naruto
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#61 @ 18:58 19/07/2007
Kolmor

34044

Usuari@
Nivel: Chuunin
A squee todavia no le vi pro esta seccion
#62 @ 20:00 19/07/2007
Haruka Uzumaki

53727

Usuari@
Nivel: Kage
Jeje, las tildes dichosas... XD, es ahí donde más fallo... No sé si alguien de por aquí vive en valéncia, cataluña o semejante, pero aquí para los 2 idiomas las reglas ortográficas sin un tanto distintas y a veces acabas tan liado que no sabes ni en que idioma escribes @.@ XD. Eso no es excusa, desde luego, yo admito que siempre he tenido problemas en eso... -.-U. Weno, me lo tendré que repasar 4 veces en vez de 2 antes de colgarlo XD
#63 @ 20:04 19/07/2007
-Guty-

52783

Usuari@
Estudiante
es vastante bueno

sigelo pronto
salu2
#64 @ 02:28 20/07/2007
llas10

53022

Usuari@
Nivel: Chuunin

wooooooooooooooooooooo esta super
espero que lo continues
pero esta vez no te tardes tanto
#65 @ 22:24 20/07/2007
Sianat_hyuga

Usuari@
Genin
bueno,yo soi asturiano,y mezclo un poco el bable con el español(no se puede comparar al catalan,por supuesto)y a veces pongo algunas ASTURIANADAS enormes,XDD
a mi no me molesta en lo mas minimo,una falta se le puede escapar a cualquiera,me fijo mas en el contenido,que es espectacular,la verdad.
Saludos
#66 @ 06:04 21/07/2007
ninja_angel

53930

Usuari@
Estudiante
esta genial. Lograste sacarme una lagrima de sentimientos. mucgas felicidades. Has pensado mandarse la a KISHIMOTO MASASHI para ver si la agragan al anime o cuando menos a una istoria alterana a Naruto jajajaja .
quisiera decirte que si vas a basar te en la trama depues de que ssasuke regresa a la aldea te recomiendo que uses una edad de 15 o mas para los gennin -como comentario- .
P.D: has considerado ser escritora. Redactas muy bien. (alabanza)
#67 @ 22:36 21/07/2007
Noa_Aitso

51446

Usuari@
Nivel: Chuunin
#62 Oh ya veo... yo tambien hablo dos "idiomas" valenciano y castellano y siempre me equivoco en hacia que dirección van las tildes... jeje ;) Te entiendo
Bueno pues a ver si continuas!!!!
#68 @ 04:33 22/07/2007
DARCK_RARG

54571

Usuari@
Estudiante
demasiado bueno siempre quise saber sobre eso

espero el primer kpitulo 8)
#69 @ 15:23 23/07/2007
ROBERUTO ROCHI

52367

Usuari@
Chuunin
dios cuando lo continuas!
#70 @ 16:09 23/07/2007
Haruka Uzumaki

53727

Usuari@
Nivel: Kage
Grácias nuevamente por el grandísimo apoyo que estoy recibiendo. Espero que sigais disfrutando del fic n.n

Capítulo 8.- Misiones. El preludio del desastre


Sus párpados temblaron levemente, mientras su consciéncia regresaba de la nada y volvía a notar activos sus sentidos. Un leve quejido salió de sus labios al notar todo su cuerpo fuertemente dolorido. Con suma lentitud, abrió ambos ojos y observó su entorno, aunque con la visión velada. Vio sobre sí un techo totalmente blanco, en el cual se proyectaban los rayos de sol de la mañana. Sentía voces que se entremezclaban sin sentido. A pesar de ello, pronto su cerebro empezó a procesar a mayor velocidad y logró distinguir un rostro de cortos cabellos rubios y ojos azules, que le miraban de cerca, así como una voz angustiada:

- Kakashi-sensei... ¿te encuentras bien...?

Aquellas palabras resonaron unos instantes en su cabeza, sin sentido alguno, hasta que entendió su significado y sólo llegó a incorporarse bruscamente, con los ojos desorbitados.

- ¿Qué ha pasado...? -exclamó bruscamente- ¿Dónde...? ¿Cuándo...? -empezó a desesperarse.

No obstante, sintió una mano que se posaba en su pecho y le obligaba a regresar a la cama, recostándole con sumo cuidado. Siguiendo aquel brazo, encontró el rostro serio y casi inexpresivo de Godaime, la cual tenía un brillo de preocupación en sus ojos pardos.

- Te encontramos ayer en la zona bajo la roca de los Hokages -explicó Tsunade con seriedad- Estabas inconsciente y con...numeroso signos de un ataque.

Kakashi trató de rememorar lo ocurrido, pero en su mente aún se aglomeraban sin orden imágenes, sensaciones y recuerdos. Aún estaba demasiado aturdido. Observó a las diversas personas que estaban en la habitación. Sakura estaba sentada al lado de su cama, con visible angústia en sus ojos verdes. Sasuke estaba recostado contra la pared, con los brazos cruzados y la mirada perdida, fingiendo una despreocupación que no lograba aparentar. Naruto estaba apoyado con ambos brazos en la cama, mirándole con visible intriga en la mirada. El Hatake sólo alcanzó a agachar la cabeza, sintiéndose terriblemente mal. La Quinta se cruzó de brazos y andó por la habitación hasta la ventana, mirando como el sol del mediodía anulaba las sombras existentes.

- Tenías los mismos síntomas...que cuando te atacaron con un Mangekyo Sharingan...

Aquella frase provocó un impacto insospechado en Kakashi, arrastrándole a un trance en el cual los recuerdos fluían sin control...

FLASHBACK

- Mangekyo...¡Sharingan!

Aquello fue totalmente inesperado para Kakashi. Tanto que ni siquiera pudo hacer nada para evitar ser atrapado por una técnica maldita como aquella.

Cuando pudo darse cuenta, el mundo real había desaparecido para él. En su lugar, se habría un lugar tan terrorífico que por un momento dudó de si se trataba del mismísimo infierno. Ya había sentido aquella sensación antes, la vez que Itachi le absorbió con aquella técnica ilusória conseguida a base de la muerte de su mejor amigo.

Al parecer, no era el único sharingan que había sufrido aquella evolución.

Aún incapaz de moverse, observó como una silueta humana iba tomando forma frente a él, hasta hacerse totalmente nítida y revelar la imagen del más reciente Akatsuki, el cual tenía su único ojo teñido de un color rojo sangre. Aquello sólo hizo que Kakashi tomara conciéncia de que todo era absolutamente real.

La desesperación se apoderó rápidamente de su ser, no por la difícil situación en la que estaba sumido, si no por las dudas que se aglomeraban en su mente.

Obito...su compañero, al cual creía muerto desde hacía tantos años...estaba frente a él, mirándole con un rostro que reconocería entre millones. La mirada roja del moreno tenía un brillo más allá de la vacía maldad que solía haber en Akatsuki.

Un secreto y profundo dolor se ocultaba detrás de aquel velo de crueldad.

Kakashi logró articular unas palabras, a pesar de estar sumido en uno de los más poderosos Doujustus jamás existentes.

- O...Obito... ¿cómo...?

La mirada del aludido se tornó oscura, como si tratara de reprimir todas sus emociones.

- No juegues conmigo, Kakashi -dijo con absoluta indiferéncia- Ya sabes qué es el Mangekyo Sharingan...así que también sabrás lo que puedo hacer con él...

Dicho esto, una infinidad de saetas surgieron de la nada, flotando ante la mirada sangrienta de Tobi, ahora Obito, amenazando con cumplir una cruel y despiadada misión. Kakashi se alarmó por aquel hecho, pero trató de no perder la calma. Aunque sus rotas emociones se lo ponían difícil.

- Obito... ¿por qué...? Tú...no puedes estar aquí...

- Pero estoy, Kakashi -interrumpió el moreno, manteniéndose firme- Abandonado, olvidado por todos... Un Uchiha más que murió por lo que consideraba justo... Un Uchiha que se destruyó por Konoha sin merecer nada a cambio...

- ¿Qué...qué quieres decir...? -inquirió Kakashi, perdiendo su habitual impasibilidad.

Un reflejo de rábia brilló en la pupila roja de Obito. Con un sólo movimiento de sus brazos, las decenas de agujas que habían aparecido frente a sí se lanzaron sobre Kakashi, el cual no tenía posibilidad alguna de esquivarlas, sometido totalmente a la voluntad que mantenía con vida aquella ilusión.

El impacto fue tan doloroso que por un momento sintió que su corazón se detenía. La sensación de mil agujas profundizando en su piel era totalmente insoportable. Enloquecido por el dolor, levantó la vista poco a poco, sintiendo que cientos de hilos de sangre resbalaban por su piel y caían sobre aquel suelo negro como la brea.

- Conmigo no te servirá fingir... -dijo Obito, sin remordimiento alguno, preparando una nueva tanda de letales agujas- He aprendido mucho estando en Akatsuki... Ya no soy el patético crío llorón que conociste, Kakashi...

- ¿Cómo puedes...estar vivo...? -logró susurrar Kakashi, forzando la voz.

Obito pareció meditar su respuesta por unos segundos, pero después se cruzó de brazos con tranquilidad, como si no le afectara ver a su antiguo compañero sufriendo tanto.

