aguda de lo normal- Especialmente cuando eras niño. El dolor siempre ha sido tu consuelo, ¿no es cierto?. Los ojos de Hidan casi se salían de sus órbitas. La expresión sádica se había tornado en una mueca de miedo, como si aquellas palabras le hubieran evocado recuerdos que quizás deseaba olvidar. En su memória, un niño de ojos violeta lloraba desesperadamente, sentado en un charco de sangre... El inmortal alzó la mirada, mostrándola llena de ira y odio. - ¡Voy a matarte, maldita! -soltó, con todo lo que daba de sí su voz- ¡Jashin-sama estará más que complacido con la ofrenda! - Eso lo veremos... -advirtió Godaime, avanzando hacia él con la mano derecha envuelta en chakra. El jutsu médico para detener las células. Ni siquiera el inmortal podía combatir contra eso. Pero el ataque nunca llegó. Al contrário, una fuerza desmedida a sus espaldas le hizo abrir los ojos a sobremanera, sintiendo que estaba perdida. - ¡Fuuton: Atsugai! (Elemento aire: fuerza sangrante) -resonó una voz cavernosa a sus espaldas. Antes de que Tsunade pudiera hacer o decir nada, una energía pesada como el plomo pero rápida como la luz la alcanzó, en forma de un viento cortante que llegó de sus espaldas. Sintió los desgarros alcanzar sus brazos, su rostro y su cuerpo entero, arrancando unos finos chorros de sangre en el aire. Los ojos púrpura de Hidan relucieron en triunfo. Levantó la guadaña frente a él. Los chorretones de rojo líquido vital impactaron en las tres hojas, empañando en metal. Ante el terror en la mirada de la Hokage, sonrió con complicidad a Kakuzu, el cual estaba de pie tras la rubia, intacto, con todo el cuerpo recompuesto. - ¿Có...cómo...? -susurró Tsunade, sin creérselo, mientras trataba de descubrir el engaño. Relamiéndose, el inmortal pasó la lengua por la sangre carmesí que impregnaba su arma, sin apartar los ojos de la mujer. - Delicioso, cariño -soltó sarcásticamente, saboreando. Tsunade sabía muy bien lo que iba a ocurrir a continuación. Ante sus ojos, la piel de Hidan se tornó casi negra, a bandas de un rojo como la carne viva. Por si fuera poco, un triángulo inscrito en el círculo de la muerte surgió bajo sus pies al seguir el camino de la guadaña, pintado en algo que se asemejaba sospechosamente a su própia sangre. Al notar ese hecho, Godaime reaccionó violentamente, lanzándose sobre el inmortal. - ¡No te dejaré! -rugió. - Tarde -advirtió Hidan- Preparativos completados. Nada podía hacerse para evitar lo que iba a ocurrir a continuación. ¿Quién iba a esperar que el inmortal se hiriera en el pecho con un kunai que sacaba de la nada? La sangre resbaló por el suelo, creando un charco. Temblando por el dolor, Hidan levantó la vista para comprobar los efectos de su técnica. Tsunade se estremeció levemente. Acto seguido, una convulsión sobrevino a su cuerpo y tosió con fuerza. Escupió sangre carmesí, del mismo color que la mancha que empezaba a extenderse sobre su kimono, a la altura del pecho. Con un quejido ahogado de dolor, se llevó la mano sobre la fatal herida, buscando quizás aligerar el dolor. Con la mente nublada por la dureza de la herida, trató de hacer que sus células se movieran. - Para... -parecía ordenarle a la hemorrágia- ¡Para...! Sus rodillas impactaron contra el suelo, provocando un leve rascar de la roca. La hemorrágia no remitía y ello era una pésima señal. La herida le había alcanzado justo en el corazón, dañandosélo irremediablemente. Ni siquiera podía moldear chakra. Sin ayuda, estaba perdida. - ¡Tsunade-sama! -gritó Hinata, muy lejos, haciendo un ademán de acercarse. - ¡No vengas...! -vociferó la Hokage, casi sin fuerzas- ¡Llévate a Naruto...! - Tarde, anciana -soltó Hidan con burla, manteniéndose dentro del círculo dibujado con su sangre, mientras se arrancaba el arma blanca de la herida- Después de que mueras, iré a por el Jinchuuriki. No puedes hacer nada por evitar tu final. - Lo sé... -dijo Tsunade, temblando levemente mientras trataba de incorporarse- Pero...antes... -fijó en él sus ojos marrones- voy a fastidiarte cuanto pueda... Retiró poco a poco la mano ensangrentada de su pecho, formando unos rápidos sellos y recostándola con cuidado en el suelo, tomando una firme posición. Kakuzu, que seguía tras la Hokage, no pudo evitar reconocer aquel gesto. - No podrás -le negó a la Hokage- Aunque tu invocación sea tan peligrosa, no puedes mover el chakra para realizar ningún jutsu. Estás acabada -sentenció. No obstante, en lugar de venirse abajo, Tsunade sonrió con malícia, a pesar del dolor que castigaba constantemente su cuerpo. - Se nota que poco sabéis de los jutsus médicos... -alcanzó a decir, cogiendo aire- Antes de ser herida, he almacenado parte de mi chakra en otros órganos vitales, en cada una de las células... Mis canales de chakra que no circundan por el corazón estan repletos de energía... -miró de reojo al ninja de la Cascada- Tengo más que suficiente como para invocar a Katusuyu... Dicho esto, Tsunade reunió su última energía y profirió su grito final. - ¡Kuchiyose no...! -empezó. - Basta, Tsunade -interrumpió una grave voz masculina. La mujer detuvo en el acto sus palabras y permaneció inmóvil, tratando de distinguir si lo que había oído era real o sólo una mera alucinación provocada por el dolor. Sintiéndose totalmente cuerda, entornó los ojos y miró hacia otra dirección. - Has tardado...Jiraiya... -susurró, en un hilo de voz- como siempre... -recalcó. Tan fugazmente como es la ejecución de un latido, una cuarta figura se unió a la lucha. El más curioso de los sannin legendários entró en escena, interponiéndose entre Tsunade y Kakuzu. El viento removió suavemente sus cabellos blancos. - No estás en condiciones de bromear, Tsunade... -le recordó el hombre. - Por favor, Jiraiya... -rogó la mujer, tambaleándose levemente- no te lo pediría...si no tubiera alternativa... Por favor...no dejes que... Naruto... - Lo sé -coincidió el hombre, mirándola con preocupación, aunque sin dejar de prestar