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| #21 @ 14:08 12/07/2007 | |
| aurori
Akatsuki |
Hola! He leído hasta el segundo capítulo y me ha parecido MARAVILLOSA. La verdad es que no sé como no me he pasado antes por aquí. No tengo nada que decir más, porque se nota que sabes de esto ^^. Sigue así, y yo ahora me voy a poner a leer el tercero. Creo que te puedo ayudar sobre los capítulos en el primer post. Cuando no te quepan (por ejemplo, no te deja poner el número 7 y en adelante) pues lo pones en otro post, y cuando esté hecho, en el número 0 pones (por ejemplo) capítulo 7 en post número cual y página tal , es muy sencillo.
P.D: Como podrás ver soy muy mala explicando, si tienes dudas me mandas un mp y te lo aclaro ^^. Hasta luego |
| #22 @ 15:44 12/07/2007 | |
| Sora_93
Chuunin |
La madre k me pario, k pedazo de historia.
Te felicito es una de las mejores historia de este estilo k he leido (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) |
| #23 @ 15:51 12/07/2007 | |
| ds_0609
Nivel: Jinchuuriki |
Hola Haruka Uzumaki,
Vengo a tu fic por recomendación de otro escritor sHinjiKari. Bueno, me ha comentado que tu fic además de reunir todas las cualidades para ser un post fijo, es de una muy buena calidad, tanto nivel narrativo como argumental. (Ya le puedes dar las gracias, que casi es un honor que diga algo bueno de alguien, jajajajjajaja). Haré tu tema fijo, sólo si cambias una cosilla, que pases lo de +13 a +16. De momento te lo hago fijo, si veo que no lo has cambiado en 1 o 2 dias, te mandaré un privado, y si no contestas, te lo bajaré a normal, hasta q vuelvas de donde estés de vacaciones y ya te lo comentaré más adelante !
Un saludo y felicidades por tu trabajo, estás en la élite de Fanfic ;]! |
| #24 @ 15:59 12/07/2007 | |
| naruto_sasuke69
Nivel: Kage |
Mis más sinceras felicitaciones. Que tu historia le guste a sHinjiKari es un logro, de verdad.
Me alegro de que pongan tu historia entre las fijas, ya te dije que tenías talento. Pero a partir de ahora las críticas serán más duras y te exigirán más nivel, sigue esforzándote. Ahora hablando del capítulo 3º Me ha gustado mucho como has relacionado el pasado con el presente de los entrenamientos de ambos hermanos, sinceramente espléndido. Además mantienes la trama, el misterio, buenos diálogos, la personalidad de los personajes, etc... Sigue así que tienes fans que entienden de literatura, si dicen que es bueno, es bueno (peloteo, peloteo para sHinjiKari y ds_0609) salu2 |
| #25 @ 16:49 12/07/2007 | |
| Noa_Aitso
Nivel: Chuunin |
WAAAAAAA!!!!!!!! Que xulada de historia!!!! Me encanta, sencillamente sublime!!!!
Siguela pronto!!! (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) |
| #26 @ 21:09 12/07/2007 | |
| Haruka Uzumaki
Nivel: Kage |
Wow, eso de ir a la chincheta debe ser broma, no? Ò_ô. Si namás he puesto unos pokillos caps O_o XD. Weno, me alegro que os guste tanto (para eso lo escribo XD).
naruto_sasuke69, en serio es tan raro? XD. No sé quién es SHinjiKari, pero por cómo habláis de él, debe ser alguien de respeto por aquí. Me siento alagada ^///~ DS, ya he cambiado lo que has dicho (si es que esto de las clasificaciones... a tanto no llego _ _U). Grácias una vez más por todo ^O^ Intentaré seguir estando a la altura, aunque ahora que al final del verano me toca uni...no sé si tendré mucho tiempo XD Weno, va, pongo otro cap n.n ----------------------------------------------------------------------- Capítulo 4.- Primer encuentro. La llegada de Akatsuki Hinata y Kiba andaban por las calles de Konoha, buscando a Naruto con insisténcia. La chica no había dicho nada desde que su compañero le revelara que el rubio hacía tan buenas migas con una chica desconocida. Aunque quisiera negarlo, se sentía muy...molesta por ese hecho.
Un suave y placentero olor flotó de repente en el ambiente, llamando la atención de ambos chuunin. Sus pasos les llevaron al Ichiraku, reconociendo el aroma como al de ramen recién hecho. Sin embargo, lo que más les llamó la atención fue un muchacho que estaba sentado en la barra, de espaldas a ellos. Sus cabellos eran totalmente rubios. No estaba a solo. A su lado estaba sentado una chica. Llevaba los cabellos recogidos, los cuales eran de un color dorado brillante. Al estar de espaldas, no podía ver su rostro, pero podía apreciar que era esbelta y atractiva. Los dos rubios reían alegremente, mientras tomaban cada uno un plato de ramen. De vez en cuando, la mano de la rubia acariciaba la espalda de Naruto, cosa que él respondía con una sonrisa. Cualquiera notaría que entre ellos existía un fuerte lazo, un afecto que iba más allá de la amistad. Eso era exactamente lo que Hinata no podía soportar. La Hyûga permaneció totalmente tensa, oculta tras una esquina y mirando a los dos rubios con minuciosa atención. Kiba observó el extraño comportamiento de su amiga y se inclinó levemente hacia delante. - Hinata, ¿por qué no vamos a saludar a Naruto...? El muchacho tuvo que callar de golpe al sentir la mano de ella estrellarse en su boca, impidiéndole hablar. La miró, casi asustado por su actitud, aunque ella ni siquiera apartó los ojos de Naruto y su misteriosa acompañante. Al cabo de unos minutos de permanecer así, escucharon dos voces que daban las grácias a la vez. Los dos rubios se pusieron en pie al tiempo y dejaron el puesto de ramen, yendo por la misma calle en la que estaban escondidos Kiba y Hinata. La chica se alarmó al notarlo y tiró del brazo del pobre muchacho, el cual casi tenía ganas de llorar al no entender nada de lo que ocurría. No obstante, una voz les detuvo. - ¡Hinata...! ¡Kiba...! Ambos se quedaron petrificados, dándose la vuelta al tiempo. Naruto se les acercaba con una enorme sonrisa, seguido de la rubia que le acompañaba en todo momento. Hinata se dió la vuelta, agachando la vista rápidamente. - Na...Naruto-kun... - Hola, Hinata, Kiba -saludó con su habitual jovialidad el Uzumaki, sonriendo maliciosamente. La Hyûga no se atrevió a mirar al rubio directamente, aún así se permitió observar a su acompañante. Llevaba la típica ropa de ninja. Sus rasgos eran suaves, una extraña mezcla de madurez e innocencia. Llevaba el pelo recogido con una cinta sobre su cabeza. Sus ojos azules la observaban a ella, con una clara curiosidad. - Naru-chan...¿quiénes son? - Fuuko-chan... -dijo Naruto, fingiendo estar enfadado- Te he dicho mil veces que no me llames así en público... "¿Naru-chan...? ¿Fuuko-chan...? ¿No me llames así en público...?" Las preguntas bullían en la cabeza de Hinata. La chica estaba cada vez más convencida de qué tipo de relación había entre Naruto y aquella desconocida. Por su parte, Kiba observaba a la shinobi con las mejillas ligeramente coloradas. "Vaya...es bonita... Aunque...es como si ya la hubiera visto antes..." Fuuko miraba atentamente a Hinata. Había algo que en aquella chica que le había llamado la atención. ¿Era el modo tan nervioso con el que movía sus manos? ¿El rojo que teñía sus mejillas al acercarse a Naruto? ¿La mirada confundida que teñía sus ojos color nácar...? No le hizo falta nada más para entender lo que estaba ocurriendo. Sonrió levemente. - Tranquila... -dijo, eligiendo sabiamente sus palabras- Mi nombre es Uzumaki Fuuko... No somos lo que tú crees. Aquellas palabras provocaron que tanto Hinata como Kiba se quedaran petrificados, mirando con los ojos muy abiertos a los dos rubios, los cuales les sonreían maliciosamente, con una expresión casi idéntica en sus jóvenes rostros. - ¿Tú...tú eres...? - Sí. Es mi hermana -respondió Naruto sonriendo de oreja a oreja- ¿A qué nos parecemos? - Por eso me sonaba tanto su cara -dijo de repente Kiba, sonriendo- Se parece mucho a tu Sexy no jutsu... - ¡¡¡¡Calla...!!!! -saltó de repente el rubio, lanzándose sobre el Inuzuka y tapándole la boca- ¡Ni una palabra de eso...! - Naruto, ¿pero qué haces...? -exclamó Kiba, sorprendido- Hoy estáis todos muy raros... Por otro lado, Fuuko miraba a los dos muchachos con una ceja levantada, tratando de entender algo. - ¿Sexy no jutsu...? -inquirió la rubia, con una ligera sospecha. - No, no es nada... -se apresuró a mentir Naruto, con una risa nerviosa. - Naruto...no nos habías dicho que tenías una hermana... -se hizo oír de repente la voz aguda de Hinata. El aludido la miró plenamente, con sus ojos azules de nuevo calmos y transparentes como el agua. Su sonrisa se suavizó, hasta convertirse en una expresión dulce y llena de sinceridad. - Apenas lo descubrí ayer, Hinata -soltó, con la voz mucho más suave. Sonrió pronunciadamente, un gesto que en él no significaba más que una inmensa felicidad- No puedes imaginar...qué feliz me hizo... Fuuko no dijo nada ante aquella escena, pero sonrió cálidamente, dándose la vuelta sin que su hermano apenas se diera cuenta. Era mejor dejar a Naruto con sus amigos un rato. Se le veía tan animado... - Bueno, Naruto -dijo, llamando su atención- Creo que voy a entrenar un poco más. Aún quedan un par de horas para que oscurezca. Nos veremos después -añadió, guiñándole un ojo. - De acuerdo, Fuuko-chan -respondió el Uzumaki- Vé con cuidado. - Eso debería decírtelo yo a tí -apuntó la rubia, antes de desaparecer fugazmente. Hinata tuvo que admitir que se había llevado una impresión precipitada sobre aquella muchacha. De hecho, estaba casi convencida que Fuuko había notado en apenas unos segundos qué era lo que sentía por Naruto. Algo curioso, teniendo en cuenta de que no se conocían de nada. Lo que no podía negar era que en aquellos ojos azules había visto la misma bondad nata que en los de Naruto. - Eh, chicos, ¿vamos a tomar un buen plato de ramen? -ofreció el rubio. - Qué béstia eres... -dijo Kiba, mirándole ceñudo- Si te acabas de comer uno hace nada. Además, yo tengo que ir a entrenar con Akamaru -añadió, subiéndose de un salto sobre el lomo de su compañero- Os dejo solos, chicos. Una sonrisa maliciosa se dibujó en el rostro de Kiba una vez se alejó de sus dos amigos. "La excusa perfecta para dejarles solos... Naruto, espero que no la fastidies como siempre" -o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o- Las sombras empezaban a ser más largas, lanzadas por una luz inclinada de tonos rosáceos y reflejos de oro. El sol no tardaría en rozar la montaña de los Hokages. Era la hora a la que todos los ninja regresaban de sus entrenamientos. Sin embargo, dos de los más jóvenes ninja de Konoha no obedecían al tiempo. Sus pasos les llevaban aquí y allá, como habían hecho en las últimas horas. Era una pareja extraña. El muchacho hablaba sin cesar, con un entusiasmo pueril y alegre, sonriendo con una expresividad incandescente. La chica apenas decía nada, solamente interjecciones que demostraban que le estaba escuchando. Parecía feliz con el sólo hecho de estar junto a su acompañante. El chico sólo pareció notalo después de mucho rato, porqué posó sus ojos azules como zafiros en ella. - Hinata, ¿no dices nada? -inquirió- Tengo la sensación de que estoy