- Después de que perdiera el conocimiento, ya estaba seguro de que era mi final... No obstante, parece ser que a pesar de le intensa hemorrágia, mi corazón seguía latiendo... -su voz parecía muerta, como si un fuerte dolor se apoderara de su ser al rememorar algo así- No recuerdo exactamente lo que pasó mientras tanto, sólo que cuando desperté, Zetsu, uno de los Akatsukis, estaba a mi lado... Un compañero suyo, Kakuzu, había cosido las partes desgarradas y aplastadas de mi lado derecho... Sin embargo, yo estaba prácticamente desfigurado... Sólo con el tiempo he conseguido regenerar al menos mi rostro...

- ¿Por qué...no volviste a Konoha...después de eso...? -murmuró Kakashi entre jadeos de dolor.

Ante aquellas palabras, una sonrisa cínica y falsa cruzó el rostro de Obito. De imprevisto, una nueva lluvia de agujas cayó sobre Kakashi, aquella vez logrando hacerle gritar de dolor. Apenas recordaba con claridad lo que había sentido cuando Itachi le sumergiera en su ilusión, pero quizás por su actual estado de ánimo le parecía mil veces peor. Cayó de rodillas al suelo, recostándose con una mano para evitar caer completamente sobre el suelo. Sangrando copiosamente y temblando fuera de control, levantó de nuevo la mirada para observar al que una vez fuera su compañero.

Obito se mordía el labio inferior, aparentemente tratando de ahogar su rábia. Su único ojo hacía girar amenazadoramente las aspas del sharingan.

- ¡¿Te estás burlando de mí?! -vociferó el moreno- ¡Siempre quise regresar a Konoha! ¡Pero por lo visto vosotros no me necesitábais...! ¡¿Por qué, Kakashi?! ¿Por qué...lo único que recibí fue un mensaje...diciendo que no querías...que volviera...nunca más...? -su voz se fue apagando hasta sofocarse.

Fue como si un balde de agua fría cayera sobre Kakashi. Sus ojos se agrandaron por el horror, el miedo a una revelación que estaba a punto de llegar de un modo contundente.

- ¿Qué...? -susurró.

- Akatsuki aún estaba en formación en aquellos tiempos -dijo Obito con ira- Los aliados me acogieron y os mandaron un mensaje diciendo que aún estaba vivo... Y lo único que recibo es una nota... "Sin el sharingan no eres nadie, Obito... No te molestes en volver..."

La desesperación que sentía Kakashi se acrecentó en aquellos instantes, volviéndose tan dolorosa como un espadazo. Obito había perdido aquella expresión de rábia: ahora sólo parecía el niño triste que lloraba en cada misión.

- Yo estaba desecho...acababa de regresar a la vida...y me encontraba con esto... Sin embargo -dijo de repente, levantando la vista- Zetsu me entrenó y conseguí llegar a formar parte de Akatsuki. Decían que mi habilidad era importante, que yo sería útil... Ser útil, je... -rió falsamente- Algo que nunca llegué a ser a la sombra de Hatake Kakashi...

- ¡Maldita sea, Obito...! -gritó Kakashi con sus últimas fuerzas- ¡¿Acaso eres estúpido...?! ¡¿No te diste cuenta de que todo era un engaño?! ¡La mente de un niño es fácil de manipular...! ¡Piensa, ¿acaso no ves que te engañaron porque les podías ser útil...?!

La inexpresividad en la mirada de Obito volvió repentinamente a su rostro, dándole un toque más frío y distante.

- Nada de lo que digas puede hacerme retroceder ahora -dejó caer con contundéncia- Akatsuki me ha ofrecido todo lo que Konoha nunca quiso darme... Sin ellos, yo estaría muerto... Por desgracia, llegas tarde, Kakashi... -soltó, cerrando su único ojo sano con sumo dolor.

Una profusa lluvia de espinas cayó sobre el hombre de cabellos plateados, arrancándole las últimas fuerzas y un susurro final de sufrimiento.

- Yo nunca...te he olvidado...Obito....

FIN DEL FLASHBACK


El regreso de aquellos claros recuerdos a su mente sólo consiguió que se sintiera de nuevo lleno de desesperación. Con lentitud, se llevó una mano temblorosa a la frente, apoyando la cabeza sobre los dedos, presionándose la sien. Cerró los ojos con fuerza, como si quisiera borrar aquellas imágenes de su mente.

Sin embargo, todo había sido totalmente real.
Con la desesperación bullendo en su ser, se incorporó levemente y miró alrededor, buscando a sus alumnos.

- Chicos, quiero hablar un momento con Godaime -pidió.

Sakura y Naruto se miraron, pero asintieron obedientemente y se dispusieron a marcharse. Pero su compañero Sasuke no se movió. Siguió mirando fijamente a Kakashi, escudriñando su rostro, buscando algún indicio de lo ocurrido. Su maestro notó enseguida qué carcomía la mente del joven.

- No fue Itachi, Sasuke -dijo únicamente, calmando así el espíritu del Uchiha.

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Tsunade observaba en el silencio de la habitación al jounin que yacía, aparentemente débil, en la cama del hospital. No sabía quién, a parte de Uchiha Itachi, había podido hacerle semejante daño psicológico a Kakashi. Pero no estaba angustiada: sus dudas se resolverían pronto.

En apenas unos segundos, los dos ojos tan desiguales de Kakashi se posaron en la Hokage, llenos de una melancolía visible y atroz.

- He descubierto...la verdadera identidad del miembro de Akatsuki llamado Tobi...

Aquella revelación puso tensa a Tsunade, la cual se movió inquietamente y entreabrió los labios, esperando una respuesta inmediata.

Kakashi pareció pensar mucho antes de decir nada, pero finalmente habló.

- Uchiha... Obito...

La notícia tomó desprevenida a Godaime, provocando que sus ojos se abrieran a sobremanera y un profundo horror inundara su pecho, presionándole la garganta.

- Obito... -dijo, casi sin voz- ¿Aquél muchacho...aprendiz de Yondaime...?

Kakashi asintió levemente, girando rápidamente el rostro y observando los rayos de sol que se colaban por su ventana.

No recordaba haberse sentido nunca tan abatido. Gran parte de su vida, de sus recuerdos...
...eran una mentira.

"Obito... ¿qué te ha pasado...?"

+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+

Había pasado más de una semana desde el enfrentamiento entre Deidara y los jóvenes Uzumaki. Estos habían pasado todo ese tiempo entrenando duramente, y sus progresos ya eran apreciables. Naruto estaba avanzando a pasos agigantados en el dominio del elemento aéreo: su hermana era toda una experta en ese campo, ni siquiera Kakashi podría haberle enseñado tanto. Por su parte, Fuuko empezaba a cogerle la práctica al rasengan, una técnica que estaba empeñada en aprender, costase lo que costase. A su favor tenía el admirable dominio sobre el própio chakra: aunque no demasiado eficaz, en tres días había logrado una esfera perfecta de chakra. Ambos hermanos salían a entrenar antes de que saliera el sol y regresaban cuando este ya dormía tras las montañas, sólo haciendo una pausa para comer en el Ramen Ichiraku.

Estaban tan ocupados en su entrenamiento que se sorprendieron de ser interrumpidos por un comunicado de Godaime, que les llamaba a su estudio.

A las once de la mañana de un jueves, Naruto y Fuuko se encontraban ante la puerta del despacho del Hokage, golpeando con los nudillos la misma. La voz potente de Godaime les indicó que pasaran.

Tsunade no estaba sola. Al lado del escritorio, con las manos hundidas en los bolsillos, estaba Sasuke. A su lado, Sakura jugaba distraídamente con los guantes negros que siempre solía llevar puestos. En el otro extremo, sentada en una silla, Hinata saludó a ambos rubios con una sonrisa. Godaime se inclinó hacia delante una vez ambos entraron y cerraron la puerta.

- Siento haber interrumpido vuestro entrenamiento -se disculpó- Sé que estáis trabajando duro.

- No importa, Tsunade-sama -se apresuró a esclarecer Fuuko, con una radiante sonrisa.

- Bien -coincidió la Hokage, recuperando la seriedad- Tengo una misión para vosotros cinco.

Las miradas y los oídos de los cinco shinobis estaban puestos en la mujer de cabellos rubio cenizo, la cual les miró uno por uno con severidad.

- Os envío a los límites de Konoha -explicó rápidamente- Dos jounin que vigilaban la entrada han desaparecido esta noche. Quiero que déis con ellos...y con los culpables -dijo, sobre un tenso silencio- Aunque aún sois chunnins o genins, sois lo suficientemente eficientes. Hinata, puedes ver a centenares de metros con el Byakugan, así que eres una pieza clave. Sakura, tienes un taijutsu muy potente y piensas antes de actuar, de modo que serás buena en cuanto a defensa. Sasuke, tengo constáncia de tus habilidades, de modo que no puedes faltar. Naruto, tú has conseguido un dominio sobre el rasengan impensable y tienes...ayudas adicionales. Y en cuanto a tí, Fuuko, tu poder del Fuuton es impecable. Serás muy eficiente a largas distáncias.

Tras exponerles el porqué de su elección, Godaime se recostó sobre el respaldo de su sillón y apoyó elegantemente la barbilla en una mano.

- Teniendo en cuenta vuestras habilidades, no debería costaros más de tres horas dar al menos con la pista -dijo muy seriamente. Sus pupilas pardas lanzaron una mirada sagaz- No obstante...si os encontráis con algun enemigo...al que no podáis vencer...os ordeno que regreséis a Konoha...