atención a sus enemigos- Acabaré rápido con esto. Ya he avisado al ANBU y a los jounins de la villa. No tardaran en llegar. Pero mientras tanto... -miró fijamente a sus enemigos- ...yo me ocuparé de ellos. - Je, ¿y qué piensas hacer? -inquirió Hidan, el cual se había resituado al lado de su compañero tras volver a su aspecto original. Pero Kakuzu era más prudente que su aliado. Aquellos ojos blancos observaron cada uno de los movimientos de Jiraiya, descubriendo en él los mismos patrones que el que intentara realizar la moribuna Hokage hacía un minuto. En un repentino cambio de las tornas, el criminal de la Cascada suspiró con pesadez. - Hidan, debemos retirarnos. La sonrisa cruel y sobervia del aludido fue borrada casi a la fuerza de su rostro, sustituída por una expresión de incertidumbre y sorpresa. - ¿¡Qué...!? -gruñó, casi sin creérselo. - Te lo advierto, Hidan, es mejor retirarnos -explicó Kakuzu- Este no es ni más ni menos que el famoso Jiraiya, el de los tres. Es un adversario a temer. Quizás...ni siquiera nosotros somos rivales para él. - ¡¿Pero qué mierda dices?! -vociferó Hidan- ¡Esto está ganado! - ¡¿Acaso eres estúpido?! -protestó Kakuzu- ¡Puede fácilmente destrozarnos! ¡Y ahora que se ha propagado la alarma, todos los shinobi de Konoha se nos lanzaran encima! ¡Debemos retirarnos! - ¡No sin el Jinchuuriki! -bramó Hidan, perdiendo la paciéncia- ¡El Kyuubi será mío! Pero la respuesta de su compañero fue tan contundente que ni siquiera él la esperaba. Utilizando un kunai que el más alto había sacado de la nada, seccionó completamente la cabeza del cuello de Hidan. Fue una escena tan horrible que todos los presentes ahogaron un sonido de asco, amortiguado por la sangre manando del corte. El cuerpo de Hidan se desplomó allí mismo, al tiempo que su cabeza era atrapada en el aire por la mano de Kakuzu, aferrándola por los platinos cabellos rubios. Por sorprendente y espeluznante que pareciera, el rostro siguió hablando a pesar de estar separado del cuerpo. - ¡Voy a matarte! -gritó- ¡¿Sabes cómo duele esto?! ¡Devuélvela a su sitio ahora mismo! - No hasta que lleguemos a la guarida de Akatsuki -señaló su compañero, formando un sello ante sus ojos. La mirada blanca y aterradora del criminal de la cascada pareció maldecir a todos los presentes. Justo cuando Kakashi y los otros jounins llegaban al lugar para combatirles, Kakuzu soltó sus últimas palabras, dirigiéndolas en especial al sannin que le miraba con sumo odio. - Os aseguro que volveremos. Ni siquiera los sannin podrán proteger al Jinchuuriki de Akatsuki. Dicho esto, se esfumó en una nube de humo blanco, junto con Hidan y todas sus partes. Jiraiya ni siquiera había tenido tiempo de invocar a Gamabunta o de pensar otra estratégia. Que Akatsuki iba a escapar era un hecho, quisiera como quisiera. - Os juro que no le tocaréis ni un pelo a Naruto... -aseguró, casi para sí. Un virulenta tos interrumpió súbitamente sus pensamientos. Hizo descender la mirada para posarla en el ensangrentado cuerpo de la mujer que yacía en sus brazos. Tsunade escupió un poco de sangre y después se mordió el labio inferior con fuerza, impidiendo que un sólo sonido manara de su garganta. Angustiado, Jiraiya la incorporó un poco más. - ¡Tsunade...! -exclamó- ¿Por qué...no utilizas tus poderes curativos...? - Baka... -logró susurrar la mujer, aunque con la voz tan débil que apenas se la oía- ¿Dónde crees...que me han dado...? Me ha atravesado...el corazón... No puedo...modelar bien el chakra... Aquellos iris pardos estaban más apagados de lo habitual, impresión que se acentuó cuando los párpados cayeron, cubriendo los ojos marrones que una vez fueran vívidos y llenos de fuerza. Los ojos negros de Jiraiya ardían en desesperación, un sentimiento que no recordaba haber sentido jamás con tanta intensidad. Lo más cercano fue la vez en que Orochimaru le ignoró y marchó de Konoha, hacía ya tantos años. En aquel instante, tuvo la certeza de que le perdería. La misma certeza que sentía en aquel instante. Sin embargo, no era lo mismo... Ver a su compañera de batallas y de equipo de tantas décadas desangrándose ante sus ojos le producía un dolor mucho más agudo que en aquella ocasión. ¿Simple compañerismo...?. No, era imposible; era algo mucho más denso e intenso... El miedo sin fin a perder lo que daba sentido a su vida. Lo más hermoso que quedaba de su pasado sumido en las sombras. - Tsunade...no te mueras... No puedes morir ahora... Su voz murió en un susurro, ante el silencio mortífero de decenas de jounins, incapaces de moverse, llenos de un dolor que casi les aterrorizaba. El miedo a perder una vez más al pilar que sostenía Konoha. -------------------------------------- - ¡Tsunade-sama! -gritó una voz femenina y potente a sus espaldas. Saliendo de su própio mundo a parte, Jiraiya giró la cabeza para mirar a dos personas que se abrían paso entre la multitud de ninjas que observaban la escena. Dos kunoichis aparecieron ante sus ojos, corriendo a toda prisa hacia él. Reconoció de inmediato aquellos cabellos rosas y los vivaces ojos verdes. La aprendiz más aventajada de Tsunade, pero, no venía sola. Una chica de largo cabello rubio la acompañaba, siguiéndole el paso. Al llegar a la altura de los sannins, Sakura hizo un gesto a Jiraiya para que se apartara. El hombre la miró sorprendido, pero obedeció sin rechistar, dejando con suavidad a Tsunade en el suelo, sintiendo que el calor latente de aquel cuerpo se desvanecía poco a poco. Sakura se arrodilló al lado de su mentora, con un excelente autocontrol. Ino la imitó y tomó la misma posición, sólo que al otro lado del cuerpo de la Hokage. Haruno recostó una mano en el pecho de Tsunade, buscando con su chakra los desgarros internos. No tardó en dar con ellos, ya que levantó la vista y miró a su compañera. - A la altura de la aorta -explicitó- Recuerda: mover el chakra en círculos. Tú asciende y yo desciendo. - Bien -asintió Ino, denotando que lo había