hablando yo solo... - Lo...lo siento... -se disculpó ella, agachando la cabeza, un acto que repetía cientos de veces estando junto a él- Es que...hoy pareces tan contento, Naruto-kun... Prefería...dejarte hablar... Naruto la miró intensamente, con el tono entre rosado y dorado del cielo reflejándose en sus enormes ojos azules. De nuevo una profunda expresión de felicidad surcó su rostro. Sin decir nada más, se sentó una baranda de madera que cercaba un terreno próximo a la ladera de roca. La morena le siguió en silencio y se sentó a su lado, sin ni siquiera mirarle, esperando que él hablara. Naruto levantó poco a poco una mano y la observó, sin mirarla en realidad, más bien con la vista perdida. - Es una sensación...muy extraña... -expresó, profundamente- Ni siquiera puedo contar todas las veces...que acabé llorando en mi cuarto...porqué todos me odiaban...porqué estaba tan solo... Nunca supe quién era mi família... Tantas preguntas que necesitaban respuesta... Fingía no preocuparme por nada... Sin embargo, siempre me lo pregunté...me pregunté todas esas cosas... Hinata escuchaba atentamente cada sonido que salía de los labios del muchacho. Toda la despreocupación parecía haberse esfumado como vapor en el aire de su voz. Apenas podía creer que Naruto le estubiera abriendo su corazón de semejante manera, contándole todo lo que había sentido desde que poseía memória. - Y ahora, de la noche a la mañana...aparece alguien...que tiene todas esas respuestas... -susurró, con las lágrimas asomando en sus ojos- Es...fantástico... No tengo palabras para describirlo... Sentir que tengo entre mis manos la posibilidad de saberlo todo...de recuperar todo lo que creía que nunca había tenido...pero que en realidad siempre ha estado ahí... Sin previo aviso, Naruto hizo algo que Hinata no se esperaba en absoluto. El cuerpo del rubio se inclinó levemente hacia un lado, hasta que su frente descansó cómodamente sobre el hombro de la chica. La Hyûga se puso totalmente rígida al notarlo, sin contar con el alarmante rubor que inundó su rostro. Una suave y complacida sonrisa desbordó los labios de Naruto. - ¿Puedes entender...por qué me siento tan feliz...Hinata...? Jamás había sentido aquella calma al estar cerca de Naruto. Nunca antes había sido capaz de notar que el ardiente y fogoso espíritu del rúbio estubiera tan calmo. Seguramente Naruto se encontraba en la culmen de toda su vida: en aquel estado de sonrisas fáciles, tan sinceras y plenas que podían dejar atrás todo el dolor vivido. Quizás Naruto Uzumaki se sentía vivo de verdad por primera vez en toda su existéncia. Hinata sabía por experiéncia própia que aquel sentimiento no tenía precio. Los ojos blancos y nacarados como la luna de la muchacha se entornaron con suavidad. Venciendo su própio carácter, sus própios impulsos de permanecer en la sombra, levantó suavemente una mano y acarició con ternura los cabellos dorados de Naruto. El muchacho borró súbitamente la perdida sonrisa de su rostro, para contemplar a la muchacha con la mirada azul llena de preguntas e interrogantes. En aquella ocasión, fue Hyûga Hinata la que sonrió con claridad. - Lo entiendo... Naruto-kun... +º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+ Los árboles que rodeaban Konoha eran altísimos. Tanto que apenas permitían el paso de unos leves y mortecinos rayos de luna a través de sus hojas. El viento zarandeaba de vez en cuando la vegetación, dejando que unas cuantas hojas privadas de vida cayeran a sus pies. El silencio más absoluto cubría el bosque, exceptuando los rápidos movimiento de alguien en la penumbra. Decenas de kunais permanecían clavados en la corteza, proyectando tétricas sombras en el suelo. Varios troncos parecían haber saltado por los aires a fuerza de diversos impactos. La chica de cabellos rubios se movía con una gracilidad asombrosa. Ni un sólo movimiento basto: todos perfectamente calculados. Rápida como una saeta, no permitía a sus pies y manos más que rozar las diversas superfícies en las que se apoyaba. Sus sentidos estaban a flor de piel: era algo que había aprendido a hacer siempre que entrenaba. No le gustaban los encuentros inesperados, y menos cuando estaba en pleno entrenamiento. Por esos sus oídos lo percibían todo, sus ojos abarcaban todo su campo de visión. Un pie partió una rama cerca de ella. Fuuko aterrizó rápidamente, en silencio, sin dejar escapar un sólo ruido en el aire. Permaneció unos segundos agachada, con una rodilla apoyada en la hierba. Ni siquiera se atrevía a respirar. El bosque había quedado en repentino silencio, tan intenso que parecía un cementerio. Había algo en aquel lugar que hacía estremecer los árboles y cuanto ser viviento habitara allí. La shinobi tenía la nefasta sensación de estar en peligro. No estaba sola. El tétrico sonido de un cascabel se lo demostró. En un acto reflejo, su mano tanteó pierna abajo, hasta aferrar un kunai. El último que le quedaba. Maldijo haber entrenado tanto su puntería. No podría recuperar sus armas sin delatar su posición. Escuchó atentamente. No entendía por qué razón iba alguien a atacarla, sin embargo, ponerse a la defensiva era algo nato. De repente, notó con claridad la preséncia de alguien tras de sí. Sin detenerse a apuntar, lanzó el kunai a la oscuridad de detrás. El sonido del metal contra algo semejante. Calibró en su cabeza cual era la mejor opción. ¿Huír? Seguramente no iría muy lejos. ¿Intentar un ataque a ciegas? No, en aquella oscuridad sería un suicidio... Lo único que le quedaba era esperar al enemigo...con los brazos abiertos. Se puso en pie lentamente, evitando hacer cualquier ruido. Debía saber rápido a que se enfrentaba o era un blanco fácil. Giró sobre sí misma y encaró a la oscuridad. Justo en su campo de visión, semiocultas por las sombras, permanecían dos siluetas. No podía distinguirlas con claridad, aunque podía percibir que iban de negro. Sus ropas color azabache presentaban unos curiosos dibujos rojos. Sabía que la habían visto, algo evidente, de modo que no tenía ningún sentido esconderse. - ¿Quiénes sois? -preguntó con firmeza. La única respuesta que recibió a cambio fue una risa divertida y estridente por parte de la más alta de las figuras. - ¿Y eso lo pregunta...una simple gennin...? -inquirió una voz burlona. Los dos desconocidos avanzaron un par de pasos hacia el frente, provocando que un rayo plateado les diera de lleno. El más alto portaba en su espalda lo que parecía una enorme espada, a juzgar por el mango que sobresalía de su ropa. Su piel era de un tono azulado, su sonrisa malévola totalmente aterradora. En su frente podía verse la insígnia de la villa de la Niebla, rasgada horizontalmente. El susodicho sonrió cruelmente, observando a la rubia con detenimiento. - No esperábamos encontrar a nadie fuera de la villa a estas horas... Pero... -río deliberadamente- Mira, Itachi-san, ¿no te suena la cara de esta...niña? El otro desconocido, el cual no había dicho ni hecho nada hasta el momento, emitió un sonoro suspiro. Poco a poco, levantó el borde de un sombrero oriental que cubría su rostro, produciendo un sonido metálico similar al de un cascabel. El cuerpo entero de Fuuko se estremeció por la sopresa. Sus ojos eran rojos como la sangre. Rojos con dibujos negros. "¿Es un usuario del sharingan...?" pensó Fuuko a toda velocidad. - ¿Conoces...a Uzumaki Naruto? -preguntó este último, con una voz llana y sin emociones. Aquella pregunta la tomó desprevenida. ¿Cómo sabían ellos de Naruto...? ¿Qué relación tenían con su hermano? Aquello acabó de encender su ira. Adoptó rápidamente una posición de ataque, pensando sus movimientos. - Naruto es alguien muy querido para mí... Si lo que queréis es hacerle daño, no dejaré que os acerquéis a Konoha. Ni siquiera esperó una respuesta por parte de sus enemigos. Los sellos ya se formaban fugazmente en sus manos. - ¡Fuuton: kaze himo no jutsu! (Elemento aire: lazo de viento). El elemento aéreo reaccionó con la misma naturalidad de siempre, creando una unión entre el viento y su chakra, la cual se precipitó contra sus enemigos, con la intención de atraparles. El choque entre la potente brisa y sus oponentes levantó polvo que flotó por unos segundos en el aire. Fuuko permaneció expectante, sabiendo que no era todo. "¿Ha sido tan fácil...?" Sin embargo, al aclararse la visión, pudo comprobar que los dos sujetos permanecían en el mismo lugar. El único movimiento apreciable era que el más alto había liberado su espada, apostándola ante él. El horror pasó fugazmente por la mente de la kunoichi. "¿No les ha hecho nada...?" Una sonrisa torcida cruzó el rostro del ninja de la Niebla. - Samehada absorbe cualquier tipo de chakra... Aún más si se trata de uno tan débil como el tuyo. Fuuko se mordió el labio, visiblemente preocupada. Era una maestra en técnicas aéreas. Si no vencía de aquel modo, ¿cómo podía hacerlo?. Mientras tanto, el otro individuo, el que había sido llamado Itachi, suspiró con pesadez y apartó la vista. - Kisame, deja de jugar con esa cría... -expresó con desgana- Córtale las dos piernas para que no nos siga y en paz... - Será un placer, Itachi-san -afirmó Kisame complacido. Dicho esto, se lanzó sobre la muchacha, dispuesto a aniquilarla. Fuuko le vió venir, advirtiendo en milésimas de segundo que su oponente era muy rápido. Apenas sí tuvo tiempo de agacharse para evitar que aquella extraña hoja la golpeara de lleno. Haciendo uso de su agilidad, saltó hacia un árbol cercano, recostando ambos pies en la corteza y utilizando chakra para sostenerse. Arrancó del tronco tres kunais que había utilizado para entrenar y los lanzó contra el ninja. No obstante, la espada se interpuso entre ella y su atacante, evitando que le hiciera ni una sola herida. Fuuko aterrizó con firmeza, manteniendo una practicada guárdia. Pensaba a toda velocidad, pero necesitaba tiempo. "Es rápido... Si sigo así, seré débil a cualquier tipo de taijutsu... Además, el tal Itachi aún no ha hecho nada... No sé si podría repelerles a ambos..." Se decidió por una técnica. Juntó ambas manos e invocó unos rápidos sellos. - ¡Shibô no odori! (Danza de muerte) En ese instante, sintió unos revividos ánimos para seguir combatiendo. Levantó de nuevo su guárdia, preparada para cualquier ataque. El criminal del país del Agua observó quieto por unos instantes, para después sonreír con crueldad. - Los shinobis de Konoha van decayendo... Ni siquiera eres capaz de ejecutar tu técnica. Samehada rasgó el aire al precipitarse sobre la chica. Sin embargo, los pies de Fuuko casi volaron al despegarse del suelo, saltar sobre la cabeza de su enemigo y acertarle con un kunai en pleno brazo. El ninja profirió un sonido de sorpresa. Todo había sucedido de un modo vertiginoso. Apenas había podido ver el movimiento de la chica. Algo había cambiado. Antes no era tan rápida. - ¿Qué has hecho...? -inquirió, con cierto titubeo en la voz. Fuuko sonrió con cierto aire de seguridad, aferrando