La dureza de aquellas palabras tomó desprevenidos a los shinobis, los cuales se miraron entre sí sin saber qué decir o qué cara poner. Era evidente que la Hokage estaba hablando muy en serio.

- Ante todo... -susurró, mirándoles con un efímero reflejo de inquietud- ...debéis regresar con vida.

+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+

Corrían a toda velocidad, saltando de árbol en árbol como si se desplazaran sobre terreno liso. Delante, liderando el grupo, Sasuke avistaba cualquier cosa con su Sharingan, capaz de captar un movimiento de milésimas de milímetro a distáncias agigantadas. Tras él, Sakura preparaba su fuerza para cualquier encuentro inesperado, más sabiendo cuan cerca estaban de su objetivo. Fuuko la seguía, cubriéndoles la espalda a los dos de delante grácias a sus técnicas aéreas de largo alcance. Unos metros por detrás, Naruto saltaba con su habitual agilidad y flexibilidad, atento a cualquier movimiento contra el que embestir con sus reacciones sumamente rápidas. Cerrando la marcha, Hinata observaba al tiempo sus espaldas y los costados, dejando que su visión privilegiada cubriera prácticamente 360º.

Estaban perfectamente jerarquizados. Era imposible que cayeran en una emboscada.

Tras más de media hora en absoluto silencio, Sasuke se detuvo súbitamente y levantó un brazo para que le imitaran. Uno a uno, los cuatros shinobis fueran aterrizando en su misma rama, sin dejar un solo sonido en el aire. Sasuke se aseguró de que no había nadie a varios metros a la redonda, para después mirar al grupo con sus pupilas rojas.

- Justo aquí terminan los terrenos de Konoha -explicó- Estad ojo avizor. Nos dividiremos en tres grupos para inspeccionar el terreno. Regresaremos aquí en una hora.

- Entendido -dijeron a unísono sus cuatro compañeros.

- Bien -dijo Sasuke, tomando el mando con sangre fría- Sakura y yo iremos hacia el sur -señaló una dirección- El sharingan nos cubrirá y Sakura puede rematar el trabajo en caso de ser atacados. Naruto y Hinata... -cambió la dirección del dedo- Hacia el norte. Tienes unos ojos admirables, Hinata. Podrás ver la cercanía enemiga -sus ojos rojos se posaron en Fuuko, la cual esperaba su veredicto sin un ápice de preocupación- ¿Te importa ir sola? -inquirió.

- Para nada -afirmó sinceramente la rubia, incorporándose- Quizás no tenga Sharingan ni Byakugan, pero sé notar cuando me estan espiando. Y antes de que se acerquen...el Fuuton les detendrá -aseguró, confiando plenamente en su habilidad con el chakra de viento- Sabré cuidar de mí misma.

+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+

Hacía más o menos diez minutos que se habían separado. Hinata iba delante y se guiaba por su visión a distáncia para seguir la línea invisible que delimitaba Konoha. Naruto estaba atento a cualquier movimiento o aviso brusco que pudiera ejecutar la chica, ya que él no podría ver un ataque en caso de ser inminente.

Sin embargo, cientos de preguntas bombardeaban sin cesar la mente de la joven Hyûga. Para nadie había sido un secreto que dos miembros de la organización Akatsuki habían entrado en Konoha hacía más o menos diez días. De hecho, estaba convencida que los causantes de la desaparición de aquellos dos jounins pertenecían al mismo grupo. No obstante...

...¿por qué iban a por Naruto?

Era algo que carcomía la cabeza de la muchacha. Cualquiera con dos dedos de frente se daría cuenta de que los Akatsuki perseguían a Naruto. Hacía dos años, ya habían intentado secuestrarlo. Y entonces, nuevamente después de dos años, se ponían en marcha y trataban de llegar a Konoha.

Quizás fuera una insaciable ánsia por saber la verdad lo que la impulsó a detenerse bruscamente frente a Naruto, provocando que el muchacho casi chocara contra ella. El rubio se incorporó en sobresalto, escudriñando los alrededores como si tratara de ver un enemigo entre las sombras.

- Hinata, ¿qué has visto? -inquirió.

- Naruto-kun... -dijo únicamente la chica.

Naruto se sorprendió por el tono repentinamente serio que había adquirido aquella voz habitualmente aguda y titubeante. Tras unos segundos de insoportable silencio, la chica se dió la vuelta y clavó sus ojos color nácar en el muchacho, como si le estudiara con atención.

- ¿Por qué...esos tipos de Akatsuki...te persiguen...?

La contundéncia de las palabras de la chica era tan aguda que Naruto se quedó momentáneamente paralizado, mirándola con las pupilas del azul del cielo dilatadas.

El tiempo pasaba y Naruto no parecía decidido a hacer o decir nada. Sin embargo, Hinata seguía mirándole con intensidad, esperando ávidamente las respuestas a sus dudas.

Para su gran pesar, Naruto se vio obligado a agachar la cabeza, entornando los ojos levemente: no soportaba la fuerza de aquella mirada blanca. Meditó mucho qué palabras elegir, cómo explicarle la verdad que tan pocos conocían a Hinata sin que la chica se alarmara... Finalmente, optó por lo más claro y conciso posible. Evitando el contacto visual con su compañera, se deshizo de la cremallera de la jaqueta negra y naranja. Hinata enrojeció súbitamente con sólo ver al rubio levantando la tela de su camisa negra para mostrar su liso y bronceado estómago. Con lentitud, levantó una mano frente a sus ojos.

- Atenta -dijo únicamente, como advertimiento.

Concentró el chakra con la misma facilidad que siempre, sintiendo crecer en su interior aquella conocida energía que lo quemaba todo a su paso.

Los ojos color nácar de Hyûga Hinata perdieron su brillo al ver aparecer sobre el ombligo del rubio unos trazos negros, como hechos en tinta, creando una espiral perfecta alrededor del pequeño surco de nacimiento.

Hinata no entendía lo que estaba viendo, no obstante, tenía la sensación de que era algo transcendental, una revelación más allá de lo que conocía hasta entonces. Una vez Naruto dejó caer su mano y anuló la concentración de chakra, los signos azabache se esfumaron de su piel, como si nunca hubieran estado. Con sumo cuidado, volvió a cerrarse la jaqueta, eludiendo en todo momento mirar a Hinata a los ojos, aunque presentía que la chica estaba paralizada. En medio de un silencio que podía haberle aplastado, el rubio muchacho recostó una mano sobre el tronco más cercano, apoyando después la frente sobre esta, dejándose ver como un ser abatido y derrotado por el dolor.

- En mi interior...vive un monstruo... -dijo tajantemente, apretando con fuerza la tela que cubría su abdomen- Kyuubi...el zorro de nueve colas que atacó Konoha hace catorce años... El Cuatro Hokage lo selló dentro de mí cuando era un recién nacido... -inclinó la cabeza, presionado por la angústia- ...condenándome a ser despreciado por todos... Akatsuki quiere ese demonio... Por eso me persigue...sin pausa...hasta que consigan atraparme...y me maten tras extraer de mi interior este maléfico ser...

La muchacha de cabellos negros no podía apartar los ojos de él. Su mente aún no asimilaba lo que le llegaba a través de los oídos. Aquel silencio por parte de Hinata sólo consiguió deprimir a Naruto de un modo atroz. Cerró los ojos con fuerza, clavando las uñas en la corteza hasta el punto que se hizo daño en los dedos.

- ¿Lo ves...? Te has quedado muda... -susurró, con la voz rota- Esa es la reacción que tienen todos cuando lo descubren... Ese mismo odio...ese mismo miedo... -se mordió el labio inferior por unos instantes- No soporto...que me miren como a un monstruo...

Las rodillas de Hinata impactaron sobre la corteza de madera, produciendo un único sonido que rompió la uniformidad del bosque. Sus ojos blancos estaban desorbitados, reflejando un horror y una sorpresa que no recordaba haber sentido nunca. Naruto evitaba mirarla. ¿Acaso creía que ella le rechazaría? ¿Que le despreciaria? ¿Que le atacara al considerarle una amenaza? Hinata no sentía rechazo, ni odio, ni desprecio, ni miedo.

Lo único que afloraba en su alma eran una tristeza y una compasión infinitas.

Sólo entonces comprendió porqué su corazón se encogía cada vez que veía a Naruto triste. Aquel muchacho había tenido que vivir toda su vida con una carga excesiva, un secreto y un peso que había ido matando lentamente sus sueños, sus ambiciones... Presa de un futuro incierto, lo único a lo que había podido aspirar era fingir que nada ocurría, dibujar una forzada sonrisa en todo momento visible en su rostro. No obstante, aquellos ojos azules se veían siempre tristes, a pesar de que el resto de gestos trataran de ocultarlo.

Ante sí, Hyûga Hinaya solamente veía un alma pisoteada por un odio sin razones, despreciada por una ira ciega que no podía ver más allá.
Un odio basado en la ignoráncia que cubría los corazones de la gente.

Podía notar con claridad la oscuridad que rodeaba a su rubio compañero en aquellos instantes, así como lo duro que le había resultado a su amigo revelarle todo aquel misterio. Y sólo se le ocurrió acercarse a Naruto por su espalda y abrazarle con dulzura.