comprendido. En un instante, las manos de ambas kunoichi se rodearon con un poderoso chakra azul. Poniéndose casi mentalmente de acuerdo, hicieron descender las manos hasta depositarlas sobre la zona circundante al corazón de la Hokage. Un leve quejido manado de aquellos secos labios indicó a las kunoichis que estaban en el buen camino. La tensión era tan densa que casi ahogaba. Cada ninja de los alrededores esperaba en ánsia, el corazón palpitando a la altura de la garganta. Cada alma parecía entonar una plegaria a los cielos, deseando con todas sus fuerzas que no tubieran que presenciar la muerte de su segundo Hokage en poco más de tres años. En primer fila, Kakashi, Sasuke y Fuuko aguardaban el momento de saber los resultados. A lado y lado, el resto de los chunnin que una vez fueran novatos. Shizune, Iruka y los demás senseis, a un lado, apartados, uniendo su silencioso rezar al de la muchedumbre. Incluso el grupo de Suna estaba allí, rígidos como lejanas estátuas, implorando que Konoha mantubiera su principal pilar. Tsunade se había hecho querer por todos. Konoha era un lugar mejor desde que ella llegó para sustituir al fallecido Sandaime. Por eso, el dolor en el pecho de todos se liberó súbitamente cuando una mano de mujer acarició suavemente el hombro de Haruno Sakura. La sorpresa para la kunoichi fue tal ahogó un sonido vacío, dejando en el acto su trabajo. Una suave sonrisa desdibujaba los exóticos rasgos de Godaime, al tiempo que los pardos y rasgados ojos miraban hacia el rostro de su discípula. - Veo que te enseñé bien, Sakura... -susurró. - Tsunade-sensei... -soltó Sakura, limpiándose con el dorso de la mano unas lágrimas traicioneras que se habían escapado de sus párpados- Suerte que estás bien... - Tú también eres fantástica, Ino... -aprobó la Quinta, mirando a la rubia de ojos azules. - Grácias, Godaime-sama... -consiguió decir Ino, siendo también incapaz de retener los llantos de alivio. Una carcajada multitudinária recorrió la villa de arriba a abajo. Era un simple gesto de alivio, de dicha sin medidas por saber que la mujer que les protegía a todos seguía con vida. Ayudada por una mano de Jiraiya, Tsunade se incorporó lentamente y comprobó que su herida había desaparecido. Después, dejó ver su sonrisa ante todos los oyentes. - Tranquilos, os queda Godaime para rato -anunció, riendo. Jiraiya no pudo evitar una sonrisa llena de felicidad, aunque camuflaba bien sus emociones. Sentía que había recuperado esa parte de sí mismo. No obstante, Tsunade se inclinó a su oído y le susurró unas palabras. - Aunque esta vez te la debo a tí, Jiraiya... Si alguien hubiera prestado más atención, hubiera notado un ligero rubor en las mejillas del sannin legendário. Pero nadie lo advirtió: Konoha bullía en la felicidad de tener a su Hokage sana y salva. Godaime...seguía viva. ------------------------------- Uniéndose al júbilo de los jounins, Fuuko rió también externamente. Había sentido tanto miedo al ver a Tsunade tendida en un charco de sangre... Quizás porque la Quinta había sido para ella lo más parecido a una madre que había tenido nunca. Instintivamente, buscó a su hermano con la mirada. Hinata sonreía suavemente, sosteniendo a Naruto entre sus brazos. No le preocupaba el hecho de que su hermano estubiera inconsciente. Sabía que era una repercusión normal por utilizar el chakra de Kyuubi. En unos minutos seguramente despertaría. El viento le trajo un aroma conocido, que irrumpió efusivamente en sus pensamientos, como por casualidad. Un suave perfume a violetas. Sintiéndose llamada por aquella sensación, volteó unos 90º grados. Allá, sobre la puerta principal de Konoha, tan sereno como los rostros de los Hokage, un chico de cabellos negros vestido con una túnica azabache estampada en rojo. Sus iris carmesíes sonrieron a la vez que sus labios, sólo un segundo, antes de desaparecer entre las sombras, como si la noche se lo tragara. "¿Qué haces aquí, Uchiha...?" Tratando de pasar desapercibida, echó una última mirada a sus espaldas, asegurándose de que nadie la veía. Después, se escurrió como una silueta borrosa más en la noche y bajó de la roca de los Hokage, yendo en dirección a la salida de Konoha. No había sido lo bastante precavida. Un único ojo en alerta captó su movimiento, llenando la mente al instante de dudas y preguntas. "¿Adónde se supone que vas...Fuuko-san...?" +º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+ Corría a toda velocidad sobre la hierba, arrancando segundos de donde no los había. La luna recién salida creaba fantasmagóricas sombras entre los árboles. Pero no sentía miedo. Solamente un desesperado deseo de alcanzar a la persona que creía haber visto y mirarle de nuevo a los ojos. Aquellos iris de un inquietante color granate que la habían observado desde lejos, escudriñando cada centímetro de su ser, como si pudieran ir más allá de las meras apariéncias. Aquel chico seguía siendo un acertijo para ella. Cuán deseaba conocer sus intenciones. Sus más íntimos deseos. Se detuvo lentamente, respirando entrecortadamente. Miró alrededor, esperando ver surgir alguna sombra de la oscuridad, cerniéndose sobre ella y tratando de aniquilarla. Pero lo único que vio fue una poderosa silueta proyectándose en el suelo bajo ella. Giró sobre sí misma, observando la preséncia que reconocería en cualquier tiempo y lugar. Uchiha Itachi estaba sentado en una de las ramas más altas de un gigantesco árbol. La luna le daba de lleno en los negros cabellos, creando vívidos reflejos en aquella cabellera azabache. Sus ojos teñidos de rojo parecían brillar todavía más en aquella oscuridad alternada con las sombras en luz blanca. Una sonrisa prepotente y altanera, aunque extrañamente cercana, delineaba sus labios. Era un expresión tremendamente atrayente. Sin embargo, Fuuko no se dejó vencer por tal hipnótico poder. Dio un paso al frente, mirándole intensamente. - ¿Qué haces aquí? -preguntó, alzando la voz más de lo