entre los dedos tres agujas. La espada de escamas voló a toda velocidad hacia ella, pero de nuevo fue esquivada por un complicadísimo movimiento de la joven, la cual hundió las saetas tras la rodilla de su oponente. - Imposible... Samehada cubre todo tu campo de tiro. Es inconcedible que puedas herirme... - Supongo que mi técnica no era tan inútil después de todo... -sonrió Fuuko con seguridad- La Danza de Muerte anula cualquier tipo de pensamiento que pueda distorsionar mi velocidad. Digamos que evita que "piense" antes de esquivar un ataque. Mi cuerpo se mueve solo y consigue evadir los ataques sin consultar con mi cerebro. Me evita la carga de pensar mis esquivos. Además...puedo ver los puntos débiles en la defensa enemiga un instante antes de que aparezcan. Una sonrisa triunfante se dibujó en el rostro de la muchacha, haciéndola ver terrible aún en aquella oscuridad. Un akatsuki vencido tan vergonzosamente por una gennin y una técnica básica. Kisame maldijo por lo bajo a aquella entrometida e imploró ayuda con la mirada a su compañero, más por vagueza que por nada. Itachi murmuró algo inteligiblemente, pero después avanzó un par de pasos. Sus dedos pintados en púrpura retiraron el sombrero oriental de su rostro, dejándole al descubierto. Fuuko había estado imaginando el aspecto de aquel misterioso enemigo, pero para nada creía que sería como lo veía. En apariéncia tenía unos veinte años. Su piel era ligeramente oscura, sus cabellos negros como la noche. En su frente resplandecía el signo roto de Konoha. Sus ojos lo miraban todo con visible aburrimiento, rojos y amenazadores a causa del sharingan. El cuerpo entero de la chica se paralizó. Era una sensación de terror que no recordaba haber sentido nunca. Se sintió de repente pequeña, indefensa, como un insecto al que alguien más grande aplasta sin pensárselo dos veces. Por primera vez en muchos años, Uzumaki Fuuko temió por su vida. Sus ojos azules agrandados contemplaban, incapaces de ver nada más, como las pupilas rojas del muchacho cambiaban sutilmente sus dibujos, convirtiéndose en tres aspas negras que todo lo veían... Los labios de Itachi iban a dejar caer su senténcia. - Mangekyô Sharingan... Tsukuyom... Un grito de pánico manó de los labios de la rúbia. No era por el miedo a ser atacada, si no una simple autodefensa para huír de su própio terror. Consiguió romper el contacto visual y observar el suelo. En algún rincón de su mente, recordó que era el único modo de luchar contra un usuario del sharingan. No obstante, aquel tampoco era un sharingan corriente. Incluso su Danza de Muerte se vió rota. Lo notó cuando la espada de Kisame cayó sobre ella y rasgó superficialmente su brazo derecho, cortando una de las cintas de sus cabellos al seguir el movimiento, los cuales cayeron sobre su rostro. Con el único instinto de sobrevivir, saltó fugazmente unos cuantos metros y se alejó del lugar a toda prisa. Tras unos instantes, Kisame río con diversión. - Esa chica es astuta, Itachi-san... Se ha dado cuenta de lo que ibas a hacer antes de que ocurriera -acomodó la hoja sobre su hombro- ¿Y bien? ¿Puedo matarla antes de que llegue a la villa? Ni siquiera un cambio de expresión rozó el rostro de Uchiha Itachi mientras recogía con lentitud el sombrero del suelo. - Haz lo que quieras. ----------------------------------- El frío empezaba a ser patente. O quizás era que su própio terror la llevaba a imaginárselo. Sus sentidos estaban todo lo alerta que era capaz, sin embargo se los notaba entorpecidos, seguramente a causa del miedo, el pánico o los oscuros pensamientos. Pegó más su espalda a la corteza del árbol y juntó las rodillas, recordándose a sí misma que debía respirar. Una vez sus confusas emociones se habían calmado, recapituló sobre lo que había ocurrido. Se había encontrado con dos tipos extraños vestidos de negro... Uno de ellos no parecía ser excesivamente poderoso, pero... ...aquel sharingan le había helado la sangre en las venas. La sensación de muerte que había tenido al mirar aquellos ojos de luna sangrienta no la olvidaría jamás. Mientras se llevaba una mano a la superficial herida del brazo diestro, se castigaba mentalmente por haber huído como una cobarde. En sus diecisiete años nunca había tenido la necesidad de huír de un enemigo. Se sentía deshonrada. Para cuando se dió cuenta, una mano con las uñas perfiladas en violeta se había apoyado en el árbol, unos centímetros sobre su cabeza. Ahogó un sonido vacío y levantó lentamente la vista, aunque sabiendo de antemano lo que verían sus ojos. El rojo apocalipsis chocó con el azul cielo, mezclándose y repeliéndose por unos dolorosos instantes. Allí estaba el muchacho que sabía que había estado a punto de matarla, mirándola con aquella escasez de sentimientos que casi se hacía dolorosa. Sus pupilas volvían a presentar unas simples motas negras, nada que le recordara al espantoso augurio de muerte que había presenciado hacía unos minutos. Sintiéndose de nuevo inmobilizada por aquellos ojos, pudo observar mejor los detalles de aquel rostro. Unas leves marcas delineaban sus mejillas, sin restarle por ello perfección. Una cara joven y de rasgos bien definidos, que era, curiosamente...atractiva. Ni siquiera la propia Fuuko Uzumaki supo a qué se debía el repentino calor que se acumuló en sus mejillas. Por otro lado, el joven Itachi miraba a su víctima con indiferéncia, monotonía. Un sentimiento que se había forzado a sentir hacia todo aquel que se interponía en su camino. Qué fácil sería arrebatarle la vida a aquella chica sin siquiera dejar que gritara... Sumergirla un segundo en su mundo maldito y asestarle un sablazo que mataría su mente y su alma. Sin embargo, algo le detuvo. Fue algo fugaz, como un flash momentáneo que, muy a su pesar, le cortó la respiración. Tenía la imperiosa sensiación de haber visto antes aquellos inocentes ojos azules, más allá del parecido que tenían con los de Naruto Uzumaki. Estaba convencido de que no era la primera vez que aquella niña se cruzaba en su camino. Quizás fue la falta de interés en asesinar esa noche, quizás la simple lógica de no dejar un cadáver a las puertas de Konoha. La cuestión es que Uchiha Itachi se incorporó sin apenas un sonido y avanzó hacia otra dirección. - Kisame, creo que se ha escapado -anunció- Tenías razón: ha presentido los efectos del sharingan. - Menuda mierda... -se quejó el otro, golpeando el suelo con su espada. Los pasos se alejaron paulatinamente. Fuuko permaneció rígida aún por unos instantes, aunque después relajó la tensión de todo su cuerpo. Cuando por fín el pulso se le normalizó, una fuerte sensación de confusión embargó su alma. Aquel hombre que había pretendido asesinarla...la había dejado vivir sin más. No entendía sus razones, sin embargo agradecía su suerte. No pensó más en la mirada roja del muchacho. Con una leve sensación de seguridad, la rubia muchacha se inclinó casi arrán de suelo y empezó a avanzar por el bosque a pasos rasos, sin temer ser atacada de nuevo. Graso error. Lo supo cuando un sonido metálico se estrelló sobre su cabeza, casi alcanzándola, partiendo un árbol en lugar de su cabeza. Por instinto, recostó las manos en la hierba y saltó un metro más allá, alejándose del impacto. - ¿Con que se había escapado? -gritó una voz triunfante- ¡Itachi-san, creo que pierdes facultades...! Un gran peso cayó sobre la shinobi. El golpe transversal de la enorme hoja escamosa había absorbido parte de su chakra, podía notarlo con claridad. El siguiente golpe...terminaría con su vida. +º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+ Esperaba sentir la colosal espada caer sobre ella y desgarrarla. Aunque ya había empezado a esquivar, estaba convencida de que no podría moverse lo suficientemente rápido. No obstante, el golpe que escuchó nada tenia que ver con el de una espada. Más bien parecía el de alguien cayendo contra el suelo. Abrió los ojos, presa por la curiosidad. El mismo tipo de la Niebla que había querido matarla estaba en el suelo, según parecía derribado por algo. Fuuko notó que el ambiente estaba enrarecido a causa de un extraño polvo que parecía flotar junto con la bruma... Se puso en pie con visible sorpresa. Su mirada siguió una línea en el suelo, viendo que sue enemigo había caído a causa de una masa marrón que aferraba su pierna derecha. La perplexión crecía en el interior de la rubia. - ¿Arena...? -inquirió en un susurro. Dicho esto, vió de reojo tres siluetas fugaces que aterrizaban cerca de sí. Se dió la vuelta en alerta, para ver que una de ellas se le acercaba con lentitud. Un travieso rayo de luna iluminó un rostro pálido de ojos verdes rasgados. El chico en cuestión tenía los cabellos completamente rojos. Una curioso tatuaje del kanji "ai" aparecía sobre su frente, marcado en rojo. Sus pupilas de color verdemar observaron a la chica con detenimiento y cierta preocupación. - ¿Estás bien? -preguntó- ¿Te ha herido...? -su voz era totalmente calma. De repente, los labios de Gaara se entreabrieron por la sorpresa. Quizás fuera al ver aquel rostro de ojos azules y curiosas marcas alrededor de las mejillas. Quizás al comprobar que la chica a la que acababa de salvar la vida tenía los cabellos rúbios y la piel bruna. El Godaime Kazekage inclinó levemente la cabeza hacia un lado. - ¿Conoces a Uzumaki Naruto...? |
| #27 @ 21:31 12/07/2007 | |
| ds_0609
Nivel: Jinchuuriki |
No de las gracias, si estas en chincheta es porque tu fic lo vale, y tu tb.
Shinjikari es el ''escritor'' (x yamarlo de alguna manera) de LOK: Leyendas Ocultas de Konoha (esta chincheteada tb, puedes leerla en este foro). Es una novela casi, de la cual podemos disfrutar aqui ! No la sigue un gran número de lectores, todo sea dicho, pero no xq sea de mala calidad, si no por la complejidad del autor cuando la escribe. Tiene mucho estilo, una narrativa muy trabajada y es la única historia de terror, misterio y aventuras que tenemos por aqui. Merece la pena leerla, no sólo por disfrutarla, si no por que aprender muchas cosas de el autor.
Para el, ahora, estas a su altura, considera que tienes un talento especial para escribir, y le ha encantado tu historia, como en su dia le encanto la de Naruto_sasuke69. Confío plenamente en sus palabras y hasta le momento su criterio no ha fallado. Tenéis algo especial para entretener, divertir y sobretodo para escribir. Sigue adelante ^^! Y mucha mucha mucha suerte! |
| #28 @ 21:57 12/07/2007 | |
| Kolmor
Nivel: Chuunin |
Otro capitulo magnifico. |
| #29 @ 00:23 13/07/2007 | |
| llas10
Nivel: Chuunin |
wooooooooooooooooooooooo esta super bueno
espero lo continues me gusto mucho
(alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) |
| #30 @ 10:44 13/07/2007 | |
| Noa_Aitso
Nivel: Chuunin |
Que way!!!!!! Los haces muy interesantes todos los capis.
Sigue así!!!! |
| #31 @ 18:26 14/07/2007 | |
| Haruka Uzumaki
Nivel: Kage |
Mil grácias a todos los que han comentado @.@ (me siento alagada _////_).