La reacción de la chica tomó totalmente desprevenido al rubio, el cual sólo alcanzó a abrir los ojos con brusquedad, mirando de un modo vacío al frente, pero sin mirar nada en realidad. Los brazos de Hinata eran cálidos, algo que nunca había notado, ya que de hecho nunca le había abrazado. Las manos de la chica se cerraron suavemente entorno a su torso, al tiempo que sentía como el pecho de ella se recostaba sobre su espalda. Sentir los latidos del corazón de ella en su espalda era algo de lo más tranquilizador.... Música para sus oídos. Sintió un suave y veraniego aliento que impactaba en su cuello, provocando que se le erizara la piel por la cercanía.

- Naruto-kun... -escuchó aquella dulce, melodiosa y acogedora voz cerca de su oído- Yo no te tengo miedo... No importa lo que hayan sellado en tu interior... -la chica acurrucó la cabeza cerca de la curva de su cuello- Eres muy amable y siempre tratas de superarte... Cuando estoy cerca de tí, tengo ganas de reír... ¿Alguien que fuera un monstruo...conseguiría hacer sonreír a alguien...?

Naruto apenas podía creer que alguien ajeno a su destino le comprendiera de aquel modo. Pero allí estaba...completamente real, abrazándole con un cariño que contadas personas habían demostrado hacia él.

Entornó los ojos con suavidad, levantando ambas manos y cogiendo con suavidad las de Hinata. Aquel contacto era muy reconfortante...como cuando Fuuko le abrazaba, pero...a la vez distinto... Era una calidez diferente, igualmente llena de amor.

Otro tipo de amor.

+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+

Se movía con tanta rapidez como le permitían sus piernas, escondiéndose en las protectoras sombras de los árboles cuando un claro imprevisto así lo requería. Sus sentidos estaban bien desarrollados, de modo que confiaba plenamente en sus capacidades de presentir el acercamiento de un posible atacante. La rubia muchacha se deslizó como el agua arrán de suelo y, cogiéndose de un rama, saltó de golpe dos árboles para aterrizar segundos más tarde, escudriñando el bosque con sus ojos azul cielo.

Presentía que no estaba sola. Era la misma sensación que había tenido hacía ya días, cuando encontró a aquellos dos Akatsukis en el bosque.

Un movimiento a su espalda le llamó la atención. En un segundo, ya tenía tres largas agujas entre los dedos de su mano diestra, apuntando hacia el lugar en el que la maleza se removía.

Su enemigo se mostró sin precaución alguna, algo que sorprendió enormemente a la shinobi.

Ante ella se encontraban dos personas. Una era un muchacho un tanto mayor que ella, de ojos negros profundos. Unos mechones grises cubrían parcialmente su mirada oscura, al igual que los cristales de unas gafas que enmarcaban su visión. Sin embargo, más le sorprendió el otro intruso.

Este era aún más alto. Su piel era tan pálida como el papel, dándole un aspecto fantasmagórico. Sus lacios cabellos negros caían largos más allá de su espalda. En su rostro se dibujaba una sonrisa cruel, acompañada por unos ojos reptilianos de pupilas amarillas.

Sin dejarse impresionar, Fuuko agudizó la mirada.

- ¿Quiénes sois? -inquirió con dureza- No sois ninjas de Konoha...

La expresión de triunfo del hombre de cabellos negros se tornó horripilante, haciéndola estremecer.

- Mira a quién tenemos aquí, Kabuto... -dijo complacido- Uzumaki Fuuko...¿no?

- ¿Cómo sabes eso? -inquirió la rubia, sin bajar la guárdia.

- Lo intuí. El parecido entre tú y tu hermano es...fascinante -sonrió el hombre, de un modo casi sádico- Sin contar con...la heréncia física de Yondaime.

El hecho de escuchar aquel nombre puso en alerta todos los sentidos de Fuuko, de modo que agudizó la mirada y clavó sus ojos azules, de nuevo fríos, en el hombre de aspecto amenazador.

- ¿Cómo sabes...que yo y Naruto somos hijos de Yondaime? -inquirió.

- En primer lugar, porqué todo lo que aprendió tu padre...se lo enseñó mi antiguo compañero, Jiraiya -dijo únicamente el hombre, sonriendo maléficamente.

Todos los cabos sueltos empezaron a encajar en la cabeza de la rubia. Sus sentidos se pusieron en alerta al caer en la cuenta de quién era el hombre que estaba frente a sí. Si sus sospechas eran ciertas, estaba en problemas.

En serios problemas.

- Sé quien eres -dijo Fuuko, optando por parecer lo más segura posible- El último de los sannin legendários. El compañero de Jiraiya-sama y Tsunade-sama, Orochimaru.

Ante aquellas palabras, el aludido soltó una risa totalmente escalofríante, capaz de helar la sangre en las venas. La joven Uzumaki se mantuvo en alerta, conocedora de los temibles poderes que tenía Orochimaru. Este clavó sus ojos dorados en ella, observandola de arriba a abajo.

- Veo que Tsunade y Jiraiya te han hablado de mí -soltó, en absoluta calma- Pero si piensas un poco, ellos no nunca me hablaron de tu existéncia... Sólo unas pocas personas saben que existes, que Naruto no es el único descendiente de los Uzumaki...

- ¿Cómo lo supiste entonces? -exigió Fuuko, sin dejar atrás su actitud de firmeza- ¡Habla!

Por unos instantes, la muchacha creía que Orochimaru no le respondería, pero después este entornó los ojos y dibujó una sonrisa torcida en sus labios.

- Descubrí un lugar escondido. Después de muchos años, dí con su ubicación... -su voz estaba cargada de una profunda altanería, una transparente y vacía euforía que llenaba cada rincón de su ser- Un templo de sacrificios y leyendas olvidados...un círculo con nombres gravados en piedra...nombres que solo se tornan negros cuando el aludido ha muerto... Una prisión para los secretos...de la línea sucesória de los Uzumaki... -terminó, sonriendo de oreja a oreja- Sabes a lo que me refiero, ¿verdad, Uzumaki?

Por supuesto que lo sabía. Pero no iba a demostrar su sorpresa y su horror, la perplejidad que sentía al descubrir que alguien había entrado en aquel lugar, desde entonces hasta la eternidad, prohibido a cualquiera que no llevara la sangre de los Uzumaki en las venas.

Un lugar donde se narraban historias de sacrificios de sangre...y de muertes voluntárias por proteger el mundo que conocían.

Orochimaru notó de inmediato los confusos y potentes pensamientos que restallaban en la mente de la rubia, cosa que sólo ensanchó su sonrisa de triunfo. Se sentía pletórico.

- No obstante, no es tu sangre la que necesito...no por ahora al menos. Sólo eres un obstáculo. Kabuto -dijo exortativamente, mirando a su subordinado- Ocúpate de ella.

- Será un placer, Orochimaru-sama -coincidió el más joven, dejando que sus manos se envolvieran con un poderoso chakra azul.

Una sonrisa despiadada asomó en los labios del sannin, agudizando su temible aspecto.

- Veamos qué da de sí...la sangre de los Uzumaki.

+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+

Aquellas sandalias azules, las cuales cubrían unos pies masculinos con las uñas pintadas en púrpura, se detuvieron con suavidad sobre la hierba. Unos ojos negros como la noche se asomaron casi tímidos para observar unos rayos de sol que se filtraban a través de las ramas de los árboles. Una paz extraña embriagaba su espíritu, como un perfume que aturdía sus sentidos al flotar inevitablemente hacia él.

¿Era quizás el pensar que volvería a Konoha?
¿La posibilidad de toparse de nuevo con aquella muchacha rubia?

Itachi entornó los ojos al sentir cerca la preséncia de su compañero, el cual se acercó al notarle pensativo.

- Itachi-san. Hay algo que me preocupa -dijo el ninja de la Niebla.

- ¿De qué se trata? -inquirió el moreno, fingiendo interés.

Kisame miró con una leve inquietud a todas partes.

- Normalmente hay guardias apostados en los límites de Konoha -expresó este- La otra vez les aturdiste...pero esta vez ni siquiera han aparecido... Es extraño.

- No hay de qué preocuparse -dijo Itachi con total seguridad, echando a andar de nuevo- Nos llevaremos al Jinchuuriki, cueste lo que cueste.

Aunque, en el fondo, el corazón se le oprimía al pensar qué sentiría aquella chica de ojos azules al perder su única família.

El Akatsuki se recriminó mentalmente por tales pensamientos. Odiaba ser blando de corazón. Sentir compasión.

Porqué...aquello no era más que compasión...¿no?.

De repente, sus sentidos captaron algo. Con rapidez, fitó el bosque que se extendía a ambos lados. Activó su sharingan en milésimas de segundo y escudriñó la maleza. Su visión no tenía un extremadamente largo alcance, pero podía presentir el chakra de los ninjas a un kilómetro a la redonda.

Se alarmó. Sentía un chakra poderosísimo. O quizás a alguien que lo utilizaba con un gran odio.
No era el único. En otra dirección, dos personas se movían.

- Kisame -dijo- Ve hacia el sur. Creo que hay dos...exploradores. Encárgate de ellos.

- ¿Y tú, Itachi-san? -inquirió el de la Niebla, sorprendido.

- No preguntes -soltó únicamente Itachi, adquiriendo velocidad y echando a correr entre los árboles, dejando a Kisame confundido y fastidiado.