habitual- ¡Tus malditos compañeros casi matan a Godaime! Las cornisuras de los labios del muchacho se curvaron aún más mientras observaba a la chica con detenimiento, recostando un codo en su rodilla derecha. Ocurrió apenas en un parpadeo. Lo que tardaba en ejecutarse ese movimiento fue el tiempo que necesitó el chico para situarse tras la muchacha, sin borrar aquella expresión sobervia de su bello rostro. La capa negra de Itachi ondeó en la noche, moviéndose mucho después de haber ejecutado el movimiento. Su portador acarició suavemente el hombro izquierdo de la chica, como si intentara ser una actitud provocante. - Sólo quería asegurarme...de que estabas bien -aseguró el Uchiha- No me gustan los métodos tan bruscos de esos dos... Con movimientos lentos y cautelosos, aferró la mano izquierda de la chica por la fina pero fuerte muñeca, doblandosela tras la espalda e inmovilizándola. La Uzumaki no dijo nada, ni siquiera reflejó muestras de preocupación. Sus iris azules mantenían una actitud de calma sumamente admirable. - No debes preocuparte por mí, Uchiha -dijo con la voz vacía- Sé arreglármelas solita. Sin esperar respuesta alguna por parte del moreno, levantó la vista al cielo, donde la luna se abría paso como un enorme disco argentino, iluminando cada vez una porción más de oscuridad. Un leve escalofrío recorrió su cuerpo, provocando que la piel se le erizara. Sus labios sonrieron de un modo impertinente. - Las noches de luna...mi sangre hierve -dejó caer misteriosamente. Sonrió cínicamente- Adoro la luna... El viento se removió en aquel instante, desordenando bruscamente los cabellos negros como la noche del mayor de los Uchiha. Una sensación desconocida sacudió todo su ser, atudiéndole. Algo terriblemente angustioso. El saber que estaba atrapado, vencido. Derrotado por una fuerza insospechada que no había considerado a tiempo. Sentía la fría punta del kunai presionando un punto exacto de su espalda, una mano firme y fuerte aferrando su brazo izquierdo con fuerza, cruzándoselo tras la espalda. Confundido, Itachi sintió un fuerte y frío aliento sobre su cuello, seguido de una risa melodiosa y terriblemente hipnótica. Despiadada. Llena de orgullo y descaro. - ¿Qué te parece...? -susurró la voz de la chica casi a su oído- No soy tan indefensa como parezco... La otra vez no me entregué al 100... - ¿Có...Cómo...? -empezó el Uchiha, totalmente patidifuso. Sus iris, enrojecidos a causa del Sharingan, miraban alrededor enloquecidos, buscando casi desesperadamente la clave de una técnica ilusória o algun otro tipo de engaño. La chica le había atrapado en menos de un latido, ni siquiera un suspiro. Décimas, no, centésimas de segundo. Sus ojos especiales no habían podido seguirla, ni siquiera notar que se movía. Si aquello no se trataba de un genjutsu, la joven Uzumaki era cientos de veces más rápida que él. Recobrando de pronto su habitual frialdad, Itachi entornó levemente los ojos, mirando al frente con el reflejo de la luna danzando en sus pupilas. Sus labios dejaron ir el aire con lentitud, para después intentar detener el rítimico latido de su corazón. - ¿Por eso...te buscaba Orochimaru...? -inquirió- ¿Es este tu poder...? Fuuko sonrió desfiante. Sus ojos adoptaron fugazmente un tono rojizo, aunque pronto recuperaron aquel nítido color cian. - Para nada -expresó, apretando más la punta del arma contra su espalda- Orochimaru sólo está rozando la punta del iceberg. Esto es sólo un complemento de mi barrera de sangre... - ¿Barrera de sangre? -inquirió calmadamente el chico- ¿Entonces...Naruto...? - Naruto aún no ha desarrollado su técnica de línea sucesória -esclareció la rubia- Yo he tenido que entrenar muchos años para conseguir sacarla a flote. Pero no te equivoques -sonrió Fuuko, moviendo amenazadoramente el kunai mientras rozaba la piel del chico- El poder del clan Uzumaki va mucho más allá... Itachi sonrió maliciosamente. Encontrarse en aquella situación no parecía haber paliado su sentido del orgullo. Era más, estaba deseoso de saber el misterioso secreto que encerraba aquella kunoichi. La miró de refilón, permitiendo que ella apoyara la barbilla en su hombro derecho. - ¿Cual es...vuestro secreto...? -susurró, como si tentara a la chica a responderle. Fuuko le miró intensamente por unos instantes, pero después, con total libertad, cruzó una mano por delante de su pecho, estrechando el espacio entre ambos. El aliento de la muchacha chocaba contra el cuello del chico, erizándole los cabellos de la nuca. - Nadie conoce ese secreto desde hace quince años... -murmuró casi a su oído- Sólo Orochimaru empieza a entenderlo... Digamos que no está al alcance de todos... - ¿Por qué me dices todo esto? -interrogó el chico, extrañado- ¿Acaso no tienes miedo de que lo utilice en tu contra? - No. Básicamente por dos razones -soltó la rubia con total seguridad, haciendo un pequeño corte en la túnica negra del chico- En primer lugar, porqué es un secreto tan bien guardado que prácticamente sólo yo, Tsunade-sama, Jiraiya-sama y Kakashi-sama lo conocen. Nadie más en Konoha o en ningún otro lugar tiene los medios para entenderlo. Sólo Orochimaru, muy a mi pesar, parece acercarse bastante... Pero aún queda mucho tiempo hasta que de con la verdad al completo. Itachi sonrió con malícia. Le gustaba extrañamente aquel giro que habían dado los acontecimientos. Se sentía atraído por aquella nueva e inesperada faceta de Fuuko Uzumaki. Imparable, firme, serena, llena de malícia, orgullosa, prepotente. Inalcanzable como la luna que brillaba sobre sus cabezas. Más hermosa y sobervia que nunca. - ¿Y la segunda? -preguntó el Uchiha, desafiante. No fue capaz de decir nada más. En gran parte por los suaves labios que se depositaron en apenas un latido sobre los suyos, sellándolos con naturalidad y fiereza. Todos sus pensamientos quedaron brutalmente retenidos, encarcelados en una prisión invisible, hecha de emociones y silencios rotos. No quedaba nada más en su