POngo el quinto cap n.n Capítulo 5.- Dudas. Emociones - ¿Conoces a Uzumaki Naruto...? Aquella pregunta la tomó por sorpresa. Estudió al muchacho con la mirada. Sus ojos denotaban una extraña mezcla de indiferéncia, remordimiento y ánsias de vivir. Realmente era una combinación explosiva, así como inusual. En la bandana que el chico llevaba en un cinto, descubrió el emblema de la Arena. - ¿Y tú...de qué conoces a mi hermano? -inquirió la rubia. La sorpresa en el rostro del Kazekage no se hizo esperar. - ¿Hermano...? ¿Naruto tiene una hermana...? -preguntó seguidamente el pelirrojo. - No es por nada, pero ese creo que intenta liberarse -apuntó la rubia al Akatsuki que prácticamente yacía a los pies de Gaara. El muchacho clavó los ojos en Kisame, el cual levantó sin demasiado esfuerzo su espada Samehada y absorbió el chakra de la arena, dejándola inservible. El shinobi de la Niebla se irguió con renovada seguridad. - Vaya... El Jinchuuriki de Shukaku... No creí que volviera a verte el pelo -dijo orgullosamente. Aquellas palabras llamaron a sobremanera la atención de Fuuko, la cual observó al misterioso ninja de la Arena con los ojos azules agrandados. - ¿Un...Jinchuuriki? -preguntó, con sorpresa. Gaara no respondió a aquella pregunta: se limitó a cruzarse de brazos y avanzar un paso hacia el frente, encarándose a su enemigo. La arena que había caído al suelo se deslizó de un modo escalofriante por la hierba y se introdujo con un susurro tétrico en la calabaza que Gaara llevaba en su espalda. En ese instante, la mirada aguamarina del Kazekage se posó en los dos ninjas que le escoltaban. - Os veo ansiosos por luchar -dijo sin emoción en la voz- Entonces ayudadme con este. - No hacía falta que lo dijeras -afirmó una voz masculina, provinente del muchacho vestido de negro. En un abrir y cerrar de ojos, la muchacha rubia con cuatro coletas desplegó un gran abanico que había llevado a la espalda. Lo manejaba como si fuera un simple kunai. Cuando las tres estrellas púrpura fueron visibles en la tela del objeto, la shinobi profirió un grito de guerra. - Daikamaitachi no jutsu! Fuuko observó sorprendida como una gran onda cortante atravesaba el aire y embestía a su enemigo, el cual ya levantaba su Samehada ante sus ojos. "¿Esta kunoichi...también es una usuária de viento...?" - No servirá de nada -se atrevió a hablar en voz alta por primera vez en minutos- Su espada absorbe el chakra que hay en las corrientes de aire. Yo misma le he atacado con un Kaze himo no jutsu y lo ha deshecho sin más. Ante aquellas palabras, la shinobi de la Arena posó sus ojos verdes como esmeraldas en la joven Uzumaki, a la cual dirigió una sonrisa cargada de una maliciosa simpatía. - Supongo que debes ser experta en técnicas de Fuuton -dijo rápidamente. Su mano se movió para desplegar del todo su abanico, con un hábil juego de manos que debía haber practicado durante toda su vida. Se llevó el pulgar a los labios, dispuesta a conseguir unas gotas de sangre. - Pero a veces sólo el Kuchiyose puede salvar la situación... - Ni se te ocurra, Temari -intervino de repente Kankurô, fitando al enemigo con los ojos agudos- Este es mío. La muchacha miró desafiante a su hermano por unos instantes, pero después plegó su abanico y apoyó un brazo en él, observando la escena con visible aburrimiento. - Bueno... Pero sólo porqué los ataques de Gaara y míos gastan mucho chakra -se excusó. Una sonrisa triunfante se dibujó en los labios del marionetista. Se le veía ansioso por combatir. Esa vez ni siquiera recurrió a sus típicas distracciones: Karasu atacó frontalmente, sin detenerse un sólo instante. El desconcierto en la expresión de Kisame se hizo patente en el acto cuando vío la extraña y escalofriante marioneta dirigirse directamente hacia él. Un certero golpe trató de partir el ser de madera, sin embargo los dedos de Kankurô eran hábiles y movieron imperceptiblemente los hilos de chakra, cambiando la trayectória en apenas milésimas de segundo. - Esa espada no sirve de nada...si no puedes alcanzar el chakra a absorber -apuntó Kankurô con una sonrisa. - Maldito crío... -se quejó Kisame de mala leche. - Kisame, ¿qué estás haciendo? -preguntó una voz autoritária. La mirada de todos se posó súbitamente en la otra figura vestida de negro que había surgido como de la nada tras el shinobi de la Niebla. Era evidente que Itachi se había cansado de mantenerse al márgen. El Akatsuki con el anillo rojo en su dedo anular observaba a los cuatro shinobis más jóvenes de un modo acusador. Sus ojos rojos como la sangre se pasearon por todos los rostros, hasta dar de nuevo con aquellos profundos ojos color cian. Apartó la mirada rápidamente al notar que aquellas pupilas a azules no le miraban con odio, si no con curiosidad. - Sabes que no nos interesa...matar obstáculos inútiles -aclaró el Uchiha- Si podemos evitar luchar, evitemos también...sufrir daños inútiles. Retirémonos por ahora. - Vale -aceptó el de la Niebla, aunque abiertamente frustrado. - ¡Ni pensarlo...! -gritó Gaara, levantando ambos brazos. Sin embargo, aquel contacto entre él y su arena se deshizo al verse reflejado en el sharingan de Itachi, el cual amenazaba por volverse mortal en cualquier momento. Ante la perplejidad de sus dos hermanos, Gaara ni siquiera se movió mientras Itachi y Kisame huían, saltando de rama en rama. Temari se alarmó de inmediato, seguida por Kankurô. - ¿¡Pero qué haces...!? -exclamó, desplegando el abanico- ¡Vamos tras ellos...! - Espera, Temari -advirtió la voz fría del Kazekage. Tanto la rubia como su compañero frenaron en seco, posando sus miradas directamente en su hermano menor. Los ojos de Gaara presentaban una expresión casi aterrada: unos ojos que luchaban por no mostrar su miedo. - Si seguís a ese tipo...moriréis -sentenció. Temari y Kankurô no dijeron nada, pero se miraron entre sí, con la boca entreabierta. Jamás habían visto que Gaara tuviera miedo de enfrentarse o luchar con alguien. En general, llegaba y vencía, sin más. Sin embargo, aquella vez tardarían en olvidar la expresión de los ojos de su hermano pequeño, el cual, por su parte, seguía con los ojos fijos en la oscuridad, más abiertos de lo normal. "En ese sharingan he visto...el reflejo de la muerte..." Una vez el pelirrojo huvo vencido sus própios demonios internos, giró lentamente sobre sí mismo y dejó que su mirada se posara sobre la kunoichi de Konoha. - Díme, ¿cómo te llamas? -preguntó, como si estubiera hablando con alguien menor que él. - Uzumaki Fuuko -respondió la aludida. - Entonces...es verdad que eres hermana de Naruto -dijo Gaara, con una leve sonrisa. - Grácias por salvarme, pero... -inquirió Fuuko, intrigada- ¿Quiénes sois? Es extraño ver ninjas de la Arena tan lejos de Suna... El más joven de los ninjas la miró, valorando cómo explicárselo. Optó por la presentación que usaba más frecuentemente por aquel entonces. - Mi nombre es Sabaku no Gaara. Aunque la mayoría me conoce por Godaime Kazekage. +º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+ Sus pies iban aquí y allá, intranquilamente, dejando huellas profundas en la tierra del camino. Llevaba las manos hundidas en los bolsillos, mientras murmuraba palabras de preocupación para sus adentros. De vez en cuando, sacaba un pequeño reloj de su portaobjetos, chasqueando la lengua al comprobar qué tarde era. A su lado, Hinata seguía mirando al suelo, habiendo perdido toda la seguridad adquirida hacía solamente un par de horas. Quizás se debiera al hecho de ver a Naruto tan tenso. Unos pasos se acercaron a ellos desde las sombras. Las miradas se ambos se clavaron en la oscuridad, para ver aparecer de repente a Shikamaru, el cual parecía tan perdido como siempre. - ¿Qué hacéis aquí a estas horas? -inquirió, arqueando una ceja. - Fuuko-chan aún no ha vuelto -expresó el rúbio, mordiéndose una uña. - ¿Fuuko-chan? -preguntó el Nara- ¿Y quién es esa? - ¡Mi hermana...! -exclamó Naruto, como si fuera evidente. La cara de Shikamaru era un mapa en aquellos momentos. Aquella revelación había conseguido sorprenderle e incluso darle curiosidad. Ató cabos rápidamente. - ¿No será aquella que intentó matarte? -inquirió. - No intentaba matarme, sólo probarme -explicó Naruto, visiblemente frustrado- Ha ido a entrenar fuera del pueblo hace más de tres horas y aún no ha vuelto. - Bueno...teniendo en cuenta que el bosque es grande y que no ha estado en Konoha desde mucho tiempo... -empezó Shikamaru. - Vale, Shikamaru -casi ordenó el Uzumaki, pasándose una mano por el pelo dorado- Le ha pasado algo, lo sé. Apenas la conozco desde ayer, pero sé que es fuerte. Algo le ha tenido que ocurrir - Pues sí, la verdad es que me ha pasado algo -anunció una voz familiar. Al escuchar aquellas palabras, Naruto giró al instante sobre sí mismo, mirando a la persona que se le acercaba desde el otro lado del camino. Su corazón se vió librado de un enorme peso al ver llegar a Fuuko con una leve sonrisa. Suspiró aliviado, aunque esa sensación no le duró demasiado. Sobretodo el darse cuenta de que la ropa de la chica estaba manchada de tierra, sus cabellos despeinados de manera irregular y que un rudimetário vendaje envolvía su brazo diestro. Se le acercó a toda prisa, levantando las manos temblorosamente. - Fuuko-chan... -inquirió, asustado- ¿Estás bien...? - Sí, tranquilo -afirmó al rubia, sobándose el brazo herido- Sólo he tenido un roce con unos tipos. Aunque, por suerte...he tenido ayuda -pronunció su sonrisa, haciendo un gesto hacia atrás. Naruto la rodeó con la mirada, clavando sus ojos en la penumbra. Su rostro se iluminó al distinguir a los tres ninjas que la acompañaban. - ¡Gaara...! Kankurô-kun, Temari-san -dijo, entusiasmado. - Hola, Naruto -saludó el Kazekage- Ya hacía tiempo. - Jeje -sonrió Naruto, rascándose la cabeza- La verdad es que ya te echaba de menos. A propósito -inquirió, dándose cuenta de repente- ¿por que habéis venido? La leve sonrisa que había dado color al rostro de Gaara se deshizo en la nada. En medio de un silencio aplastante, se acercó lentamente a Naruto, el cual le miraba sorprendido. Apoyó una mano en su hombro izquierdo y después se inclinó muy cerca, acercando los labios a su oído, soltando una sola palabra que aplastó los ánimos del joven Uzumaki. - Akatsuki. La cara de Naruto palideció solamente con oír aquel nombre. Sus ojos azules se abrieron a sobremanera y se clavaron en Gaara, el cual se separó de él y le miró con comprensión. Después de unos segundos de tenso silencio, Gaara posó sus ojos en Shikamaru, el cual había observado la escena con atención. - Vamos a ver a la Hokage -dijo únicamente. Naruto se mordió el labio inferior por unos instantes, pero después asintió lentamente, con visible inseguridad. Giró sobre sí mismo y miró a Hinata, a la cual dirigió una leve y tranquilizadora sonrisa. - Hinata, muchas grácias por haberte quedado conmigo. Me has ayudado mucho -su sonrisa se hizo más clara- Ahora vamos a ver a la vieja Tsunade. Puedes irte a casa. La muchacha le miró por unos instantes, con sus ojos blancos vacíos de emociones. Después, asintió levemente, con una suave sonrisa, mientras se incorporaba del muro en el cual había estado recostada. - Nos veremos mañana, Naruto-kun -dijo ella, dejando a un lado su timidez y mirándole directamente a los ojos. El ver a Hinata agachando levemente la cabeza pero mirándole con intensidad le evocó una sensación muy extraña a Naruto. De repente se sentía totalmente bien. Por un momento olvidó incluso a Akatsuki y a todos los que le rodeaban. Todos sus sentidos estaban perdido en aquellas inmensas pupilas color nácar. Salió de sí mismo tras unos instantes. - Ah...claro, Hinata... -dijo entrecortadamente, levantando una mano- ...hasta mañana... Una vez la Hyûga hubo marchado, Naruto se quedó allí, de pie, con la mano levantada y una expresión perdida, quizás con una estúpida sonrisa. Entonces, escuchó un sonido que rompió su