Sus pies apenas pisaban la hierba mientras avanzaba a toda prisa, esquivando los obstáculos con portentosa agilidad. Unos mechones negros golpeaban su frente al cortar el aire en su carrera. Sus ojos teñidos de rojo sangre se agudizaron visiblemente, tratando de asegurarse de su intución.

"Conozco esa chakra...pero...¿qué hace él aquí?"

Saltó un desnivel de seis metros y siguió avanzando, sin ni siquiera perder el aliento, así como se lo permitía su impecable forma física.

"Orochimaru...¿qué buscas aquí en Konoha...a parte de a mi hermano...?"

#71 @ 16:44 23/07/2007
nara_medea

47938

Usuari@
Nivel: Kage
primeeer xDD!
genial,como siempre.redacción bien,historia bien,y si se me ha pasado algo algo,sorry,creo que también la ortografía bien.
venga,el siguiente!! (alabanza)
#72 @ 17:42 23/07/2007
Kolmor

34044

Usuari@
Nivel: Chuunin
Otra obra de arte!!Te quedo un poco floja la parte de kakashi y obito pero el resto magnifico sobretodo naruto e hinata (alabanza) (alabanza)
#73 @ 10:11 31/07/2007
Noa_Aitso

51446

Usuari@
Nivel: Chuunin
Bueno pues no se que decirte, es que me repito mucho...
Deberias haer un libro, sip!!!!! Haber si lo continuas pronto o... Me pongo ha llorar... (alabanza) (alabanza) (alabanza)
#74 @ 00:52 01/08/2007
Oby_7

Usuari@
Estudiante

ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh
se me ha borrado el comentario

solo decirte que la historia es genial
espero que sigas pronto porque estoy muy intrigada
te admiramos (alabanza)
#75 @ 06:58 01/08/2007
ROBERUTO ROCHI

52367

Usuari@
Chuunin
oye encontre tu fic en otra pagina esta demasiado bueno es increible me dejaste boquiabierto pero no lo has terminado aun :_(
#76 @ 00:42 06/08/2007
Haruka Uzumaki

53727

Usuari@
Nivel: Kage
Capítulo 9. ¿Qué es el amor?. Deseos incoherentes

Ante los ojos de Orochimaru, iba a acontecer una batalla que quizás se alargara más de lo previsto. Él lo sabía, pero no iba a hacer nada por evitarlo. Kabuto era un especialista médico, que contaba con su indestructible poder de regeneración. No obstante, su oponente era una Uzumaki, la última descendiente femenina de un clan olvidado, pero que en tiempos fuera el más poderoso de los cinco paises. En aquellos ojos azules podía ver la misma fiereza y el mismo poder impasible que había caracterizado a sus antepasados. El sol lanzaba destellos en su cabello dorado, haciéndola ver terrible. Enseñada por Hokages y Sannins, no era tan frágil como podía aparentar.

Esperaba tener la oportunidad de ver aquella absoluta barrera de sangre que fluía por sus venas. Aunque, en el fondo...

...no estaba seguro de poder dominarla en caso que la mostrara.

En un abrir y cerrar de ojos, Kabuto emprendió la carrera y se lanzó sobre la chica, levantando ambas manos envueltas en chakra. Fuuko asimiló el movimiento en el acto y se retiró un par de pasos, formando sellos a una velocidad vertiginosa.

- ¡Fuuton: Kirikizu no jutsu! (Elemento aire: técnica del corte)

Las violentas y agudas ráfagas embistieron al muchacho, provocándole largos cortes sangrantes en todo el cuerpo. Pero ante los ojos de la chica se mostró la habilidad innata del subordinado de Orochimaru, consiguiendo que sus heridas se cerraran casi instantáneamente. Fuuko levantó la vista, sorprendida por aquel hecho.

"Se regenera muy rápido... Tendré que ser contundente..."

Kabuto ya se lanzaba sobre ella, con el bisturí de chakra dispuesto a rasurar cualquiera de sus músculos. Uno de los movimientos del chico pasó muy cerca, rozándole la cara. Tanta fue la cercanía que unos mechones de cabello rubio quedaron en el aire. Fuuko ejecutó un saltó de espaldas y se alejó del chico lo suficiente para ejecutar su nueva técnica. Aunque Kabuto no pudo notarlo, los pies de la chica estaban ejecutando unos movimientos concretos. Estos eran tan sutiles que un ojo cualquiera no hubiera notado que seguían un patrón.

Sólo Orochimaru pudo advertirlo.

- Cuidado, Kabuto -le recomendó- Esa es una técnica muy fuerte.

Kabuto se preguntaba qué tipo de poder poseía la chica que incluso su maestro le advertía contra ella. No tuvo tiempo de pensar en ello: la voz de la rubia se le adelantó.

- ¡Fuuton: kamikaze no jutsu! (Elemento aire: técnica del viento divino)

El aire a su alrededor se electrizó, por así decirlo. Mejor dicho, se cargó absolutamente de chakra, una energía tan intensa que casi aturdía. Un torbellino sacudió repentinamente el claro, permitiendo que la energía se hiciera visible: era tan intensa que el chakra se tornaba totalmente compacto. Fuuko recostó ambas manos en el suelo e inspiró profundamente. Después, su mismo elemento aéreo la impulsó súbitamente, domándolo ella con mano diestra. Saltó en el aire, alcanzando una altura inimaginable para cualquier otra persona. Sus ojos azules se agudizaron visiblemente mientras su corpóreo chakra se arremolinaba y, al movimiento de su manos, embestia súbitamente contra su oponente.

Kabuto vio llegar hacia él aquella inmensa energía e, irremediablemente, llegó a temer por su vida. Hubiera jurado que, a sus ojos, el aire se convertía en saetas que llovían sobre él, envueltas en un chakra tan fuerte que podía reventarle. Un último sello del tigre en manos de Fuuko ejecutó el espectáculo final, lanzando su etérea fuerza sobre el chico de cabellos grises.

El subordinado de Orochimaru no pudo evitar ahogar un grito al sentir el aire atravesar literalmente su cuerpo de punta a punta. La causante de tal ataque aterrizó en el suelo con su habitual agilidad, esperando las consecuéncias de su ataque.

La sangre manchaba el suelo. No obstante, una sonrisa se reflejaba en el rostro de Kabuto, confundiendo a la chica.

- ¿Eso es todo...? -inquirió- Ese tipo de ataques no sirven contra mí...

Lentamente, levantó la cara para mirar fijamente a la chica, la cual dio un súbito respingo. Los ojos del muchacho se habían vuelto totalmente rojos, solamente omitiendo el iris. Aquella visión impresionó a Fuuko, aunque fue tan efímera que no tuvo tiempo de reparar en ella. Kabuto amplió su sonrisa, dando un paso al frente.

- Las técnicas que ejercen daño físico no funcionan conmigo -anunció- Realmente, sólo los jutsus de tipo médico o genjutsus pueden dañarme. Dado que no posees ninguno de los dos...estás en desventaja.

En apenas un instante, ya se había lanzado de nuevo sobre la chica, blandiendo su bisturí de chakra. Fuuko giró sobre sí misma para esquivarlo, dejando de un modo insconsciente un punto débil que cualquier ninja médico vería. Los dedos de Kabuto pasaron rozando la pierna derecha de la chica. Instantes más tarde, Fuuko sintió las consecuéncias de aquel movimiento, notando que su pierna no le respondía correctamente. Terminó con la rodilla diestra apoyada en la hierba, tratando en vano de mover su pie derecho.

- No podrás -dijo Kabuto sonriendo- Te he cortado el gemelo. Sólo otro ninja médico podrá curarlo...

- No me hace falta tener las dos piernas -dijo Fuuko con visible orgullo en la voz.

En una admirable demostración de fuerza, apoyó ambas manos en el suelo y levantó todo su cuerpo en el aire, arremetiendo con el pie izquierdo contra Kabuto y golpeándole en plena cara. Antes de que el chico pudiera recuperarse, la chica recostó su pierna izquierda en el suelo y saltó unos cuantos metros, derrapando patosamente a causa de la falta de movilidad de su pierna derecha.

Incluso para alguien con su orgullo, sabía y admitía que estaba en desventaja. No esperaba que aquel muchacho tubiera semejante poder de regeneración: había roto todos sus planes. Por mucho que le penara, sólo le quedaba una alternativa.

Sin embargo, era algo que aún después de tantos años tenía miedo de utilizar. A pesar de saber que podía controlarlo...¿estaba totalmente segura de que no ocurriría nada?

No tenía opción: luchar o morir.

Cerró los ojos por unos instantes, buscando en su interior la paz y la fuerza que necesitaba en aquella difícil situación. Tras unos segundos, los abrió súbitamente, mirando al frente y atravesándolo todo con la mirada.

Sus ojos se había rasgado todavía más, dándole un aspecto casi animal. Sus iris se habían teñido de un color rojo sangre, sus pupilas ahora convertidas en dos rendijas impresionarían a cualquiera.

Era su última esperanza de salir con vida de aquel combate.

Despertar el poder que dormía en ella.

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Una preséncia añadida se hizo patente en el claro, tan fuerte e intensa que paralizó los sentidos de todos por unos segundos. Incluso Orochimaru sintió una amenaza en aquella repentina aparición, provocando que sus iris amarillos se contrayeran y sus pupilas quedaran reducidas a dos rendijas. Por su parte, Fuuko entreabrió los labios por la sorpresa al reconocer al chico que estaba frente a sí. Tanto fue su desconcierto que sus ojos retornaron de golpe a un límpio color azul cian.