mundo, nada a parte de aquel mudo consuelo a su dolor. El mismo calor que la primera vez, tan cercana pero que en su mente se alejaba sin fin, dejándole solo y roto, deseando con toda su alma recuperarla. Sus párpados ocultaron su sangrienta mirada, su corazón entonó un siniestro silencio. Sus manos, aferrándose al calor que le era entregado sin límites. Fundiéndose en un abrazo con la chica que, por vez primera en toda su vida, le había arrancado el corazón del pecho y lo había guardado bajo llave, dejándole moribundo y gritando de dolor. ¿Quizás instintivamente...creía que ella podría sanar su malherido corazón? Adoraba el sabor de aquellos labios, dulces y a la par exóticos. No obstante, no era una mera atracción, un simple magnetismo que le obligara a buscarla. Sentía que el amor, el más inquietante y fascinante de los visitantes, había llamado a su puerta. Aunque le costó lo suyo, deshizo aquel contacto que tanto le gustaba, delineando con un pulgar el surco de aquellos suaves labios. La chica aún tardó un poco a despegar los párpados, pero por fín volvió a mostrar el enorme y nítido cian. - Porqué sé que nunca me delatarías delante de Orochimaru... -susurró Fuuko, con una voz que había perdido todo ápice de seguridad. Dulce y llena de timidez, como si temiera levantar demasiado el tono- Al menos...eso quiero creer... -añadió, haciendo descender la mirada con suma lentitud. Una sonrisa cruzó sus labios, aquellos que hacía escasos instantes habían besado y sido besados al tiempo. Un adorable tono rojizo ascendió por su rostro. - Espero... que no te metas en problemas por mi culpa... -expresó, jugando con la tela negra de la túnica del chico. Después, le miró directamente, borrando todo aire tímido. - Por favor, no intentes coger más a Naruto -soltó, como si fuera algo vital. Ante aquellas palabras, el moreno retrocedió un paso con brusquedad, sin apartar de ella sus ojos color carmín. La mirada soñadora se tornó en un gesto condudido. - ¿Sabes lo que me estás pidiendo? -preguntó, como si fuera obvio- He dedicado siete años de mi vida a Akatsuki. Su objetivo es querido por todos sus miembros. No voy a dejar de cazar al Kyuubi sólo por hacerte feliz. Lejos de desesperarse o quejar, Fuuko curvó sus labios en una maliciosa sonrisa, una aceptación profunda y resignada. - Yo tampoco dejaré que mates a mi única família -dejó caer- No obstante, te aseguro que no le harás daño a Naruto. Ni siquiera vas a permitir que tus "amigos" se le acerquen. - No deberías estar tan segura de tí misma...y mucho menos de mí -le reprochó el Uchiha, mirándole de reojo- ¿Acaso no sabes que maté a todo mi clan? ¿Que vivo en deseos de enfrentarme a un rival que pueda alcanzarme? Sin embargo, aquellas palabras no sonaban arrogantes. Ni hirientes, ni siquiera sarcásticas. Fuuko pudo notar una gran melancolía en cada sonido que articulaban aquellos atrayentes labios. Fríos como el hielo, como si hubieran gritado muchas veces a la oscuridad sin final. Como si hubieran visto aquel temido abismo que sólo aparece al perderlo todo. Itachi pareció interpretar su silencio como una señal de indecisión, porque dió un paso al frente, con una actitud casi desesperada. - Es eso lo que te han contado de mí, ¿verdad? -preguntó, alzando el tono de voz- Que soy un simple asesino. Un psicópata que aniquiló a su clan sin inmutarse. ¿¡Qué sabrán ellos de la verdad!? -gritó, con todos sus pulmones- ¡No entienden nada! ¡No saben nada! ¡Por eso odio Konoha! ¡Juzgan sin saber! ¡Hablan sin conocer! ¡Maldito sea el día en el que nací en ese lugar! -bramó, haciendo un gesto con un puño y dándole la espalda a la chica. La rubia tenía el corazón en un puño. Al menos, le dolía tanto como si así fuera. La voz del chico había sonado desgarrada, rota, atormentada. Grave y ronca como aquellos niños que tratan de ahogar las lágrimas. No, Itachi no era como todo el mundo creía. Estaba sufriendo, quizás más de lo nadie llegó a imaginarse. Por un dolor que nadie entendía, por algo que nadie conocía...pero que él parecía tener patente en cada momento. El moreno dio un paso. Fuuko sintió un repentino miedo, una angústia que se alojó momentáneamente en su pecho. Sentía que si le dejaba ir en aquel momento, jamás volvería a tenerle tan cerca. Fue aquel simple pánico lo que la llevó a avalanzarse sobre el chico y abrazarle por detrás, rodeando su trabajado pecho con los brazos. Itachi se quedó estático. Sus ojos, abiertos al máximo, mirando a las tinieblas sin mirar nada en realidad. Su respiración se cortó con brusquedad. Empezaba a dolerle el pecho, quizás por la falta de oxígeno. Pero era incapaz de articular un sólo músculo, de modo que se quedó allí, inmóvil como aquellos árboles que han visto los cambios del mundo sin inmutarse. - Yo sé...que no eres sólo eso... -dijo la chica en un hilo de voz, como si intentara convencerse a sí misma- No eres un simple asesino... Puede...que tú hayas sufrido más que nadie en todo esto... -recostó la frente en la espalda del muchacho, buscando un punto de apoyo- Por favor...no te vayas... Quizás algún día puedas contármelo... Quiero comprenderte... -expresó, hundiendo el rostro en su espalda. Los miedos y las angústias fueron vencidos en aquel instante en el alma de Uchiha Itachi, un lugar recóndito y lleno de sombras, anegado de lágrimas ya pasadas y de recuerdos ponzoñosos como el veneno. Sentía que estaba al lado de la única persona que tenía la cura para las heridas que seguían latiendo en su pecho. Con cuidado, en apenas un roce, levantó la mano en la cual llevaba el anillo y, suavemente, la posó sobre las de la chica, que rodeaban su cuerpo. Sintió que Fuuko levantaba la cabeza, mirándole quizás de un modo esperanzador. - Seguramente...algún día podré contártelo... -dejó ir en un murmullo- Yo tampoco quiero...tener que dejar de verte... En un movimiento muy leve, Itachi se desprendió del collar de anillos de madera que siempre llevaba colgado