mundo de encanto. Se dió la vuelta y vió a Temari y Kankurô desternillándose de risa, aunque trataban de ahogarlo. Por su parte, Shikamaru ponía los ojos en blanco y murmuraba algo semejante a "Qué problemático...", aunque sonriendo levemente. En cambio, Fuuko y Gaara le miraban con una sonrisa maliciosa. - ¿Qué pasa? -inquirió Naruto, cabreado. - Nada -se apresuró a mentir Gaara, tras haber observado la escena- Es que ha sido divertido verte tan...romántico. Aquello fue la gota que colmaba el vaso. Incluso el própio Kazekage empezó a reír abiertamente. Naruto apartó rápidamente la vista, colorado hasta las orejas. ¿Qué tenía de raro que se despidiera así de Hinata? - No sé de qué me habláis... Estáis todos locos... -dijo, enfurruñado, mientras se daba la vuelta- Venga...vamos a ver a la vieja Tsunade. A pesar de que recuperaron la seriedad, los cinco ninjas iban tras Naruto mirándole con sendas sonrisas en sus expresiones. Realmente había sido curioso ver al rubio tan perdido ante una mujer. +º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+ Podía respirarse la tensión en el aire, al igual que las preguntas que estallaban en los ojos de Tsunade. Estaba a punto de irse a la cama cuando aparecieron en su despacho Naruto, su hermana, el Kazekage, sus dos hermanos y el joven Shikamaru. Ni siquiera ella podía imaginarse a qué se devía tanto revuelo a aquellas horas de la noche. Sonrió por cortesía, como hacía siempre, aunque en realidad complacida de ver a los jounins de la Arena. - Bienvenidos de nuevo a Konoha -dijo con ligera formalidad- Sin embargo, no entiendo esta llegada tan repentina. Gaara tomó la palabra, como hacía siempre desde que estaba en su puesto. - Me llegaron rumores de la movilización de cierta...organización -dijo, sabiendo que la Hokage entendía a qué se refería- Quería asegurarme de que Konoha y especialmente uno de sus gennin no estubieran en peligro. Y en cambio encuentro a la hermana de Uzumaki luchando sola en el bosque contra dos miembros de Akatsuki. La sorpresa no se hizo esperar en el rostro de Tsunade. Sus ojos marrones adoptaron un fuerte reflejo a causa de la sorpresa. Sus ojos se posaron rápidamente en Fuuko, la cual permanecía quieta, sentada al lado de su hermano menor. - Fuuko, ¿te hirieron? -preguntó, preocupada. - Afortunadamente apenas me hicieron un rasguño, grácias a ellos, tengo que admitir -añadió la rubia gennin, indicando con la cabeza a Gaara y sus hermanos- Pero no entiendo nada, Tsunade-sama. ¿Qué o quienes son Akatsuki? - Es normal que no hayas oído hablar de ellos -dijo Tsunade, jugando con un bolígrafo sobre su escritório- Has llegado a Konoha después de su actuación. Se trata de una organización de los criminales más peligrosos del libro del Bingo. Tienen un...especial interés por tu hermano. Supongo...que me entiendes -añadió, clavando sus pupilas marrones en ella. Fuuko no dudó ni un sólo instante. - Por supuesto -afirmó la Uzumaki, poniendo una mano sobre la rodilla de Naruto, el cual no había dicho nada en todo el rato. - Ahora, díme -casi exigió la Hokage- ¿Oíste...algún nombre? ¿Tienes sospechas de quiénes eran? - Uno pertenecía a la Niebla. Kisame, creo que era. Portaba una espada de escamas con la que me hirío -explicó Fuuko, moviendo el brazo herido- El otro... De repente, los ojos azules de la muchacha se cubrieron con un velo, mientras inclinaba la cabeza, pensativa, arrugando la entreceja. - Es curioso...pero juraría...que tenía el Sharingan... -dijo, eligiendo cuidadosamente sus palabras- Su bandana era de Konoha, de eso estoy segura... Pero ese Sharingan...era...diferente... En un momento, se tornó distinto... Daba miedo... Su compañero le llamó... -miró a la Quinta con los ojos velados- Itachi... Los peores pensamientos de todos parecían haberse cumplido. Un silencio aplastante lo cubrió todo. Naruto se movió inquietamente en su silla, agachando la cabeza en un gesto de abatimiento. Shikamaru apenas se movió, pero sus ojos negros se agudizaron aún más, entendiendo la situación. Tsunade ahogó un largo suspiro, recostando la barbilla en sus manos entrelazadas. - Uchiha Itachi -explicó- El hermano mayor de Sasuke Uchiha... El mismo que asesinó a todo su clan... Ese es con el que te has topado. Aquella notícia tomó por sorpresa a Fuuko, provocando que su rostro adoptara una expresión de shock. Por un momento, volvió a la escena ocurrida hacía ya rato, en el refugio de la oscuridad de los árboles, donde había estado a punto de morir...quizás a manos de aquel endemoniado sharingan. ¿Aquel muchacho, que no debía contar más que unos pocos años más que ella, había matado a todo su clan?. Se sorprendió y agradeció seguir con vida. La voz monótona de Gaara la sacó de sus ensoñaciones. - Temía que Akatsuki intentara un nuevo secuestro con Naruto -dijo con seriedad- Por eso pido permanecer unos cuantos días en Konoha...por más seguridad. Ante esas palabras, Naruto se puso bruscamente en pie, haciendo que la silla en la que estaba sentada prácticamente cayera al suelo. Sus puños estaban tensos y sus ojos agudizados fijos en sus pies. - Entiendo que Akatsuki me persiga... -sus ojos azules entonces fríos miraron a la Quinta- pero no quiero que nadie tenga que protegerme... La reacción de Gaara no se hizo esperar. Si más no, arqueó las cejas en un gesto de incredulidad. - No se trata de que te proteja o no, Naruto -dijo con gran determinación- Pero yo estuve en la misma condición que tú hace poco y quizás pueda serte útil. Estoy en deuda contigo, por mucho que te pese -añadió, poniéndose en pie- Quieras o no, me quedaré en Konoha para vigilar que ningún Akatsuki se te acerque. +º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+ Subió a ciegas por la larga escalera que llevaba al despacho de la Hokage. El cielo hacía unos minutos raso se estaba cubriendo de nubes que tapaban por momentos la luz de la luna. No obstante, su sharingan mejoraba su visión, permitiéndole ver su camino. Cuando regresaba a casa, había visto a Hinata, la cual le había contado sobre un pequeño incidente ocurrido con la hermana de Naruto y los de la Arena. Según palabras de la chuunin, habían ido a ver a Tsunade, por lo que se dejó vencer por la curiosidad. Llegó arriba del todo de la escalera y se dirigió al despacho de Godaime. Iba a golpear la puerta con los nudillos, pero unas voces que hablaban seriamente en el interior le llamaron la atención. Aunque sabía que no estaba bien, Sasuke pegó el oído a la puerta y escuchó a escondidas la conversación. - Su bandana era de Konoha, de eso estoy segura... Pero ese sharingan...era...diferente... En un momento, se tornó distinto... Daba miedo... Su compañero le llamó... Itachi... El corazón de Sasuke dió un doloroso salto al escuchar aquel nombre de labios de Fuuko Uzumaki. Empezó a sentir los latidos retumbar en su cabeza, incluso el sudor deslizarle por su frente. Cerró los ojos con sumo dolor: sabía lo que iba a ocurrir tras aquellos minutos de silencio. - Uchiha Itachi... -resonó la voz de la Hokage- El hermano mayor de Sasuke Uchiha... El mismo que asesinó a todo su clan... Ese es con el que te has topado... No fue capaz de escuchar nada más. Se apartó de la puerta y echó a correr escaleras abajo, sin mirar a nada ni a nadie. En un su alma sólo bullía un indestructible deseo por alejarse de todo. Una angústia creciente se alojaba en su pecho, latiendo al mismo tiempo que su martirizado corazón. Decenas de sangrientas y horribles escenas del pasado acudieron a su mente. Todas ellas evocadas por el mismo nombre, el de aquel que había dejado de ser su família en el momento en que destruyó todo lo que una vez llegó a querer. Después de casi tres años, Itachi regresaba a destruir su mundo. Cuando por fín había conseguido librarse de Orochimaru, cuando creía que recuperaría la rutina y los buenos momentos del pasado, aquel Uchiha que había aniquilado a su clan volvía a empeñarse en pisotear su mundo. La desesperación y el dolor que sentía en aquellos instantes era lo más insoportable que había sentido en mucho tiempo. Esa vez iba a por Naruto, como la anterior. Siempre caían, ya fuera por azar o por alguna razón, los cercanos a él. ¿Por qué...su hermano se empeñaba en arrebatárselo todo? Hundido en sus terribles augurios, apenas notó que chocaba de frente con alguien, una chica a juzgar por el sonido agudo que escuchó. Levantó levemente la vista, para ver a la sinceramente bonita muchacha de cabellos rosáceos. Sakura le miró con sorpresa, ya que habían chocado apenas doblar una esquina. - Sasuke-kun -dijo, visiblemente alegrada de verle- Ahora mismo iba a verte. Quería darte un... La voz de la Haruno se fue apagando al ver el rostro del moreno. El muchacho tenía los ojos fuertemente cerrados, su cuerpo entero temblaba. La muchacha hubiera jurado que algo empañaba su piel. - Sasuke-kun... -llamó, preocupada- ¿Qué te ocurre...? El muchacho ni siquiera respondió. Se limitó a apartar la cara y tratar de pasar de largo. Sin embargo, Sakura le detuvo, aferrándole de un brazo. Una vez tuvo al chico frente a sí, confirmó sus sospechas. Lentamente, recostó una mano en la mejilla izquierda de Sasuke, comprobando que algo caliente y húmedo resbalaba por su rostro. - Sasuke-kun... ¿estás...llorando...? El chico no respondió. No obstante, mordió su labio inferior con tanta fuerza que casi se hizo sangre. Su cuerpo se estremeció visiblemente. Toda la angústia acumulada por tanto tiempo se soltó bruscamente en un torbellino de emociones rotas que no era capaz de soportar. Los gemidos no se hicieron de rogar, escapándose de sus labios como lamentos de desesperación. Sus rodillas fallaron e impactaron contra el suelo, provocando que el muchacho se desmoronara. Sakura se alarmó por este hecho y inclinó a su lado, aferrándole por los hombros. - ¡Sasuke...! -exclamó, asustada- ¿¡Qué ocurre...!? - No quiero...volver a verle... -susurraba con voz rota el Uchiha. La chica se quedó de piedra al oír tales palabras. La voz de Sasuke sonaba tan débil que tuvo que inclinarse para entender lo que decía. - Me lo ha quitado todo... Y ahora...va tras Naruto... No parará hasta matarle... Estoy harto... -exclamó, entre lágrimas- No he llorado...desde que era un crío...pero... Sin apenas darse cuenta, hundió el rostro en el hombro de la muchacha. - Siempre he querido...hacerlo... Quiero llorar...sin que me miren mal por ello... Si Itachi vuelve a haceros daño...a alguno de vosotros... Yo no sé...lo que sería capaz de hacer... Sakura escuchaba en silencio, aturdida por ver a Sasuke en aquel estado. Jamás había visto a su compañero demostrar sus sentimientos de aquel modo. El frío, impasible Sasuke que conocía no era para nada el muchacho derrotado por sus recuerdos que veía ante sí. Era evidente que había oído algo referente a su hermano. La muchacha no sabía qué hacer, de modo que ante todo trató de reconfortarle. Su mano se deslizó por la espalda del moreno hasta llegar a acariciar sus cabellos negros como la brea. Venciendo su própio sentido común, entornó los ojos y rozó con los labios las mejillas del muchacho, curando las lágrimas con besos. En algún rincón de su mente, recordaba que su madre de pequeña le hacía lo mismo. Sasuke apenas se dió cuenta de lo que estaba haciendo la Haruno. En aquel momento se sentía bien, extrañamente reconfortado por un calor ajeno a él, pero que le era brindado como si siempre le hubiera pertenecido. En un acto reflejo, sus manos se cerraron alrededor de la ropa de Sakura, aferrándola como si le fuera la vida en ello. Su rostro se hundió con total naturalidad en el pecho de la chica, quizás buscando un secreto consuelo al dolor que le atormentaba el alma. No quería separarse de ella... Notaba calor... Un calor que fundía sus lágrimas aquella noche, bajo la luz de una mortecina luna de verano. +º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+ Las