Uchiha Itachi se había detenido justo en el medio del claro, interponiéndose entre Kabuto y la rubia. Sus ojos mancillados con el rojo del Sharingan estaban fijos en un único lugar, más concretamente en el sannin legendário que, hasta hacía unos instantes, había permanecido con una impasible sonrisa de superioridad en la cara. Un odio frío como el hielo teñía las pupilas del mayor de los Uchiha.

- ¿Qué haces aquí, Orochimaru...? -susurró lo suficientemente alto como para ser oído.

Un tenso silencio se propagó por el aire. Aquel era el respeto y el miedo que infundía uno de los criminales más buscados, el que figuraba en el libro de Bingo por haber aniquilado a su clan, aparentemente, sin remordimiento alguno. Orochimaru no se movió por unos minutos, pero después sonrió cruelmente.

- Uchiha Itachi. Que bien que hayas decidido presentarte... No nos veíamos desde que prácticamente eras un crío...

- Ahórrate tus estupideces o te mato -respondió este con contundéncia- Te he preguntado qué buscas aquí en Konoha.

Orochimaru río descaradamente, quizás intentando darse valor a sí mismo, quizás tratando de irritar a Itachi y hacerle cometer un error.

- Vaya, qué unido estás a tu villa... -espetó con tono burlón- Sobretodo teniendo en cuenta que asesinaste a prácticamente todas las personas que estaban atadas a tí...

Orochimaru tardó en darse cuenta de su error. Sólo lo advirtió cuando el Sharingan de Itachi mutó en milésimas de segundo y se transformó en el signo de la muerte.

- ¡Mangekyo Sharingan: Susanoo! (Diós de la tormenta).

Un terrible rayo color sangre partió el cielo, el cual se cubrió de nubes negras y arremolinadas en milésimas de segundo. Era como si el diós del cielo se hubiera enfurecido, mandando una catastrófica tormenta sobre un cielo hasta hacía escasos instantes raso. La lluvia, de gotas frías y grandes como lágrimas de nubes, precipitó sobre ellos, bañando todo el bosque con su agua purificadora.

Orochimaru retrocedió un paso, impresionado por aquella súbita demostración de poder. Había oído hablar de la última habilidad del Mangekyo Sharingan, pero el tiempo que estuvo en Akatsuki no le alcanzó para verla en acción.

En aquellos momentos, deseaba no haber sabido nunca de ella.

Itachi se veía terrible. El viento azotaba sus negros cabellos, atados en una cinta, permitiendo que unos mechones azabache golpearan su rostro marcado por el odio. La suprema manifestación de su fuerza ante los ojos de todos.

Le faltaban escasos centímetros para ser un diós.
Era algo que Orochimaru sabía y a lo que temía. Los ojos marcados por el Sharingan maldito se clavaron en el sannin legendário, al que supuestamente nadie podía vencer.

- Simplemente odio...que alguien trate de superarme -dijo el Uchiha, con un vacío odio- No vuelvas a acercarte a Konoha...o te mataré.

El sannin reparó en aquella amenaza, preguntándose por qué Itachi no le había matado ya. Desde luego, tenía el poder suficiente como para hacerlo.

Orochimaru levantó una mano en el aire, juntando dos dedos. Poco a poco, fue sumergiéndose en la tierra, desapareciendo bajo esta como si nada, imitado rápidamente en su desaparición por su subordinado Kabuto. Sin embargo, a pesar de verse obligados a huír, dos sonrisas de oreja a oreja marcaron sus rostros, hasta que la lluvia se los tragó y desaparecieron de la vista.

Solamente el sonido de las gotas de agua salpicando el suelo pudo oírse durante unos instantes después de la huída de aquellos dos. Itachi permaneció todavía quieto unos instantes, asegurándose de que realmente se habían marchado. No obstante, escuchó un sonido chapoteante tras de sí.

Ni siquiera necesitó darse la vuelta para saber de dónde provenía al ataque. Entornó los ojos y se movió levemente hacia un lado. Tres saetas se perdieron en la confusión de la bruma. Sin variar su expresión, giró sobre sí mismo y posó sus ojos aún sangrientos en la shinobi de cabellos dorados que le había atacado a traición.

- Será mejor que no lo intentes -aseguró él- No estás en condiciones de vencerme. Ni siquiera estando totalmente bien podrías...

- ¡No te burles de mí! -gritó la rubia, llena de ira- ¡Si lo que quieres es hacerle daño a Naruto, tendrás que matarme antes...!

Dicho esto, esgrimió un kunai con cada mano y se lanzó sobre el Akatsuki, dejando su miedo enterrado en los más profundo de su alma.

Itachi estaba sorprendido por lo impulsiva e irreflexiva que era aquella muchacha. Su hermano y ella eran casi cópias. Aún con el gemelo rasgado, la shinobi parecía dispuesta a darlo todo por cumplir su objetivo. Con un largo suspiro, Itachi se apartó cuando ella se le acercó, rozándole con uno de sus cuchillos. Sorpresivamente, Fuuko giró sobre sí misma en milésimas de segundo y arremetió contra el chico con un kunai. Este no tuvo problema alguno en evitar que el arma siquiera le tocara, aferrando la muñeca de la chica con suma fuerza.

Sin embargo, Fuuko sonrió maliciosamente.

La razón: el kunai que cayó verticalmente desde el aire, lanzado instantes antes por ella. El agudo filo pasó rozando la mejilla izquierda de Itachi y terminó por clavarse en el suelo, a poco más de un centímetro de su pie izquierdo. Había ido tan de cerca que un superficial pero largo corte sangrante cruzaba el rostro del Uchiha. Aprovechando aquella distracción, Fuuko le emprendió una fuerte y fugaz patada al muchacho en pleno estómago.

Le alcanzó de lleno.

No obstante, casi inmune a aquel dolor, Itachi giró sobre sí mismo, sin soltar la muñeca de la chica, y le golpeó certeramente el centro de gravedad del cuerpo, justo en la nuca.

Fuuko se desplomó limpiamente, solamente ahogando un sonido vacío. Su cuerpo cayó sobre la hierba mojada por la reciente lluvia. No se movió más, sin conocimiento.

Uchiha Itachi permaneció impasible por unos instantes, mirando a la muchacha con la mirada muerta. Los regueros de agua resbalaban por su rostro y se escurrían por su cuello, pero él no se inmutaba.

De nuevo una parte de su cabeza, la indiferente, gritaba que matara a aquella shinobi que sólo se estaba convirtiendo en un estorbo.

Pero algo más fuerte que su sentido común reclamaba desesperadamente su atención. Con lentitud, se inclinó levemente hasta casi arrodillarse, mirando fijamente a la chica que yacía en el suelo del bosque con sus ojos negros como la noche, eliminando cualquier rastro del Sharingan.

El rostro de aquella muchacha era extrañamente suave, algo que le resultaba irónico al compararlo con la enérgica expresión de su hermano menor. Unos mechones rubios mojados se impregnaban a su piel más morena de lo normal. Notó las pequeñas y curiosas marcas que delineaban sus mejillas. Sus labios rosados estaban entreabieros, permitiéndole respirar aún a pesar de estar inconsciente.

Sin flaquear en sus movimientos, Itachi pasó un brazo bajo la espalda de la chica, otro bajo sus rodillas y la levantó sin esfuerzo alguno.

Se veía tan vulnerable, tan frágil... Matarla sería tan fácil.

No obstante, algo le dijo que se arrepentiría si ponía fin a su vida en aquel momento.

El chico de cabellos negros, uno de los peores criminales del País del Fuego, se marchó de aquel lugar sin dejar rastro alguno de su preséncia. Itachi no hizo desaparecer la tormenta que había creado en un arranque de ira, ya que sentía que aquella lluvia fría como saetas de hielo era lo único capaz de purificar su alma maldita.

Su alma condenada a caer en el infierno del remordimiento.

+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+

La tormenta no aminoraba. Al contrário, los relámpagos parecían restallar aún con más frecuéncia. La visión era tan difícil que habían tenido que detenerse para no desorientarse o caer en una emboscada. El hecho era que aquella lluvia se había presentado de imprevisto, en un cielo totalmente raso.

Por eso ambos habían terminado en abrigo de una ladera montañosa, evitando así quedar empapados. Sakura estaba sentada al borde del refugio, moviendo los pies al ritmo de una música que sólo ella escuchaba y a la vez rompiendo piedrecitas entre los dedos. Sasuke, por su parte, permanecía totalmente impasible, con la barbilla recostada en sus manos cruzadas por costumbre.

Un tenso silencio había cubierto el ambiente desde que se habían resguardado. Ninguno de los dos había hablado demasiado con el otro desde que aquel día Sasuke terminó llorando en brazos de la chica. El Uchiha no había mencionado más el tema y Sakura tampoco lo sacó a flote, ya que consideraba que Sasuke quizás se sintiera avergonzado.

Un fuerte rubor ascendió hasta las mejillas de la chica de cabellos rosas al recordar la cercanía que había tenido con Sasuke y lo inevitablemente adorable que había visto al muchacho en aquellos lejanos instantes. Tosió levemente y tener así una excusa para cubrir su rostro con una mano. Aquella sensación en su estómago semejante al volar de una mariposa volvía con toda su intensidad. Tratando de ignorarlo, miró de nuevo hacia el exterior y suspiró pesadamente.