al cuello. Diestramente, lo enrolló alrededor de la muñeca izquierda de la chica, para luego soltarse de su agarre y dar unos pasos hacia la zona oscura por la aglomeración de árboles. Fuuko, mientras tanto, miraba con interés su nuevo brazalete. - Lo he llevado siempre conmigo, desde que era niño... -explicó Itachi, mirando hacia la porción de cielo donde brillaba la luna- Representa más para mí de lo que pueda parecer... -la miró de reojo, dibujando una leve sonrisa- Puedes devolvérmelo...la próxima vez. Aquellas últimas palabras fueron arrastradas por la penumbra, ya que el chico desapareció en decenas de segundo de allí, siendo absorbido por la negra maleza. Fuuko permaneció inmóvil, mirando hacia el lugar en el que había estado el Uchiha. De nuevo se miró la mano izquierda, observando la "joya" que le había regalado el chico. Después, pero, sonrió dulcemente, enrojeciendo a pesar de estar sola. "Sí...quizás algún día..." --------------------------------------------------- - ¿A qué estás jugando, Fuuko? -inquirió una voz familiar a sus espaldas. El susto que se llevó la chica fue tal que dio un brinco, sacando un arma del portakunais en apenas un segundo. Con la respiración entrecortada, buscó en la oscuridad a su posible agresor. El alma se le tornó tan pesada como el plomo cuando descubrió a Kakashi recostado en el tronco de un árbol, mirándola con su único ojo visible lleno de rábia. - Kakashi-sama... -repuso la chica, apartando la vista. El jounin dejó su lugar y avanzó a pasos firmes hacia la joven Uzumaki, la cual retrocedió un paso casi instintivamente. Sintió una mirada más dura que cualquiera que hubiera notado nunca sobre ella. - ¿Y ahora...qué debería hacer yo? -inquirió el ninja cópia- ¿Hablar con Godaime y explicarle esto? ¿Decirle a Sasuke que Itachi ha estado aquí? ¿O simplemente contarle a Naruto que estás confraternizando con aquel que quiere secuestrarle y matarle? - Itachi nunca le hará daño a Naruto -aseguró la rubia, sin mirar a Kakashi directamente- Si puede, lo evitará. En un movimiento rápido y sigiloso, Kakashi se adelantó y aferró la muñeca izquierda de la rubia, como si le obligara a mirarle. Casi forzada, Fuuko levantó sus ojos azules, ahora llenos de miedo, hacia el rostro frío de Kakashi. El agarre del jounin casi le hacía daño. - Estás jugando con fuego, Fuuko -le advirtió- Uchiha Itachi es capaz de embaucar a cualquiera -añadió, apretando la pulsera que llevaba la chica- ¿Acaso crees que por darte esto ya va a dejar de seguir las órdenes de Akatsuki? Es un criminal, un asesino. Sólo quiere acercarse a tí porqué eres la hermana del Jinchuuriki de Kyuubi. - Cree lo que quieras, Kakashi-sama -protestó la chica, sin perder la calma, aunque temblando levemente- Me ha protegido en varias ocasiones y nunca ha intentado hacerme daño. Hay algo que le corroe por dentro. Algo le ocurrió a Itachi que nadie a parte de él conoce. No creo que matara a su clan porque sí. - Has perdido el juicio -sentenció Kakashi, perdiendo los nervios- Intento que no caigas en sus manos, Fuuko. No te diría esto si no fuera importante. - Tú estás en la misma encrujizada, ¿no es cierto? -preguntó Fuuko, yendo directa al grano- Sé que uno de los Akatsuki es tu antiguo compañero de equipo, Uchiha Obito. ¿Qué harás cuando irremediablemente tengas que enfrentarte a él, tu mejor amigo? Kakashi se quedó de piedra. Las tornas estaban cambiando repentinamente. Ahora era la rubia quien le tenía atrapado. El jounin inspiró profundamente. - Si la situación así lo requiere...mataré a Obito -aseguró, con la voz rota. - Está claro que tu modo de ver las cosas y el mío son muy distintos -dijo Fuuko, arqueando las cejas- Estoy convencida de que Itachi tiene un pasado escondido, algo totalmente distinto a la supuesta verdad que nos han contado a todos. Confío plenamente en él, ahora más que nunca -se soltó bruscamente de la mano de Kakashi- ¿Y sabes qué? -preguntó, sonriendo maliciosamente- Si quieres ir a contárselo a Godaime, adelante, no trataré de impedirlo. Pero ten presente que no renunciaré a conocer a Itachi -casi amenazó- Ese chico no es una mala persona, solamente alguien atormentado por su pasado. Y yo le quiero -afirmó, sin inmutarse. Era indómita, incapaz de doblegarse, firme y terrible cuando tomaba una decisión. Nunca se echaba atrás. Como Naruto. Como su padre. Era la viva heréncia del Cuarto. Kakashi suspiró con pesadez, llevándose unos dedos a las sienes y presionándo la zona. Sabía que las intenciones de Fuuko eran buenas, sabía lo difícil que era sentir algo por alguien. Pero, ante todo, sabía que un fallo en los acontecimientos podía llevar a la muerte tanto a Fuuko como a su hermano. Con cansáncio, miró a la chica. - No voy a delatarte -terminó- Le debo un gran respeto al Cuarto. No voy a jugarle una mala pasada a su primogénita. Pero...espero que sepas lo que haces... por tu própio bien, Uzumaki Fuuko-san... |
| #94 @ 17:40 23/08/2007 | |
| airun
Nivel: Chuunin |
me a encantado el capitulo
PD: no separes a naruto de hinata, acen muy buena pareja |
| #95 @ 04:21 24/08/2007 | |
| Uzumaki_Hinata
Nivel: Kage |
es la primer vez que posteo aqui, y me ha encantado mucho y estoy deacurdo con airun, no quites el naruhina pliss (alabanza) , muy bien sigue asi bye |
| #96 @ 06:24 25/08/2007 | |
| Hinata HyN
Chuunin |
#93, porfa mi intención no fue en ningún momento hacerte sentir mal, tomalo por este lado: cuando nuestro querido autor creo a Naruto fue reconocido por todos por su gran obra, sinembargo a muchos no nos gustaban algunas cosas, como tu misma lo comentaste (que en tu fanfic cambiabas lo que no te gustaba en el manga por algo q te agradaba), con esto quiero decir que me encanta tu fanfic, y cuando tu escribes sinto como si el mismo Kishimoto lo estubiese haciendo, y veo en ti la forma de desahogarme de las cosas que de alguna forma me molestan un poco, como si atraves de ti pudiera hablar con tal ilustre personaje.