aguas cristalinas del lago se extendían bajo el cielo plagado de estrellas, las cuales eran puntos de luz en una inacabable llanura oscura. Una brisa suave movía las ramas de los árboles, arrastrando también la bruma y las nubes, dejando el ambiente totalmente límpio. En los márgenes con algunos juncos, dos siluetas negras permanecían en silencio, quién sabe si contemplando sus reflejos. El atractivo muchacho de piel morena y cabellos azabache suspiró con pesadez y abrió su túnica al notar calor. Dejó al descubierto unos trabajados pectorales apenas ocultos tras la fina tela negra de una camisa. Sus dedos, uno de los cuales llevaba un anillo rojo, jugaban insistentemente sobre su rodilla, una muestra de nerviosismo poco habitual en él. Sin embargo, su expresión era muerta, sin emociones. Contempló la imagen que le devolvía el agua, dejando que sus pupilas transmutaran de un rojo sangre a un negro oscuridad. Su color natural. El mismo que su hermano pequeño. Su compañero le observaba con atención, profundamente sorprendido. Itachi no era demasiado jovial, que digamos. No obstante, sus ojos siempre mostraban un secreto odio, un profundo y arraigado desprecio hacia el mundo. Aquella noche, su mirada no mostraba para nada tales sensaciones. Solamente estaba pensativo. Igual de curioso era que hubiera decidido dejar con vida a los niñatos que habían dejado atrás. Por lo general, al Uchiha no le remordía la conciéncia de matar a nadie. - Itachi-san -se atrevió a decir Kisame, mirando fijamente al moreno- Esto no es própio de tí... Tenemos que volver a Konoha. El aludido no respondió. Se limitó a suspirar, como había hecho muchas veces a lo largo del día, mientras levantaba la vista y miraba la luna, que menguaba paulatinamente. Aquella mera visión de claridad le evocó una sonrisa maliciosa. Una sonrisa que había visto en los labios de una chica de cabellos rubios y ojos azules como el cielo... - Ahora las cosas estan demasiado túrbias. Estaran alerta -explicó con seriedad- Volveremos dentro de diez días. Aún reprochándose aquel sentimiento, sintió un profundo deseo de regresar a la villa de la Hoja. Inconscientemente, quería ver a cierta persona. Ver sus ojos color cielo. +º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+ Los pasos retumbaban en los muros de piedra. Dos sombras se reflejaban contra la roca grácias a la luz danzante y ténue de una vela. Aquel mortecino resplandor se reflejaba en las lentes cristalinas que cubrían la mirada del que la portaba. Sus ojos eran negros y vivaces, aún así muertos por dentro, como si todas sus esperanzas hubieran sido aplastadas. Lo ocultaba perfectamente: una sonrisa calmada se dibujaba en sus labios. Unos mechones de cabellos gris de nacimiento cubrían parcialmente aquellas pupilas azabache. - ¿Está seguro de que es por aquí, Orochimaru-sama? -inquirió el joven. Tras de sí, una voz escalofriante respondió a su pregunta. - Por supuesto. Tengo buen sentido de la orientación, Kabuto. Las escaleras estaban resbaladizas y húmedas. Grandes telarañas aparecían de la nada, cortadas rápidamente por la mano del más joven de los visitantes. Era evidente que nadie había visitado aquel lugar durante muchos años. Los ojos negros del muchacho observaban los diversos dibujos que iban apareciendo en los laterales, gravados en piedra. Un tejón, un gato de dos colas, una tortuga que mostraba tres extensiones... así sucesivamente, hasta que el final del pasadizo se perdía en la oscuridad. - Creo que es aquí, Orochimaru-sama -anunció el joven, deteniéndose. Los pasos dejaron de restallar en la penumbra. Kabuto levantó la mano en la que sostenía la lumbre, permitiendo así estudiar el entorno. La sala era de roca rojiza. A diferéncia del túnel que habían recorrido, totalmente seca. El aire era pesado. Los grabados de aquella habitación no se limitaban a las paredes, si no que se extendían al suelo y el techo. En todos ellos se representaba una misma criatura, en distintas formas, edades. Sin embargo siempre idéntica. O al menos eso parecía. El chico de cabellos grises se acercó a una pared en concreto. Le llamó la atención la gigantesca imagen esculpida en roca. Para ser exactos, le fascinó. Dos enormes béstias yacían entrelazadas, dispuestas a luchar, con el odio en los ojos agudos. Grandes garras asomaban desde sus patas. Los hocicos parecían capaces de oler cualquier cosa, la mirada aguda y diabólica de verlo todo. Las nueve colas de aquellos seres se desplegaban ante la luz danzante de la vela, como si cobrara vida. - Kabuto, ven aquí -ordenó el otro. El muchacho asintió y se acercó a su maestro. El hombre de tez pálida, largos y lacios cabellos negros, observó con los ojos reptilinados lo que había en el centro de la sala. En el suelo, dibujado en una tinta imborrable, permanecía para siempre el dibujo de una orbe con diez círculos. Orochimaru se agachó, fingiendo solemnidad, mientras rozaba el suelo con los dedos. Había nombres grabados en el suelo. Nombres que no se habían renovado desde catorce años atrás. El más joven se subió la montura de las gafas, las cuales le resbalaban a causa del sudor, mientras miraba a su señor. - Maestro...¿qué es esto? - La última persona que estuvo aquí...fue el aprendiz de mi compañero Jiraiya... Un crío llamado Kaseiyo... La última vez que vino a este lugar, supo que iba a morir. Una sonrisa complacida, totalmente desquiciada, rezumó los delgados labios del sannin legendário, mientras leía los carácteres que formaban un círculo en el suelo. - "Aquí reside el mayor secreto...del clan Uzumaki". Lo único que no me convence mucho de este cap es la actitud de Sasuke, pero en ese momento yo NECESITABA ponerle así XD (lo siento _ _U). |
| #32 @ 18:54 14/07/2007 | |
| Sora_93
Chuunin |
Diosssssssssssssssssssssssssssssssss alucinante. El día que deje de gustarme esta historia me cortare las venas.(Lo digo medio en broma medio en serio) Que bastinazo. Ademas que Sasuke llorara es normal despues de ese odio tan profundo y de vivir en la desconfianza absoluta. Resumiendo:Alabemos a ``LA TODOPODEROSA´´ Haruka (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) (alabanza) |
| #33 @ 22:10 14/07/2007 | |
| yingsnake
Nivel: Akatsuki |
Gran historia... pronto mi comentario XD. |
| #34 @ 22:33 14/07/2007 | |
| Kolmor
Nivel: Chuunin |
Lo mismo que #28 |
| #35 @ 20:22 15/07/2007 | |
| Noa_Aitso
Nivel: Chuunin |
Pues yo stoy con #32 TE ALABAMOS OH GRAN ARUKA UZUMAKI!! (inner: Queda un pelin repipi pero bueno... (alabanza) ) Que bonito es este capitulo, yo tambien creo que Sasuke necesitaba esto, es como... limpiarse por dentro.
Continualo plis!!! |
| #36 @ 19:20 16/07/2007 | |
| airun
Nivel: Chuunin |
esta istoria es de las mejores ke e leido
te felicito |
| #37 @ 21:49 16/07/2007 | |
| Seraf
Nivel: Chuunin |
tu historia esta muy bien estaria bien que kishimoto hiciese una parecida jeje |
| #38 @ 22:16 16/07/2007 | |
| Sianat_hyuga
Usuari@ Genin |
esta historia me encanta!!es increible lo bien que escribes!!!
pon pronto el proximo capitulo que me estoy comiendo las uñas!!! |
| #39 @ 00:08 17/07/2007 | |
| Haruka Uzumaki
Nivel: Kage |
Mil grácias por todo el apoyo que estoy recibiendo n.n. Me alegra mucho que a tanta gente le guste un fic mío >////<. Ahora pongo este, que creo que me quedó un tanto raro O.o
Capítulo 6.- Encuentros nocturnos. La amenaza latente Las nubes por fín habían dejado de eclipsar la poderosa luna, la cual bañaba Konoha con su luz de plata. Las cortinas blancas se movían al compás de un suave viento de la noche de verano, provocando que la suave tela rozara su piel en ocasiones. Gaara no apartaba la vista de lo que podía ver desde la ventana de su temporal hogar. Konoha era muy diferente a su natal Suna: allí todo parecía lleno de vida, cada centímetro de verdor lo denotaba. El País del Viento, en cambio, era totalmente desértico, sin apenas lugares idílicos como aquel. Sentir aquella prosperidad en un país ajeno le alegraba y a la vez le deprimía, ya que deseaba de todo corazón que Suna llegara a ser así algún día.
Su preocupación por Naruto no desaparecía. Saber que aquellos dos Akatsukis habían estado tan cerca de llegar a Konoha le preocupaba. En aquellos precisos momentos, Godaime había ordenado que diversos ninjas se apostaran en el límite de la villa para evitar entradas fortuitas. No obstante, estaba intranquilo. No se perdonaría que a Naruto le pasara algo. Un ruido cercano le sacó de sus ensoñaciones. Desvió al mirada hacia el interior de la habitación. Kankurô, sin pintura ni camisa, se sentó en un sillón y empezó su diária tarea de revisar las armas de sus marionetas. Gaara apoyó ambos pies en el suelo y le miró extrañado. - ¿Y Temari? -inquirió. - Yo que sé -respondió su hermano sin mirarle- Creo que se ha quedado un rato con aquel amigo suyo... Jeje, todos sabemos de qué va esto -añadió, con una sonrisa maliciosa. Por una extraña razón, Gaara se sintió molesto por aquel hecho. Le daba una especial desconfianza dejar a Temari con quién fuera. En ello podía notarse el afecto que había retomado con sus dos hermanos desde hacía dos años. - No me gusta que Temari vaya con el tío ese de las sombras... -expresó, con reprobación. Kankurô reaccionó ante aquellas palabras levantando una ceja con curiosidad. Inclinó la cabeza y rió, con cierto tono burlón. - Vaya, Gaara. ¿Desde cuando eres tan paternal con Temari? -inquirió, visiblemente divertido. Una mirada prácticamente asesina por parte del menor de los dos hermanos fulminó al marionetista, el cual de repente encontró interesantes unos rasguños en la madera de Karasu. Satisfecho por la reacción de Kankurô, Gaara junto ambas manos en un sello. - Voy a dar una vuelta -dijo simplemente, desapareciendo en medio de una nube de arena. El chico de cabellos marrones rojizos se quedó mirando unos instantes el lugar en el cual había estado su hermano pequeño, aunque al final suspiró con tranquilidad y arrugó la entreceja, sonriendo calmadamente. "Gaara...¿cuando has cambiado tanto?" +º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+ El viento traía una energía insospechada. Era una sensación que siempre tenía cuando estaba junto a ella. Parecía que su própio elemento cobraba vida cuando Temari estaba cerca. Ella casi nunca cambiaba su expresión: siempre mirándolo todo con aquella irónica sonrisa de superioridad que le confería un imponente atractivo. En aquellos precisos momentos, Shikamaru no podía más que sonreír mientras miraba a la chica que, por primera vez, le había hecho replantearse su machismo. Chasqueó la lengua mientras golpeaba una piedra con un pie. Levantó levemente la vista y miró a Temari, la cual estaba sentada en un banco de piedra. Sus labios estaban curvados en una leve sonrisa perdida. Tenía las piernas elegantemente cruzadas una sobre otra, con las manos que sostenían su abanico sobre la rodilla. Unos pocos mechones despeinados de cabello rubio caían sobre su rostro, dándole una apariéncia etérea. Y el desprevenido Shikamaru no podía apartar los ojos de ella. Después de muchos minutos de silencio, la chica aferró su arma con ambas manos y se puso en pie con rapidez. - Bueno, ¿empezamos? -preguntó. Shikamaru la miró, de repente ceñudo. - ¿El qué? -inquirió. Una sonrisa maliciosa se dibujó en los labios de la jounin de la Arena - ¿Para qué crees que me he ido contigo? -preguntó con ironía- Quiero un combate y lo quiero ahora -exigió. El Nara estaba totalmente asombrado, así que optó por sonreír maliciosamente. - ¿Bromeas? -preguntó- Tengo clara ventaja. Es de noche y mi sombra se alargará cuanto yo quiera y sin apenas esfuerzo. - Me gustan los retos -afirmó Temari sonriendo y mostrando su blanca dentadura- No seas cobarde de luchar contra una mujer -añadió, desplegando el abanico. Shikamaru empezaba a estar molesto. ¿Le estaba retando? Eso no lo toleraba. Levantó una mano y mostró el dedo