- Sasuke-kun... ¿crees que los demás estaran bien? -preguntó.

- No son críos -respondió el muchacho- Sabran cuidarse por sí solos...

Sakura notó una fuerte melancolía en la voz de Sasuke, a pesar de que este intentaba hacerla firme. La chica de cabellos rosas apartó la mirada y suspiró con pesadez.

- Sasuke-kun... Tienes miedo...de que la desaparición de esos dos jounins...tenga que ver con tu hermano...¿verdad?

Tal y como esperaba, Sasuke no respondió. Se limitó a permanecer del mismo modo, sin moverse lo más mínimo. Aunque, después de un par de minutos de silencio, su voz sedosa y masculina se hizo oír.

- Toda mi vida tiene un único objetivo... Sé que lo he repetido cientos de veces, pero es cierto... Sólo vivo para matar a mi hermano...

Aquella triste y obsesiva ánsia de venganza debilitaba las esperanzas de Sakura de recuperar al Sasuke amable que en algunos momentos salía a la superfície.

Era un vengador. Nunca podría ser un muchacho normal.

Sin embargo, su corazón de estrujó dolorosamente cuando sintió un suave y cálido aliento en la nuca. Antes de que pudiera asimilar lo que estaba ocurriendo, unos brazos fuertes y ligeramente musculados rodearon su cuerpo, atrayéndola hacia un cuerpo deseoso de cariño. Sakura enrogeció de golpe al sentir como Sasuke apoyaba la barbilla en su hombro con total naturalidad.

- Sin embargo...ahora ya no me parece una vida tan vacía... Sigo deseando vengarme, pero...creo que he encontrado algo...todavía más importante...

Las piernas de Sakura temblaban. En parte por el seductor tono que había utilizado el Uchiha, en parte por la escasa distáncia que le separaba de este.

El corazón del Uchiha latía tan fuerte que incluso le dolía. ¿Cómo demostrarle a aquella muchacha cuales eran sus sentimientos, los que pugnaban por mostrarse desde que había regresado de sus tiempos de oscuridad? No podía evitarlo, apenas se había dado cuenta de lo que sentía cuando solamente la buscó a ella aquella noche en que las lágrimas mancillaron su rostro. El calor que se alojaba en su pecho cuando la sentía cerca no tenía precio.

Con dulzura, el moreno giró suavemente el rostro de la chica, descubriendo que los preciosos ojos verdes de ella le miraban con sorpresa, brillantes a causa de las repentinas emociones aglopadas en ellos. Una tierna sonrisa curvaba las cornisuras de sus labios. Con las manos sobre sus mejillas, Sasuke pasó suavemente los pulgares por debajo de sus ojos, sintiendo aquella piel suave como la seda.

Era inevitable. Inevitable como el beso que les unió a ambos instantes más tarde,

Qué cálida podía llegar a ser Sakura... Qué dulce podía llegar a ser Sasuke...

Fusionados en un beso, complementando todas aquellas caracterísicas. Un roce que encendía hasta sus más íntimas añoranzas, un sabor que permaneció en la memória y el paladar de ambos por muchos años. Un beso húmedo por las lágrimas de felicidad que resblaban por las mejillas de la chica, yendo a morir entre sus labios, donde Sasuke besaba y degustaba sin medidas.

Un calor que dos almas gemelas habían deseado durante toda su vida.

Pasaban los minutos, fugaces como segundos, y los dos jovenes seguían besándose. El mundo más allá de ellos se había disuelto. Habían creado un sueño que les alejaba de cualquier dolor existente. Pronto un toque de lujúria empañó aquella inocéncia. Sasuke empezó a ser más profundo en sus besos, logrando que Sakura se sintiera como si fuera a fundirse en su abrazo, ahogando un leve sonido que murió en la fría lluvia.

Sedientos de amor, hambrientos de cariño.

Una fiera inocéncia llena de contradicciones.

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- Jeje, qué bonita escena...

Aquella escalofriante voz les sacó de su mundo aparte. Los ojos de ambos shinobis se posaron en la persona que permanecía bajo la lluvia, mirándoles con arrogáncia y orgullo. Los dos jovenes reconocieron de inmediato al Akatsuki de la Niebla, Kisame, el cual parecía complacido de encontrarles allí.

- Cuando Itachi me dijo que había dos dando vueltas por aquí, no me esperaba que uno fuera su hermano pequeño... -dijo este.

Aquellas palabras tomaron por sorpresa a Sasuke, que se puso en pie bruscamente y andó unos pasos hacia el frente, hasta quedar bajo la lluvia. El sharingan se activó en sus ojos en el acto, mostrando sus aspas como en señal de guerra.

- ¿Está aquí el desgraciado de mi hermano?

- ¿Qué esperabas? -inquirió Kisame sonriendo cruelmente- Aunque, si lo que te preocupa es el jinchuuriki, no temas. Aún no lo hemos encontrado. Ahora -añadió, apostando su espada frente a él- Vamos a jugar un rato.

Formó rápidamente unos sellos con sus manos, invocando su elemento esencial.

- ¡Suiton: Suikoudan no jutsu! (Elemento agua: misil tiburón de agua)

Un ambiente tan húmedo favoreció a aquella técnica acuática, rodeando a ninja de la Niebla de un modo amenazador. Sasuke intuyó en milésimas de segundos lo que iba a ocurrir y se lanzó sobre su compañera.

- ¡Sakura! -gritó.

La aferró por la cintura con absoluta facilidad y después sacó de su portaobjetos un puñado de shurikens, los cuales llevaban atados unos cables. Con el mismo movimiento que utilizaba para el triple molino Sharingan, lanzó los shurikens hacia arriba, consiguiendo que estos quedaran aferrados a una rama y dejaran los cables tensos. Sin problema alguno, Sasuke utilizó aquel sustento para trepar hasta las alturas, encontrando un lugar seguro para al tromba de agua que barrió una porción de bosque instantes más tarde.

Kisame, al ver que sus presas se habían escapado, les buscó con la mirada.

- Jeje, qué pececitos más escurridizos...

Sin embargo, Sasuke ya tenía planeado su próximo movimiento. Se aferró la muñeca mientras tensaba el brazo y gritaba con todas sus fuerzas.

- ¡Chidori!

Una vez el desmesurado ataque estuvo formado, se lanzó verticalmente desde el arbol, sustentándose en la corteza grácias al chakra en sus pies.

Un choque eléctrico contra un usuario del Suiton. Si todo iba bien, aquel combate estaba ganado.

Con un grito de guerra, el más joven de los Uchiha levantó la mano rápidamente y hundió la esfera eléctrica en el cuerpo de un desprevenido Kisame, atravesándolo de punta a punta. Un fuerte chisporroteo y, después, su enemigo quedó inerte. La sangre manchó el suelo, mezclándose con los regueros de lluvia.

Respirando con dificultad, Sasuke deshizo el chakra de su mano y retiro esta, contemplando frente a sí el cadáver de uno de los Akatsuki. Había sido muy fácil.

Demasiado fácil.

Ante sus ojos, lo que había sido el cuerpo ensangrentado del ninja de la Niebla se deshizo para quedar reducido a un charco en el suelo, que el agua rápidamente barrió. El corazón de Sasuke se estrujó dolorosamente.

"Una cópia de agua"

Un doloroso presagio de muerte estalló en su cabeza. Giró rápidamente sobre sí mismo para ver al auténtico Kisame trepar por el altísimo tronco con una sonrisa más que triunfante en aquel horripilante rostro. No tardó en llegar a la rama más alta, descargando en un instante la espada Samehada sobre la kunoichi de Konoha que ni siquiera lo había advertido...

- ¡SAKURA! -gritó Sasuke, totalmente horrorizado.

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Ya olía la sangre de aquella ninja. Itachi le agradecería profundamente que hubiera hecho sufrir de aquel modo a su hermano pequeño, arrebatándole a la persona quizás más importante de su vida. La hoja de Samehada ya estaba a escasos centímetros del cuerpo de la muchacha.

No obstante, una fugaz mancha verde entró en el campo de visión de Kisame, moviéndose vertiginosamente...

- ¡Konoha Senpuu!

Una fuerza huracanada atravesó el aire y golpeó de lleno a Kisame, haciéndole retroceder súbitamente de su trayectória y caer del árbol en apenas instantes, estrellándose contra el suelo con una poténcia casi letal.

Sakura abrió mucho los ojos al ver de pie sobre la misma rama en la que estaba ella un chico que le era conocido. El ninja en cuestión vestía totalmente de verde. Sus cabellos negros empapados caían un poco más largos que de costumbre. Su extraño pero simpático rostro estaba suavizado por una sonrisa de alivio.

- Sakura-san, ¿te encuentras bien? -preguntó con decisión.

Una gran sonrisa desbordó los labios de Sakura al ser consciente de que su amigo la había salvado.

- Lee-san...grácias -atisbó a decir.

Por su parte, Kisame ya se ponía en pie, aferrando su espada con una mano y maldiciendo por la bajo. Sus ojos desorbitados de ira miraron hacia la parte más alta del árbol, con un psicópata deseo de muerte para el que le había detenido.

- ¡Maldito crío, baja aquí...! -vociferó, sintiéndose humillado.

- No hace falta que baje -repuso Lee con una sonrisa maliciosa.