Se que escribi palabras que de alguna forma fueron molestas, pero como lo nombre antes siento haber sido exigente y 2 Es tu creatividad y la de nadie mas por tanto tu inovación, y bueno creo que opinar sobre un escrito es el derecho a la libre opinión, solo tenia que ser mas sutil en mis comentarios, en ese sentido ME DISCULPO. De ahora en adelante escribire como muchos,sere mas respetuosa con mis comentarios.... y dire en breve: Vas super, sigue así . que a proposito; realmente estoy convencida de ello.
PDT 1: No se guien por mi Avatar, pues pienso mas q eso. PDT 2: Perdón por extenderme otra vez....no pasara mas) |
| #97 @ 05:27 28/08/2007 | |
| naruto/kiubi
Genin |
SOY NUEVO Y APENAS ESTOY EMPEZANDO A LEER TU FIC PERO YA LEY EL PRIMER CAPITULO Y ME ENCANTA |
| #98 @ 01:57 29/08/2007 | |
| Uchiha_Girl
Nivel: Chuunin |
vamos karuha uzumaki tus lectores estan esperando, soy nueva y ya las lei todas, y no puedo esperar mas. :_( |
| #99 @ 17:53 29/08/2007 | |
| Haruka Uzumaki
Nivel: Kage |
Ya estoy aquí xD. Es que he estado muy liadita buscando piso y eso para irme a la uni ^^U. Mil grácias por todos los coments que me habeis dejado ^O^
Este cap es bastante romántico (weno, TODO XD). Pero no muestra lo bonito del amor, sinó el hecho de que cuando alguien se enamora, otro alguien sufre mucho... Y weno, no os digo más. Espero que os guste n.n Capítulo 13.- "Esas pequeñas hojas...". Aunque lejanos, duelen No supo qué le sacó de su sueño. Quizás fuera el sonido medianamente lejano de los pájaros, cantándole seguramente al sol naciente. Quizás fuera la suave brisa que golpeó su rostro, removiéndole unos mechones rubios. O quizás el sentir una cercanía que ponía sus sentidos a flor de piel.
Despegando los párpados y liberando aquellos vidriosos ojos azules, Uzumaki Naruto despertó de su sueño, encontrándose tendido en una cama mullida y acogedora, mirando a un techo de pulcro blanco. Apenas recordaba nada de lo acontecido antes de caer en los brazos de Morfeo, pero en su mente aparecían imágenes sueltas, flashes momentáneos. "Akatsuki". No obstante, justo cuando iba a incorporarse bruscamente, unos pasos se detuvieron frente a la puerta y unos nudillos golpearon suavemente la puerta. Tratando de mantener la calma, el rubio alzó la voz. - Adelante -aprobó. El pomo giró y la puerta se abrió lentamente, dejando pasar a una chica de largos cabellos negros, aunque en esa ocasión los llevaba recogidos en una coleta. Los ojos blancos de la muchacha sonrieron a la vez que sus rosados labios. Soltó una de las manos con las que cogía una bolsa y se apartó con ella unos mechones azulados del rostro. - ¿Puedo pasar? -inquirió. Naruto se sorprendió un poco de verla allí, apareciendo con tanta naturalidad, sin un ápice de aquella irritante timidez que tubiera tiempo atrás. Sonrió levemente, asintiendo. - Claro -aseguró. - Con permiso -dijo la chica, pasando a dentro y cerrando la puerta. Se acercó al rubio con una deslumbrante sonrisa, sentándose en una silla cerca de su cama. Naruto no podía creer que Hinata actuara como si nada después de lo que había pasado entre ellos antes de que Akatsuki atacara. Era como si algo superior hubiera arrancado toda timidez de la chica, dejándola convertida en una mujer en cuya preséncia un hombre podía llegar a sentirse abrumado. - Hinata, ¿qué pasó con los Akatsuki? -inquirió el rubio, casi alarmado- Lo siento, me desmayé... No debí utilizar aquel ataque... -añadió, estrujándose los cabellos rubios. - No te preocupes, Naruto-kun -se apresuró a asegurar la Hyuuga- Godaime-sama intervino para proteger Konoha. Fue una lucha muy larga. Al final tuvo que intervenir Jiraiya-sama. Pero...si no llega a ser por Sakura-san y Ino-san, seguramente Hokage-sama habría muerto... - Pero, Tsunade no baa-chan está bien, ¿no? -inquirió Naruto, todavía no muy convencido. - No temas, Naruto-kun -explicó la chica, sonriendo levemente- Estan todos bien, no hay que lamentar daños. - Uff...menos mal -susurró el rubio, recostándose contra el cabezal de su cama. Después, sonrió maliciosamente- Ya era difícil que le pasara a algo a la vieja Tsunade. La mala hierba nunca muere -añadió, sin nada de malícia. Hinata sonrió levemente, satisfacha de ver que Naruto estaba totalmente recuperado de la acusada debilidad que le atacara la noche anterior. Esa misma mañana había hablado con Fuuko y la chica le había explicado que todo se debía al uso del chakra de Kyuubi, ya que, aunque fuera el mejor recurso de Naruto, el poder del Bijû dejaba el cuerpo agotado y sin fuerzas. Alejando aquellos pensamientos cavernosos, se inclinó y abrió la bolsa que llevaba en las manos. - Aunque sólo ibas a estar aquí unas horas, quería traerte algo -comentó la chica, poniendo algo sobre el borde de la cama- No sabía qué podría hacerte ilusión, así que le pregunté a tu hermana...y me dijo que te comprara esto -explicó, señalando dos humeantes bols de ramen recién hecho. No obstante, por primera vez en su vida, Naruto ignoró el ramen que la chica le había traído y se inclinó a un lado con brusquedad, rodeando los hombros de la chica y obligándola a permanecer recostada sobre su pecho. Un rubor creciente e intenso matizó las mejillas de la chica. No esperaba aquella reacción tan repentina por parte del muchacho. Aunque...no iba a negar que le entusiasmaba aquella cercanía. Naruto, por su lado, permanecía quieto, atrapando unos mechones de cabello negro entre sus dedos. La mirada azul del chico estaba fija en un punto del infinito, mientras recostaba la barbilla en la frente de la chica. Notaba el latir del corazón de Hinata cerca de su pecho. - Ayer...sentí un miedo atroz a que te hicieran daño... -explicó, casi en un susurro, hundiendo más el rostro en el cabello de la chica y sintiendo su aroma- Si resultaras herida por mi culpa...no sé lo que sería capaz de hacer... Hinata cerró