índice. - Ganaré en menos de un minuto -afirmó, con seguridad. - Eso ya lo veremos -dijo Temari desafiante- ¡Empecemos! Antes de que Shikamaru pudiera apenas juntar las manos para ejecutar su sello, el abanico de Temari ya volaba en el aire, domando el viento como sólo ella sabía. - ¡Daikamaitachi no jutsu! Shikamaru sintió la enorme y todopoderosa ráfaga acercarse peligrosamente, de modo que se echó al suelo, permitiendo así que la cortante brisa pasara sobre su cabeza y no le dañara. Rodó sobre la hierba y fue a incorporarse a toda velocidad, aunque vió la fugaz silueta de Temari que se le lanzaba encima, blandiendo el abanico amenazadoramente. - ¡Te tengo! -gritó triunfante la shinobi de la Arena. No obstante, una fuerza que escapaba a su control la hizo caer bruscamente al suelo, golpeando sobre la hierba y quedando inmóbil al lado de Shikamaru, aunque en dirección contrária. Atisbó a ver una sonrisa maliciosa en los labios del chico. - Kage Mane no jutsu realizado con éxito -dijo únicamente- Había alargado la sombra desde que me atacaste. Hasta que yo no me levante, tú tampoco. He tardado 23 segundos -añadió, con cierto tono burlón. El chico esperó que la chica se enfadara o algo, pero en cambio Temari sonrió, soltando una risita divertida. - No puedo contigo -admitió, visiblemente contenta- Tu sombra siempre acaba por atraparme... Tras unos segundos de silencio, Temari arquedó las cejas, enfurruñada. - ¿Podrías soltarme ya, no? -inquirió amenazadoramente. - No aún -dijo Shikamaru poniéndose las manos tras la nuca y obligándola a imitarle- Si te soltara ahora, seguramente tomarías represálias. No puedo correr ese riesgo. La chica le miró sorprendida, aunque después volvió a reír con diversión. - No te pongas tan serio cuando dices esas tonterías... -soltó entre risotadas. Shikamaru no varió su expresión de aburrimiento. Con un suspiro ahogado, se puso en pie lentamente. No obstante, una piedra traicionera hizo su trabajo, haciéndole resbalar y caer de cara. - ¡La hostia...! -consiguió soltar antes de... ...chocar de frente con Temari. Todo había sido tan rápido que ni siquiera había podido disvolver el Kage Mane no jutsu. El resultado había sido que tanto Temari como él se habían golpeado la frente uno contra el otro. La chica soltó un quejido y miró molesta al domador de las sombras. - Mira que lo ha traído toda tu tontería de las sombrecitas... -dijo. - Vale, vale...lo he entendido... -admitió Shikamaru abatido, dejando ir a la rubia. A pesar de lo cómico de la situación, ni uno ni otro llegaron en aquel instante a más que mirarse de cerca. Un verde esmeralda intenso mezclado con un color oscuro profundo. Dos miradas penetrantes que se entrelazaron de un modo inusual e indudablemente explosivo. Shikamaru apenas pudo hacer nada para ocultar el color encendido que habían adoptado sus mejillas. Agachó la mirada, sin comprenderse a sí mismo. ¿Por qué la cercanía de una mujer le hacía sentirse así? Cuando tras unos tensos segundos Temari se separó de él, Shikamaru entornó un ojo mientras se frotaba la frente. Seguramente al día siguiente le saldría un chichón del tamaño de un huevo. Temari sonrió mientras recogía su abanico. - Parece que eso te va a doler -dijo burlona. Se golpeó la frente con los nudillos- Por suerte para mí, tengo la cabeza dura. Shikamaru seguía mirándola con intensidad. Aquel peculiar sentido del humor era lo que más le gustaba de Temari. Eso y la sorprendente seguridad en sí misma que poseía. Sumido en aquellas cavilaciones, apenas notó como la chica se le acercaba y depositaba un suave beso en su frente, justo donde se habían golpeado. Los ojos del muchacho se abrieron a sobremanera al notar un extraño escalofrío extenderse por su cuerpo. La sangre se aglomeró en sus mejillas y las tiñió de rojo intenso. Una reacción que él mismo consideraba infantil, pero que a la par le hacía sentir totalmente bien. Era como estar en el limbo. Ni siquiera pudo reaccionar cuando Temari se incorporó y le sonrió cálidamente, algo bastante inusual en ella. - Así te dolerá menos... Dichas aquellas cuatro palabras, la shinobi se dió la vuelta y se marchó de aquel lugar, dejando un suave aroma a jazmines a su paso. Shikamaru se quedó inmóbil en su lugar, con sus piernas que en aquellos instantes le parecían de gelatina. Sin ser aún del todo consciente de sus actos, se llevó una mano temblorosa al lugar en el que aquella chica le había besado para después irse tan tranquilamente. En algún lugar de su cabeza, le llegaron las palabras que una vez le dijo su padre. "Una buena mujer será amable con el hombre del que se enamore." Sin dar aún crédito a lo que sentía, sonrió irónicamente y hundió las manos en los bolsillos. - Que problemático... +º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+ Temari encendió las luces de la casa cuando entró por la puerta. Se desprendió de sus sandálias de ninja y andó por el parquet con los pies descalzos. No podía evitar que una sonrisa de oreja a oreja siguiera dibujada en su rostro. Había sido muy divertido hacer que Shikamaru se sonrojara. En el fondo era un chico muy fácil de complacer. Quizás era aquella sencillez lo que más le gustaba de él. Cuando llegó al salón, esperando encontrárselo vacío, vió a Kankurô durmiendo a pierna suelta en el sofá, con la cabeza inclinada hacia un lado y roncando ruidosamente. Temari cogió el abanico con una mano y golpeó levemente la cabeza de su hermano menor. Desde que era pequeño, Kankurô tenía un sueño difícil y era muy complicado despertarle una vez ya estaba dormido. Por pura suerte, el castaño abrió los ojos de repente y trató de enfocar a su hermana mientras se frotaba la cara. - Temari...¿ya has vuelto...? -murmuró. - ¿Tú qué crees? -preguntó ceñuda, mirando alrededor- ¿Dónde está Gaara? El chico miró alrededor, sorprendido por aquella pregunta. - No lo sé... Salió hace ya mucho rato a dar una vuelta... Creía que volvería antes que tú... Temari suspiró pesadamente, fue hasta la ventana y recostó ambas manos en la repisa, mirando a la luna que brillaba en el exterior. "Gaara...¿dónde te has metido?" +º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+ El aire olía a húmedo, sin embargo no era pesado. El Kazekage caminaba en absoluto silencio bajo la penumbra de la noche. Siempre se había sentido cómodo con el silencio, era algo nato. O quizás la soledad a la que había estado acostumbrado desde pequeño... Ambas cosas contribuían a que la oscuridad fuera su mejor ambiente. Anduvo lentamente por la zona más verde del recinto de la villa. Unos cuantos árboles se apostaban en círculo, creando un parque dentro del límite del pueblo. No eran para nada tan frondosos como los que crecían a un par de kilómetros de Konoha, pero debían servir para que los niños jugaran cuando el tiempo lo permitía. Aunque en Konoha siempre parecía lucir el sol, a diferéncia de Suna, donde constantemente eran bombardeados por tormentas de arena. Un sonido cercano le sacó de sus ensoñaciones. Los ojos verdes de Gaara inspeccionaron la oscuridad, buscando con avidez cualquier movimiento. Tenía la fuerte sensación de no estar solo en la noche, aunque le extrañaba que alguien estubiera despierto a aquellas horas. Buscó con la mirada entre los árboles que le rodeaban, hasta que vió un movimiento fugaz entre la maleza. Se agachó tras unos arbustos y observó la escena. Una shinobi de Konoha parecía entrenar su taijutsu. Recordaba haberla visto vagamente hacía ya tiempo, aunque jamás había reparado en su persona. La chica en cuestión tenía los cabellos de un color rubio pálido muy largos, recogidos con una cinta. Iba vestida de un color violeta oscuro, que en aquella negrura camuflaba perfectamente. Tenía buena agilidad: su grácia al moverse era patente. Ella pareció notar en el acto la preséncia del muchacho, porqué giró sobre sí misma y clavó sus ojos de un pálido azul cian en la penumbra, buscando instintivamente a la persona que la observaba. Su mirada reflejó en segundos la sorpresa al ver al Kazekage de Suna plantado frente a sí, observándola atentamente. Una leve sonrisa desbordó los labios de Gaara. - ¿Entrenas hasta tan tarde? -preguntó el chico. Ino le observó ceñuda, sin recordar haber visto sonreír nunca al pelirrojo, pero asintió levemente, mientras volvía a su entrenamiento, golpeando fugazmente un árbol con un pie, dando en el centro de la diana dibujada en él. - Sí -asintió la rubia- Mi técnica psíquica no es tan efectiva como me gustaría... Tendré que mejorar poco a poco -añadió, asestando dos puñetazos en el centro de los círculos. De repente, la chica sintió unas manos que le cogían con fuerza de ambos brazos. La chica se dejó llevar por el movimiento que ejecutó sin quererlo, al notar que unos dedos pálidos cerraban suavemente sus manos e iniciaban un continuado movimiento hacia adelante. - Si golpeas así, te harás daño en los nudillos o puede cederte la muñeca -explicó el pelirrojo con naturalidad- De este modo el golpe va recto...y certero. Ino dejó que el chico le enseñara a perfeccionar sus técnicas, sin reaccionar apenas. Apenas había tenido relación con Gaara, pero siempre le había parecido un chico distante, frío y en su mayoría aterrador. No obstante, el chico amable y dispuesto a ayudar que veía en aquellos momentos no aparecía en ningún momento en su memória. - ¿Lo has entendido? -preguntó Gaara en voz baja. La rubia no pudo hacer más que asentir levemente, aunque con un nudo en la garganta. Miró de reojo al chico, encontrándose con aquellos ojos verdeazulados al tiempo que él le soltaba los brazos. - ¿Y qué haces tú andando solo a estas horas? -inquirió Ino con un tono acusatório. El chico, el cual no se esperaba aquel tono en la voz de la chica, movió inquietamente los hombros. - Hay enemigos cerca de Konoha... -explicó el Kazekage- Podría ser peligroso... Sólo me aseguraba de que todo estaba bien. Ino apenas escuchaba lo que decía el pelirrojo. Simplemente le miraba con la cabeza gacha y los ojos clavados en él. Gaara se le revelaba bajo un punto de vista desconocido. Aquel aire de seriedad que siempre le había acompañado se le hacía de repente...¿atrayente?. Sólo sabía que no podía ver ni rastro de crueldad, odio o resentimiento en aquellas pupilas verdeazuladas. - Grácias por los consejos -consiguió decir la chunnin, aunque con dificultad. - No hay de qué -sonrió Gaara levemente- Aunque...la verdad...yo tampoco soy demasiado bueno en taijutsu... -admitió, enrojeciendo visiblemente. Aquel acto de vergüenza causó una sonrisa maliciosa en Ino, la cual levantó una mano, invintándole a acompañarla. - ¿Te apetecería practicar un rato? -ofreció con soltura- Podrías enseñarme algun movimiento... Dices que no eres muy bueno, pero...yo aún soy peor -añadió la rubia, sacando la lengua maliciosamente. Gaara se sorprendió por la tranquilidad con la que la chica le había invitado a compartir su entrenamiento. Sin soltar una sola palabra, adoptó una posición de ataque e inclinó levemente la cabeza. - Bueno, cuando quieras. Antes de lanzarse en una potente patada contra Gaara, un fugaz pensamiento cruzó la mente de Ino. "Jamás pensé...que sería tan fácil entenderse con este chico..." +º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+ Una vez se hubo puesto el pijama, Naruto entró en la habitación, encontrándose a Fuuko sentada sobre la cama, desenredándose los largos cabellos rubios. El chico no dijo nada y se sentó en el colchón con las piernas cruzadas, al igual que los brazos. Tras de sí, su hermana hizo exactamente lo mismo, creando un tenso silencio entre ambos. Como si estubieran cronometrados, ambos notaron la incomodidad del otro a la vez. - ¿Qué te pasa...? -inquirieron los dos al mismo tiempo. Sorprendidos, se miraron rápidamente, provocando que los dos pares de iris azules chocaran entre sí. - ¿Tú también estás dolido? -preguntó Fuuko levantando una ceja. - Sí -afirmó Naruto, apretando los labios y girándose hacia la otra dirección- Me da mucha rábia que Gaara tenga que venir a protegerme... Es mi amigo y se siente en el deber... Pero no quiero ser alguien a quién tengan que proteger... Intrigado, le dirigió una mirada curiosa a su hermana. - ¿Y tú por qué estás enfadada? -interrogó. Fuuko apartó la vista y miró hacia otra dirección, con una expresión idéntica a la de Naruto cuando estaba cabreado. - No soporto que hayan tenido que salvarme de esos tales Akatsuki o como se llamen... -expresó, herida en su ego- Siempre me las he podido arreglar sola... No sabía que doliera tanto que te humillaran... Aquellas palabras hicieron que Naruto pensara seriamente en lo que acababa de oír. Giró sobre sí mismo para quedarse mirando a su hermana, la cual permanecía muy seria. - Fuuko-chan...perdona que te lo pregunte...pero...