En el acto, una lluvia de shurikens, kunais, funma shurikens, cuchillos, agujas y todo tipo de armas arrojadizas cayó sobre el Akatsuki. Afortunadamente para él, consiguió cubrir sus puntos vitales con Samehada, aunque ello no le evitó recibir muchísimas heridas. Sangrando copiosamente y rabiando por ese hecho, miró hacia el frente, encontrándose con una kunoichi, la cual jugaba con un pergamino que llevaba en la mano. La chica en cuestión vestía de un modo oriental. Sus cabellos castaños estaban recogidos en dos moños. Sus ojos marrones llenos de decisión contrastaban con un rostro dulce y amigable.

- Será mejor para ti que Lee no se te acerque, te lo aseguro -sonrió Tenten.

- ¿De dónde...habéis salido? -bramó Kisame.

- Eso no te importa -respondió una voz firma y recia tras de sí.

El Akatsuki giró sobre sí mismo para encontrarse al líder del recién llegado grupo a unos cuantos metros de él.

Neji Hyûga, el más favorecido por la barrera de sangre del Byakugan. Permanecía de pie, con los brazos a ambos lados. El kimono blanco que le identificaba se movía con la enfurecida brisa que arrastraba agua, al igual que sus largos cabellos color ébano. Sus ojos totalmente blancos presentaban un brillo de decisión. Una sonrisa complacida se dibujó en su, en general, inexpresivo rostro.

- Este será un combate interesante... -dejó ir, sobre el fragor de la tormenta.

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Un sonido cercano la arrancó de su estado de sueño. Lentamente, abrió los ojos con cuidado, dejando ver sus enormes ojos azules velados. La lluvia caía cerca, o al menos eso le parecía, a juzgar por el insistente golpeteo que escuchaba en todas partes. Su mente aún estaba atrofiada, recordaba fragmentos incoherentes de memória que no encajaban. Entre ellos el encuentro con Orochimaru, con aquel chico llamado Kabuto...y después...

Pestañeó varias veces al recordar lo último que había vivido, lo que la llevó a incorporarse bruscamente.

Una túnica negra con dibujos rojos cayó de su cuerpo con el súbito movimiento. Miró arriba, descubriendo que estaba bajo un techo, seguramente una hoquedad en un tronco. Sorprendida por aquel hecho, miró a todos lados, buscando cualquier cosa que la pusiera en peligro. Sus ojos dieron con una imagen tan cautivadora y a la vez extraña que la dejó sin aliento.

Sentado en el exterior, con la espalda recostada en una de las enormes raíces del tronco, permanecía Uchiha Itachi. No parecía molestarle mucho la lluvia, de hecho estaba totalmente empapado sin que pareciera molestarle lo más mínimo. Desprovisto de la ropa característica de Akatsuki, se veía más humano, más joven...más natural. La camisa negra amarrada de agua se adhería a su torso, delineando su firme y trabajado pecho, el cual subía y bajaba lentamente. Unos mechones mojados de cabello negro caían desordenamente sobre su rostro. Tenía los ojos suavemente cerrados, como si hubiera desactivado todos sus sentidos. Emanaba una calma y una paz infinitas, hasta el punto que hubiera jurado que en sus labios había una dulce sonrisa.

No era capaz de ver en él el asesino que había cometido el peor crímen existente.

Fuuko se movió inquietamente hacia atrás, pero fue entonces que sintió una fuerte punzada en su pierna derecha, lo que le obligó a llevarse la mano a la zona lastimada, aunque la herida era interna.

- Te ha cortado limpiamente el gemelo... Será mejor que no te muevas...

Sobresaltada por aquella repentina voz, la rubia posó la mirada en el moreno, el cual se había incorporado levemente y la miraba sin emoción alguna en sus ojos negros como pozos. Fuuko se sorprendió de comprobar que el auténtico color de los iris del muchacho fuera un negro tan intenso, algo que en cierto modo resultaba tranquilizador. No podía evitar ver al Akatsuki bajo una nueva luz, una visión distinta del que, hasta aquel momento, había considerado un enemigo en todos los sentidos.

Sin embargo, no era solamente eso, un vulgar asesino. Si fuera así, ¿por qué se hubiera molestado de resguardarla de la lluvia? ¿Por qué le había cedido su própia túnica mientras el pasaba frío?. Preguntas de aquel tipo acorralaban su mente por todos lados.

Itachi notó la inusitada calma en aquella shinobi. Había esperado que empezara con nuevos y frustrados intentos de matarle, de modo que su postura indiferente le resultaba sorprendente.

- ¿No vas a intentar matarme? -inquirió, sin variar en ningún momento el tono de voz- ¿No temes que trate de acabar con tu vida?

Fuuko meditó mucho sus palabras. Después de todo, ni siquiera ella sabía por qué mantenía la calma de aquel modo.

- Si hubieras querido matarme...ya lo habrías hecho... -respondió únicamente, con voz aguda.

El chico no dijo nada. Siguió mirándola con aquellos ojos del color de la brea, muertos en apariéncia, incapaces de mostrar nada. Recostándose con una mano sobre la corteza del árbol, la rubia se puso en pie, aunque con dificultad. Comprobó que su pierna diestra la sostenía. Pronto estaría bien: sentía el músculo que empezaba a recomponerse. Ni siquiera necesitaría que Sakura o Tsunade le echaran un vistazo. Cojeando levemente, salió al exterior, sin cruzar ni siquiera una mirada con el muchacho. Cuando ya estaba a la intemperie, le lanzó a Itachi la túnica negra, aunque él ni siquiera se movió para evitar que cayera en el barro.

- Te la devuelvo. Grácias por haberme ayudado, pero esto no significa nada -soltó fríamente- Esta vez estaba herida y no he rendido al máximo. La próxima vez que nos veamos será muy diferente. Quieres a Naruto...y yo no voy a permitirlo. Estás avisado.

Le resultaba terriblemente frustante que después de todo aquel discurso el chico ni siquiera se inmutara. Simplemente seguía allí, quieto, mirándola, con absoluta impasibilidad y su negro cabello mojado por la lluvia. La chica se dio la vuelta y se dispuso a marcharse, pero algo firme y extremadamente rápido la detuvo, aferrándola por un brazo.

Fuuko se dio la vuelta bruscamente, con una expresión de odio, para encontrarse con los ojos profundamente negros como la noche de Itachi, el cual aferraba su brazo con fuerza, imipiéndole irse.

- No te vayas aún... -salió entre susurros de los labios del moreno- Por favor...

La chica borró de inmediato la ira de su rostro y entreabrió los labios por la sorpresa. Aquel Akatsuki le estaba pidiendo que se quedara con él, rompiendo toda racionalidad que les marcaba como enemigos. Observó los ojos negros del chico, intentando detectar cualquier trampa o engaño.

El azabache de sus iris era límpio, como el cielo en una noche sin luna. Solamente un negro profundo del que nadie podía escapar.

El Uchiha ni siquiera entendía porqué actuaba de aquel modo. Simplemente sabía que aquellos ojos azules le cazaban de un modo inevitable, la arrastraban, la atraían... Se sentía terriblemente bien cuado ese tono cian chocaba con su profundo negro. ¿Quizás era aquella inocéncia que poseía la chica? ¿Quizás el estar cerca de algo tan puro que dejaba al maldito ser que era como un espectro humano?

¿Qué era aquel sentimiento...que ardía en su corazón...?

Aún sabiendo que estaba en un error, tiró del brazo de la chica y la atrajo hacia sí, provocando que la distáncia entre ambos se acortara casi al límite.

Fuuko estaba tan cerca del chico que casi podía sentir como su corazón latía desbocado. Una sensación muy diferente al miedo o la rabia inundó su alma. Sólo supo que de repente sentía calor, a pesar de la lluvia fría como saetas de hielo que caía sobre ambos. El silencio les rodeó, como queriendo apartarles en un mundo sólo para ellos, al que nadie más tendría jamás acceso...

- Te lo pido... -susurró la voz masculina y, en aquellos instantes, extrañamente suave del mayor de los Uchiha- Quiero saber...por qué me quema el pecho de este modo...

Itachi nunca había sentido nada parecido. Sentía que si la dejaba marchar en aquel momento, se arrepentiría durante toda su miserable existéncia... Con lentitud, levantó un brazo y rodeó con él la espalda de la chica, acariciando con los dedos unas hebras doradas.

Aquel único gesto provocó que un súbito rubor ascendiera por las mejilllas de Fuuko. La cercanía de aquel chico la ponía nerviosa, pero de un modo especial...

Uchiha Itachi poseía un dulce aroma a violetas, incluso allí, bajo la lluvia de una tormenta creada por el Sharingan.

#77 @ 06:05 06/08/2007
ROBERUTO ROCHI

52367

Usuari@
Chuunin
pues.... e visto tu fic en otra pagina y lo tienes mucho mas adelantado .. debes ser que lo pones esperas un tiempo para que opinen ....... en fin lo seguire leyendo
#78 @ 12:32 06/08/2007
airun

25854

Usuari@
Nivel: Chuunin
me a encantado el capitulo
espero ke pongas el siguiente pronto
#79 @ 16:43 07/08/2007
Shukaku-Ichibi

55216

Usuari@
Estudiante
sige asi
#80 @ 16:43 07/08/2007
Shukaku-Ichibi

55216

Usuari@
Estudiante
la istoria es espectacular me encanta
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