sus ojos blancos, sonriendo levemente. Ni siquiera en sus más profundos sueños hubiera podido imaginarse estar de aquel modo con Naruto. Ser totalmente sinceros el uno con el otro. Revelar las emociones que gritaban en su interior. Y ahora, el chico le contaba sus más intensos y superficiales miedos, como si fuera lo más normal del mundo. Aunque estuvo tentada de caer de nuevo en aquella antigua timidez, Hinata no se dejó vencer por su antiguo yo y pasó una mano por el cuello de Naruto, acariciando aquellos cabellos rubios tan sedosos al tacto como lo eran a la vista. - Confía más en mí, Naruto-kun -susurró- He mejorado mucho en estos años que hemos estado sin vernos... Ya no soy la niña que dependía de los demás... Inconscientemente, Naruto sonrió, aquella vez con una maliciosa sonrisa cargada de felicidad. - Hinata... -murmuró, besando levemente su mejilla y dejando un pequeño rastro de calor- Me gustas mucho más como eres ahora... +º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+ Era una mañana espléndida, nadie diría lo contrario. El sol bañaba Konoha por completo y solamente unas suaves y esponjosas nubes cubrían algunos trocitos de cielo. Sakura se arregló la bandana por última vez ante el espejo, como cada mañana, y después salió de su casa bastante temprano, dispuesta a entrenar un rato antes de que Kakashi apareciera para encomendarles alguna nueva misión. A pesar de lo ocurrido la noche anterior, el ambiente de la villa era el mismo de siempre. Seguramente los habitantes de Konoha se sentían más seguros ahora que la Hokage había defendido la villa con tanta maestría y había logrado sobrevivir. Con la esperanza de encontrarse con Sasuke, dio la vuelta a una esquina y se dirigió a propósito hacia la casa de su moreno compañero de equipo. No obstante, se quedó sorprendida al ver a otra persona en la calle, comportándose de un modo un tanto...peculiar. Sobretodo si se hablaba de él. Gaara estaba de pie ante una floristería, tieso como un palo. Mantenía una mano bajo la barbilla, en una posición pensativa, mientras sus ojos verdes vagaban de un tipo de flores a otro, como si no pudiera decidirse. Sakura arqueo una ceja, mirando como el chico se rascaba la pelirroja cabeza con inseguridad. Sonriendo levemente, la chica decidió saludarle y, quizás, echarle una mano. - Buenos días, Gaara-sama -saludó, con voz entusiasta. El chico dio un respingo y la miró fijamente, con cara de susto, buscando después alrededor con inquietud. Sorprendida por la extraña actitud del chico, Sakura no pudo más que preguntar. - ¿Ocurre algo, Gaara-sama? -inquirió. - ¿Te importaría...bajar la voz? -preguntó el pelirrojo educadamente- Me ha costado mucho darles el esquinazo a mis hermanos... - ¿Por qué tanto misterio? -quiso saber la chica, arqueando las cejas. Sin embargo, viendo el rostro sonrojado del chico y el lugar en el que se encontraba, no era difícil de adivinar- ¿Buscas flores para una chica...? -susurró, sonriendo con calma. - Eh...bueno... yo... -empezó el chico, enrojeciendo todavía más, haciéndose un lío con las palabras- En realidad...sí -terminó por confesar. En una posición muy insegura, se puso una mano tras la nuca- Pero no sé qué tipo de flores le gustan... No quiero meter la pata... Sakura estaba sorprendida. ¿Así que el indoblegable Kazekage de Suna estaba enamorado?. Era toda una sorpresa. Seguramente nadie se lo esperaba. Decidida a ayudarle en cuanto hiciera falta, se cruzó de brazos. - ¿Y quién es ella? -inquirió- Si quieres, puedo ayudarte a elegir las mejores flores para ella. Gaara no parecía demasiado convencido, de modo que miró a un lado y a otro antes de responder. Después, miró a la chica con la cabeza gacha, con un adorable color rosa intenso en sus mejillas. - Sabes...esa chica del pelo largo y rubio... Con los ojos muy claros... -susurró en un hilo de voz- Yamanaka Ino... La expresión de la cara de Sakura pasó de soñadora a sorprendida total. Sus ojos se abrieron a sobremanera y no pudo evitar entreabrir un poco la boca. Su mente aún tardó un poco en asimilar los acontecimientos. ¡¿A Sabaku no Gaara le gustaba Ino?! No pudo evitar alegrarse profundamente por él, por ella. Por ambos. Las asperezas entre ella e Ino se habían ido limando en los últimos años, sobretodo desde que ambas practicaban para mejorar sus jutsus médicos. De hecho, aunque Ino nunca lo dijera o volviera a comentarlo, su obsesión por Sasuke se había quedado en nada. Había aceptado su derrota frente a Sakura. Sin embargo, aquello significó el triunfo de su nueva y recuperada amistad. Suspirando levemente, Sakura se llevó una mano a la frente e hizo un gesto de resignación. - No sé si soy la más apropiada para decirte esto... pero este no es precisamente el lugar al que yo vendría a comprarle flores a Ino -susurró, con una gota de sudor, señalando las letras de metro y medio que rezaban "Floristería Yamanaka", justo sobre sus cabezas. Gaara se puso pálido al descubrir semejante descuido. Se llevó una mano a la frente, abrumado, echándose el pelirrojo flequillo hacia atrás. - ¿Y ahora qué? -susurró, con nerviosismo. - No te preocupes, creo que puedes incluso aprovechar la situación -dijo Sakura entusiasmada, guiñándole un ojo. Sin decir nada más, buscó en el expositor hasta dar con lo que quería. Una vez lo encontró, se inclinó y empezó a recoger flores de unos jarrones que adornaban el escaparate. Un minuto más tarde, se incorporó y le tendió un ramo a Gaara. - Tén. Entra y dáselo -dijo, entusiasmada, dejando las flores en las pálidas manos del muchacho. Gaara las cogió con delicadeza, observando el ramo por todos lados. Este estaba compuesto por unas flores de un color entre rosa y rojo, de pétales muy finos. Alrededor, Sakura había colocado unos ramilletes de unas florecitas más pequeñas y blancas. El pelirrojo arqueó las cejas. - ¿Por |

sigue asi