¿dónde pasaste tu infáncia? Aquella pregunta tomó desprevenida a la rubia, la cual abrió mucho los ojos por unos instantes. Un visible escalofrío recorría su cuerpo, dejándola rígida por unos dolorosos segundos. Después, como si no hubiera escuchado nada, siguió cepillándose los cabellos. - Desde que Kyuubi atacó Konoha...me críe en un lugar apartado de la villa...en la frontera entre el país del Fuego y la Cascada... En un bosque muy frondoso donde llovía mucho...y la mayoría de noches caían rayos y podía escuchar desde mi "cuarto" el fragor de la tormenta... La melancolía que de repente sentía en la voz de su hermana no la había notado hasta aquel momento. Como en un acto reflejo, el rubio posó una mano en el hombro de la muchacha, quizás tratando de reconfortarla. Fuuko, por su parte, trataba de no mostrarse aún más débil. No obstante, le era difícil. Cientos de emociones desbordantes la acorralaban, querían engullirla de nuevo y arrastrarla a sus viejas pesadillas infantiles. A escuchar sus gritos de terror en aquellas noches oscuras en las que se sentía amenazada por centenares de miradas asesinas puestas en ella. Sintió de nuevo por unos instantes aquel miedo, aquella soledad aplastante a la que tanto temía. Sin embargo, se tragó sus lágrimas y siguió hablando, aunque las manos le temblaban violentamente. - Cuando el Cuarto selló a Kyuubi en tu interior...Sandaime me explicó que debía marcharme... Me fuí con Tsunade-sama y Jiraiya-sama dejándote al cargo del Hokage... Me llevaron a un bosque enorme y casi impenetrable... Allí sólo había una cabaña perdida... El primer mes, Tsunade-sama se quedó conmigo... después fue Jiraiya-sama por medio año... Cuando ese tiempo pasó, tuve que empezar a vivir sola... Ellos dos y a veces Sandaime-sama venían una vez por semana a enseñarme nuevas técnicas... Pero en el tiempo que ellos no estaban allí... estaba sola en aquel inmenso lugar... Sin oír hablar a nadie...sólo los animales salvajes aullar de noche... Levantó levemente la vista, con los ojos humedecidos por los recuerdos, gravados para siempre en su mente como letras en piedra. Una suave y triste sonrisa curvó sus labios. - Llegué a pasarlo realmente mal... -admitió la rubia casi sin voz. Giró levemente para mirar a su hermano. Inclinó la cabeza sobre un hombro y acarició cariñosamente los cabellos rubios del chico, que la miraba absorto, con cientos de preguntas estallando en sus curiosos e infantiles ojos azul cielo. - Sin embargo, lo prefiero mil veces a lo que tubiste que pasar tú... -susurró- Yo nunca tuve que tratar con el desprecio de la gente... Me prometieron que tú tendrías una infáncia normal...pero... -sus ojos se entristecieron- las cosas fueron mal y creciste con el odio de todos... -inclinó la cabeza hacia delante, en un claro gesto de abatimiento- jamás pensé que llegarías a sentirte tan solo... Yo no recibía constantes miradas inquietas mientras tú soportabas toda esa humillación... Sin titubear, Fuuko se inclinó hacia delante y pasó los brazos por la espalda de Naruto, buscando quizás un mútuo consuelo. En su mente, Naruto aún era un niño. No sabía qué hacer para compensar todos los años de dolor sufridos por aquel chico tan joven, la infáncia del cual había sido pisoteada sin compasión. Naruto no supo qué decir en aquel momento, así que se limitó a inclinar la frente sobre el hombro de su hermana. - No es cierto...que yo haya sufrido más que tú... -consiguió decir el rubio casi sin voz- Aunque es cierto que lo he pasado mal al verme apartado de los demás, al menos tuve a alguien... Iruka-sensei cuidó de mí durante unos años... Y cuando me convertí en genin, también Sasuke, Sakura-chan y Kakashi-sensei estubieron a mi lado... Sin embargo, por lo que me has contado, tú no tuviste a nadie... ¿Eso es mejor? -murmuró apenado, levantando inocentemente los ojos hacia ella. Fuuko le observó atentamente durante unos segundos. Aunque hacía tan poco que estaba junto a él, ya había notado que Naruto era de lo más sensible. No obstante, no esperaba que fuera tan humilde de corazón. Sonrió cálidamente mientras tocaba su frente con un dedo. - Eres demasiado bueno, Naruto -dijo complacida- Ahora vamos a dormir... Quiero que mañana me enseñes el Rasengan... -le guiñó un ojo en un signo de complicidad. +º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+ El tiempo había cambiado radicalmente. Eran las cinco de la mañana y Naruto no podía dormir. El viento soplaba con fúria en el exterior, haciendo vibrar los cristales y moverse violentamente las ramas de los árboles. Sin embargo, no era el fragor de una tormenta que se avecinaba lo que impedía el sueño del Uzumaki. Molesto, giró sobre sí mismo entre las sábanas y quedó encarado a la ventana. Su hermana dormía a su lado, respirando lenta y acompasadamente. La verdad era que se había quedado como un tronco nada más tocar la almohada. Mientras la miraba, cientos de preguntas confusas y entremezcladas estallaban en la cabeza del rubio. En el poco tiempo que hacía que conocía a Fuuko, le había parecido una persona alegre, aunque con temperamento, así como él. No obstante, el hecho de que ella también tubiera un pasado traumático le inquietaba a sobremanera. Según las palabras de la misma Fuuko, había pasado toda su infáncia sola en un bosque, entrenando sin parar. Ello le hacía pensar mucho a Naruto. Entre otras cosas qué razones tenía el Hokage para separar a dos hermanos y dejar a uno solo y a otro siendo odiado por todos. Seguramente Fuuko debía habérselo pasado tan mal como él, quizás más teniendo en cuanta que había estado prácticamente sola desde que era una criatura. Sintió un repentino sentimiento reconfortante. Al menos ahora estaban juntos. Dos almas que habían compartido un pasado y que volvían a encontrarse después de tanto tiempo. "A partir de ahora...todo irá bien, Fuuko-chan... Ni tú ni yo estamos solos..." De repente, los ojos azules del muchacho repararon en algo, fijándose en cierto punto situado sobre el brazo de la rubia. Con cuidado de no despertarla, levantó una mano y rozó con ella la venda que la chica se había puesto tras ser herida por Kisame. Con suma precaución, la desplazó unos centímetros y observó la zona en la que supuestamente había una herida. La piel estaba lisa. Ni rastro alguno de una fisura. Los ojos de Naruto se abrieron súbitamente por la sorpresa. "Hace sólo un par de horas...aquí tenía una herida... ¿Cuando se le ha curado...?" +º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+º+ La lluvia precipitaba sobre el extenso bosque, creando regueros de agua fluida e imparable que iban a unirse al río que cruzaba aquella auténtica selva verde. La oscuridad solamente era rota en ocasiones por el destello de un rayo, del cual retumbaba el estruendo instantes más tarde. Un par de pies pisaron uno de los múltiples charcos, con curiosa calma a pesar de la llovizna que caía sobre su cabeza. Segundos después, alguien más creó ondas en el agua al sequir al primero a toda prisa, provocando que el barro salpicara sus negras ropas. - ¡Oye! -gritaba con frustración- ¿No deberíamos cobijarnos? ¡Por diós, mira como llueve...! Una mirada entre gris y azul perteneciente a un único ojo chocó contra aquel, haciendo que se detubiera por la impresión. - ¡¿Quieres callarte de una vez?! -gritó la persona de cabellos rubios, estallando en fúria- ¡Llevas todo el puñetero camino diciendo lo mismo...! ¡Como no te calles ya te hago volar por los aires...! El Akatsuki se dió la vuelta y acceleró el paso, visiblemente rabioso. Su compañero, el cual tenía los cabellos negros erizados y el rostro totalmente cubierto, se cubrió la cabeza con un sombrero oriental y trató de seguir su ritmo. - Es que no entiendo por qué el líder nos manda a Konoha a estas horas de la noche con el tiempo que hace y encima sin avisar... -se quejó, como si de un niño pequeño se tratase. El otro suspiró con agotamiento y trató de divisar algo en la oscuridad, aunque era difícil a menos que un oportuno rayo se lo permitiera. - Al parecer, Itachi y Kisame han tenido problemas para entrar en Konoha... -explicó Deidara con aburrimiento. Una sonrisa maliciosa se dibujó en sus labios- Supongo que por eso nos han enviado allí... - Claro, eso es evidente -repondió Tobi con visible emoción en la voz- Itachi no ha podido hacer nada y por eso me envían a mí, que soy un genio. Una mirada furibunda y a la par asesina por parte de Deidara silenció en el acto las palabras del moreno. El rubio levantó la cabeza en un acto de superioridad. - Nos han enviado porqué el que les ha evitado entrar en Konoha fue Sabaku no Gaara, el antiguo Jinchuuriki de Shukaku -explicó con voz tensa. Una sonrisa triunfante se dibujó en su expresión- La otra vez, aún teniendo el Bijuu, no pudo hacer nada contra mis obras de arte. Esta vez será aún más fácil repelerle. Tobi no dijo nada, pero chasqueó la lengua en señal de desaprobación. Le molestaba mucho no estar a la altura de su compañero de equipo, algo que sabía y siempre le hacía sentir inferior. Dejó de lado aquellos pensamientos cuando ambos llegaron al precipio al borde del cual seguía el bosque hasta que allá a lo lejos se divisaba la aldea de Konoha, iluminada cada pocos segundos por el resplandor de un relámpago. Deidara levantó la vista y observó en las tinieblas las nubes oscuras que se arremolinaban sobre las cabezas de ambos. Era una tormenta pasajera. - El viento cambiará pronto -anunció, como si ello fuera de vital importáncia- Según el aviso de Kisame, Itachi y él han tratado de llegar por la puerta principal de la villa. Más o menos a las diez de la mañana habrá parado de llover. Entonces... -sonrió con total satisfacción- atacaremos por aire. Tobi soltó un bufido mientras se cruzaba de brazos. - ¿Otro de tus pajaritos explosivos? -preguntó, burlón- ¿Y por qué no vamos ahora, eh? -añadió en un tono agudo. - Idiota -repuso Deidara con fastidio- La arcilla se disolvería con el agua. Mientras siga lloviendo, mis ataques son inútiles. Pero cuando pare...volaré media Konoha por los aires. Tras unos instantes de silencio, Tobi avanzó un par de pasos y apoyó un pie en una roca, observando la villa a través de la única obertura de su máscara espiral. Aunque invisible a los ojos de cualquiera, una sonrisa se dibujó en su rostro. Ciertamente, la villa de Konoha le traía recuerdos que creía ya muertos. - Esta vez nos llevaremos...al último Jinchuuriki. º~º~º~º~º~º~º~º A ver si os gusta, aunque queda un poco meloso XD |
| #40 @ 00:14 17/07/2007 | |
| F0cx1s
Chuunin |
Esta estupendo el fic en general. El lexico, desarrollo, descripciones y situaciones. Se nota, o almenos parece, que te gusta mucho la lectura, ya que me recuerda a los libros que suelo leer. Te deseo animos y buena fortuna. |
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(inner: Queda un pelin repipi pero bueno... (alabanza) ) Que bonito es este capitulo, yo tambien creo que Sasuke necesitaba esto, es como... limpiarse por dentro.